martes, 9 de noviembre de 2010

Líquenes



La muerte es una forma
en algunas pinturas del siglo XV,
una curva que el cuerpo figura
entre quien lo sostiene y su propio
peso. Una curva también
la forma del amor, plegarse
dúctilmente. O de otro modo,
recto, peso muerto sobre paño
verde, mariposas aéreas, amarillas,
o sombra pálida, bullentes.
Tú tenías anillos, dedos en las manos.

la enfermedad mental, la errata,
la enfermedad mortal, camina
mirando al suelo, salvar
a alguien, lo contrario
secciones de cerebro, cortes
abismo de tráquea
y laringe, hacia fuera
el mundo es plano
las palabras tienen relieve, globos
oculares, la niña
de los ojos, corazón, todo
acaba cayendo del lado que se inclina

No es fácil, como se dice.
Dedos, puños contra el cristal,
lentitud, ten cuidado. Tristeza
no formulable, salvo las cejas. Ha
de cicatrizar. Hay mente
ya en los ojos –nunca,
nada, alma- y en los puños.

Escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares.

Es verdad lo que digo, cada
palabra, dice del poema la lógica
del poema. Condición
de real al margen de lo real.
Lo real dice yo siempre en el poema,
miente nunca, así la lógica.

Olvido García Valdés, Caza nocturna

32 comentarios:

Fackel dijo...

"Es verdad lo que digo, cada
palabra, dice del poema la lógica
del poema. Condición
de real al margen de lo real."

Agudísima observación, con una manera de decirlo muy serpenteante, y por lo tanto, sabia. E igual que del poema y su lógica podría hablarse de otros quehaceres y sus lógicas. Pero qué importantes son, aunque no todos ni por el forro los comparta, para que la realidad real sea llevadera.

Salud.

Curiyú dijo...

Un meta-poema lleno de laberintos para llegar hasta el hueso.

madison dijo...

Impresionante! como siempre que te leo me quedo pensativa y sin palabras a mano

Stalker dijo...

Fackel:

Olvido García Valdés tiene una forma especialmente oblicua de decir las cosas. No sé si eso equivale a sabiduría (no sé si podemos hablar de sabiduría aún en este mundo crepuscular); sí que eso nos franquea puertas para un decir-otro y una aprehensión de la realidad en lo que tiene de impermanecia, eterna mudanza y lentitud.

Seguimos buscando, Fackel,

¿irredentos?

salve

Stalker dijo...

Curiyú:

precisamente uno de los mejores libros de Olvido se titula "Del ojo al hueso".

Y llega, llega al hueso y lo desmonta.

Una poética que es también una forma de entrar y anegarse. Lentitud y escucha,

abrazos

Stalker dijo...

Madison!

Hacía mucho que no pasabas por aquí: ya te echaba de menos...

Yo también me quedo pensativo ante textos como estos, que nunca se acaban de leer; nos desarman y nos recomponen, proponen emergencias-resurgencias, una combinatoria mental infinitamente rearticulada. Parecen poemas vivos, se retuercen, no se pliegan a una mirada reduccionista.

Y en esa flexibilidad, en esos pliegues, algo sucede:

segregación de resinas, tal vez, lenta corrosión de lo vivo

quizá una forma de salvación en la atención adelgazada, demoradamente oblicua,

un proceso de decantación de la mirada que oye y se adentra

abrazo fuerte

rubén m. dijo...

"Caza nocturna" es mi libro favorito de García Valdés y aun antes de que saliera la obra completa me desviví para encontrarlo -sin éxito- tras leer varios poemas en una antología. En estos poemas hay una extrañeza ya no solo del lenguaje y el pensamiento, sino del gesto, de la mirada, la desconfianza se introduce en los poros y los "capilares", para que algo llegue a ser mencionable debe pasar por un proceso de extrañeza, como lo monstruoso que resulta lo más cotidiano (la piel, el cuero cabelludo, un insecto) vistos con un microscopio. Hay un latido diferente en Olvido que siempre te hace aprender, te hace detener.

un abrazo

Lola Torres Bañuls dijo...

cuando leo a Olvido García Valdés hay como una atmósfera que nos dejan sus versos. Sus palabras como un silencio debajo, una lentitud en el ambiente.
Precisamente estoy haciendo una re-lectura de su obra.
Es fenomenal. Sus poemas son precisos, no les sobra ni una palabra. Me encanta esa sutileza que tiene para entrar en nosotros mientras la leo.

