domingo, 28 de diciembre de 2008

Diarios Indios



"Puede que yo no haya sido nunca aquella niña oscura a quien enseñaron a sentarse a la puerta del templo del Toro, ceñida la garganta por dos anillos de cobra suave y reluciente. Cuidadosa, prudente cobra deslizándose sobre huesos tan frágiles, apenas un pequeño tórax, casi una planta de coral que mirase hacia dentro, en la cueva donde nacieron los mitos.
No creo que haya sido ni seré nunca aquella niña. Un error de cálculo en la estrategia de los dioses me invitará a adoptar las maneras del animal que ciñe su garganta".

"24 CHAUKI GHAT
Niños jugando en el polvo de las losas. Niños de polvo. Polvo jugando a ser niños sobre las losas. Brahma jugando a ser polvo. Yo: la losa".

"El camino del thanatos es el más directo. El vacío se extiende sin mediación. Cualquier sentimiento es un peligro. Y aquí, no sé qué hacer aún con el sentimiento de compasión, el único que permanentemente me recorre.
He comprendido la atracción de las formas: la intranquilidad de los deseos pasajeros, su carga obsesiva cuando no son satisfechos, la hartura del corazón cuando, en cambio, se satisfacen sin medida. El deseo y el miedo, el repliegue y el despliegue, formas, todas, ambivalentes de atracción y rechazo: la gravedad de los seres, la misma ley que rige los átomos y los planetas. He comprendido que para el ser humano el logos responde al fuego que le consume: nombrar es arder en el deseo infinito de ser propiamente.
Pero la compasión aún me impide la objetividad".

"El desierto no tiene sombras, por lo cual no puede medirse el tiempo ni la distancia de las estrellas a no ser que el propio cuerpo haga oficio de gnomón. Uno es su propio tiempo. Alrededor el tiempo no existe.
El tiempo de las cosas se mide por su sombra, y sólo el que no tiene sombra es eterno. El desierto, por eso, es eterno. Con el sol en el cenit un hombre pierde su sombra. Puede decirse que entonces se le otorga la posibilidad de estar en su propio centro, de no distinguirse de sí mismo. Por un instante, es un iluminado. Pero a la luz le gusta jugar en la llanura. Basta que aquel hombre levante un brazo: hallará su sombra debajo. Cualquier movimiento lo habrá de delatar. Basta con que quiera verse a sí mismo y comprobar la ausencia de su sombra: aparecerá la huella de su rostro a sus pies. Nadie puede estar iluminado y verse a sí mismo".

"Doy lo que me sobra, lo que me pesa, lo que no me hace falta, regalo aquello que ya no me sirve aunque tampoco le sirva a quien lo doy. Le quito los botones al jersey antes de entregarlo: los botones servirán. ¿De qué sirve un jersey sin botones? Ellos no se pondrán mi ropa, ni mis zapatos: no necesitan zapatos, no se ponen esta ropa. Pero me descargo de lo usado, y les niego la moneda que me piden".

"La perra negra es especialista en fetos. Tiene tiña como casi todos los perros de Benarés, pero sabe como ninguno rastrear los fetos hinchados que las aguas devuelven a la orilla. Aquí está. Empieza por el cerebro. Una joven japonesa se acerca a la escena, se pone la cámara en la cara. Duda. No se atreve a disparar. Los intestinos ya se escapan por el cuello derramándose entre las guirnaldas amarillas y las bolsas de plástico que se estancan en el ghat y un olor nauseabundo corre como una brisa rozando el papel en el que escribo. El suelo de piedra ya cobra el tono rosa de la sangre aguada. La perra se relame. Da unos pasos a lo largo del ghat y vuelve al festín que ya es un tronco abierto por la espalda. Tres niños juegan a sumergir guirnaldas a su lado. La perra cumple con el cielo, restituye la carne a otra carne, lo impuro a lo impuro, devuelve a la totalidad la parte que le corresponde. Ya no puede reconocerse a qué ha pertenecido el trozo de carne que bambolea entre la pata derecha del animal y su hocico. El sol se está poniendo despacio en los escalones. Los niños juegan".

"¡Muéstrame tu dios y te diré cuál es el color de tu miedo!"

"Jehová: uno de los dioses que ocupan la parte superior izquierda del mandala tántrico. El error: confundir uno de los devas (dioses) con el Absoluto. El dios de los judíos: un deva vengativo en guerra contra los asuras (demonios). Un dios que necesita la ayuda de los hombres: ellos son su alimento. Al rezarle le dan su fuerza, le entregan su energía. Los dioses se alimentan de las preces de sus "fieles". Cuanto mayor sea su número: su "rebaño", más fuertes se hacen ellos, más poderosos".

"El error del hebraísmo: hacer de uno (de los dioses) el Uno. El error de Cristo: asumir el hebraísmo. El error de muchos cristianos: confundir a Jehová con el Dios de Cristo o, incluso, con la síntesis última del racionalismo".

"Por haber sufrido, tal vez, o inmerecidamente me concedieron un ángel (es una manera de decir -todo es una manera de decir).
Cuando un ángel cae, al principio sufre porque no sabe nada salvo la tarea encomendada. Después, poco a poco, va recuperando la visión y el poder. Cuando lo recupera del todo, entonces se va. Dicen que ha muerto pero no: es que le han vuelto a crecer las alas.

No estoy lista aún para que recuperes del todo la visión. ¿No ves cuánta confusión anida todavía en mi pecho, que me hace confundir, como por necesidad, el objeto al que la llama se dirige con el propio fuego? Ellos son excusas para arder, son el reto de las brasas, la madera para la pira. Ellos -esos otros, esos seres a los que amamos con ese amor que es deseo- son el señuelo. El fuego que no puede arder consume su propio lecho. No confundamos el fuego con el combustible".

"Porosa. La membrana del núcleo es porosa. ¡Tan sólida, no obstante, en su porosidad!
Requerimos la expresión, y la expresión se queda dentro. No puedo decir, y aunque pudiese, no dicen las palabras lo que quiero decir. Releídas, me sueñan a tópicos condescendientes, trascendentes, falsamente místicos. Y no es eso.
Es hora de crear nuevos símbolos. Es hora, también, de largos silencios, de interiorización, de prudencia. Estar atento y formular la pregunta.
Abrirse. Los elementos son ingeridos. Los puntos se introducen. Las líneas se trazan. Cuando hay puntos suficientes, alguna línea inicia su trayectoria. Luego los ensamblajes: una línea corta a otra, intersecciones, conjunciones, puntos sensibles. En los puntos sensibles se activa el diagrama.
Bastan las primeras líneas para que se insinúe el diagrama. Un diagrama es un sistema. El sistema muestra el modo de actuar de una fuerza, su modo: lo que la fuerza es, pues cuando de fuerza se trata, su modo de acción no es distinto de su ser.
Todo símbolo debe ser activado para ser eficaz. Que un símbolo se active significa que uno lo descubre dentro de sí. Quien descubre un símbolo descubre una fuerza, un "modo". Descubrirla dentro de sí, bajo el sí. Conocerla, saberla, experimentarla. El símbolo muestra la fuerza que ha de ser redescubierta como se descubre el sentido de un gesto al imitarlo. Un símbolo, para que sea eficaz, ha de ser activado.
Los símbolos que no se activan son simples dibujos que esperan ser activados. Utilizados para otros fines, se degradan y su eficacia se anula.
El arte -el arte "tradicional"- es creación de símbolos: creación de signos, huellas que permiten la recuperación de la trayectoria. Pero no es sólo eso. De la misma manera que un gesto es la fuerza misma en su expresión, así también lo son el intervalo musical o las líneas de un yantra o diagrama. El dibujo o el sonido son la fuerza en su manifestación formal o sonora, son ese "modo" en concreto, y el modo es lo que ha de ser intuido, sabido, además de recibido. Pues recibido está, siempre, en todos los niveles; lo que difiere es la conciencia de la recepción en los diversos planos en los que ésta tiene lugar.
Conciencia del sonido o de la forma recibida en la percepción simple, conciencia del "modo" y conciencia de la fuerza neutra que se "modifica": triple conciencia que puede resolverse en una sola en el acto de ver o de oír. Una, la primera, es la conciencia común; las otras dos han sido entendidas como superiores y consideradas secretas por las civilizaciones que poseyeron la ciencia del núcleo.
Sin embargo, cuando el artista que manifiesta lo hace con la triple conciencia, lo que expresa (y lo-que-expresa no se distingue de la expresión) acude al receptor y le golpea en todos los niveles a la vez.
El "sabor" (rasa) del arte es lo que place al receptor, un placer que precede a la conciencia misma o que, simplemente, la reemplaza o, mejor dicho, el placer es ese sabor de la conciencia que no se sabe a sí misma. Que el rasa sea "saborear el Brahman" significa, en la tradición india, que el placer estético es la captación placentera de la energía que se modifica en su expansión, placer del reconocimiento de la araña, el punto que se activa y forma el universo, placer del reconocimiento del origen-fuerza. Ese placer es el indicio de una conciencia que sabe del sí: el mí de cada cual que se agita en el océano de sus intenciones particulares".


Diarios indios, Chantal Maillard, Pre-Textos

Postdata:

Las heridas nunca acaban en sí mismas. Se llaman unas a otras. Como gargantas. Grandes gargantas que se suceden ululando. Cuidado al acercarse. Cuidado al escucharlas. Las proximidades de una herida son siempre pantanosas, huelen a cieno y su sonido es húmedo y gelatinoso. Contagian el mal del deseo, el mal de querer ser más que el destino, el mal de querer, de querer siempre lo que quiero por encima de todo querer ajeno. Una herida es la guerra.

