jueves, 11 de junio de 2009

Ideogramas en China. Henri Michaux



Trazos en todas direcciones. En todos los sentidos comas, bucles, ganchos, acentos, al parecer, a cualquier altura, a cualquier nivel; desconcertantes matorrales de acentos.

Arañazos, quiebras, inicios que parecen haber sido detenidos de repente.

Sin cuerpos, sin formas, sin rostros, sin contornos, sin simetría, sin un centro, sin recordar nada conocido.
Sin regla aparente de simplificación, de unificación, de generalización.
Ni sobrios, ni depurados, ni despojados.
Cada cual como diseminado,
así es el primer acceso[1].

Ideogramas sin evocación.

Caracteres variados interminables.
La página que los contiene: un vacío lacerado.
Lacerado por múltiples vidas indefinidas.

Hubo, sin embargo, una época en la que los signos aún hablaban, o casi, alusivos ya, señalando más que cosas, cuerpos o materias, señalando grupos, conjuntos, exponiendo situaciones.

Hubo una época. Hubo otras. Sin tratar de simplificar ni abreviar, cada una empeñada en la tarea de despistar por su cuenta, se puso, borrando las pistas, a manipular los caracteres de tal modo que los alejaba una vez más de manera distinta de la legibilidad primitiva.

Tránsito.

El gusto por ocultar ha vencido. La reserva, la prudencia ha vencido, la discreción natural, la instintiva tendencia china a borrar sus huellas, a evitar estar al descubierto.

El placer de mantener oculto ha vencido. Así, lo escrito de ahora en adelante cobijado, secreto; secreto entre iniciados.

Secreto difícil, largo, costoso de compartir, secreto para formar parte de una sociedad dentro de una sociedad. Círculo que, durante siglos y siglos, se mantendrá en el poder. Oligarquía de los sutiles.

El placer de abstraer ha vencido.
El pincel permitió dar el paso, el papel facilitó el tránsito.

De lo real original, lo concreto y los signos que le eran próximos, podía uno a partir de entonces cómodamente abstraerse, abstraer, ir rápido, rápido por medio de bruscos trazos que se deslizan sin resistencia sobre el papel, permitiendo otra manera de ser chino.



Abstraerse había vencido.
Ser mandarín[2] había vencido.

Desaparecidos, los arcaicos caracteres que conmovían el corazón. Desaparecidos, los signos sensibles que colmaban a sus inventores, que maravillaron a sus primeros lectores.

Desaparecida la veneración, la ingenuidad, la poesía primera, la ternura en la sorpresa del original "encuentro", desaparecido el trazado aún "piadoso", el calmado fluir. (Intelectuales ausentes y sus trazados veloces, aún por venir, sus trazados de intelectuales... de escribas.)

Cortados los puentes con el origen...
Primero, modificados con prudencia, en la naciente irreverencia y la alegría de ver que "aquello funcionaba", que uno seguía enterándose...

Arrebatados por la irresistible impudicia de la búsqueda, los inventores -los de un segundo tiempo- aprendieron a separar el signo de su modelo (a tientas deformándolo, sin todavía atreverse a cortar resueltamente lo que liga la forma con el ser, el cordón umbilical del parecido) y así se separaron de sí mismos, habiendo desechado lo sagrado de la primera relación "escrito-objeto".

La religión en la escritura retrocedía. La irreligión de la escritura comenzaba.

Desaparecidos, los caracteres "sentidos", asomados a la realidad; desaparecidos del uso, de la lengua; no desaparecidos de la piedra de las antiguas tumbas ni de los vasos de bronce de antiguas dinastías, no desaparecidos de los huesos adivinatorios.

Más tarde, buscados en todos los lugares del Imperio del Medio, los caracteres de antaño, cuidadosamente reunidos, copiados, fueron interpretados por los letrados. Un inventario, un diccionario de los signos originales vió la luz.