Gracias Stalker

Un abrazo grande.

Ataúlfa Braun dijo...

¿Y hacia qué lado va la curvatura de lo que la poetisa denomina "lo real"? ¿Hacia qué lado se curva la realidad? Escribir el miedo y la angustia, pasar de largo de los laberintos cerebrales, atravesar lo real de la realidad como un tren de mercancías; atravesar lo real del margen poético como traspasa el amante a su amante.
Me dejas pensando en algún punto de lo real, alejada y sola en la realidad de un día aciego y desolado. Me dejas con el corazón en la mano buscando los vértices del significado.

Un abrazo trémulo

Portinari dijo...

Cómo se acerca. Casi no se la puede ver.

Uno intenta vera de tan lejos para poder tocarla. Pero entiende, y ya es tocar. Tocar como un hacerse cuerpo de. Y no acabo la frase. Porque ahora mismo no la veo, de tan cerca que está. Y luego la tocaré, de lejos que se ha ido. Y todo será lo mismo, la misma terca compañía silenciosa del que mira en la misma dirección que unos ojos que creí que me pertenecían.

Medrar.

Stalker dijo...

Rubén:

parce que lentamente estás volviendo a los blogs. Me habría gustado tenerte por aquí en otras entradas; celebro que estés en esta.

Ese proceso de extrañamiento en Olvido es singular: una mirada que se vuelve porosa e ingresa en los ínfimos pliegues de lo real, como una mano que se hunde en el humus y la hojarasca y palpa la vida que hay ahí e intenta nombrarla con delicadeza, atenta a las sedimentaciones, purulencias, licuefacciones, herrumbres: la multitud de procesos que marcan la impermanencia de todo lo que existe y a la vez la sintaxis de esa mirada extrañamente apegada y desapegada a lo eterno mudable: la vida callada en su latencia genesíaca

Por eso esa sintonía con Sokurov, que trabaja con materiales análogos.

abrazos

Stalker dijo...

Lola:

no me extraña que una gran lectora de poesía como tú (eres uno de los mejores lectores(as) de poesía que conozco, lo digo en serio) perciba esa lentitud de Olvido con tanta intensidad.

Porque la lentitud es intensa, extensamente intensa. En Olvido hay un espaciamiento, que es de la mirada que se da (el) tiempo, que construye el tiempo y encuentra el pasaje preciso entre las palabras y las cosas. Es una transferencia muy fina, casi una imantación. los poemas quedan impregnados de esa vida lenta, vegetal, irradiada desde el entorno en una levísima, casi inconcebible convulsión de intimidad.

Algo pasa, y algo nos pasa al leer estos líquenes poemáticos, esta tensión escritural, la arquiectónica movediza y quebrada de las palabras que se inclinan para tocar y estar.

Una poeta que debería ser más leída (basta recorrer las Afinidades electivas para comprobar lo poco citada que es por las legiones de jóvenes -y tan a menudo lamentables- aspirantes a poeta).

Es quizá la técnica más sutil y deslumbrante que conozco en la actual poesía española. Una auténtica maravilla de orfebrería.

Un abrazo fuerte

Stalker dijo...

Ataúlfa:

Ignoro lo que es lo real. Tal vez una temperatura de los cuerpos, una inclinación de la palabra, una proyección o secreción de fantasma o poema.

Los vértices del sentido son múltiples y difíciles de acotar porque el poliedro se reconfigura constantemente: el sentido, como el texto, parece imposible de asentar. Quizá sólo podemos fecundarlo, sembrar en él una potencia diseminadora. Y entonces nacen significados múltiples que invalidan, o destruyen, la propia idea de univocidad.

No tento respuestas, pero tus palabras conmueven y uno les quiere acercar la brasa de estos poemas.

Hay ahí ceniza. Calor mamífero, savia y vida.

