jueves, 7 de octubre de 2010

La femme et la flamme





“Una gran hambruna acababa de asolar China y me habían contado que al enterarse de esta noticia ella [Simone Weil] se había echado a llorar: esas lágrimas forzaron mi respeto aún más que sus dones filosóficos. Yo envidiaba un corazón capaz de latir a través del universo entero.”

“Un día logré acercarme a ella. Ya no sé cómo se inició la conversación; declaró en tono cortante que una sola cosa contaba hoy sobre la tierra: La Revolución que daría de comer a todo el mundo. Respondí de manera no menos perentoria que el problema no era hacer la felicidad de los hombres sino encontrar un sentido a la existencia. Me miró de hito en hito: ‘Se ve que usted nunca ha tenido hambre’, dijo. Nuestras relaciones se detuvieron ahí. Comprendí que me había catalogado como ‘una burguesita espiritualista’ y me irrité [...]: me creía liberada de mi clase: no quería ser sino yo misma”.

“Colette Audry me hablaba a veces de Simone Weil y, aunque era sin gran simpatía, la existencia de esa extraña se imponía. [...] Contaban que vivía en una posada de camioneros y que el primer día del mes ponía sobre la mesa su sueldo: cualquiera podía usarlo”.

“Su inteligencia, su ascetismo, su extremismo, su valor, me inspiraban admiración y sabía que, si ella me hubiera conocido, no habría sentido lo mismo por mí. No podía anexarla a mi universo y me sentía vagamente amenazada. Vivíamos a tal distancia la una de la otra que, de todos modos, no me atormentaba demasiado”.

Simone de Beauvoir, Memorias

44 comentarios:

Curiyú dijo...

Me poseyó un escalofrío. Pensé en esos que hablan de los pobres y no se les mueve un pelo. Lloran, eso si, cuando alguien decide apropiarse de sus bienes, sea ladrón blanco o negro, sea ladrón ambicioso o con hambre. Justo, el problema del hambre se termina cuando le tocan sus ahorros en el Banco.
Un abrazo.

Stalker dijo...

Curiyú:

eres el más rápido al oeste del Pecos (y has cambiado tu foto de perfil, invisibilizándote con trazo luminoso).

El discurso de la solidaridad está atravesado, como sabes, por muchas capas inconmensurables, difíciles de explicitar y, en algunos estratos, hipócritas hasta el descaro, hasta la euforia.

Simone Weil nunca poseyó nada. Su renuncia y ascetismo son reales. Dio su vida por ello negándose a comer más que los trabajadores de la fábrica donde estaba y eso agravó su tuberculosis y la mató.

He leído por ahí que la llamaban "la virgen roja", apelativo que no sé si le cuadra.

Lo único que sé es que si la santidad (un tipo de santidad irreductibe, irreconciliable con ningún credo o iglesia) ha tenido algún sentido o representante en el siglo XX, su nombre es Simone Weil...

(Simone de Beauvoir también me parece una mujer increíble, admirable, portentosa, aunque su llama prendiera ailleurs...)

un abrazo

Curiyú dijo...

que bella es la sabiduria. Pero la santidad de esta Simone, para mi patética cabeza "burguesita", es inalcanzable. Como la sabiduría de la otra Simone. Un abrazo.

Eastriver dijo...

Simone escribía bien pero tenía un punto mentiroso. Escribía muy bien, corrijo. Pero tenía mucho cuento.

Stalker dijo...

Curiyú:

es inalcanzable, claro... pero ahí está la gracia, en cómo nos interpela el límite...

abrazos

Stalker dijo...

Ramón:

¿a cuál de las dos Simone te refieres?

Me gustaría que argumentaras tu posición, que, tal como la enuncias, y aplicada a cualquiera de las dos Simone, queda como un juicio lapidario y bastante inhóspito (y desde mi punto de vista, terriblemente injusto para con estas dos mujeres admirables).

Me interesa saber por qué piensas así,

un abrazo

José Antonio Fernández dijo...

Me quedo con esta frase: ‘Se ve que usted nunca ha tenido hambre’Qué cierto y cuánto materialismo hay en ella. Lo primero las necesidades del cuerpo, lo segundo los placeres del cuerpo, dígase del propio y del ajeno. En el segundo punto habría que integrar la espiritualidad, no en el primero.
Un abrazo.

Bel M. dijo...

