sábado, 29 de noviembre de 2008

La muerte dulce



De entre todas las muertes elegiría una sola: la del campesino de la secuencia inicial de Zemlya (La tierra, 1930), de Alexander Dovzhenko. El abandono reposado, expectante, la tranquila extinción del soplo, ajena a lo encarnizado, a la lucha por el último aliento. Entrega al reposo, sin la mediación de la agonía, sin pérdida. Homeostasis, fusión con la naturaleza, con esa tierra imbuida de espíritu. Nunca el panteísmo ruso se hizo carne fílmica como en esta secuencia, tan admirada por Tarkovski, Sokurov, Paradjanov, Kazalotov, todo el linaje de cineastas soviéticos, abanderados del espíritu en su declinación más trascendente. Trascendencia en la inmanencia, sabiduría del campesino que se abandona a un último gesto que define toda su vida y lo "justifica" ante sus congéneres y ante el universo que se cierne sobre él. Flujo de un cauce de vida que se vuelca en otro.

Decir que es una secuencia conmovedora es decir poco. Siempre la reja del lenguaje nos traiciona al quedar más acá del salto, más allá del vértigo. Nueve minutos de eternidad, para mí no superados...

12 comentarios:

soperos dijo...

acabo de ver los nueve minutos...

me recuerda bastante a mi propia muerte...

el batir del trigo es batir de siglos, así se calma un corazón para morir, es importante ingerir el fruto e interrumpir conscientemente la digestión apenas insinuada, no dar tiempo a la manzana, sino diluirnos con ella en la tierra, donde jugará un niño a coger manzanas y descubrir la tapa del futuro, un haz de luz en otra mañana...

gracias, stalker, porque esta mañana, aquí, necesitaba esta ignorancia mía, exenta de miedos...

abrazos,
òscar.

Stalker dijo...

Querido Òscar:

lo cierto es que yo también pensé en tu muerte al volver a ver estas imágenes.

Tu respuesta es un poema. No dar tiempo a la manzana: ésa es la esencia del asunto.

Y el gesto de comer una manzana antes de morir, qué hermoso.

Abrazos

Tänzerin dijo...

Hola Stalker, gracias por tu interés, estoy bien, pero no tengo tiempo para nada, mi padre está convaleciente por una intervención y me he desplazado a mi casita paterna -en Ourense- para echar una mano. No tengo tiempo para mí, para escribir, actualizar ni navegar visitando lo que me gusta, espero que pronto pueda ponerme al día con todas las cosas agradables que siempre me hacen tanta compañía.
Besos

raúl quinto dijo...

stalker, me pillas con poco tiempo. El vídeo lo veré en cuanto tenga 9 minutos, ni se te ocurra borrarlo, por lo que dice tu texto me espero lo inenarrable...

Anónimo dijo...

muy bueno stalker!adolfo

ana dijo...

una vez más me aciertas. y me voy a dormir con la imagen de la hierba mecida por el viento. cuando cierre los ojos la imagen vendrá a mí, la hierba que mueve el viento y el anciano tendido en el bosque.

un beso. buenas noches

Stalker dijo...

Raúl, La tierra bien vale una misa... incluso puedes buscar la película, que está emulizada, y disfrutarla íntegra...

No esperes grandes cosas, es un gesto muy sencillo, muy humilde, pero ahí está todo...

Adolfo, me alegra tu devoción, ésta es tu casa, como sabes.

Y Ana, sabía que te acertaría, ¿cómo fallar con Dovzhenko? Esta secuencia me estremece y me emociona más allá de lo que puedo explicar. Ese anciano también he sido yo, y a esa tierra, y no a esta, pertenezco.

Abrazos

Stalker dijo...

Tänzerin, ojalá tu padre se recupere pronto, seguro que sí...

abrazos

Laura Giordani dijo...

Hace un par de días ví esta entrada, pero no disponía de esos nueve minutos para ver la secuencia con tranquilidad. Acabo de hacerlo... apenas puedo balbucear algo. Casi al borde del llanto, de pura belleza.

Es de una belleza y una intensidad tan serenas, tan reconciliadas con la vida y la muerte. Ese niño jugando junto al moribundo y ese gesto final de comer una manzana como si fuera la primera... Soy ese anciano, pero también el niño y la hierba y la manzana. Somos todo eso.

Volveré a verlo, pero en un par de días, de a poquito, en dosis homeopáticas.

Gracias Stalker por todas estas hermosuras que encuentro siempre en tu casita.

Un abrazo.

Laura.

raúl quinto dijo...

La Muerte y el niño comen la fruta mientras se miran a los ojos... que secuencia más bonita, y qué manera tan sutil y tan rotunda de irse al otro barrio.

Anónimo dijo...

Vuelvo a insistir en lo del tiempo (lo hice también en una entrada anterior que ilustrada con una imagen del espacio). Stalker, gracias por descubrinos maravillas como ésta. Ya sé otra manera de cómo me gustaría morir. Hermosísima. Pero no sabré, creo. De cualquier modo, no quería hablar de eso, sino del tiempo... Oye, cómo lo haces para manejar tantísima información... De dónde sacas el tiempo... Ya sé, ya sé que las horas son más elásticas de lo que parecen, y los días... Ya sé que es más una cuestión de intereses personales... Es que, y disculpa ahora que hable de mí, yo intento manejar información, busco aleatoriamente cosas de aquí y de allí, intento aprender, pero no consigo (y mira que me gustaría) llegar a concretar tanto, ni dar con joyas con pensamientos como esos tuyos.
Sea como fuere, encontré tu blog. Eso me pone contento porque he dado con "ahorrador de mi propio tiempo" que pone en orden alguna de mis intuiciones. Por ejemplo, sobre la muerte: hace años (unos veinte) me sorprendí con un tipo de unos cuarenta que me dijo que él ya empezaba a prepararse para morir en paz, que traducía en llegar al final (o al principio) con la conciencia tranquila. Creo que la escena de la película supera aquello, lo concreta, la da mayor amplitud. Incluso supera al libro de un tal Sherman Nulan (o algo así, titulado "cómo mirimos").
Gracias, muchas gracias, muchacho.

Stalker dijo...

Gracias, Laura y Raúl por estar ahí.

Y a anónimo por su participación y su fervor... a ver si dispongo de algo más de tiempo para actualizar más a menudo esta pequeña madriguera (casa le queda demasiado grande) virtual.

En realidad no tengo tiempo casi para nada, pero voy arañando por aquí y por allá: virutas de tiempo apenas...

Abrazos a todos

 
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