Un abrazo fuerte

Stalker dijo...

Portinari:

regresa la Portinari de la pequeñez y el tacto increíble.

En el centro de tu mandala hay una flor de asombro. Algo palpita cerca de ti.

El necesario alejamiento para acercarse a estas líneas de fuerza poemáticas, vegetales, intraducibles a uno u otro código. La necesaria des-identificación, la ineludible negación de las defensas con que afrontamos el mundo. Dejar entrar, claro. Medrar.

No podía ser de otra manera,

abrazos

Ataúlfa Braun dijo...

Quizás jamás alcancemos el verdadero significado de nada y siempre quedemos parciales de significación, al borde del percipicio. De ahí esos líquenes en simbiosis o como símbolo de la predación del sentido. Sólo lo oculto tiene sentido, la tarea está en descifrar el verdadero significado, si es que lo hay, al fin y al cabo.

Un abrazo

Lola Torres Bañuls dijo...

Stalker describes perfectamente la poética de Olvido. Yo no sé expresarlo pero cuando la leo es extraordinario.

Estoy volviendo sobre Olvido. Para luego emprender la lectura de Concha García que aún no he llegado a su poética, pero llegaré.

Lo que no quiero es compararlas porque eso no sería justo y además incurriría en un error de lectura.

Jo. Gracias por el piropo. Eso también me lo dijo Julio. Me has arreglado el día, y mi ego. JAJAJA

Arturo Borra dijo...

Querido Stalker, desde que empecé a leer a Olvido me sentí no tanto “cautivado” sino “interpelado”, en su sentido de «llamado-interrogado». Como en su labor poética la reflexividad del lenguaje se dispara, de pronto uno se encuentra preguntándose no sólo por ciertas dimensiones vitales, sino por las formas en que se representa/siente esas dimensiones. Por eso no me parece extraño que lo que deje en primer lugar García Valdés sea extrañeza. Y este poema en particular no es excepción: la muerte y el amor, aquí, carecen de grandilocuencia, por una forma de tratamiento que los sitúa, los lleva a ese punto singular donde lo universal encarna.
Quizás Olvido escriba también despacio, “con letra/ pequeña y líneas separadas”. Con miedo a la sentencia, al discurso edificante, cargado de fábula, de grandeza, de elocuencia.
De ahí esa verdad singularizada del poema, un real que no pasa por una verdad concebida en términos “realistas”, sino por ahondar en una experiencia singular que presupone el espesor de la subjetividad. Otra vez, en esa “caza nocturna” nos hallamos varios. La presa de lo real escapa –y no quedan más caminos que aquellos que somos capaces de inventar.
Un abrazo,
Arturo

Stalker dijo...

Ataúlfa:

a medida que pasa el tiempo me voy convenciendo de una cosa: que tal vez el sentido, el significado último de todo cuanto vemos (llamémoslo mundo o universo, llamémoslo mente -pues quizá este concepto equivale a "universo"), no existe. Al menos no existe como nosotros entendemos el sentido, como algo que se da, se revela y puede ser cognoscible. Y si existe ese sentido, si de algún modo se lo puede llamar aún "sentido", es inalcanzable para nuestra mente. Parece cada vez más claro que nuestra mente es muy limitada, terriblemente limitada, pequeña, antropomórfica, atrapada en mecanismos siempre previsibles (causalidad, inducción-deducción, inferencia).

Me gusta pensar en esta analogía: si en la "mente" de una hormiga no puede entrar el "concepto" de, por ejemplo, "dinero", ¿cómo vamos a entender nosotros el universo?

He leído todo cuanto he podido (y entendido) de física teórica y sólo constato esos límites mentales, que son también los del espíritu (desconfío de la iluminación como acceso a un campo de re-unión trascendental, por "encima" del mundo fenoménico; otra cosa sería una iluminación que arraigara al hombre en la inmanencia, en una suerte de presente, como proponen ciertas corrientes del budismo...).

No parece que el hombre pueda saber nunca que es el universo. Puede imaginar, eso sí, y quizá al imaginar, al segregar ese tipo de líquenes, se convierta él en sí mismo en creador, en metaforizador de sus inquietudes, constantemente amonedadas en imágenes, tropos, decantaciones espectrales que lo pondrán a salvo de la incertidumbre y el mal de existir (por un tiempo, sólo por un tiempo...).