Sobre la muchacha que trabajaba en la Renault, ya sabes que opino, tanto sobre su persona como sobre su escritura. Una vez puse de ella en las Amapolas una sola frase sobre naufragios y el mundo y otras pérdidas, aunque ella no hablaba de eso, sino del amor a Dios:
"El mar no es menos bello a nuestros ojos porque sepamos que a veces los barcos zozobran."
Sobre la otra Simone, precisamente este texto me parece de una honestidad implacable con Simone Weil y consigo misma.
Un abracísimo, Stalker.

Stalker dijo...

José Antonio:

es una frase demoledora, ahí Simone Weil estuvo especialmente cáustica...

Sin embargo, admiro la sinceridad de De Beauvoir, que también fue una intelectual comprometida, luchadora y admirable desde todo punto de vista.

Éste es un ejemplo de cómo dos seres insólitos pueden no estar de acuerdo, pueden incluso exhibir su desacuerdo con ferocidad, sin que ello erosione ni su crédito, ni su capacidad intelectual, ni su ideario político.

Weil busca la satisfacción de las necesidades perentorias, atacar el problema en su raíz. Eso no significa que De Beauvoir sea insensible al problema del hambre, en absoluto: ella habla de otra hambre, que también ha de ser atendida...

Un abrazo

Stalker dijo...

Bel M:

recibo tu abracísimo con entusiasmo y sin zozobra...

Es evidente que Weil vivía en una especie de misticismo muy particular, anarquizante, insumiso, arraigado en una fe que descreía de cualquier constructo institucional. De Beauvoir se sitúa en las coordenadas del intelectual bohemio, escéptico, desencantado, irónico y brillante. Era lógico que saltaran chispas.

Y aunque me inclino por el extremismo de Weil (por mucho que su abnegada fe me resulte ajena), las dos me parecen dos mujeres igualmente admirables, intelectualmente rigurosas, apasionadas e irrepetibles,

abrazo fuerte

hiniare dijo...

Saludos, Stalker.
Sobre ese diálogo, sin referirme ahora a las dos Simone que tan bien habéis comentado, se trata del tramposo dilema de “qué es lo que toca antes”: cuando hayamos solucionado las guerras del mundo, empezaremos a preocuparnos del medio ambiente; cuando tengamos arreglada el hambre de toda la humanidad, empezaremos a solucionar la discriminación de las mujeres; cuando los derechos humanos sean respetados, nos ocuparemos de los derechos de los animales, etc., etc… La cuestión es que los problemas no guardan turno. Que sea intolerable que la gente pase hambre no es incompatible con la urgencia de que la humanidad enfoque su existencia hacia algo que le dé sentido. Puede que la única manera de solucionar ambos problemas sea encontrar una solución común. Las dos Simone tenían razón, pero eso no debió enfrentarlas, en mi modesta opinión.
Encantada de leerte, nos vemos,
h.

ana dijo...

http://www.japanxtreme.net/wordpress/wp-content/uploads/2010/09/kodama.jpg

Stalker dijo...

Hiniare:

me parece muy bien visto y expuesto. Tienes razón en que no hay, o no debería haber, una jerarquía en las cosas que hay que cambiar, que no habría por qué elegir entre una cosa y otra. Los problemas que nos asedian se declinan en múltiples estratos, se metamorfosean en líneas de fuga que se entrecruzan permanentemente y por eso no se pueden deslindar unos de otros.

Sin embargo, fueron dos mujeres apasionadas, y la pasión puede llevarnos a cometer errores e incluso a ser injusto con el otro o con los otros.

En otro orden de cosas, parece que Joyce y Musil vivieron a escasos metros uno del otro durante muchos años, calle con calle. Ambos sabían que estaban ahí y ninguno se dignó a ir al encuentro del otro, al que sin duda profesaba una simultánea admiración y recelo. Los ejemplos se multiplican en todos los órdenes: Bergman y Tarkovski, por ejemplo; es como si el "genio" (con todas las comillas posibles) fuera de la mano de cierta suspicacia preventiva...

Un placer tenerte por aquí,

abrazo

Stalker dijo...

Ana:

los kodamas, claro: seres mínimos, hijos de los árboles. Atentos al murmullo del bosque y a su propia lógica incomprensible para la racionalidad humana...

deliciosos

Algún día hablaremos de los kodamas por aquí,

un abrazo

Belnu dijo...

Simone Weill me conmovió. Encontré en ella cosas mías! Y descubrí que el personaje con el que ya me había identificado en mi adolescencia al leer Le bleu du ciel de Bataille era ella! Leí a Simone Weill mucho después, en una habitación de Madrid donde estaba invitada y las vigas de madera del techo están asociadas a esa lectura que tanto me impresionó. Otras cosas de ella me resultaban lejanas, pero hay algo en su espíritu que pude reconocer enseguida... En cuanto a Simone, ahora pienso en Une mort très douce, ese librito sobre la muerte de su madre que se ha quedado conmigo. Y esa época de las dos, tan llena de esperanzas de cambio...