Filosofía en los días críticos, Chantal Maillard, Pre-Textos

martes, 9 de diciembre de 2008

Perlimpinpin o la riqueza de la des-posesión



¿Para quién, cuánto, cuándo, por qué?
¿Contra quién, cómo, contra qué?
¡Estoy harta de vuestra violencia!
¿De dónde vienes? ¿A dónde vas?
¿Quién eres? ¿A quíen rezas?
¡Os ruego que os calléis!
¿Para quién, cómo, cuándo y por qué?
Si es absolutamente necesario elegir
contra algo o contra alguien:
Yo elijo el sol del crepúsculo
Sobre las colinas desiertas
Elijo los bosques profundos.

Porque un niño que llora
No importa dónde
Es un niño que llora
Porque un niño que muere
Abatido por nuestros fusiles
Es un niño que muere.
Porque es abominable elegir
Entre dos inocencias
Porque es abominable tener por enemigos
Los risas de la infancia.

¿Para quién, cómo, cuándo, cuánto?
¿Contra quién, cómo, cuánto?
¿A qué perder el deseo de vivir
El sabor del agua, el sabor del pan
y el del perlimpinpin
en la plaza de Batignolles?
Por nada, por casi nada
Por estar con vosotros, y eso es bueno.
Y por una rosa entreabierta
Y por una respiración
Por un aliento de abandono
Por un jardín que se estremece.

Y por vivir apasionadamente
y batirse sólo con los fuegos de la ternura
y rica de desposesión
sólo con la propia verdad:
poseer todas las riquezas.

No hablar de poesía
Aplastando las flores salvajes
Y ver alzarse la transparencia
Al fondo de un patio de muros grises
Donde el alba, por fin,
tendrá su oportunidad.
Nada más que ternura
Por toda riqueza

Vivir
Vivir
Apasionadamente
Y batirse sólo
Con los fuegos de la ternura
Y rica de des-posesión
sólo con la propia verdad:
poseer todas las riquezas.

Nada más que la ternura
como única riqueza
Amar
Amar
con embriaguez
Vivir,
vivir con ternura
Vivir,
vivir
con embriaguez
Nada más que la ternura
como única riqueza
¡Y dar,
dar
con embriaguez!

PD: éste ha sido uno de los vídeos que más me han impactado en la vida. El mejor inicio de concierto de todos los que me ha sido dado ver: el más rotundo e intenso, el más hermoso. Y una de mis canciones favoritas de todos los tiempos.
"Perlimpinpin" son los polvos mágicos que vendían los charlatanes de feria. Podían ser filtros de amor o amuletos para concitar la suerte. La expresión es sinónimo de ardid o engaño, y la canción denuncia los espejismos de nuestro mundo. Es un alarido contra una sociedad hipócrita, envenenada por sus máscaras, y un canto por un nuevo estilo de vida basado en la ternura, esa especie en extinción, esa emoción tan escasa y sin embargo tan necesaria en nuestro mundo donde todas los sentimientos se tasan en una especie de compra-venta con intereses. La ternura sería el único camino para sobrevivir.

Mil gracias sean dadas a EnigmatiqueBarbara, que ha ripeado el vídeo y ha hecho los subtítulos. La difusión que estás haciendo de la obra de Barbara en Youtube no tiene precio, de veras... Te animo a seguir colgando maravillas, Merci beaucoup!

sábado, 29 de noviembre de 2008

La muerte dulce



De entre todas las muertes elegiría una sola: la del campesino de la secuencia inicial de Zemlya (La tierra, 1930), de Alexander Dovzhenko. El abandono reposado, expectante, la tranquila extinción del soplo, ajena a lo encarnizado, a la lucha por el último aliento. Entrega al reposo, sin la mediación de la agonía, sin pérdida. Homeostasis, fusión con la naturaleza, con esa tierra imbuida de espíritu. Nunca el panteísmo ruso se hizo carne fílmica como en esta secuencia, tan admirada por Tarkovski, Sokurov, Paradjanov, Kazalotov, todo el linaje de cineastas soviéticos, abanderados del espíritu en su declinación más trascendente. Trascendencia en la inmanencia, sabiduría del campesino que se abandona a un último gesto que define toda su vida y lo "justifica" ante sus congéneres y ante el universo que se cierne sobre él. Flujo de un cauce de vida que se vuelca en otro.

Decir que es una secuencia conmovedora es decir poco. Siempre la reja del lenguaje nos traiciona al quedar más acá del salto, más allá del vértigo. Nueve minutos de eternidad, para mí no superados...

sábado, 22 de noviembre de 2008

Sviatoslav Richter



Sviatoslav Richter quema, Sviatoslav Richter ataca el piano con todo su cuerpo. Fuerza, precisión, avalancha, pero también extrema delicadeza, delicadeza poderosa, rotunda, volcada en cada gesto; Richter se arroja a cada nota, nos abisma en una cascada de matices, recrea una pieza clásica del romanticismo como sólo él sabe hacerlo: a quemarropa, sin las florituras pastoriles de los pianistas italianos ni los fúnebres ornamentos franceses. El "alma" rusa desbocada, que tantas obras maestras nos ha ofrecido y que creo entender tan bien.

Schopenhauer decía que la música era la más elevada de las artes porque era la que más se acercaba a la voluntad pura (Die Welt als Willie und Vorstellung). Contemplando obras como ésta me afilio a sus exasperaciones y acepto mi enmudecimiento ante lo sublime.

Una de las interpretaciones más conmovedoras que me ha sido dado ver. La pieza es el estudio nº 11 de Chopin, pero poco importa, porque aquí el intérprete la recrea de tal modo que le pertenece. El traductor es hacedor.

Gracias, maestro.

martes, 11 de noviembre de 2008

Filosofía en los días críticos, Chantal Maillard



1

¿Y si la mañana fuese tan sólo una manera de asentir al vértigo?

141

Siempre he querido tocar el alma de aquellos a quienes he querido, y la carne me ha parecido el camino más directo. Siendo opaca, ella ofrecía la vía de la transparencia que es el olvido de sí en el éxtasis. Sin embargo, lo único que he podido alcanzar ha sido el punto donde convergen el dolor y la dicha, ese punto, esa cumbre desde donde es tan fácil desear anonadarse, disolverse en el puro estallido, evaporarse como el agua o solidificarse por siempre como la lava. He alcanzado esa cumbre muchas veces, o algunas, y si hubiese tenido que nombrarla habría pensado en la palabra "amor", seguida del adjetivo "imposible" entrelazado con las letras de la palabra "infinito". Debo suponer que ese punto es el cénit de la pasión, del humano padecer, el pathos que pide neutralizarse con la indiferencia sentimental de lo cotidiano para que vivir, seguir viviendo sea posible. La carne -los cuerpos- se convierten entonces en mamparas contra las que combato con las palmas de mis manos abiertas, golpeando una y otra vez, como queriendo hendir la materia para fundirme con ella, introducirme en ella, perderme en ella, reconocer en ella el origen de mi soledad, de mi lamento, el principio del deseo de ser por separado, reconocerlo, recorrerlo y anularlo, ensamblarme de nuevo, el deseo guiándome, el deseo-amor que es guía para la fusión original y, no obstante, es el suplicio, la constatación amarga de la impotencia, la carne en la que golpeo suena y yo estoy fuera del lugar de donde parte la resonancia, excluida del tú que debería ser el nosotros, el infinito plural que se inicia entre dos, o tal vez me equivoque, tal vez el dos haya sido, siempre, el principio de toda separación, la generación de los cuerpos, de aquel cuerpo, el otro, en el que seguiré golpeando con los puños, tan impotentes, tan desesperadamente impotentes, preguntando dónde estás, dónde estás, dónde estás.

212

Cruzo hacia tu muerte, tu muerte antigua, porque allí puedes reconocerme. Yo soy de aquel mundo, transito en las cuerdas brillantes de la nada. Si bien es difícil encontrarnos en la carne, hallaré el modo de viajar hacia tu muerte. Al recordarla, podrás hallarme. Yo estaré dispuesta.

243

No puedes hacerme daño.
Mi necesidad de ti es lo que me duele. Dejemos las cosas donde deben estar: el infinito, en su imposible; lo cotidiano, en su repetición. No queramos que lo maravilloso se repita, se haga estable, definitivo: lo mataríamos. Lo infinito no es temporal; el tiempo invade lo grandioso y lo banaliza. Y ¿qué hacer con esta necesidad de que perdure lo que más nos importa? ¿Qué hacer para no desear que invada nuestra vida y la arrase hasta quedar tan sólo eso, por siempre, únicamente eso? Contemplar una colada tendida en un balcón y decirse que eso es lo que queda de un infinito cuando desciende a los márgenes de lo posible, cuando la maravilla se convierte en vida ordinaria. ¿Quieres eso, di, es eso lo que quieres? ¿Quieres hacer de tu vida una vulgar colada?
Pasa, pues, la página; ocúpate de lo que no te importa, esas palabras inútiles que transmites a otros, con las que vas tejiendo mundos a la medida de nadie, pero que se venden a buen precio. Hablemos de filosofía. Subamos del corazón a la función lingüística, que agonice el deseo como un feto en el vientre. Cuando se pudra y huela, enquistado en las vísceras, preguntadme qué es esa baba negruzca que saldrá de mi boca cuando os hable. Yo os diré no importa, es la sangre de un muerto, y a veces habrá trozos de corazón oscuro, vomitaré latidos de carne, y cuando ya no quede nada que escupir, dentro de aquel vacío, en su centro habrá un recuerdo imposible, un no-recuerdo, la huella de algo maravilloso que se extirpó por necesidad, para no confundir los ámbitos, los tiempos, los contrarios, una huella, un arañazo, puede que una cicatriz, de esas que vuelven a doler cada vez que el tiempo empeora.