Todo esto es sumamente interesante y oscuro,

abrazos

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me ha sacudido especialmente este poema de Olvido García Valdés.
Será por determinadas circunstancias que ahora se me dan y me erizan y enajenan, será por la propia hermosura de las letras por ella escritas, será por esa hondura incisiva que no esquiva el núcleo más amargo; pero lo ciero es que este poema bellísimo se me ha clavado en el alma, como una muerte que ensaya posturas y toma curvas, como una enfermedad incisiva que muerde como todas las erratas lo que debía ser la norma de vivir: la salud permanente.

Un abrazo enorme y gracias por esta hermosura. No lo había leído y ha sido todo un descubrimiento. Ahora vuelvo a la página, a llevármelo para que me arrope cuando quiera desnudarme.

Stalker dijo...

Lola:

celebro tu relectura y te animo a proseguir en ella.

De la segunda autora que citas me gustó especialmente "Acontecimiento".

Es cierto que las comparaciones nos hacen incurrir en errores de lectura. No deben hacerse en ese nivel.

Sin embargo, sí me atrevo a decir algo que no será quizá entendido o aceptado por algunos: para mí Olvido es la primera poeta casi "completamente libre de errores". No cae en los "errores" de Valente o Gamoneda, por ejemplo. Está bastante apartada de la filiación zambraniana, que contamina con su retórica todo cuanto toca e instala las cosas en esa genealogía neoplatónica que tanto me agrada cuestionar (esto no es una crítica a Zambrano, cuya aportación es muy estimable pero cuyo influjo resulta más bien "ponzoñoso").

Olvido, a diferencia de estos autores antes mencionados, es una poeta totalmente desprovista de kitsch: no existe en ella esa purulencia, esa vaga sentimentalidad edulcorada que hace estragos en tantos y tantos poetas (incluidos los citados más arriba).

Representa, también, una especie de "vía media" entre la poesía "trascendental" (apresurada e ingratamente conocida como "del silencio"; fácilmente deconstruible por motivos de sobra conocidos, por mucho que esto irrite a algunos)y la "poesía de lo cotidiano" (mal llamada "poesía de la experiencia": rótulo que cobija contenidos endogámicos, archirrepetidos y, en la mayoría de sus manifestaciones, de una ínfima calidad). No una vía media en el sentido de una homeostasis o equilibrio entre ambas tendencias enfrentadas en lo estético (y aun en lo político-tribal), sino una vía que habremos de entender como una vía-otra: un camino de singularidad que excede a la delimitación de ambas tendencias y encuentra su inclinación, su tono y su modulación únicas, irreductibles a fórmula alguna, nos subsumibles en una u otra categoría.

En fin, ya voy cortando el rollo...

otro abrazo a la lectora de pequeñez y ave zancuda...

Ataúlfa Braun dijo...

No he leído nada de física...(qué miedo). Fuera bromas, creo que de alguna manera fuera posible acercarse al significado y al sentido de las cosas, los discursos y los textos. Aunque siempre quede un hilo que se escapa traicionero.
Creo que el cerebro humano se pone a sí mismo (y a su moi-meme), sus limitaciones, igual que si tomamos la noción de espíritu. El cerebro es nuestro órgano más desconocido, quizás, si consiguiéramos equilibrar el proceso cognitivo-intelectual con nuestro porpio yo interior, y aún más, con nuestro cuerpo, quizás vuelvo a repetir pudiéramos acercarnos. Siempre hay un riesgo: perderse entre el intersticío mínimo que separa la piedra del líquen.

Me he quedado pensando sobre las rendijas.

Stalker dijo...

Querido Arturo:

es ésa extrañeza la que a mí me ha llevado a pensarla como algo insular y que adviene de acuerdo a una lógica de la espectralidad, espectrogénesis o génesis fantasma: una escritura sembrada de apariciones y a la vez entregada a su propia extinción...