Belnu dijo...

Ah, se me ha colado una ele de más en su apellido, no es la primera vez que me pasa, pero ahora leo la cita de Bel M. en las Amapolas, ese espíritu... y la distancia de aquella actitud despojada, obrerista, casi de rígido autocastigo... comprendo lo que dices

emmagunst dijo...

Stalker, coincido plenamente con el comentario de Bel M.

Abrazo (interesantísima entrada)

RAB//. dijo...

Claro, es que ella lo vivió en carne propia. Y la otra Simone venía a representar a esa clase intelectual que se oponía a la clase obrera "que lo vivía en carne propia" y a la que WSeil tanto defendió. Qué mujer más completa... y temeraria.

tula dijo...

No se puede ir a la guerra sin comer, comer después de respirar.
abrazo.

ana dijo...

Pero Simone Weill en su escritura habla de la existencia, no se aleja de ese dolor, también toca ahí, formula ahí, de hecho creo que Simone Weill se dirige más a la existencia, es decir, al dolor y al hombre, al contacto con el otro, más que Simone de Beauvoir, no sólo por su escritura sino también porque la misma frase "una sola cosa contaba hoy sobre la tierra: La Revolución que daría de comer a todo el mundo" me parece, dicha por Simone Weill, por Simone Weill y por todo lo que había vivido y escrito, una metafísica más física, es decir, más convincente, con más cuerpo y comprensión de la historia, que cualquier sistema filosófico escrito separadamente, escrito sin las analogías del cuerpo con la palabra.

Lo sagrado existe y obviamente no tiene nada que ver con los curas y los confesionarios. Que una persona diga "sagrado" y quien lo escuche piense directamente en la Semana Santa muestra, como señala Artaud, que nada sabemos del cuerpo de las analogías y reversos. Lo sagrado es la unión, el movimiento de las manos, movimiento quizá brusco pero siempre unido. Pocas escrituras son unidas como la de Simone Weill, y porque su escritura era unidad su vida fue metafísica más allá de los sistemas filosóficos.

Pero yo también admiro a Simone de Beauvoir, y creo que no hay oposición entre una y la otra, lo que sucede es que Simone Weill va más allá de Beauvoir, quizá incluso va más allá de cualquier otro pensador.

Stalker dijo...

Belnu:

asociar la lectura de un libro a las vigas de un techo es una manera preciosa de leer: que la lectura se incorpore a cierta materialidad... es una deliciosa encarnación...

De Simone Weil me siento muy cercano y muy lejano. Es evidente que si no se comparte plenamente su fervor religiosoo (o si se carece de cualquier tipo de creencia en este u otro sentido) es difícil situarse en su estricta visión, pero aún así uno vibra, vibra en una frecuencia inusitada con la potencia devastadora de su verbo.

Su habla hace metástasis, quiebra todo lo que se nos yergue dentro, temeroso, asustadizo o hambriento de fragilidad...

un abrazo

Stalker dijo...

Emmagunst:

es que Bel M. da siempre en el clavo, es certera y pan integral, siempre,

un abrazo

Stalker dijo...

RAB:

temeraria hasta la entrega de su vida... una figura aureolada con la corona de los mártires (por mucho que esto sea un lugar común, incluso atrozmente común)...

Increíble en todo caso...

un abrazo

Stalker dijo...

Tula:

algunos preferiremos quizá no comer y no ir a la guerra, ¡si es posible!

abrazo fuerte

Stalker dijo...

Ana:

¡ésta es la Ana increíble que tanto se ha hecho esperar!

Comentarios así exigen una delgadez y una intensidad que no sé si en estos momentos soy capaz de dar, pero vamos a intentarlo:

para empezar creo que tienes razón y que Simone Weil habla, en efecto, y fundamentalmente, de la existencia del hombre y sus quiebros, sus fracturas, su grieta viva y su hambre. Habla así y lo entraña, y sus dudas nos entran en astilla y lentitud, horadan nuestra resistencia y derriban las almenas. Y no me cabe duda de que Weil le puso el cuerpo a todo su pensamiento, que tensó su cuerpo como un arco y se ofreció toda en esa pro-yección, y fue ella misma el impulso, el vuelco, el trayecto, la diana, el silencio. Sin embargo, no estoy tan seguro de que Simone de Beauvoir no pusiera el cuerpo en su palabra, no trazara esas analogías del cuerpo con la palabra a las que tan maravillosamente aludes. Recuerda que De Beauvoir tiene una obra amplia, que conviene conocer en todos sus rincones y que creo que nos puede sorprender bastante.

