martes, 2 de agosto de 2011

briznas (2)

Como nadie ignora, el silencio es una cebolla de silencios. Está estratificado, jerarquizado; hay silencios sutiles y silencios larvados, hay silencios emboscados u ocultos en otros. Más allá está el silencio retraído, silencio-insecto que yace en escondrijos.

Para que exista tendremos que orarle. Inaugurar lo callado. Vaciarnos.

***

Franz Kafka ha escrito: “Leopardos irrumpen en el templo y se beben y vacían los jarros de los sacrificios; esto se repite siempre; finalmente, se puede prever y se convertirá en parte de la ceremonia”

O cómo la contingencia ingresa en el ritual. Así la vida

13 comentarios:

Isabel Martínez Barquero dijo...

No me quedaré en silencio, que salí de mi escondrijo por un rato.

Que verdad es la cantidad de silencios existentes. El que más me gusta es el silencio plácido, "la soledad sonora" a la que aludía San Juan de la Cruz. Un silencio que acompaña y que se precisa como el aire, el silencio necesario para escuchar los rumores interiores.

La cita de Kafka, todo un acierto. Convertimos en liturgia cualquier desaguisado.

Esta mañana entré, pero no me dio tiempo a terminar la lectura de una entrada anterior (cosas del trabajo). Sí me pareció frondosa, un árbol más que una brizna, pero un árbol diminuto en el inmenso universo. Nos creemos dioses y somos minúsculos soplos de vida apenas perceptibles.

Un abrazo, estimado Stalker.

El Joven llamado Cuervo dijo...

Hay un silencio profundo que me incomoda, me perturba.

Fackel dijo...

Pero las manifestaciones del silencio puro hay que libarlas para gozar de su composición y de sus frutos. Mas también existe un silencio del miedo que nos atenaza las mentes muchas veces y otro silencio de la ignorancia que anula nuestra disposición natural al movimiento.

Tal vez no vivimos tanto entendiendo la contingencia y preparándonos constantemente para apoderarnos de ella antes de que nos deshaga los rituales. Al fin y al cabo no hay ritual que dure, porque no hay seguridad y garantía que dure.

Ataúlfa Braun dijo...

Hay silencios impuestos y autoimpuestos. Hoy me quedo con el grito; el silencio para la reflexión.

Y ahora me callo.

d. dijo...

El silencio de un maullido, aullido, ladrido...latido. :(

El silencio de la flor no contemplada, sin tonalidad.

El silencio al que más de una vez me ha invitado tu letra y tu música y tus fotografías y tú. :)

Stalker dijo...

Isabel:

minúsculos soplos de vida, como dices. Un vasto universo fuera. Y otro igualmente vasto, dentro.

Conciliar ambos.

un abrazo!

Stalker dijo...

Curiyú, joven llamado cuervo:

si lo dejas estar dejará de perturbarte. Hay que dejar crecer ese abismo de silencio hasta arrojar en él todo lo que somos,

mirarnos entonces en un rostro, así deshabitados,

abrazo

Stalker dijo...

Fackel:

es un objetivo loable: aspirar a recoger los frutos del silencio puro

en ello estamos

no hay ritual que dure, pero quizá al apresar en él la contingencia, nos haga entenderla mejor, comprender mejor lo transitorio que somos: reconciliarnos

salve!

Stalker dijo...

Ataúlfa:

un grito puede ser increíblemente silencioso

los gritos más devastadores lo son

y un silencio puede estar habitado por música, dulce música callada

tu silencio-ahora, por ejemplo

/abrazo!

Stalker dijo...

d:

en todos esos silencios estamos

el silencio sin letras del animal cuando duerme: un paraíso posible, paraíso-aquí

sin yo, sin apego, más cerca del animal interior: ahí nos iremos de-letreando, hasta adelgazarnos y fluir

un abrazo fuerte

ana dijo...

excelente la imagen del silencio y la cebolla, y si además sabemos que " la cebolla es escarcha, cerrada y pobre" tendremos otra dimensión de los silencios. El diminuto silencio de escarcha, el que se hunde en sí mismo como un inicio, la pobreza que lo acuna y lo sostiene, el orarle (otra imagen que ilumina)para que el silencio nos otorgue la preñez...y qué sabios los leopardos que vacían los jarros de los sacrificios, y que de la circularidad de la cebolla emerga la ceremonia del vacío

siempre he confiado en los leopardos

un beso

Ahab dijo...

Hay otros silencios, muchos. Quizá ninguno es el que pensamos. Quiero pensar ahora en los silencios 'posibles', los que (pueden) existir ahora en otro sitio. un sitio en el que pensar. real o imaginario. allí hay necesariamente un silencio posible. pensar en él, en que nadie lo oye, porque no hay presencia. Un silencio sin presencia que lo aprehenda, que lo rompa o lo transforme. Un silencio-otro, o ninguno.

Stalker dijo...

Ahab:

esos silencios como metamorfosis de lo posible, avatares de lo posible... ¿cómo vibrarán? ¿Cuál sería su textura, tu tono, su "sabor"? Saborear un silencio posible, po(e)sible, tal vez puede ser una condición para la salvación, para el exorcismo progresivo de un mundo que se pierde y que ha catalogado los silencios con una taxonomía rígida.

silencio vivo al fin: espacio para el recogimiento, para crecer desde un brote pequeño que prefigure no el decir sino otros silencios, menudos, plácidos, delicadamente ensimismados: universos de silencio engarzados sucesivamente en un ritual emanantista: silencios de juego: sinfonía callada: tallo que ya no crece hacia el balbuceo sino hacia la vacuidad radiante, plena, sin temblor, al margen de las diferencias,

salve

 
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