Creo que Olvido escribe lento y está muy atenta a la letra, muy preocupada por lo formal. Le preocupa extremadamente caer en la grandilocuencia o en los efectos que "redondean" o "cuadran", como denuncia en su poética al final de la poesía completa.

Se me ocurre otra imagen, quizá banal, de cómo escribe Olvido. Hay diferentes formas de escritura que pueden entenderse como las diversas formas de entrar en un bosque. Hay muchas maneras de hacerlo. Imagino a Olvido guiada por el tacto: posando la mano en los troncos, acariciando hojas y flores, palpando rugosidades, inquietando fisuras; interrogando, en definitiva, los intersticios que el bosque propone a la vida...

todo esto para decir que esa extrañeza que provoca su lectura también creo adivinarla en el impulso de su escritura: es la extrañeza de su mirada ante el mundo la que se proyecta, en alud de palabras, en improbable metamorfosis, sobre la extraña sombra que somos. Algo así.

Un abrazo desde estas complicidades

Stalker dijo...

Querida Isabel:

en realidad se trata de cinco poemas independientes, seleccionados del libro "Caza nocturna". No lo he señalado adecuadamente, y eso induce a pensar que se trata de un solo y único poema.

Aunque ahora que lo pienso se pueden leer como una unidad. Es más, todo ese libro se podría entender como una única respiración.

Es un gesto de gran belleza que te lleves esos versos para arroparte. Creo de veras que la poesía no sirve para nada si no cuida de nuestra orfandad, si no supone algún tipo de reparación -nido, madriguera o cobijo- para la común desolación y el hambre. Esta, en todo caso, es la única poesía que me dice algo. Por eso ahonda en la enfermedad, la ruina, la muerte: no puede hablar de otra cosa si quiere acercarnos lo que más importa, para que lo reconozcamos y algo se suture, lentamente, entre nuestra intimidad desgarrada y el mundo,

un abrazo fuerte

Stalker dijo...

Ataúlfa:

me interesa mucho lo que dices. Sin embargo, la posibilidad de acercarse al significado y al sentido presupone que hay un sentido previo, un texto previo (quizá un palimpsesto que con cierto reactivo químico-espiritual podríamos hacer legible). El problema es presuponer que ese sentido existe: ¿cómo podemos saberlo?

Por otra parte, asumir que el cerebro se impone sus limitaciones, se de-limita, implica presuponer que es ilimitado. ¿En qué nos basamos para creer en el poder cerebral ilimitado o menos limitado de lo que se nos aparece hoy?

Son preguntas nada más. Quizá haya un sentido y la mente sea ilimitada o haya en ella poderes insospechados. Personalmente me gustaría que así fuera, aunque mi escepticismo me impida comulgar con esa idea...

Mientras tanto, me agazapo en las rendijas y observo. Me cuento un cuento: tejo y tramo, urdo. Para luego destejer mejor...

abrazos y abrazos

Ataúlfa Braun dijo...

Considerar un sentido previo al texto, previo a la manifestación del mismo en palabras. Debería haber algo en el origen (estamos hablando todo el tiempo de textos), un sentido primigenio que le imponga, proponga o incite a quien lo escribe. Tomando como punto de partida que el significado está previamente dado a las palabras (a estas alturas), la forma de mezclarlas y tejerlas, como dices, le otorgará un sentido y un significado propios, que posteriormente se disgregará y ampliará en dependencia de los diversos lectores. Pero entonces, ya llegamos a la interpretación. Los márgenes son muy frágiles en este ámbito.
Cómo saber si ese sentido existe, creo que es el impulso que deriva en escritura. Incluso si pensamos en la "escritura automática", ya tiene un sentido apriorístico, porque supone una toma de posición consciente ante la hoja en blanco, aunque se intente deshilvanar el subconsciente.

No presupungo que la mente tenga un poder ilimitado, no es una tautología. Pienso que tiene más poder y es mucho más expansiva de lo que creemos, incluso más dañina. Por eso te hablaba del equilibrio entre el "yo" y el "moi meme". Tampoco hablo de poderes paranormales o algo así. Hablo de la capacidad de generación y "regeneración" de los propios circuitos neuronales cuando por ejemplo se produce un trastorno. La mente es fuerte, activa o reactiva según las órdenes que le demos desde algún punto del cerebro.
Pero también deconstruyendo podemos encontrar el sentido, acercarnos más a ese punto de significación que queda algo en el limbo.