Tus reflexiones sobre lo sagrado al hilo de Artaud me parecen maravillosas y poco se puede añadir. Sólo una obviedad: que es urgente recuperar el cuerpo, templarlo, hacer templo en el cuerpo olvidado, desmembrado, ocluido, velado y olvidado por las instancias tecno-científicas, por los poderes biopolíticos, por la sociedad de la información que nos ha borrado el cuerpo y nos hace vivir en un simulacro de mente, nos instala en una mente sin cuerpo que no se sabe encarnar y fluctúa en un limbo de imprecisión e incertidumbre, cuando no de saturación cognitiva. Necesitamos recuperar el ontos, el ontos de la mente y el cuerpo, volver al origen y arraigar, arraigar en el sinsentido y que la vida (otra vida, otra temperatura de vida más allá del simulacro, la depredación y la ruina) vuelva a ser posible.

Hay algo con lo que no estoy de acuerdo y no sé si lo sabré expresar con precisión: que Simone Weil haya ido más allá de cualquier pensador.

(...sigue...)

Stalker dijo...

En primer lugar, esto presupondría la idea de progreso o meta en el pensamiento, que sería una carrera de obstáculos en la que hay que superar a nuestros contrincantes con herramientas hermenéuticas, congnoscitivas, campos de incertidumbre que exploramos desde y con el miedo a sabernos, etc, etc. Bien: como mínimo me parece delicado establecer ese progreso y dónde se sitúa cada cual. Y aun admitiendo ese improbable progeso en las ideas, ¿estaría Simone Weil más allá de Wittgenstein, Heidegger, Levinas u otros? Incluso en el terreno del "pensamiento místico", ¿habría Weil superado ciertos tratados del maestro Eckhardt o incluso de Jakob Boehme? ¿Estarían sus afirmaciones más allá de las "revelaciones de intimidad" de un Angelus Silesius? Es dudoso que así sea, y en todo caso es un indemostrable que obedece a la subjetividad y al juicio apasionado.

Hay otro elemento problemático al comparar a Simone Weil con otros pensadores, y es que no me parece justo situar la experiencia mística en el mismo nivel que el pensamiento analítico, deconstructivo o puramente intelectual. Ambos operan con materiales heterogéneos, irreductibles, inconmensurables. Es cierto que en Weil hay rigor intelectual, pero ella somete ese rigor a la fe, siempre, y eso la lleva a incurrir en contradicciones, parti pris, etc.: a veces establece un razonamiento y llega a unas conclusiones que no son tales en tanto derivaciones de un sistema lógico: no siempre argumenta sino que reafirma su fe (su pensar como arraigo de su fe, carne viva de intimidad y temblor), abre la pregunta y el inmenso dolor a su campo de trascendencia personal, y ahí el pensamiento, o cierto tipo de pensamiento, queda invalidado. No sé hasta qué punto se puede aplicar la lógica del razonamiento filosófico a experiencias trascendentales... No hay que olvidar que a una mente analítica le resultarían fácilmente deconstruibles muchas proposiciones de Weil precisamente por esa razón: porque ella destruiría la propia lógica, negaria incluso el silogismo más evidente para salvar a Dios, traicionando así al pensar (aunque en ello se cifra lo admirable, lo irredimible, lo absolutamente otro y fascinante que nos aporta Weil: esa vida en avalancha y la astilla que nos entra, nos va entrando y se aloja en nuestro balbuceo, después de haber quemado el discurso e incluso la posibilidad de la vida-alimaña, en los márgenes)

Lo que quiero decir es que me parece injusto afirmar, por ejemplo, que Weil "ha ido más allá" que otro pensador, pongamos por caso, Derrida (al que estoy leyendo ahora). Sencillamente, porque Weil ha pensado, vivido y sentido con y desde su fe y Derrida no, y esto marca una diferencia estructural insuperable y que rebasa el dominio de las ideas. Como pensadores, estarían situados en dos lugares diferentes, quizá irreconciliables, pero sus logros y su pensar-vivir-decir no estarían en la misma línea y por lo tanto toda comparación posible caería por su propio peso.

(...sigue...)

Stalker dijo...