333

[...] Quiero dormir con el sueño al que induce la rosa, el barro y la madera. Quiero volver allí donde mi cuerpo es alimaña, descansar en mi habitat, aunque tal vez allí, quién sabe, suspire por evadirme, en la tarde, hacia el ruido.

361

Anhelo un corazón más sabio que el mío para descansar en él. El corazón de una anciana, un corazón acumulado y dispuesto a la acogida. Poder hablar; poder decir en palabras sencillas la congoja, la necesidad, la pena. Poder decir para calmar, para acallar. Soltar las lágrimas en el enorme pozo humano, el gran regazo. Poder decir, para que parezca tan común, ese dolor, que pueda mirarlo como si no fuese mío y llorar entonces por la historia de todos.

Filosofía en los días críticos. Diarios, 1996-1998 (Pre-Textos, 2001)

Y tres poemas en voz de la autora:

Juegos de magia



Resurrección en la tierra

Boomp3.com

Sin título, del libro Hilos

Pavorosa belleza II (digresión insustancial)


¿Un cuadro en una exposición de arte contemporáneo? No, la nebulosa Carina fotografiada por el Hubble...

Al observar el universo circundante, hay preguntas que nos acosan con más fuerza que otras. En una estructura tan inconmensurable, ¿es posible que estemos solos? Recuerdo que un hombre de la antigüedad, cuyo nombre no recuerdo, establecía el siguiente símil: pensar que estamos solos en el cosmos es como creer que, si sembramos una parcela infinita con infinitos granos, sólo brotará una semilla.
Siempre he tenido el convencimiento de que la vida es un fenómeno común y abundante en el universo. Es en extremo pretencioso creer que somos únicos: un residuo cultural de la concepción antropocéntrica ptolemaica, no del todo extirpado. Las razones para pensar así son obvias: la proliferación de galaxias, estrellas y sistemas planetarios es tal, que aunque la posibilidad de que la vida arraigue sea remota, por una mera cuestión estadística, ha de ser forzosamente muy abundante. De hecho, a poco que lo pensemos lo verdaderamente insólito, la hipótesis más inverosímil, es que estemos solos, una minúscula mota de polvo en una construcción indescriptible que, para rizar el rizo, ni siquiera sabemos si es finita o infinita porque, probablemente, esos conceptos, pergeñados por la humana razón, no pueden aplicarse en escalas tan desmesuradas y seguramente no tienen sentido más allá de nuestra mente.
Se han hecho especulaciones de todo tipo. Paul Davies hablaba de cientos de miles de mundos habitados sólo en nuestra galaxia, y quizá varios miles de civilizaciones o comunidades tecnológicas que coexistirían simultáneamente en la Vía láctea (entendemos por comunidad tecnológica aquella que empieza a utilizar herramientas para cambiar su entorno), pero tan alejadas entre sí que la posibilidad de que se encuentren es computable en cero, al menos si las leyes de la física conocida son correctas. Por lo tanto, y en esto estoy de acuerdo, nada de ovnis ni marcianitos verdes; así como la posibilidad de que el universo rebose de vida es más que factible, la probabilidad de que hayan llegado hasta nosotros, de que hayan reparado en una estrella media, insignificante, en los arrabales de nuestra galaxia, y que hayan conseguido salvar los abismales espacios siderales para llegar hasta nosotros, es tan remota que no merece ser tomada en consideración.
Otro asunto es lo que entendemos como vida. En la Tierra, la bioquímica se basa en el carbono; es asombrosa la gran variedad de formas que se han producido a partir de elementos tan simples, básicos y repetitivos. Cuando los científicos buscan evidencias de vida en otros planetas del sistema solar, se limitan a extrapolar lo que conocemos de nuestro propio sistema: buscan vida basada en el carbono y que se haya dado en condiciones similares a las de la Tierra. Pero la vida surgió cuando nuestro mundo era inhabitable y se ha ido adaptando a los sucesivos cambios. Y la vida puede basarse en otras sustancias aparte del carbono: puede basarse en el silicio, en metales pesados, en gases… una forma de vida basada en el silicio sería tan ajena a lo que entendemos por vida que probablemente la confundiríamos con materia inerte. Inteligencias basadas en estructuras atómicas diferentes seguramente no se reconocerían, una a la otra, como vida. Y esto plantea un grave problema, porque si existe vida ahí fuera, nos resultará muy difícil de detectar. Por eso resulta un poco penoso que el Voyager incluyera discursos, canciones de los Beatles, dibujos… quienes lo diseñaron pensaron acaso en extraterrestres homínidos con sentidos de percepción homologables a los nuestros, pero lo más probable es que una civilización extraterrestre que encontrara ese primitivo invento terrestre no sólo no pudiera comprender su contenido, sino ni siquiera percibirlo… Verosímilmente, si por un extraño azar los extraterrestres estuvieran en nuestro mundo, no advertiríamos su presencia, ni ellos la nuestra.

Sombra proyectada por una de las lunas de Júpiter sobre el gigante gaseoso (no digáis que no es hermoso...)

La obsesión por buscar agua en otros planetas es otro síntoma de la cerrazón científica: creen que, puesto que en nuestro mundo el agua es el “caldo de cultivo” esencial, habrá de ser así en otros lugares susceptibles de albergar vida. No parece que este prejuicio (=juicio previo) tenga ningún fundamento. Y habría que ver por qué Europa, la luna de Júpiter, con sus océanos y lluvias de metano, no podría presentar vida, aunque fuera microbiana, pero con una bioquímica completamente diferente a la que conocemos.
Olaf Stapledon y Stanislaw Lem han concebido formas de vida inteligentes cuyos patrones de conducta y comportamiento difieren tanto de lo que conocemos que no podríamos hacernos una idea de cómo sienten, piensan y son. Organismos unicelulares gaseosos que, unidos en una nube electromagnética, conforman una mente múltiple… de todos modos la ciencia ficción combina elementos ya conocidos en nuestro mundo, los combina y sobredimensiona metafóricamente, y ya tenemos al extraterrestre dibujado. Intuyo, sin embargo, que la realidad es mucho más misteriosa, fascinante e inescrutable…
Luego tenemos la hipótesis Gaia: la tierra es un ser vivo, como pueden serlo los otros planetas y las estrellas. Quizá las galaxias o los cúmulos de galaxias sean seres vivos equivalentes a las células de nuestro cuerpo, que tienen una vida independiente pero ignoran la vida de conjunto en la que están inmersas. ¿El universo podría ser un inmenso ser vivo formado por muchos estratos de vida que no pueden comunicarse entre sí? Si la tierra es un ser vivo, ¿quizá su sistema neuronal esté formado por el conjunto de la humanidad, al igual que un cerebro humano está formado por células que viven y mueren de manera independiente pero están sometidas a una profunda interconexión? Una neurona no piensa por sí misma, no puede acceder al pensamiento que genera la superestructura que la engloba. Así, un ser humano ignoraría el pensamiento comunitario engendrado por toda la humanidad. Quizá nuestro mundo-Gaia, por seguir con esta idea, sufra una depresión o una grave enfermedad mental en el momento presente.
Todo esto son ideas más o menos delirantes, pero no podemos demostrar que son falsas, ni que son ciertas. Lo fascinante es pensar que, si fueran ciertas, en modo alguno podríamos concebir qué es o como funciona la “conciencia” de la tierra o de una estrella, así como una neurona de nuestro organismo es incapaz, por sí sola, de pensar, soñar, recordar, sentir. Ni siquiera podríamos decir, en caso de que fueran seres vivos, que los cuerpos celestes tienen “conciencia”. Es una palabra demasiado humana, demasiado pequeña y lastrada para ser aplicada en otro nivel. Como todas las palabras humanas, por otra parte.
Sería bueno que abdicáramos de los nombres con los que acotamos lo real y afrontáramos el mundo desde la desnudez, como quizá hacen los animales y las plantas. Pero ya empiezo a divagar y aquí lo dejo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Miniaturas en femenino



Cada día
caigo fuera de mi nombre
sin red

Si me llamas
mis huesos se rompen.

Anise Koltz

Me cortan las dos manos
los dos brazos
las piernas
me cortan la cabeza.
Que me encuentren.

Idea Vilariño

Llegar a otro. Sin
otro. Sin llegar a.
No apretar los dientes.
Soltar la presa. Sin

Chantal Maillard

Así la carne de esta mano,
su hinchazón, las venas
azules abultadas, el ensordecimiento
tras los ojos: formas del cansancio,
magulladuras en la nuca, en el blando
canal. Ser ahogada sería
intensamente así.

Olvido García Valdés

Reja

Cuál es la luz
cuál la sombra

Blanca Varela

Yo voces.
Yo el gran salto.

Cuando la noche sea mi memoria
mi memoria será la noche.