¡Recuperados!
y se recuperaba al mismo tiempo la emoción de las calmadas y serenas y tiernas primeras grafías.

Los caracteres resucitados en su intención primera revivían.


Bajo esta luz, cualquier página escrita, cualquier superficie cubierta de caracteres se volvía hormigueante y rebosante... llena de cosas, de vidas, de todo lo que hay en el mundo... en el mundo de China



llena de lunas, llena de corazones, llena de puertas
llena de hombres que se inclinan
que se retiran, que se guardan rencor, que hacen las paces
llena de obstáculos
llena de manos derecha, de manos izquierda
de manos que se aprietan, que se responden, que se enlazan para siempre
llena de manos frente a frente,
de manos en guardia, de manos ocupadas
llena de mañanas
llena de puertas
llena de agua cayendo gota a gota de las nubes
llena de barcazas que atraviesan de una orilla a otra
llena de alzamientos de tierra
llena de crisoles
y de arcos y de fugitivos
y llena de calamidades
y llena de ladrones llevándose bajo el brazo los objetos robados
y llena de codicias
y llena de mallas
y llena también de palabras sinceras
y llena de reuniones
y llena de niños nacidos de pie
y llenos de agujeros en la tierra
y de ombligos en el cuerpo
y llena de cráneos
y llena de fosas
y llena de aves de paso,
y llena de recién nacidos -¡cuántos recién nacidos!-
y llena de metales en las profundidades del suelo
y llena de tierras vírgenes
y de vapores que suben de los herbazales y de los pantanos
y llena de dragones
llena de demonios vagando por los campos
y llena de todo lo que existe en el universo
tal cual o diferentemente ensamblado
elegido a propósito por el inventor de signos para estar juntos
escenas para dar qué pensar
escenas de todo tipo
escenas para ofrecer un sentido, para ofrecer varios,
para proponérselos a la mente
para dejarles emanar
grupos para que resulten ideas
o para que se resuelvan en poesía.



Una parte de tesoro primero seguía perdida. Quedan, sin embargo, suficientes etimologías fiables como para que en numerosos casos un letrado consumado reconozca de paso los orígenes y reciba, en el momento de trazar los caracteres en su forma actual, una inspiración venida de lejos.

Por muy alejada que esté del antiguo, el nuevo carácter puede reanimar el objeto por medio de la palabra.

Está movido a ello. Su grafismo intenta.

Sin ningún otro saber, ése bastaría -gracias a sus sutiles trazos matizados.

El chino, lengua hecha para la caligrafía[3]. La que induce, que provoca el trazo inspirado.

El signo presenta, sin forzar, una ocasión de volver a la cosa, al ser que no tiene más que deslizarse dentro, de paso, expresión realmente expresante.

Durante mucho tiempo, los chinos habían, como en otros ámbitos, sucumbido bajo el encanto del parecido: primero del próximo, luego del lejano parecido, después, de la composición con elementos parecidos.

Barrera también. Fue necesario saltarla.

Incluso la del parecido más lejano. Carrera sin retorno. Parecido definitivamente atrás.



Los Chinos estaban destinados a otra cosa.

Abstraer es liberarse, desatascarse.
El destino de los chinos en la escritura era la absoluta ingravidez.

Los caracteres evolucionados convenían más que los caracteres arcaicos a la velocidad, a la agilidad, a la viva gestualidad. Una determinada pintura china de paisaje requiere velocidad, no puede hacerse sino con la misma relajación súbita que la pata del tigre que se abalanza. (Para ello hace falta primero haber estado contenido, concentrado, sin tensión no obstante[4].)

Asimismo el calígrafo debe recogerse primero, cargarse de energía para liberarse de ella después, descargarse de ella. De un golpe[5].

El saber, los "cuatro tesoros" de la cámara de literatura (el pincel, el papel, la tinta, el tintero) es considerable y complejo. Pero luego...