Qué sé yo, son sólo cavilaciones.

Abrazos!

Lola Torres Bañuls dijo...

Mi querido Stalker:
Yo no tengo suficientes conocimientos para poder rebatir ni darte la razón en eso que me dices. Sin embargo he leído a Gamoneda y también he leído a Valente, pero ninguno de ellos me ha impactado tanto como Chantal Maillard o como Olvido. Cuando las leo y después de leerlas me ocurre algo, ese temblor. Olvido me gusta mucho porque provoca como pequeñas punzadas. Chantal te envuelve de otra manera. Son impresionantes las dos.
Pero Gamoneda tiene momentos muy buenos.
Valente lo he leído pero no puedo pronunciarme hasta conocer mejor su voz.

(Esto de hablar de poesía me encanta)

Un abrazo muy grande mi pequeño Stalker. (Iba a decir mi pequeño saltamontes).

Stalker dijo...

Ataúlfa:

más bien pensaba en el mundo y no en un texto. Claro que el mundo es acaso el texto por excelencia...

Tus aportaciones y precisiones me hacen pensar en muchas direcciones. Lamento estar un poco embotado como para ofrecerte la respuesta pormenorizada que mereces.

Me gusta mucho tu capacidad para detenerte y extraer matices de esos intersticios que se crean en nuestro "estar siendo". Tus palabras despiertan y remueven, cosa que te agradezco mucho,

va un fuerte abrazo

Stalker dijo...

Querida Lola:

pienso exactamente como tú. Busco ese temblor, y hay quien lo provoca y quien no. Esto no siempre tiene que ver con la calidad: puede existir una poesía de una factura técnica impoluta, pero revestida de una solemnidad marmórea, impenetrable: la voz que habla desde la atalaya. Eso es para mí Valente. Ningún temblor, y sí una confianza ciega en las palabras.

A Gamoneda le ocurre otro tanto. Demasiado creer en los propios constructos retóricos vuelve a un autor perezoso y hace que repita el mismo libro. Hace que su verso sea fagocitado por las fuerzas tensionales de sus campos semántico-retóricos. Esto le ocurre a Gamoneda ya en "Arden las pérdidas".

Ahora bien, Olvido está por completo desprovista de estos "errores" o "excesos"(lo entrecomillaré por si acaso)

No ignoro que hablar así de autores tan canonizados suscita cierto recelo. Pero hay cosas que hay que interrogar constantemente, ante las que conviene no cegarse por mucho que estemos hablando de "el mejor poeta vivo" (al pobre Gamoneda le han arrojado esa lápida, qué le vamos a hacer). Pero si tengo que elegir entre el mejor poeta vivo y una poeta-que-nunca-será-el-mejor-poeta-vivo-por-ser-mujer-y-no-contar-con-la-sanción-de-la-gerontocracia-académica, mi elección está hecha.

Y es que hay pocas cosas que puedan ponerse al lado de Olvido García Valdés.

Un abrazo fuerte

Adolfo González dijo...

Yo estoy leyendo últimamente. Tengo aquí a mi lado "Esa polilla que delante de mí revolotea". Lo cierto es que me cuesta congeniar con esa escritura, pero a la vez me resulta novedoso y adictivo. Así que en esas andamos.

Stalker dijo...

Adolfo:

magnífico. A mí también me produce esa novedosa adicción, he leído el libro varias veces...

salve

d. dijo...

"Escribir el miedo es escribir
despacio,"

Ando escribiendo tan despacio....en casa hay un felino que se deja morir de tristeza, es el primer gato que veo llorar. Creo que me hace falta algo de tu coro, tu canto, tu deletrear que siempre sabe rugir en el amlma.

D.

Stalker dijo...

D:

tenemos que almarnos (y armarnos de palabras, y de dulzura) para salvar a ese gato. Para que deje de llorar.

Estoy seguro de que es posible. Hago fuerza desde aquí para apaciguar su llanto...

Abrazos para ti y para él

 
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