Alejandra Pizarnik

domingo, 9 de noviembre de 2008

Yma Súmac

Yma Súmac (1922-2008)

Se llamaba Zoila Augusta Emperatriz Chávarri del Castillo, acababa de cumplir los 86 años y ha fallecido esta semana en Hollywood, víctima de un cáncer, siendo sepultada en la ciudad de Los Ángeles, donde pasó 60 años de su vida y donde tiene una estrella en el Paseo de la Fama.
Yma Súmac era una soprano peruana con un increíble registro vocal que abarcaba las 5 octavas. En los años 40 ella, su marido, el músico Moisés Vivanco, y una prima de este, Cholita Rivera, formaron el trío "Inca Taky", con Moisés en la guitarra, Cholita como contraalto e Yma Súmac como soprano y se afincaron en New York, donde actuaron en night clubs, radio y después televisión. De allí pasan a principios de los 50 a Hollywood, donde Yma Súmac consiguió un contrato para grabar una serie de discos con la Capital Records que la catapultaron a la fama. La casa discográfica le hizo una campaña publicitaria que la presentaba como una descendiente de los emperadores Incas, una princesa Inca, Alta Sacerdotiza y Virgen del Sol. Por ello, en sus conciertos musicales la "diva andina" se presentaba ataviada de majestuosos y ricos trajes folklóricos inspirados en el grandioso imperio inca, envuelta en un halo místico, exótico e impenetrable destinado a despertar el interés del cateto americano medio... En los años 50 Yma Súmac alcanzó el cenit de su fama. A sus clamorosas representaciones en el Hollywood Bowl, en el Carnegie Hall, en clubes de Las Vegas y también en diversos países de Europa y América Latina, hay que añadirle su colaboración en dos películas "El secreto de los Incas" (1954) y "Omar Khayyam" (1957), lo que la equiparó a una estrella de Hollywood...
Su popularidad fue decayendo en los 60, en los que el rock and roll impuso otro estilo de música, para ser casi olvidada en las décadas siguientes. Queda en el recuedo como una de las presencias escénicas más poderosas y fascinantes de todos los tiempos.

Aquí, un par de vídeos donde puede apreciarse su extraordinario talento, que aunaba la música tradicional peruana con el bel canto experimental. Fue una de las primeras en incorporar técnicas revolucionarias como la percursión vocal o el canto difónico. De la garganta de Yma Súmac han salido sonidos que nunca hubiera creído que fueran humanos:



sábado, 8 de noviembre de 2008

Lecturas


A estas alturas, no creo necesario reivindicar la ciencia ficción como género. Aporta y ha aportado grandes obras maestras en todas sus variantes, y en particular, iluminó los años de la adolescencia de este servidor. Primero Heinlein, Larry Niven, Philip K. Dick, Clifford Simak, Stanley Weimbaum, más tarde Asimov, Arthur Clark, Ray Bradbury, Henry Kuttner. Luego descubrí una serie de autores que suponen una vuelta de tuerca y que emparentan la ciencia ficción con un discurso filosófico más explícito y robusto: Olaf Stapledon, Edwin Abbot y... Stanislaw Lem... Vacío perfecto es un libro muy curioso: una colección de prólogos a libros inexistentes. Parte de ciertos experimentos borgianos y rabelesianos para ofrecernos una imagen lúcida, sarcástica y penetrante de una posible a-literatura o anti-literatura del siglo XXI. Aquí Lem se aleja de las exploraciones a otros mundos como en "Edén" o "El invencible", de la fábula filosófica de "Solaris" y de los ejercicios de recreación burlesca como "La ciberíada" y nos ofrece un libro donde el juego meta-literario riza el rizo en un delicioso bucle: el libro empieza con un prólogo de prólogos, cuyo firmante insinúa la posibilidad de ser el propio Lem gastándonos una broma.



Nuevo libro del imprescindible, poliédrico, indescrifrable Michaux. Los meidosems son seres imaginarios que viven en un extraño mundo donde no rigen las leyes que operan en el nuestro. Un mundo distante y sin embargo extrañamente familiar. Michaux escribió esta obra como un exorcismo en un momento de intenso dolor personal ante la pérdida de un ser amado. Conforman el libro estancias o piezas que describen, con rigor "naturalista", los usos y costumbres de esos seres que viven en los márgenes de la conciencia... La edición incluye las litografías del propio Michaux, recuperadas de la edición original. Chantal Maillard (también belga, también poeta) firma la traducción, y quien esté al tanto de estas lides sabrá lo difícil que es traducir a Michaux, cuyo lenguaje poético y creativo escapa a todo trasvase y sólo puede recrearse. He aquí un fragmento del epílogo de Maillard:

"Lejos de ser una “etnografía imaginaria”, Retrato de los meidosems es la expresión de un mundo, el nuestro, despojado de sus apariencias. Los meidosems somos nosotros, contemplados debajo de la piel, reducidos a estados, a nudos, a elasticidad, con impulsos que son trayectorias y estados que son núcleos. (...) En el meidosem se pierden las distinciones. Lo sólido es fluido; lo fluido, gaseoso; lo gaseoso, energético, animal. Michaux acostumbra a mirar dentro de las envolturas, más allá de ellas. El mundo que describe traspasa las diferencias que nuestro lenguaje legitima para el común acuerdo de las percepciones. El universo meidosem no es un universo paralelo, ni posible ni imposible, tampoco es una simple metáfora; es este mundo nuestro contemplado a través de una mirada que sabe liberarse de los prejuicios con los que el entendimiento repite y reproduce anticipando la realidad, que sabe no recordar antes de ver, y que posee el don de saberlo expresar".
Chantal Maillard



No sé si Olvido llega a la anorexia expresiva frente a la acumulación. A mí me parece que aúna ambas tendencias: en ella hay una extraña acumulación, como un lento torrente o glacial que avanza y lo con-mueve todo a su paso. Apreciar las huellas de esa herida en la roca es un placer insospechado y un muy recomendable ejercicio de espeleología.

Me gusta, también, la "frialdad" de las emociones que transmite. Me explico: hay en su mirada una disección gélida, un punto de distanciamiento y análisis que la acercan a Gottfried Benn o Vladimir Holan. No hallaremos aquí vértigos o abismos insondables, sino el escalpelo del cirujano o del taxidermista. Las emociones quedan embalsamadas, disecadas, prendidas a un alfiler y contempladas con parsimonia. No hay grito porque no hace falta, porque la herrumbre no grita sino que nos tienta el hueso por dentro, nos desaloja con una lenta oxidación de carcoma...

En sus poemas siempre me ha parecido ver el a veces remoto y otras evidente influjo de una serie de poetas: a los mencionados Benn y Holan añadiría César Vallejo, Ajmátova, Dickinson, Ponge, Juan L. Ortiz, Celan, etc. Y se hace eco de escrituras que, siendo prosa, son secretamente poéticas: algunos de esos nombres los da ella misma, Virginia Woolf, Robert Walser, Bruno Schulz (estos dos últimos autores, por cierto, muy recomendables para quien no los conozca).También pesan, creo, sus lecturas filosóficas: Derrida, Foucault, Levinas, Deleuze, parecen estar en ella. Quiero decir con esto que Olvido es una intelectual con una formación humanista completa y que no descuida ninguna fuente. Cosa muy rara en nuestros vates, que con frecuencia sólo leen poesía y de un solo tipo.

Aspecto aparte es el trasvase entre los diversos estratos de realidad. Para Olvido la realidad fluctúa y es permeable, no hay una realidad sino varias formas de declinarla, por eso las fronteras entre el sueño, el recuerdo y la vigilia son porosas y se retroalimentan, hasta el punto de que el lector ya no sabe dónde se encuentra, y en esa indeterminación, en ese naufragio del propio centro, surge una modalidad de la percepción des-centrada y muy interesante.



¡Al fin empecé el tercer tomo de Gibbon! Otras setecientas páginas de felicidad. Un libro de historia que, como decía Borges, se lee como una prodigiosa novela en la que los protagonistas son pueblos, siglos, lenguas, costumbres. Apasionante es un adjetivo muy pobre para describir todo lo que da este libro admirable.

Conversación teológica


-¿Crees en Dios?
-No, pero creo que él tampoco cree en mí.

Autobús de la línea Málaga-Nerja, digamos un tórrido agosto de 2001

La vie d'artiste, Léo Ferré



Léo Ferré (1916-1993)

Para Tänzerin,

la vida de artista

Te encontré por azar
Aquí, allá o en otra parte,
Es posible que aún te acuerdes.
Sin conocernos nos amamos,
Y aunque no sea cierto
Hay que creer en la historia antigua.
Te ofrecí lo que tenía
Con qué cantar, con qué soñar,
Y tú creías en mi bohemia,
Pero si a los veinte pensabas
Que se podía vivir del aire,
Tu punto de vista ya no es el mismo.

Aquel hambriento fin de mes
Que desde que éramos tú y yo
Se repetía siete veces a la semana
Y nuestras noches sin cine,
Y mi éxito que no llega,
Y nuestra comida incierta.
¿Lo ves? No he olvidado nada
En este oficio triste hasta las lágrimas
Que constata nuestra derrota.
Aún quedan hermosos días,
Aprovéchalos, mi pobre amor,
Los bellos años pasan pronto.

Y ahora te marcharás,
Los dos envejeceremos
Solos, qué triste.
Puedes llevarte el tocadiscos
Yo conservo el piano,
Continúo mi vida de artista.
Más tarde, sin saber por qué
Un extraño, un infeliz
Al leer mi nombre en un cartel
Te hablará de mi éxito,
Pero un tanto triste tú, que lo sabes,
Le dirás que a mí me da igual,
Que a mí me da igual…



Y aquí una versión de Avec le temps, su canción más conocida, con subtítulos incrustados en castellano:

sábado, 1 de noviembre de 2008

The Truth the Dead Know, Anne Sexton



Anne Sexton (1928-1974)

The Truth the Dead Know

For my Mother, born March 1902, died March 1959
and my Father, born February 1900, died June 1959


Gone, I say and walk from church,
refusing the stiff procession to the grave,
letting the dead ride alone in the hearse.
It is June. I am tired of being brave.

We drive to the Cape. I cultivate
myself where the sun gutters from the sky,
where the sea swings in like an iron gate
and we touch. In another country people die.

My darling, the wind falls in like stones
from the whitehearted water and when we touch
we enter touch entirely. No one's alone.
Men kill for this, or for as much.