La mano ha de estar vacía a fin de no estorbar el influjo que le será comunicado. Debe estar lista para recibir el impulso más nimio tanto como el más violento. Soporte de efluvios, de influjos.

... En cierto modo semejante al agua, a lo de tiene de más fuerte y de más ligero, de menos perceptible, como lo son sus arrugas[6], que siempre fueron tema de estudio en China.

Imagen del desapego: el agua que no se apega, lista siempre para volver a irse al instante, agua que, antes de la llegada del budismo incluso, le hablaba al corazón del Chino. Agua, vacío de forma.


Yi Tin, Yi Yang, che wei Tao
Un tiempo Yin, un tiempo Yang,
He aquí la vía, he aquí el tao.



Vía de la escritura.
Ser calígrafo como se es paisajista. Mejorándolo. Es el calígrafo, en China, la sal de la tierra.



En esta caligrafía -arte del tiempo, expresión del trayecto, de la carrera- lo que suscita la admiración (aparte de la armonía, de la vivacidad, y dominándolas) es la espontaneidad, la cual puede llegar incluso al estallido.
Dejar de imitar la naturaleza. Significarla. Por medio de trazos, de impulsos.
Ascesis de lo inmediato, del relámpago.

Tales como son actualmente, alejados de su mimetismo de antaño, los signos chinos tienen la gracia de la impaciencia, la ligereza de la naturaleza, su diversidad, su manera inigualable de saber inclinarse, rebotar, volverse a erguir.

Al igual que la naturaleza, la lengua, en China, propone a la vista y no decide.

Su poca sintaxis que deja adivinar, recrear, que deja sitio a la poesía. De lo múltiple sale la idea.

Caracteres abiertos en varias direcciones.

Equilibrio.

Cualquier lengua es universo paralelo. Ninguna con mayor belleza que la china.

La caligrafía la exalta. Perfecciona la poesía; ella es la expresión que hace válido el poema, que avala al poeta.

Exacta balanza de los contrarios, el arte del calígrafo, curso y decurso, es mostrarse al mundo. -Cual un actor chino que saliendo a escena, dice su nombre, su lugar de origen, lo que le ha pasado y lo que ha venido a hacer- es rodearse de razones de ser, justificarse. La caligrafía: hacer patente, por la manera de tratar los signos, que se es digno del saber que se posee, que se es realmente un letrado. A partir de ahí le justificarán... o no.

La caligrafía, su papel mediador, y de comunión, y de suspenso.

Una lengua, en Occidente, que habría tenido solamente una parcela de las posibilidades caligráficas de la lengua china, ¿qué habría pasado con ella? Las épocas barrocas que le habrían sucedido, y los hallazgos de los individualistas, las rarezas y extravagancias, excentricidades y originalidades de todo tipo...

La lengua china era capaz de ello. En todos los ámbitos da pie a la originalidad. Cada carácter suministra una tentación.

Si de diversos autores se saca, destacándolo del texto y de su contexto, un carácter, fácilmente reconocible, naturalmente bello y lleno de sentido, la palabra corazón por ejemplo, a pesar de lo alejados que estén sus rasgos constitutivos de cualquier cosa que recuerde el corazón, éste, por su trazado, volverá a vivir, en todo escriptor, una vida particular. Puede observársele, en uno, en otro, en cada uno él mismo y en todas partes diferente. Corazón generoso o valiente, o corazón que quiere embaucar, o corazón cerca del cual se está bien, corazón lleno de una paz profunda, o corazón benevolente y cálido, o corazón que no se problematiza con nada, que sale siempre de apuros, o corazón ligero que no se fijará, o temeroso, o corazón sometido, o bien corazón que con nada despega, o corazón toca-lo-todo, o corazón en espera, corazón que busca la aventura, o corazón seco, o plácido, o al contrario al que nada detiene, o corazón decididamente alerta, perfecto que, incluso sobre una fibrosa hoja de papel de arroz, podrá seguir viviendo durante siglos todavía y dejarse admirar.