En fin, Ana, me ha apasionado tu comentario y creo haber respondido con cierta torpeza, farragosamente. Pero querría terminar con un párrafo que habla de aquello a lo que apuntas (mundo sería, aquí, también el lenguaje, en mi opinión):

"El miedo, siempre. La angustia ante la idea -un futurible- de perder aquello sobre lo cual descanso. Descansar no es la palabra adecuada: sobre lo que me activo. Vivir -actuar, hacer- requiere una base estable. Me sé en compañía, y a partir de ahí contruyo. Construyo sobre el olvido. Sobre el olvido de mi base, construyo. Permanecer en el fundamento es inmovilizarse. La conciencia de la base sobre la que la vida se activa se resuelve en sí misma. La vida es el vuelco. Estar en algo que no es lo absolutamente importante, lo vital. La parálisis: el tambaleo de la baseLa inmovilidad, el animal a la defensiva, esperando el golpe o el sentido, el nuevo sentido que siempre es un golpe, un impacto en lo antiguo, una deformación que sigue al impacto. Ver; ver cómo encajaremos en esa huella, en lo cóncavo, cómo adaptaremos el instinto a aquella nueva complexión metálica, a los pliegues que se han formado en la superficie, a las grietas interiores, las fisuras, las rozaduras del engranaje. Entre metal y carne, porque nuestro mundo se hace con el cuerpo entre las cosas".

Maillard, "Filosofía en los días críticos"

Y un abrazo muy fuerte,

de verdad que tu comentario ha disparado mi imaginación y ha intensificado la existencia.

Tu palabra es fruta esta mañana

sabor, brasa y huella

Curiyú dijo...

Ramón! Argumente!

Stalker dijo...

¡Curiyú! ¡Secundo tu petición!

:)

inés dijo...

La existencia de Simone Weil fue una fractura necesaria. Dio el aprendizaje de la solidaridad sentida al mundo, desposeida de todo. Su extremo era reveladoramente hermoso.
Un bello post, de nuevo.
Un abrazo

ana dijo...

Stalker, tienes razón en cuanto a la apreciación de lo erróneo que es la comparación. Precisamente llevo tiempo dándole vueltas a las estructuras comparativas de nuestro lenguaje, a ver si un día consigo materializar esas ideas en palabras -si es que acaso las palabras materializan o sólo conceden-, palabras que estén más allá de esas estructuras comparativas, pero fíjate, he vuelto hacerlo, he vuelto a decir "más allá de", de la misma forma que continuamente decimos "mejor que", "superior a". Lo más correcto -y nuevamente digo "lo más..." - sería decir que Simone Weill está en otro lugar, lugar de manos, y nunca he leído nada que esté en ese lugar, ni San Juan de la Cruz que es Juan de la Cruz, con todo el amor que tiene ser Juan de la Cruz y no San Juan.

Tus palabras sí que me hacen a mí pensar, y te mando un abrazo fuerte desde esta tarde lluviosa de sábado.

p.d- Vuelvo a tener internet desde hace un par de días, además por fin he aprobado el inglés -con lo cual puedo volver a tocar la lengua, el sonido, en lugar de tener que aprenderlo y repetirlo, para lo cual me han regalado la Nueva gramática de la lengua española, para tocar y tocar con toda la saña y enfrentamiento que se pueda -leer una gramática con saña y tocando, con la historia desmedida, es algo que me apetece mucho.

Lola Torres Bañuls dijo...

Salker ya hace días que he leído esta entrada. Pero he enmudecido, no he sabido que decir.
Este mundo es una obscenidad por decirlo de alguna manera, pienso que es tan genocidio ver desde un televisor las hambrunas de africa que ver una película sobre el nacismo.
Pero desde nuestra posición que podemos hacer? Y vivimos en esa doble moral atrapados...

(He mirado los rostros de esas dos mujeres y la de Simone de Beauvoir es espectacularmente bella)

un abrazo fuerte.

NáN dijo...

Si la una es impresionante por su fuerza, la otra lo es por su coraje hasta para quedar mal.

La una, aparentemente, lo contrario de la otra.

Y, curiosamente, la palabra verificadora es "reverso". ¡Qué listo el algoritmo de letras.

PÁJARO DE CHINA dijo...

cuando leí tu entrada, monstruo de las galletas, creo que en cuanto la colgaste (me encanta decir "colgar una entrada", es como colgar una sábana con un agujero al que entrás y del que no querés salir) sedimentó en mi cabeza que su título era "femme fatale". ahora veo que es "la femme et la flamme". pero estás redefiniendo en su justa acepción la noción de "femme fatale", Stalker.

dos mujeres-llama, dos mujeres-fatales. no sé qué puedo agregar para sumar a lo que ha sido dicho.

mujeres fatales para el orden del mundo, por dinamiteras. mujeres complementarias en su diversidad (el reverso del que habla NaN).

creo que ya dije que de chica no sólo estaba enamorada de Marito Kempes, sino de Simone de Beauvoir. "La invitada" fue el primer libro que me prohibieron leer y el primero que recuerdo haber robado y leído al toque, encerrada en el baño. no entendí nada, pero algo debo de haber entendido porque a los pocos meses casi me echan del curso de catequesis.

dos mujeres como dos formas de poner el cuerpo. se ama el ascetismo de Weil como se aman los aros y ese tremendo collar de de Beauvoir en la foto, que no es un abalorio ni un adorno, sino otro órgano de su cuerpo o una declaración de identidad, como el rotundo brazalete y el rimmel de Barbara en esa extraordinaria fotografía de Barbara que subiste hace poco.