And what of the dead? They lie without shoes
in the stone boats. They are more like stone
than the sea would be if it stopped. They refuse
to be blessed, throat, eye and knucklebone.

La verdad que los muertos conocen

Para mi madre, nacida en marzo de 1902, muerta en marzo
de 1959, y para mi padre, nacido en febrero de 1900,
muerto en junio de 1959.


Se acabó, digo, y me alejo de la iglesia,
rehusando la rígida procesión hacia la sepultura,
dejando a los muertos viajar solos en el coche fúnebre.
Es junio. Estoy cansada de ser valiente.
Conducimos hasta el Cabo. Crezco
por donde el sol se derrama desde el cielo,
por donde el mar se mece como una cancela
y nos emocionamos. Es en otro país donde muere la gente.

Querido, el viento se desploma como piedras
desde la bondadosa agua y cuando nos tocamos
nos penetramos por completo. Nadie está solo.
Los hombres matan por ello, o por cosas así.

¿Y qué ocurre con los muertos? Yacen sin zapatos
en sus barcas de piedra. Son más parecidos a la piedra
de lo que lo sería el mar si se detuviera. Rehusan
ser bendecidos, garganta, ojo y nudillo.

Ejercicio de endurecimiento del espíritu


Segunda Guerra Mundial. Claus y Lucas son hermanos. Su madre los deja a cargo de su abuela en un ambiente hostil y los niños deben aprender a defenderse de los otros niños, de la depredación de los adultos y del tiempo de rigurosa carestía. Empiezan endureciendo el cuerpo y luego pasan a...

Ejercicio de endurecimiento del espíritu

"La abuela nos dice:
-¡Hijos de perra!
La gente nos dice:
-¡Hijos de bruja! ¡Hijos de puta!
Otros nos dicen:
-¡Imbéciles! ¡Golfos! ¡Mocosos! ¡Burros! ¡Marranos! ¡Puercos! ¡Gamberros! ¡Sinvergüenzas! ¡Pequeños granujas! ¡Delincuentes! ¡Criminales!
Cuando oímos estas palabras se nos pone la cara roja, nos zumban los oídos, nos escuecen los ojos y nos tiemblan las rodillas.
No queremos ponernos rojos, ni temblar. Queremos acostumbrarnos a los insultos y a las palabras que hieren.
Nos instalamos en la mesa de la cocina, uno frente al otro, y mirándonos a los ojos, nos decimos palabras cada vez más y más atroces.
Uno:
-¡Cabrón! ¡Tontolculo!
El otro:
-¡Maricón! ¡Hijoputa!
Y continuamos así hasta que las palabras ya no nos entran en el cerebro, ni nos entran siquiera en las orejas.
De ese modo nos ejercitamos una media hora al día más o menos, después vamos a pasear por las calles.
Nos las arreglamos para que la gente nos insulte y constatamos que al fin hemos conseguido permanecer indiferentes.
Nuestra madre nos decía:
-¡Queridos míos! ¡Mis amorcitos! ¡Mi vida! ¡Mis pequeñines adorados!
Cuando nos acordamos de esas palabras, los ojos se nos llenan de lágrimas.
Esas palabras las tenemos que olvidar, porque ahora ya nadie nos dice palabras semejantes, y porque el recuerdo que tenemos es una carga demasiado pesada para soportarla.
Entonces volvemos a empezar nuestro ejercicio de otra manera.
Decimos:
-¡Querido míos! ¡Mis amorcitos! Yo os quiero… No os abandonaré nunca… Sólo os querré a vosotros… Siempre… Sois toda mi vida…
A fuerza de repetirlas, las palabras van perdiendo poco a poco su significado, y el dolor que llevan consigo se atenúa".

El gran cuaderno, Agota Krystoff (incluido en el volumen Claus y Lucas). Como es algo que me supera con creces, ni siquiera voy a intentar hablar de ella. No os perdáis una de las novelas más impactantes del siglo XX.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Hermanos


Leo Ferré - La vie d'artiste


Jacques Brel - Ces gens-là


Charle Trenet & Georges Brassnes - Mon petit oiseau


Gilbert Bécaud - Le train d'amour


Barbara & Georges Moustaki - La dame brune


Edith Piaf - La foule

¿Cómo se puede tener nostalgia por un tiempo pasado que no vivimos? Quizá algunas melodías nos convocan desde el pasado, nos atrapan en su delicadeza, su fuerza, su aspereza. Me ocurre con estos a los que llamo hermanos, pues así los siento en lo más hondo. Hermanos de una época que fue la mía sin serlo. De ahí el sentimiento de desarraigo en un presente árido, estéril, donde estos acordes pasaron, estas pasiones, quedaron olvidadas. Terrible la nostalgia del desarraigado para siempre, que vive extrañamente en los recuerdos que le traen las melodías, las voces de un pasado vivido con esa extraña intensidad, dentro de mí.

lunes, 27 de octubre de 2008

Pavorosa belleza



Esta es una fotografía de dos galaxias en colisión tomada por el telescopio Hubble. Me he quedado embobado mirándola, absorto por la belleza de la instantánea, imaginando los remotos terrores(pues ocurrieron en el pasado) que tal vez hayan vivido las civilizaciones destruidas por la colisión de mundos que no podemos imaginar. Al fundirse dos galaxias, una parte de estrellas se destruye, el resto se funde en una galaxia mayor. Se supone que los agujeros negros situados en el vórtice galáctico suman su masa y de paso engullen unas decenas de miles de estrellas.

Al observar cosas así me invade una avalancha de preguntas. Las más obvias, las que fascinaron mi adolescencia. ¿Por qué una inmensidad tan vasta? ¿Cuál es la estructura real del universo, tan grande que no podemos percibirla? Se sabe que los cúmulos y super-cúmulos de galaxias no se distribuyen de forma homogénea en el universo observable; por el contrario, hay zonas de gran densidad de galaxias y grandes espacios vacíos... los supercúmulos parecen extenderse a lo largo de filamentos, trazar figuras que escapan a nuestra visión de diminutos observadores.

Por desgracia aún estamos en una fase primitiva de la especulación cosmológica y la física teórica; tenemos una teoría para lo muy pequeño, la teoría cuántica, y otra para lo muy grande, la teoría de la relatividad. Ambas presentan notables incompatibilidades que indican que no están completas o que, si una de las dos es cierta, la otra ha de estar forzosamente equivocada. Se cree que el futuro puede deparar una teoría del campo unificado que reconcilie la física cuántica con la relatividad. En ese momento se abrirían puertas insospechadas para la comprensión del universo, amén de aplicaciones prácticas inimaginables (como una fuente de energía inagotable, la posibilidad de plegar el espacio-tiempo, controlar la gravedad o detectar el célebre "taquión ESP", supuesta partícula capaz de superar la velocidad de la luz... todo esto son especulaciones, pero no hay que olvidar que el descubrimiento de la relatividad trajo consigo la energía nuclear)

Pero, sobre todo, todas estas cuestiones me arrastran a la esencial: ¿por qué el ser humano tiene, en general, atrofiado el sentido metafísico, por qué no se abisma en el anonadamiento al pensar en la pavorosa belleza del universo? Y es que la física teórica es el crisol que amalgama a la ciencia, la filosofía, la mística, la poesía; caminos todos que pretenden dar una respuesta a lo que somos y a la inmensa contingencia de una existencia aparentemente azarosa.

A veces, cuando me duermo, me entra un vértigo "trascendental" que se traduce a lo físico. Imagino que estamos en una bola minúscula flotando en el Universo. Siento la presencia de los planetas vecinos. Siento el vacío inconmensurable que se extiende entre las estrellas (si el sol tuviera el tamaño de un garbanzo, la estrella más cercana -un garbanzo distante- estaría a... 180 km. de distancia), y toda esa distancia cae sobre mí, me abruma, me siento caer hacia arriba, hacia las estrellas, succionado por el abismo insondable, apenas una víctima insignificante inmolada al infinito, reclamada por un vacío que, de pronto, sospecho es el mismo que habita en la parte oculta de mi ser. Entonces siento que mis músculos se contraen y sobreviene el vértigo físico: me aferro a la almohada o al colchón con todas mis fuerzas hasta que se me pasa.

A veces, viendo documentales sobre Júpiter o Saturno, he sentido ese mismo vértigo, la sensación de caer hacia el planeta. Numinosa belleza la de esa gravedad y esa sensación que mis palabras, siempre huérfanas, palabras a la intemperie de lo que no sé decir, no aciertan a describir.

viernes, 24 de octubre de 2008

Des-aparecer, cercos, buitre


Todas las cosas conspiran para la desaparición. Des-aparecer es el objetivo. El mundo es la historia de la visibilidad -el mundo que fue contado por los antiguos griegos-: apariciones y des-apariciones o la continuidad bajo la vida y la muerte. Aparición y des-aparición de lo que yo no soy, siéndolo más de lo que me soy a mí misma por debajo de mí. Aparición y des-aparición de lo que no somos, ya que ser es ser limitado, ser es estar cercado, ser es vivir en un cerco: vivir atemorizado en un círculo de fuego sin atreverse a a-cercarse, a romper el cerco aproximándose a las llamas que aprisionan con su horror, con su nada, con su amenaza. La purificación, la destrucción por el fuego. Purificarse: desintegrarse. Des-integrarse: romper los límites que nos hacen ser: ser íntegro, ser una fuera de lo que sigue, a pesar de lo que sigue, por encima de lo que sigue. Yo soy una y mi cerco, un cerco abierto como un ojo, un ojo que deslinda, que traza los lindes con fuego: aquel fuego que brota del párpado, nunca de la córnea. En la córnea, sobre ella, como pantalla translúcida: las lágrimas, sobre la córnea la gigantesca cortina de agua que mana dolorosamente de las entrañas, el agua del dolor que apaga el fuego sin romper el cerco, impidiendo, ahora y luego, la purificación.
Las lágrimas son una desobediencia a la ley del universo: aparición-des-aparición. Las lágrimas son la culpa y el precio por el territorio conquistado: yo soy una y mi cerco.