A cualquier calígrafo se le ofrece la propiedad del corazón, la vida del corazón. Pero no para la originalidad, a no ser filtrada, y a quien tan sólo le está permitido transparecer.

Está mal visto, es bajo y vulgar exhibirse.

Sólo importa la "justa proporción", el "justo lugar".

Y la página perfecta es aquella que "parece haber sido trazada de un sólo trazo".

La China virtuosa, empeñada en la armonía, no habría apreciado lo chusco.

La escritura debe tener una virtud tonificante. Es una conducta.

Mostrar un bello equilibrio, uno que sea ejemplar. Hasta los apasionados a quienes llamaron "locos por la caligrafía", y que perdían en su empeño las ganas de beber y de comer y el sueño y el equilibrio de una vida, cuando volvían a coger el pincel, trazaban caracteres exentos de desequilibrio, llenos, por el contrario, de un soberbio y nuevo equilibrio.
El orden superior es dinámico.

Así la escritura china, salvada a un tiempo del barroco[7] y de la rigidez, trampas de las caligrafías.

China, país en el que se meditaba en los trazados de un calígrafo de la misma manera que en otro país se medita en un mantra, en la substancia, el principio, o en la Esencia.

Caligrafía cerca de la cual, sencillamente, se está como cerca de un árbol, de una roca, de una fuente.



[1]Aquello que, pareciendo garrapatos, fue comparado con trayectos de insectos, con inconsistentes huellas de patas de pájaros en la arena, sigue sirviendo de soporte a la incambiada, siempre legible, comprensible, eficaz lengua china, la más vieja de las lenguas vivas del mundo.
[2] Con lo reducidos, lo deformes que son, estos caracteres ilegibles para cientos de millones de Chinos no eran, sin embargo, para ellos, letra muerta. Mantenidos fuera del círculo de los letrados, los campesinos, ciertamente, los miraban sin comprenderlos, pero no sin sentir que les pertenecían a pesar de todo, estos signos ligeros, parientes de los techos curvos, de los dragones y los personajes de teatro; de los dibujos y las nubes también, y generalemnte de los paisajes con ramas florecidas y hojas de bambú a los que habían visto en imágenes y que apreciaban.
[3] Más que caligrafía, arte de la escritura. En las demás lenguas, exceptuando el árabe, la caligrafía, cuando existe, no es sino la expresión o bien de un tipo sicológico, o bien , en las grandes épocas, la expresión de unos modales ideales a menudo religiosos. Hay rigidez, compostura rígida, uniformemente rígida, que hace líneas, no palabras, corsé uniforme de nobleza, de liturgia, de gravedad puritana.
[4] La meditación, el recogimiento ante el paisaje puede durar veinte horas y la pintura sólo unos diez minutos. Pintura que le deja sitio al espacio.
[5] La relajación del tigre, incluso en materia de religión. En el Ch'an, en el Zen, lo que llama la atención es la instantaneidad de la iluminación.
[6] Arrugas profundas, arrugas finas, arrugas del agua que corre o que cae en cascada y que vuelve a salir gorgoteando a la superficie. Algunos pintores se han hecho célebres por sus arrugas de agua, y el mismo admirable Wang Wei lo es por haber hallado la arruga "de la lluvia y de la nieve".
[7] Caligrafía salvaje.
En el Japón se han tomado últimamente muchas libertades y han hallado nuevos placeres de desmesura en la caligrafía. Esas libertades podrían -¿quién sabe? emigrar cualquier día al Asia china.

Ideogramas en china. Henri Michaux (Escritos sobre pintura, trad. y ed. de Chantal Maillard.)

26 comentarios:

Stalker dijo...

He colocado el texto completo porque no he sido capaz de mutilarlo.

¿Qué decir de Michaux? Ahí está él, todo entero: es el gato que salta sobre el pájaro y nunca falla.

MARIEL MANRIQUE dijo...