PÁJARO DE CHINA dijo...

es imposible formular un reproche a Weil (sabiendo que la religión asume múltiples formas). a la otra Simone pueden formulársele varios cargos y, aun así, yo no he dejado de amarla, hasta hoy.

no voy a hablar de Argelia ni de Le Temps Modernes ni de El Segundo Sexo, porque todos estaríamos de acuerdo sobre esa Simone.

pero sí puedo decir que me encanta cómo miente en sus memorias (creo que a esto puede apuntar Ramón y lo entiendo ... pero a mí me encanta). por ejemplo, cómo se hace la reina en su relación con Nelson Algren, cuando descubrimos póstumamente que le envió cartas de bolero empapapadas en lágrimas, arrastrándose como toda mujer a la que, como corresponde, el enamoramiento le ha robado la identidad. o cómo se hace la osa y no dice ni "mu" respecto de su vida sexual con Sartre, excepto para hablar de tríos consensuados con cándidas colegialas. entiendo que las colegialas puedan haberse sentido utilizadas, pero me parece que le veías la cara a Simone (y al compañerito Sartre) y ya podías presumir la que se venía.

me encantan las peloteras con Sartre sobre si te quedabas con Tiziano o Tintoretto, como si fuera un Ríver-Boca (o sea, un Barcelona-Real Madrid). me encanta y me conmueve su alianza con Sartre hasta el final, hasta en la propia tumba, aunque los años me hayan desplazado hacia el territorio de Camus. me encanta su curiosidad insaciable y que viviera para escribir, como si lo vivido y no escrito no tuviera sentido (aunque en esa escritura en alud "editara" su vida a su antojo). y que se emancipara tan lúcidamente de todos los mandatos heredados y las convenciones sociales de su época, algo que a tantos nos cuesta una vida entera. y que me enseñara cómo se pone un turbante, aunque yo carezca totalmente de su destreza para llevarlo.

en casa hay varias fotos de ella enmarcadas. supongo que uno termina haciendo de su casa, su templo. con Hernán compartimos mesa de trabajo y él me dice "Bondiol" (un afectuoso diminutivo de "bondiola" con ecos de "Beauvoir") y yo le digo "Sastre". o decimos "che, habría que pasarle una escoba a Les Deux Magots", cuando toca limpiar la cocina. hay gente muerta que uno jamás tocó a la que quiere tanto o más que a su propia familia.

es de una gran honestidad intelectual confesar "sentirse amenazada" por Weil. es reconocerse inferior (aunque Ana luche para eliminar los comparativos al uso), superada por alguien perteneciente a otro orden, hecha de otra materia.

en cuanto al hecho físico de saber lo que es pasar hambre, uno debería preguntarse para qué mierda sirve cada palabra escrita que no apunte contra ese veneno evitable y deliberado.

más besos de galleta.

Stalker dijo...

Inés:

es tal como dices: esa entrega, esa vida, sin guardarse nada para sí...

un abrazo

Stalker dijo...

Ana:

el problema con el lenguaje es que está atravesado por algo que podríamos llamar una metaforización estructural androcéntrica: pisamos en un terreno previamente recorrido, abonado y configurado según una visión del mundo masculina y que continuamente nos abre a metáforas y campos semánticos que exigen, por un lado, una posición de fuerza, y por otro una sumisión. Nuestro lenguaje es el lenguaje de lo Grande, lo Abierto, es el lenguaje de la Luz (y para mí aquí laten micro-fascismos, totalitarismos emboscados en el lenguaje. Ahora mismo recuerdo que en "Husos" se dice que la luz es la metáfora favorita de la derecha política: visibilizar para controlar).

Y aquí es donde entra Derrida:

La razón ha sido moldeada por una búsqueda deshonesta de la certeza, a la que él llama logocentrismo (si lo recombina con lo anterior, habla de "falogocentrismo"), la garantía de la “palabra hecha carne”.