Destruyamos. Desautoricemos lo escrito. Mi cerco y yo nos construimos en otro cerco: el del lenguaje. Cada lenguaje un cerco. La transgresión: el trabajo de la metáfora. Transgresión lingüística, rápida, penetrante, creadora. La apariencia salta fuera del ojo, el ojo fuera de su córnea. La forma puede volverse música.
La palabra guía dentro del cerco. De cerco a cerco ¿quién anda? ¿Qué aguijón penetra en los espacios que el fuego pone al rojo? De cerco a cerco nada, o tal vez el águila. El lenguaje de los cercos requiere otros conceptos, otras palabras: palabras trashumantes, palabras bereberes, palabras del desierto: sin eco, hechas de sílabas que se desmoronan al pronunciarse, palabras tránsfugas o planeadoras, palabras buitres, palabras carroñeras que limpien los viejos cercos de sus muertos, de sus asesinados y de sus asesinos. El lenguaje de los cercos requiere el vuelo. De cerco a cerco se vuela. Se vuela como los buitres, con el pico ensangrentado, con flecos de carne descompuesta colgados en las comisuras propagando, de cerco en cerco, el virus: el ansia de hacer mundos.
¿Y las lágrimas? ¿Y el agua? Pura convulsión del aire licuado por el frío.
La córnea vaciada de su ojo es el estanque de materia donde Leibniz creía ver el universo: la unidad de todo lo posible. El ojo, sin su córnea, apenas se parece al diseño de un ojo.
¿Y si lo posible fuera lágrimas infinitas? ¿Y si el dolor fuera el infinito anhelo de todo lo posible por existir?
¿Y si las lágrimas fuesen el dolor de existir que se expande por todos los cercos de los cercos?

Desautorizar el texto: dejar al texto huérfano, matar al autor, destruir al que dice yo bajo el texto, al que dice yo sin decir "digo", desplazar al que escribe, dejar huérfano al que escribe, huérfano del texto que ya le precede, que siempre le ha precedido, que le precede en el cerco, que le encierra en su cerco, que le induce a cercarse y a decir yo, des-autorizar el texto cuando dice "lágrimas", con-textualizar al texto con otro texto que lo embeba como un papel secante, des-autorizar al yo cuando escribe "dolor" sin escribir que escribe, y dejar en suspenso el juicio sobre la posible des-aparición de una muy antigua creencia.

¿Y el grito? El grito es la flecha disparada que se eleva, vertical, y alcanza al buitre en pleno vuelo.

Filosofía en los días críticos, Diarios, 1996-1998, Chantal Maillard

miércoles, 22 de octubre de 2008

Göttingen



Barbara fue invitada a tocar en la ciudad alemana de Göttingen y, en el patio de su antigua universidad, y como regalo especial para los asistentes, compuso de un tirón esta canción, que se convertiría en una de las más conocidas de su repertorio. Este canto a la reconciliación franco-alemana no sentó bien en algunos ámbitos de París, que criticaron duramente a la cantante y no entendieron cómo una judía eslava, que en su niñez sufrió la persecución nazi, perdió a parientes y amigos en el Holocausto y estuvo a punto de morir en un bombardeo de la Luftwaffe, podía cantar la belleza del país "enemigo". Ella llegó a grabar una versión de la canción en alemán.

Cuando visité la tumba de Barbara en Bagneaux, había una corona de flores y una cinta que llevaba inscrita la siguiente leyenda: "Los niños de Göttingen no te olvidan".

Göttingen

Claro que no es el Sena
Ni el bosque de Vincennes
Pero también es hermoso
Göttingen, Göttingen.

No hay avenidas ni cantilenas
Que se lamenten y se arrastren
Pero el amor también florece
En Göttingen, en Göttingen.

Creo que conocen mejor que nosotros
La historia de los reyes de Francia,
Hermann, Peter, Helga y Hans,
En Göttingen.

Y que nadie se ofenda
Pero los cuentos de nuestra infancia
“érase una vez” comienzan
en Göttingen, en Göttingen.

Nosotros tenemos la pálida madrugada
Y el alma gris de Verlaine
Pero por Dios que las rosas son bellas
En Göttingen, en Göttingen.

Cuando nada nos dicen
callan, sonriéndonos
Y aún así los comprendemos
Los niños rubios de Göttingen.

Y tanto peor para los que se asombren
Y que los otros me perdonen,
Pero los niños son los mismos
En París o en Göttingen.

¡Oh, que nunca jamás vuelva
el tiempo de la sangre y el odio
porque hay gente que amo
en Göttingen, en Göttingen!

Y cuando suene la alarma
Si hay que retomar las armas,
Mi corazón verterá una lágrima
Por Göttingen, por Göttingen.

Y para terminar, la prueba del algodón: dos versiones de la canción separadas por 25 años. Atentos a las diferencias entre una y otra: IMPRESIONANTE; creo que con esta comparación queda claro, de una vez por todas, quién es Barbara y cuál es su aportación a la canción del siglo XX. No os los perdáis.

Aquí la original en estudio de 1965:



Y ésta es la versión en directo del disco Gauguin de 1990:



Y una versión de los sesenta en dailymotion:

martes, 21 de octubre de 2008

Paolo Conte, la felicidad una vez más


Ocurrió una vez más. Sabía que el nuevo disco de Paolo Conte no iba a defraudarme y así ha sido. Nunca, en su larga trayectoria, he sentido que el gran compositor de Asti hiciera un disco prescindible, vendido, desinflado o de cara a la galería. Es el único, quizá, de los autores de canciones vivos que nunca ha engañado ni ha rebajado su estándar de calidad (cosa que no puede afirmarse de otros autores que me gustan o gustaron, como Leonard Cohen o Nick Cave).

Psyche es un disco de canciones abiertas, atmosféricas, algunas de las cuales parecen apuntes, bocetos sin resolver, casi haikus a la intemperie de una melodía escueta, minimalista, envolvente. Lejos queda el broche, el universo cerrado y circular de cada una de las canciones de Elegia, su anterior disco, obra maestra de la melancolía en las postrimerías de la vida que pareció ser su último disco. Y más lejos aún, la fiesta dionisíaca y colorida del jazz dixieland de Una faccia in prestito, allá por 1995.

Pero Paolo, siempre idéntico a sí mismo, sabe encontrar márgenes por donde reinventarse. Esta vez aborda sus composiciones con la ayuda de teclados y sintetizadores que, aunque parezcan desentonar en un músico tan clásico como él, realzan el tono y construyen una lánguida atmósfera de interregno, de paseo irónico por el crepúsculo de una vida observada desde la calma de la senectud.

Hay quien dice que Paolo Conte es el Tom Waits mediterráneo. Falso. Sólo su voz aguardentosa, ajena a cualquier canon y belleza convencional, pueden justificar esa comparación. Conte es un músico de otro calibre, con otros quilates... También se dice, escuetamente, que Paolo canta jazz en italiano, y punto. Eterno reduccionismo de cierta crítica perezosa. Es cierta la influencia del jazz en el compositor, pianista y letrista italiano, pero es un jazz que le llega a través del tamiz de la música francesa: es el jazz de Trenet y Gilbert Bécaud, el jazz sutilmente incorporado a los ritmos de Georges Brassens lo que late en sus armonías y melodías. Paolo Conte nunca ha ocultado su admiración por los grandes cantantes franceses y por Francia y París como lugares soñados; no en vano asegura que la región donde habita, Asti, en el norte de Italia, es territorio francés, que por diversas circunstancias quedó en manos italianas. Pero las influencias del italiano no se quedan en el inenarrable mundo de la chanson, el jazz, el music-hall y el cabaret europeo. Sus ritmos están abiertos a todas las influencias imaginables: tango, habanera, son cubano, copla... todos los estilos caen en el crisol de su estilo impresionista y emergen inéditos, porque Paolo Conte, en sus múltiples avatares, es siempre fiel a sí mismo...

Aquí la canción Psyche, del disco homónimo:



Y aquí un vídeo para que veáis a Conte en acción:

domingo, 19 de octubre de 2008

los Desollados


Aquel hombre del futuro remoto sólo abrigaba un deseo en su corazón extraño: quería despellejar a la Belleza. Un día, una inesperada consecuencia de las ecuaciones de la Teoría del Campo Unificado le concedió su deseo. A partir de entonces los atributos de la Estética fueron marchitándose y la Belleza sin piel exhibió su carne viva, fue una pura llaga cegadora que ninguna mirada osaba profanar. Su sola visión despertaba una corrosión interior que provocaba una muerte espantosa en pocos días.
Dicen los oscuros cronistas del futuro que entonces nacieron –nacerán- los verdaderos poetas, que serán llamados los Desollados o los Desnudos.

La insoportable cercanía del otro

Si la sombra de un intocable cae sobre un brahmán, éste habrá de lavarse siete veces para quedar purificado. ¿Qué ocurre si el intocable llega a rozarlo?

Si un perro, animal impuro, entra en una casa, aun cuando apenas traspase el umbral, hay que limpiarlo todo, ollas, cacerolas, la ropa, hay que exorcizar la impureza con una febril limpieza masiva.

De niño dormía con mi perrita, ignorante de todas esas cosas.