Qué placer. El alfabeto chino según el cerebro descentrado de Michaux. ¿Es verdad que el ideograma de la palabra "dolor" reúne los ideogramas de "corazón" y "cuchillo"?. No lo sé. Gracias, Stalker.

Stalker dijo...

Me gustaría saberlo, Mariel...

el caso es que la relación visual-carnal que se tiene con la escritura ideográfica debe situar al individuo en una weltanschauung inimaginable para quien vive inmerso en un alfabeto de signos simbólicos aproximadamente arbitrarios. El caso es que los caracteres chinos pueden entenderse como palimpsestos: el sentido original a veces se ha borrado, pero subsiste, y de algún modo impregna cierta memoria colectiva. Igual ocurre con los kanjis japoneses, que son los chinos pero simplificados,de trazo más limpio y depurado; más atentos, si cabe, al murmullo del hueco, a la sal negra del trazo...

Michaux es un antropólogo excepcional. Coloca una lente infalibe a todo lo que ve; empezando por él mismo.

Abrazos nocturnos

Enrique dijo...

Lo lei junto a Captar y Mediante Trazos. Una magnifica mezcla de primitivismo. Michaux es un barbaro, y no solo en Asia. Es el pintor y (casi tambien), el escritor de la magia simpatica, captando, pintando, trazando sus presas antes de cazarlas. O bien funcionando de manera contraria. Contar con los cuerpos aun calientes de sus victimas para retratarlos como un chaman furtivo.

En definitiva, Michaux volviendo de tierras lejanas con un secreto robado.

soperos dijo...

cabe la posibilidad que el día de pasado mañana se impartan asignaturas veloces para una vida más lenta y vigorosa.

como si lo viera. "tengo michaux todos los miércoles y jueves por la tarde, no quiero faltar".

siendo una asignatura pendiente, sin embargo, es un espacio donde el-que-no-va-a-clase estimula los contenidos que no pueden aprhenderse sino con lo almático del alumno-animal...

michaux, lo chino, en realidad, ha sabido superar "ser fuente de conocimiento" para extinguir, voluntariamente y a golpe de milenios, lo de "de conocimiento".

así pues, "ser fuente", sólo. no-forma exaltada, silbante. que vino a brotar (dar) habiendo bebido antes del interior de las montañas donde se muestra a los sedientos.

en mi caso, al reconocerme ignorante de pleno derecho en el asunto que más me concierne, el campo, lo del campo, al llevarlo al ultimísimo extremo, como el chino frente a su ideograma, de algún modo, me siento humilde y tranquilamente sabio. y, por suerte, nunca me lo digo aunque lo escriba para alejarme de lo recién puesto en el papel.

no creerse intérprete sino tocar sin palabras, tocar las superficies que mudas nos hablan...

stalker es fuente, como lo chino, como michaux, como alguna parte de todos nosotros...

gracias,

besos,
òscar.

Stalker dijo...

Enrique:

me gusta tu descripción.

Bienvenido...

Stalker dijo...

Querido búfalo:

tu elocuencia es como la teta de la vaca para el hambriento. Se agarra uno a ella y no la suelta. Haces palabras como panes, panes que cantan...

Qué bicharraco más auténtico,

¡Abrazos, bestia!

Lola Torres Bañuls dijo...

BUena invitación a volver sobre Michaux. Leí "Retrato de los Mediossens" y luego me compre otros libros de Michaux. Creo que tengo 3. Como siempre se me acumulan las lecturas.

El retrato de los Meiossems me gustó mucho. Cada poema era desgarrador, y te dejaba la sensación de vacío. La muerte o algo así. Impactante pero tan bien escrito que es para volver a leerlo.

Luego al final leí el ensayo que hizo Chantal Mallard y se me puso la piel de gallina cuando contaba la muerte de la mujer de Michaux. Mi abuela materna murió en las mismas circunstancias. Entremecedor.