La historia de la filosofía ha sido una constante búsqueda logocéntrica. El logocentrismo desea un lenguaje racional perfecto que represente perfectamente el mundo real. Este lenguaje racional garantizaría, de manera absoluta, que la presencia del mundo –la esencia de cada cosa en el mundo- pudiese ser (re)presentada ante un sujeto observador, quien a su vez podría hablar de ella con plena certidumbre. Las palabras serían, literalmente, la Verdad de las cosas, la “palabra hecha carne” como lo expresa san Juan.
Comunión con el mundo –ésta es la seducción de la Razón logocéntrica.

La certeza de la razón es un tirano que sólo puede sostenerse mediante la malicia de reprimir o excluir lo que es incierto, lo que no encaja, lo diferente. La razón es indiferente al otro, a la tachadura, el recorte, la pérdida y la sustracción.

Y aquí es donde surge una escritura que crece sobre la merma, sobre la carencia ("Su don es su carencia, y de ella habla") y la exclusión: un decir desde los márgenes que puede adoptar la forma del balbuceo desactivador y del asedio a la sintaxis. La literatura que más me interesa (la única que me interesa) se situaría en esas coordenadas de precariedad que dicen mejor el común desamparo y la pérdida que nos es consustancial.

"Entre metal y carne, porque nuestro mundo se hace con el cuerpo entre las cosas". El mundo se hace desde la hérida: esa pérdida.

Estar en otro lugar. Lugar de manos. Escritura que toca. Quizá soy más politeísta que tú, pero ese lugar de manos me lo han ofrecido autores muy diversos. Quizá hay varias formas de tocar, quizá la escritura pueda ser un lugar de manos diverso, también políglota e infinitamente retraducible, extravasable, diseminable: caricia en eterna mudanza que nos dice y nos des-dice, y altera así los territorios de lo consabido.
Lugar de manos: me gusta.

"Leer una gramática con saña y tocando". ¡Es magnífico!

La gramática está para violentarla, para ensañarse con ella. Sólo así las palabras rendirán un sentido otro: tenemos que amenazarlas con un acero que previamente hayamos ungido con la sangre de nuestras entrañas.

Desde luego lo más triste que se hace con la gramática es forzar a los niños a aprenderla (pero ya tendremos ocasión de hablar de las perversiones de nuestro sistema educativo, y hacerlo con especial "virulencia constructiva")

Celebro que tengas internet y que hayas aprobado inglés...

un abrazo

Stalker dijo...

Lola:

son tantas las dudas, y tan pocas las repuestas...

Sólo se me ocurre que hemos de perseverar en aquello en lo que creemos, y no rendirnos jamás...

Para mí son dos mujeres igualmente bellas. Simone Weil tiene una ferocidad luminosa en el rostro, algo que la acerca a lo difícilmente expresable, que me parece de una gran belleza.

un abrazo

Stalker dijo...

Nán:

quizá dos naturalezas complementarias, el reverso una del otro.

Blogger y sus algoritmos siempre nos dicen, a veces mejor que nosotros mismos: es impresionante y sin duda poco casual,

abrazos

Stalker dijo...

Mariel:

qué hermoso es el retrato que trazas de tu experiencia con Simone de Beauvoir.

En mi caso he de decir que las posibles críticas o "reproches" que se le puedan hacer a esta mujer carecen por completo de sentido. ¿Si mintió en los diarios? Un diario es también una obra literaria, toda vida es en cierto sentido una ficción, una forma de historiarnos. ¿Qué inquisidor será aquel que coteje una historia con los supuestos hechos "objetivos" y encuentre ahí los desajustes, las fallas? La mentira sería, en este caso, construida por el ojo inquisitorial, el que no perdona y quiere someterlo todo a la profilaxis de la hiper-visiblidad , a la exhaustividad del atroz registro minucioso y lo "objetivo" (y olvidaría este inquisidor que la objetividad también es un consenso, que también se construye de acuerdo a uno u otro interés).

No: lo que yo sé de Simone de Beauvoir (y me queda mucho por saber, y mucho por leer) me parece extremadamente conmovedor: una biografía que fue una forma de liberarse.

"Bondiol" y "Sastre": es fácil imaginaros cultivando ese lenguaje privado, y esa imaginación ilumina este día gris, hace temblar el gris del cielo lluvioso y nos acerca una forma de intimidad que es un regalo, siempre,

abracísimos, Mariel...

Portinari dijo...

"es de una gran honestidad intelectual confesar "sentirse amenazada" por Weil. es reconocerse inferior (aunque Ana luche para eliminar los comparativos al uso), superada por alguien perteneciente a otro orden, hecha de otra materia."