Tal cual

miércoles, 15 de octubre de 2008

Tres poemas recitados



Para Laura Giordani, buscadora incansable, hermana en la búsqueda

CONJURO PARA DECIR MENTIRAS Y CONSTRUIR VERDADES

"Si a alguien es lícito faltar a la verdad será únicamente a los que gobiernan la ciudad, autorizados para hacerlo con respecto a sus enemigos y conciudadanos. Nadie más podrá hacerlo." (Platón, Rsp. III)

Cuando cumplí seis años, a cambio de su amor,
mi madre me arrancó la terrible promesa
de no mentir jamás.
Así, igual que un soberano controla al pueblo al que gobierna,
ella me dió la libertad que al necio se le otorga:
actuarás dentro del margen que yo-mis leyes establecen.
No había escapatoria: su ministro de asuntos interiores
tenía su despacho montado en mi conciencia.
Yo la echaba de menos, por eso no traicioné su confianza;
fui fiel a mi promesa.
Pero también, y con el tiempo, quise ser fiel a mis instintos
y extensiva se hizo la verdad al deseo que impulsaba mis actos.
Creo que confundí el orden imperioso del deseo
con el orden común de los Estados,
pues provoqué una guerra.
Después del gran naufragio, ella me preguntó:
¿no podías acaso haber mentido?
En ese instante, entonces, usurpé la corona.

Ser libre no es un don, es una reconquista,
y a menudo es preciso callar y conducir
las palabras al cauce más amable;
es preciso callar para construir
aquella historia que habrá de guardarse
como un largo secreto del que nadie es testigo. Ser libre
es cuidar de un misterio
sobre el que el alma se moldea.
Hay seres que comprenden temprano este principio;
me produce ternura descubrir sus engaños
y comprobar la paz que de ellos resulta;
admiro las mentiras bien trabadas,
la coherencia del engarce, el arte dirigido
hacia un fin; me conmueve
la soledad de aquel que las inventa
y consiente al imperio de su lógica.
El que miente edifica el mundo que conviene
para salvaguardar la ficción de los otros, la legítima
ficción que necesitan contra
la angustia de sentirse
tan solos
sin leyes, sin verdades,
sin ese amor que creen recibir
a cambio de su alma.
Aprendo del que calla, del que miente y engaña
el fuego soterrado que aún gime en mi pecho,
aprendo a dirigir su lava en mis infiernos
para el mejor gobierno de los mundos.
Desde ahora mi mano es la que guía
el fiel de la balanza: la verdad y su opuesto
son las onzas que pongo en los platillos
según el juego lo requiera.

Conjuros




INTERMEDIO

Entre una imagen tuya
y otra imagen de ti
el mundo queda detenido.
En suspenso. Y mi vida
es ese pájaro pegado al cable
de alta tensión,
después de la descarga.

Lógica borrosa



DIME

Partir, quedar, querer. Dejar
de querer. Dime lo que he de hacer.
Rituales. Dime. No preguntes,
dispón. Dejar de querer. Sin
respuestas. Sin voluntad. Para estar
aquí. Más. Cuéntame una historia
que no tenga final. Que no
tenga principio. No preguntes,
dispón. Partir, quedar, contar.
No dejes de contar.

Dime qué fue de mí.

Hilos

Royal Space Force, Wings of Honneamise


Ya que estamos con dibujos animados, me atrevo a haceros otra recomendación: Royal Space Force, Wings of Honneamise (1987), de Hiroyuki Yamaga, con banda sonora de Ryuichi Sakamoto. En una realidad o mundo paralelo donde todo es un eco del nuestro -sutilmente desplazado-, un chico de provincias se ve envuelto en un programa espacial que tiene como objetivo poner en órbita al primer hombre en toda la historia. Shirotsu es ateo y escéptico, pero conoce a una chica que predica la palabra de dios (un dios que no es nuestro dios, sino el dios de ese mundo paralelo) y, pese a no dejarse impreganar por sus creencias, una vez en el espacio, reza por todos los hombres... Cada vez que el sol ilumina el rostro de Shirotsu Ladatt, inmerso en su plegaria, siento una poderosa ascensión y se me saltan las lágrimas. Me siento ateo, pero me emociona esta secuencia (como en general muchas manifestaciones del arte sacro, las catedrales, Bach o el cine de Tarkovski, Dreyer o Rossellini, hondamente religioso...).

No exagero al afirmar que los últimos diez minutos de Royal Space Force son una de las cumbres, no ya de la animación, sino de la historia del cine, con mayúsculas. Pocas veces el dibujo animado ha alcanzado tal impulso de "trascendencia", que, increíblemente, no decae con el paso de los años. ¿Y qué decir de aquella larga secuencia final donde la memoria de ese mundo extraño circula en una serie de oníricas estampas al hilo de la prodigiosa banda sonora? Todo un clásico imperecedero capaz de pulverizar la aversión al anime que abunda entre muchos cinéfilos.


Para despejar dudas y que veáis de qué tipo de dibujos animados hablamos, extraigo algunos diálogos, literales:

"La civilización no creó la guerra, pero de la guerra nacieron las civilizaciones. La humanidad evolucionó desde las profundidades de su infierno primitivo durante cien mil años hasta ahora. ¿Qué hemos logrado? ¿Hemos resuelto los problemas fundamentales de nuestros ancestros? [...] Pronto comprendí que si no había algún tipo de moralidad estaríamos condenados a repetir nuestros violento pasado tribal. [...] Nuestro orgullo no nos permite aceptar que no somos tan diferentes a los monos. ¿Es nuestro sino repetir los errores? ¿Hay elección?."

"Todo lo que ven mis ojos falso es"

"¿Alguien me oye? Soy el primer hombre en el espacio. Aunque miréis hacia arriba, no me creeréis, pero por lo menos, por favor, escuchadme. Os estoy viendo desde muy lejos. Estoy volando: ante mis ojos está intacto el reino de dios. Teneís que verlo; es una visión única. Aquí todavía no hay nada, ni siquiera aire o agua contaminados, pero pronto me seguirá otro hombre, y otro, y con la precipitación quizá también lo destruyamos. Es posible que nuestras matanzas vengan de la locura de estar confinados. Por favor, escuchad: no tenemos más motivos para matar, porque ahora no tenemos más fronteras. ¿Puede oírme alguien? Si podéis oídme, rezad, todos los más humildes, los nobles, rezad por cada paso que tengáis que dar, haced un camino seguro, para que quienes os sigan, no tropiecen nunca. Dios mío, por favor, apiádate, piedad porque estamos perdidos, perdona a los irresponsables, a los hombres triviales que te piden, desde la oscuridad, el don de tu luz."

Los que tengáis e-mule podéis acceder a la película en esta página:

http://www.elitefreak.net/peliculas/5391/royalspaceforce.htm

Se trata de un montaje realizado a partir del DVD de la edición japonesa y el audio del VHS español, perfectamente sincronizado. El montaje es dual, con el original japonés y subtítulos. La calidad de la copia es inmejorable.

lunes, 13 de octubre de 2008

Remontando el curso del tiempo

Mi talante esencialmente reaccionario. Conversando con X, me convenzo de que los dos pertenecemos a una edad antigua, que somos intrínsecamente retrógrados.
Desesperados, comenzamos a remontar el tiempo buscando una época a la que consagrar nuestros furores. Decidimos quedarnos en la Alta Edad Media, el interregno entre la disolución del imperio romano y la constitución ulterior de la sociedad feudal. Es una época sin duda fértil para el pensamiento que profesamos: un mundo de apátridas, excluido del devenir de la historia, un mundo arcádico que pretendió –y acaso logró- un hálito de eternidad y pureza. Allí floreció de nuevo el hibernado paganismo, fundido con la savia fecundante de los bárbaros, allí se instauró la derrocada belleza de la sangre y el alarido. Proliferaron las cacerías, el culto de dioses atroces, los crepúsculos que se desangraban sobre un mundo renacido, despojado de la urbe romana: una tierra que recuperaba su vastedad al haber abolido sus límites.
Como si la respiración universal hubiera sufrido un hiato o un no-soplo en su aliento. Los hombres volvieron a gozar de la impunidad de la inocencia. No quisieron progresar, sólo vivir –brutalmente.
Añorar esa época es lo que me hace reaccionario hasta el delirio.

domingo, 12 de octubre de 2008

El sol negro (letra y música: Barbara)