Un abrazo Stalker. Cada vez que leo "Salker" me da la sensación que estoy comunicandome con un personaje de alguna pelicula de la guerra de las Galaxias o con un ser anónimoque vive en galaxia cerca de alguna estrella o algo así. Es divertido.

Un beso mi querido Salker.

rubén m. dijo...

Esto debo paladearlo poco a poco, con más lucidez y tiempo que los que tengo ahora... de momento me quedo mirando esos trazos, la geografía de la mancha de tinta en el papel, "el murmullo del hueco"...

Stalker dijo...

Lola:

lamento de lo de tu abuela. Es terrible sí, pero hay que evitar que esas situaciones proyecten una sombra ominosa sobre nuestro presente.

A veces vivimos el presente retrasados, en sobreimpresión con nuestro pasado. Por eso el nombre nunca acierta a ser plenamente contemporáneo...

"Stalker" semejante a Skywalker, nunca lo había pensado. "Stalker" significa algo así como "acechador"; hace referencia a un ser escondido o fugitivo, que vigila.

Abrazos

Stalker dijo...

Rubén:

el texto es largo y leer en pantalla cansa, pero merece mucho la pena, como el resto de "ensayos" sobre pintura de Michaux. De hecho, llamarlos ensayos no tiene mucho sentido: es una mirada indagadora profundamente poética, siempre intrusa, devastadora...

abrazos

Bashevis dijo...

Buenas Antonio. Como dice Rubén esto debe tomarse con calma, sobre todo en mi caso que soy un ignorante de Michaux. Pero quizás por ello, por ignorante y desvergonzado, me permito hacerte un regalito-homenaje que encontraras en el enlace del final.

El caso es que me apetecía poner algo de “este tipo” y de paso me obligo a introducirme en Michaux… espero que sea de tu agrado (algo fácilmente difícil o difícilmente fácil) y de serlo presupongo que ya lo tendrás… pero otros también podrán beber de estas aguas.

Ahí te va:
http://entrobriandnohaybesos.blogspot.com/2009/06/giacinto-scelsi.html

rubén m. dijo...

Sí que la merece. Es sorprendente esta mezcla de ensayo y poesía (explícitamente en verso, en ese fragmento intermedio!) y cómo su sintaxis y su concentrada palabra imita esos trazos que está describiendo. Al mismo tiempo que es didáctico, como un ensayo.

Pensar la caligrafía como arte es algo que siempre me ha atraído, incluso vi esa película de Greenaway que trataba sobre escritura china sobre la piel, "The pillow book", bastante mala a mi parecer. Como dije en mi blog a propósito de PJ Harvey, la grafología me parece una (pseudo)ciencia interesante. Soy muy narcisista con mi propia letra, no porque la haga despacio y cuidadosamente -que no es el caso, casi al revés-, sino porque me veo escrito sus trazos, reflejado en ellas. Casi todo el mundo dice que es rara, pero todos la entienden. Cojo el bolígrafo de una manera anormal -no aprendí a hacerlo "bien" de pequeño-, al principio me daba vergüenza pero ahora me gusta que me vean hacerlo así. Da tema de conversación...

Una profesora experta en literatura china dijo en una conferencia, como ejemplo de machismo ancestral, que el ideograma "prudencia" es la suma de "mujer" y "casa". Una mujer dentro de su casa.

Gracias por el texto de Michaux, es ese gato que dices. Certero y entero.

Stalker dijo...

Gracias, Bash. Ya lo tenía, Scelsi me gusta mucho.

Abrazos

Stalker dijo...

La grafología es muy interesante, Rubén... yo debo andar fatal, porque trazo los caracteres con mucha dificultad debido al poco uso (cosa del teclado de ordenador...).

Entiendo que más que a unas reglas generales, la grafología es un arte que le debe más a la pericia del intérprete. Que sea capaz de seguir la mínima arruga y cabalgar por las venas del dragón...

abrazos

MARIEL MANRIQUE dijo...