Mariel dixit.
Me llama la atención especialmente, y estoy de acuerdo con Mariel, cuando dice respecto de Beauvoir, lo de saberse superada por alguien, hecha de otra materia.
La comparación nace de B. cuando conoce a W. y ve a ambas iguales, pero como disparadas en diferentes direcciones.
Y aquí entra de nuevo el dilema, qué primero, a dónde ir, qué socorrer.
B. no debería haberse sentido así, pero me supongo que es lo que se sucede de este tipo de encuentros, donde uno encuentra su lugar extraviado, ocupado por otro.

"Estar en otro lugar. Lugar de manos. Escritura que toca. Quizá soy más politeísta que tú, pero ese lugar de manos me lo han ofrecido autores muy diversos. Quizá hay varias formas de tocar, quizá la escritura pueda ser un lugar de manos diverso, también políglota e infinitamente retraducible, extravasable, diseminable: caricia en eterna mudanza que nos dice y nos des-dice, y altera así los territorios de lo consabido.
Lugar de manos: me gusta."

[...]

"La gramática está para violentarla, para ensañarse con ella. Sólo así las palabras rendirán un sentido otro: tenemos que amenazarlas con un acero que previamente hayamos ungido con la sangre de nuestras entrañas."

El lugar de manos. Me quedo eso.

Derribar la gramática, Stalker. Deformar para concebir una forma.

Abrazos.

Stalker dijo...

Portinari:

a mí me conmovió especialmente ese encuentro, sobre todo por lo que tú dices: dos seres que se reconocen pero se encuentran proyectados en diferentes direcciones.

El encuentro, el gozoso encuentro aun en la contradicción y la pérdida.

"Hay encuentros que pertenecen al destino. Uno puede negarse a acogerlos. Caminará hacia atrás o quedará varado, repitiendo indefinidamente la última lectura de su rumbo.
Hay encuentros, en cambio, que no pertenecen al destino y que, no obstante, forzamos. Ésos, al consolidarse, llegan a ocultar los indicios del camino como un alto edificio oculta el sol en su salida. Nada nace de ellos, nada crece bajo ellos. Son el humo asfixiante de esa industria llamada mente cuando el observador se cansa y el vigía se adormece".

"Filosofía en los días críticos"

Deformar para concebir otra forma, una forma otra, la forma del otro: desestructurar, contradecir, derribar para alcanzar el corazón secreto del otro, emboscado, disimulado por las formas.

Para llegar al corazón del otro, herido de formas, y encontrar allí nido o topera, piel erizada, tejido de vida.

La condición será el tartamudeo, el balbuceo, la ruptura de esa continuidad (agradezco pequeñamente, animalmente, tus palabras en la entrada anterior); quebrar las armas que hay en las palabras, contrariar y desarmar las estructuras de poder que dormitan -explícitas o larvadas- en las palabras y decir de otra modo, decir al otro sin herida, sin la forma de la herida, sin la herida de la forma, sin violentar el cauce que nos llama al sosiego y la escucha, la amable escucha, ahora sí, de las palabras rotas del otro: su fruta, su alma en quiebra.

abrazo sin palabras

Anónimo dijo...

no hay género. para mí. no contemplo géneros. puede ser el piedra o la hombre. mujer, mar, etc.

¡y ojalá no hubieran nombres para designar las cosas!

hay una lengua que desconozco, en la que todo se designa con una sola voz: amor. donde no se señala con el dedo índice, sino con la mano abierta en posición de saludo.

no hay billete alguno que te lleve a ese lugar. tan remoto e inhóspito. inhóspito no. hay que cruzar la propia tripa. aquí mismo.

remontarse al presente. en el mismo instante en el que simone escribía el texto y a los demás presentes que lo fraguaron.

el futuro no aventaja al lector. el presente de un lapicero es árbol. y lo que éstos escriben en sus hojas, que nos son extrañas y llamamos nervaduras a lo que nos están diciendo, lo verdaderamente sagrado.

mil gracias,
besos,
ò.

Stalker dijo...

Hermano búfalo:

ojalá no hubiera nombres, en efecto.

Quiero compartir el desconocimiento de esa lengua que desconoces y pedir que estalle algún día dentro de nosotros, que nos quiebre y nos desdiga, desfonde la parte ridícula que nos compone y nos de cuerpo sinfónico, cuerpo de música otra vez, hacia lo sagrado sin forma que no asciende ni baja sino que repta, un reptar de lo sagrado que repercuta raíz en el hueco que nos des-nombra.

Empezar a vivir entonces.

Gracias

(abrazos, coces)

 
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