El sol negro

Para nunca jamás
hablaros ya de la lluvia
nunca ya del cielo pesado
nunca de las mañanas grises
he salido de las brumas
y me fui huyendo
bajo cielos más ligeros
país de paraísos
Oh, cuánto me hubiese gustado
traeros esta noche
mares furiosos
músicas bárbaras
cantos felices, risas
de resonancias extrañas
que les harían el ruido
de un feliz estruendo,
conchas blancas
y piedras saladas
que ruedan bajo las olas
mil veces devueltas,
soles que estallan
soles estallados
cuyo fuego ardería
en eternos estíos.
Pero lo he intentado todo
he fingido que me lo creía
y vuelvo de lejos
y mi sol está negro
lo he intentado todo
y, podéis creerme,
vuelvo cansada
y es la desesperación.
Ligera, tan ligera
iba con vestido corto
me las apañaba
con el primero de turno
y era el descanso
la hora de la indolencia
aprendí a tocar el banjo
con canciones para guitarra
me entraron temblores en la espalda
olvidé a Mozart,
dichosa, al fin, iba
a poder volver a vosotros
con el ojo lánguido
vago de recuerdos,
y yo era el tornado
y la rabia de vivir,
he amado, he ardido,
recuperé mi retraso
qué hermosa era la vida
y qué loca mi historia...
Pero la tierra se abrió
allá, en alguna parte,
pero la tierra se abrió
y el sol está negro,
hay hombres emparedados
allá en alguna parte,
hay hombres emparedados
y es la desesperación.
He conjurado el destino
he vuelto a buscar el olvido
he rechazado la muerte
he desechado el tedio
y he apretado los puños
para ordenarme creer
que la vida era hermosa,
fascinante el azar
que me traía aquí,
allá o a otra parte
donde la flor era roja
donde la arena era blanca
donde el ruido del mar
era una canción...
Pero un niño ha muerto
allá, en alguna parte,
pero un niño ha muerto
y el sol está negro,
oigo tocar a duelo
y es la desesperación.
No traigo nada,
estoy descuartizada,
vuelvo a vosotros esta noche
con el corazón arañado
pues por mirarlos
por escucharlos vivir
he padecido con ellos
con ellos iba ebria,
no traigo nada
vuelvo solitaria
del fin de ese viaje
más allá de las fronteras.
¿Habrá acaso algún lugar en esta tierra
donde nada se desgarre?
Y ¿qué habrá que hacer, pues?
¿Podéis acaso decírmelo?
Si hace falta ir más lejos,
para borrar vuestras lágrimas,
y si pudiese yo sola
hacer que callen las armas
juro que mañana
vuelvo al camino
para que acabar para siempre
con este desgarramiento.
No me importa intentarlo
y no me importa creérmelo
pero estoy cansada
y el sol está negro,
perdón por decíroslo,
pero es que esta noche vuelvo
con el corazón magullado
y es la desesperación,
con el corazón magullado
y es la desesperación.




"El bosque del luto" me lleva a "El sol negro" de Barbara, y a la traducción que aquí os propongo, y de repente pienso en lo extraño que resulta que Barbara no tocara nunca en España, lugar donde no tenía público, y en cambio fuera regularmente a Japón, donde tenía un público reducido pero extremadamente fiel (hasta el punto de que hay webs sobre Barbara en japonés). Tal vez el bosque el luto y el sol negro se toquen en un estrato subterráneo; tal vez el estilo "barbariano", minimalista y sobrio hasta el hueso, encuentre algún eco en aquellas lejanas tierras. El caso es que una cosa me ha llevado a la otra con total naturalidad. Agradezco, también, este espontáneo fluir...
Y aquí la canción en una apasionante versión en directo de 1990, del disco Gauguin. El final de la canción es brutal, apoteósico, increíble: una mujer que echa las tripas, que da todo lo que tiene y aun más, que no se guarda nada para sí. Impresionante.


Boomp3.com

El bosque del luto, de Naomi Kawase

He visto por tercera vez "El bosque del luto", de Naomi Kawase. Todo lo que aborda esta mujer es oro puro, esa honda delicadeza perfilada con trazos leves pero certeros. No dejéis de verla, si queréis, si os apetece ver algo diferente, si sentís que el cine es otra cosa que un mero entretenimiento, si queréis conmoveros de verdad. El año pasado pocas cosas me emocionaron como esta película. No diré nada del argumento, no hablaré de ella para no estropearla, sólo diré que, como su propio nombre indica, es una película sobre la redención, sobre la mirada compasiva y la superación del dolor compartido a través de rituales, gestos simbólicos, al amparo de la presencia silenciosa, benévola, del "bosque del luto". Si fuera capaz intentaría trazar un paralelismo entre los árboles-símbolo en Tarkovski y en Kawase, pero me estorban, me sobran las palabras y llego, al final, a una mudez agradecida.

Nada puedo decir salvo que esta película te trabaja abajo, en la entraña o el sueño, y ya no te suelta. Gracias, Naomi, por estar ahí y comprender y hacer, con películas como ésta (y el resto de tu filmografía), el mundo más habitable. Gracias.

sábado, 11 de octubre de 2008

Me duelen los otros, me ocurren los otros


Imposible soslayarlo. El dolor es nuestra condición. En él todos podemos reconocernos.
Y sin embargo, es lo más absolutamente individual. Nadie se duele por otro. Ésa es la paradoja. Nada hay más común que el grito de dolor de una carne herida; nada hay más intransferible.
¿Hace falta el poema para decirlo? No. El grito es el lenguaje más universal. Pero tal vez haga falta recordarlo en tiempos de sosiego. Tal vez haga falta que los sosegados lo recuerden para que los que sufren se sientan amparados. Amparados por la común condición de lo viviente.
¿Y por qué no decir el gozo, en vez del dolor? Cierto, ¿por qué no?
Tal vez porque el que goza no necesita el apoyo de otros; gozando uno se siente entero, se siente pleno y exulta, porque en el gozo no se está solo, en el gozo hemos pactado un acuerdo (transitorio)con el mundo. El dolor, en cambio, contrae.
El cobijo, lo necesita el que sufre. Y no es que consuele el sufrimiento de muchos, pero sí sentirse amparados, comprendidos, com-padecidos. Es éste el trabajo de la com-pasión.
"No hay poema que no se abra como una herida", escribe Derrida...

Chantal Maillard (En la traza. Pequeña zoología poemática. Colección Breves, Ediciones del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, 2008).

El anterior fragmento pertenece a un libro en que se publicó la conferencia que la autora impartió en el ciclo "La condición humana" en el CCCB en marzo de 2008. En este link puede verse íntegra:

http://www.cccb.org/ca/arxiu_multimedia?idg=24196

viernes, 10 de octubre de 2008

Injertos


Ute Lemper, alemana residente en Estados Unidos


Diamanda Galas, norteamericana de origen griego


Mariza, portugesa de origen mozambiqueño


Barbara, francesa de origen ruso

Cuatro voces injertadas en otra cultura. Cuatro formas de entender la belleza.

jueves, 9 de octubre de 2008

Unica Zürn, Diamanda Galas



Unica Zürn

Cuando tenía veinte años, escribí en un cuaderno:

"Mi ideal de mujer sería un híbrido entre Ünica Zurn y Diamanda Galás. Vale decir, entre la experiencia de la abismo y la del alarido. Mi ideal: una autista frenética".

Cuando se es joven se escriben muchas cosas insensatas, que a la larga inspiran ternura y resignación por aquella persona que fuimos. El caso es que encontré a ese "ideal", y aún conservo intacto cierto fuego secreto -más allá de pasiones y posesiones, más allá del amor y la amistad- que me dejó entonces. Por todo ello, todo mi agradecimiento.

Y aquí tenéis a Diamanda Galas:

Fascinación del éxtasis perpetuo



"La mujer se encuentra en una crisis erótica aguda. Tiene las manos atadas, no se le ven los brazos. Echa la cabeza hacia atrás y saca la lengua. Arquea el cuerpo. Trata con gran esfuerzo de acercarse a su imaginaria pareja. Se observa claramente cómo experimenta el orgasmo. Gime, susurra palabras incomprensibles y hace muecas. Luego, se derrumba en el colchón y descansa tiritando. Antes de cinco minutos, la escena se repite. Sin que una pareja, o ella misma, se toque, tiene más de treinta orgasmos en menos de una hora.
De vez en cuando, abre los ojos y despierta de su delirio durante unos minutos. En estos cortos intervalos, durante los que se da cuenta de dónde está, se castiga abofeteándose (la enfermera le ha soltado las manos).
Se abofetea con las dos manos. Luego, las junta y sus labios murmuran oraciones. Se santigua una y otra vez. Es fascinante y triste a la vez observar a esta mujer.
¡Hay tanto frenesí y tanta pasión en esta enferma!
La mujer no es joven ni bonita. No tiene dientes. Es sólo obscena. Está delgada, y suda. No se cansa de entregarse a su imaginaria pareja, pero incluso este espectáculo, cuando se repite varias veces, llega a aburrir.
Por la actitud de su cuerpo (en el momento del orgasmo), esta mujer se parece a uno de esos asombrosos cepalópodos que solía dibujar Bellmer: la mujer toda cabeza y vientre. Los brazos son sustituidos por patas. O sea, que no tiene brazos. A esta enferma no le falta ni la repulsiva lengua de los cafalópodos de Bellmer".

Unica Zürn, El hombre jazmín

lunes, 6 de octubre de 2008

Contribución a la demolición del hombre teórico


En pleno mundo humano he construido mi cabaña
y no escucho el barullo de caballos y carrozas.
¿Me preguntas cómo puede ser esto?
Si tu corazón está lejos, vives aparte.

Recojo cristantemos bajo el seto del este,
contemplo sereno las cumbres del sur.
Magnífico el aire de la montaña por la tarde,
revolotean las aves regresando en bandadas.

Todo esto tiene un sentido profundo,
iba a explicártelo pero olvidé las palabras.

Tao Yuanming, conocido como "el maestro de los cinco sauces", fue un funcionario de la China imperial que vivió entre el 365 y el 427 de nuestra era, cuando el imperio romano occidental empezaba a ser asediado por las hordas bárbaras. Hastiado de su época, se retiró al campo y llevó una existencia humilde, dedicado a las tareas agrícolas, al vino y al cultivo de la sana perplejidad y el asombro ante la belleza del mundo.

Me quedo en el enmudecimiento de las dos últimas líneas. Toda la historia del arte y de la filosofía quedan, en cierto modo, en suspenso ante esa evidencia: la revelación que no se ofrece y el silencio como único gesto que podemos tributar al vertiginoso palimpsesto de lo real. Por eso en China y, sobre todo, en Japón, apenas ha habido filosofía especulativa: el instante se aprehende en unas pocas líneas que dan testimonio de una presencia. Toda retórica, toda hermeneusis palidece ante la "trascendencia" de lo inmanente, ante la inmediatez de un perfume, una oruga que trepa por un tallo, un gorjeo o la corriente de agua que horada, muy adentro, a quien es poroso y la atiende.
 
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