Stalker es El Cazador en el Centeno, The Catcher in the Rye. Debería hacerse un blog paralelo con todos los comentarios de la tribu de búfalos, que son maravillosos y dialogan entre sí y con las entradas en Marienbad. Ese blog sería una conversación rizomática interminable. Pero también me gusta la idea del Lado B de Marienbad, que son estos comentarios. Un reverso oculto, una corriente de murmullos subterráneos.

Cuando Rubén habla de la caligrafía es tan entrañable. A mí todavía me gusta ir al correo y enviar cartas, desplegar "la sal negra del trazo" sobre el papel, oler el papel, soplarlo para que se seque la tinta, pasar la lengua por la tapita del sobre para cerrarlo, poniendo en juego todos los sentidos (la carta como una experiencia sensorial). Y si recibo una carta me gusta imaginarme a quien la escribió en acto de escribirla y enviarla, como si tallara una pequeña escultura de palabras. La carta como un souvenir del pasado, el resto de un naufragio, una especie de género o lengua muerta como el latín o la ópera.

Y los kanjis japoneses de Stalker que privilegian el espacio en blanco me hacen recordar las estampas japonesas que fascinaron a los artistas europeos y sobre todo los dibujos de Aubrey Beardsley, sus ilustraciones para Wilde ...

Portinari dijo...

Un texto que me ha tansmitido un recorrido muy enigmático.

Siempre está la idea consciente y lo que no se sabe de ella, ahí tras el papel. Muy muy curioso.

Lo que dice Rubén de la caligrafía a mí también me llama mucho la atención. La letra de la gente es como un pequeño espejito de esa persona, pero hay que saber interpretar bien, y para eso hay que conocer a la persona en cuestión y entonces no te hará falta descifrar la letra porque ya sabes lo que hay tras ella, y sólo querrás mirarla hasta cansarte, mirar el reflejo. Y volvemos a la idea, reflejos de la idea; conformarse con ese reflejo o ascender, salir de la caverna? si es tan difícil (creo que imposible), contentarse con el reflejo es motivo de felicidad también, poco a poco, es cuestión de ir acercándose.
La palabra es el vehículo. Vapor de barco.

Stalker es lo que quería ser Holden! qué curioso Mariel, nunca lo había pensado así.
"Coming thro' the rye, poor body,
coming thro' the rye
She draiglet a' her petticoatie
Coming thro' the rye.

[...]

Gin a body meet a body
Coming thro' the rye,
Gin a body kiss a body -
Need a body cry?"

Cómo me gusta este poema.

Stalker dijo...

"La carta como un souvenir del pasado, el resto de un naufragio, una especie de género o lengua muerta como el latín o la ópera".

Maravillosa descripción, Mariel...

Lástima que aquí tengamos que leernos en una homogénea letra y no podamos sentirnos el pulso respirar,

Abrazos

Stalker dijo...

Vapor de barco, Portinari, aunque sea hacia el cementerio marino o la aniquilación. Mientras tanto, una admirada espera...

Besos

Lola Torres Bañuls dijo...

Aunque no tengamos la letra, tenemos las voces, en el silencio de la noche y en el silencio de la lectura. Tenemos las voces del maravilloso intercambio como dice Mariel, de ese encuentro en la sombra con el soporte del ensayo de Michaux que es espléndido.

A mi me dijo un compañero de trabajo que ver a los chinos escribir es un extraordinario. Con el arte trazan los signos.

YO a veces pienso que la palabra, el alfabeto que tenemos es impresionante que con 26 letras se han escrito tantos libros, libros buenos y malos también. Miles y miles de combinaciones que han dado lugar a tantas historias y textos.

Bueno el texto de Michaux lo he impreso porque lo tengo que leer varias veces (aunque creo que tengo un librito que es justamente ese tratado sobre pintura).

Abrazos nocturnos.

Susana dijo...

Como Rubén, he descubierto la novedad del blog demasiado tarde como para centrarme en el texto, pero vuelvo a quedarme de una pieza viendo los 20 comentarios que lleva ya... Me pondré con todo ello mañana, cuando ya habrá unos mil comentarios más.

Solo quería comentar una curiosidad (que es, a su vez, una 'coincidencia' para mí): ayer estuve hablando largamente con una traductora de poesía china. Como siempre me había intrigado aquello de que un mismo fonema pudiera significar cosas diferentes en función del tono con que se pronunciara, ella me explicó, muy amablemente, algo que me sorprendió: en muchas ocasiones un ideograma contiene un pictograma que alude a su pronunciación/tono, junto al pictograma de función semántica. Curioso, ¿no?

Las letras, los pictogramas, desde un punto de vista meramente formal, son una maravilla. Lo son los ideogramas, desde luego, pero qué me decís de la lengua árabe? Esas paredes completamente decoradas con palabras, frases, pasajes del Corán... Eso se pierde con el teclado, sí. La grafología está llamada a extinguirse :(

Un abrazo

Susana dijo...

Uissh, que casi me olvido de hacerte una pequeña reclamación, Stalker: ¿has tomado una decisión sobre el poema de retales? Pensaba que iba a ser la siguiente entrada...

Stalker dijo...

Lola:

es increíble lo que el hombre ha hecho con la caligrafía. Ojalá hubiéramos podido trasladar la armonía de la caligrafía al mundo (el mundo de los hombres). Importar ese equilirio y armonía.

Abrazos

Stalker dijo...

Querida Susana:

la lengua árabe, sí, y el hindi, el urdu, el sánscrito. Hay maravillas caligráficas por doquier. De hecho, lo más pobre, por económico y simplificado, sigue siendo nuestro alfabeto.

Conozco un poco más de cerca la lengua japonesa y es sorprendente. No sólo por la combinación de kanjis y alfabetos silábicos, sino por la peculiar configuración mental que requiere: tiene diez o más sistemas de contar. Un sistema de contar para las cosas redondas, otro para las cosas alargadas, etc etc.

El sistema básico: Ichi, Ni, San, Shi, Go, Roku, Nana, Hachi, Kyu, Jyu, equivalente a nuestro "Uno, dos, tres, cuatro..." casi no se usa nunca...

Fascinante que la naturaleza del objeto que se cuenta (su naturaleza y no sólo su forma), modifique los numerales que dan cuenta de su pluralidad...

Sí, subiré el poema de retales dentro de dos entradas. Antes queda una deuda pendiente con una gran mujer y poeta recientemente fallecida.

Abrazos

raúl quinto dijo...

bueno, por fin he podido sentarme tranquilamente a degustar el texto de Michaux que (escribo antes de leer vuestros comentarios así q lo mismo repito cosas) me ha parecido sumamente interesante. El valor comunicativo, plástico y religioso de esta escritura da mucho en lo que pensar, y la forma en que Michaux lo expresa es otra forma bella de ideograma.

En muchos aspectos lo que dice de la lengua china yo lo he ido sintiendo como muy cercano a lo que en mi opinión debe ser la poesía: "escrito-objeto", una forma de comunicar donde lo importante y trascendente no sea sólo el mensaje, sino el código, el medio, la forma, sus infinitos. ¿no es eso la poesía?

Y esta frase también la aplicaría (y me la apunto para el fututo): Dejar de imitar la naturaleza. Significarla.

Gracias stalker por esta bomba de neuronas. Ahora leeré los otros coments

Stalker dijo...

Raúl:

el texto de Michaux impresiona. Creo que el libro entero, que recoge todos (o la mayor parte) de los escritos sobre pintura de Michaux, te interesa. Por su mirada siempre oblicua y atenta, ajena a cualquier convención y conversión. Uno de los pocos y lúcidos espírtus libres del siglo XX, en mi opinión.

Abrazos

 
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