lunes, 11 de octubre de 2010

El consuelo



El hombre sólo escapa a las leyes de este mundo por espacio de una centella. Instantes de detenimiento, de contemplación, de intuición pura, de vacío mental, de aceptación del vacío moral. En instantes así es capaz de lo sobrenatural.
Quien por un momento soporta el vacío, o bien obtiene el pan sobrenatural, o bien cae. El riesgo es terrible, y hay que correrlo, e incluso exponerse a un momento sin esperanza. Pero no hay que arrojarse a él.

Para lograr el desapego total no basta con la desgracia. Es necesario una desgracia sin consuelo. Es necesario no tener consuelo. Ningún consuelo representable. Es entonces cuando desciende el consuelo inefable.
Condonar las deudas. Aceptar el pasado sin pedirle compensación al futuro. Detener inmediatamente el tiempo. La aceptación de la muerte es también eso.
“Él se vació de su divinidad.” Vaciarse del mundo. Asumir la condición de esclavo. Reducirse al punto que se ocupa en el espacio y en el tiempo. A nada.
Despojarse del señorío imaginario del mundo. Soledad absoluta. Es entonces cuando se posee la verdad del mundo.

La miseria humana resultaría intolerable si no se hallara diluida en el tiempo.
Impedir que se diluya para que sea intolerable.

Dos maneras de matarse: suicidio y desapego.
Matar con el pensamiento todo cuanto se ama: única manera de morir. Pero sólo lo que se ama.
No desear que lo que se ama sea inmortal. Ante alguien muerteo, sea el que fuere, no desear que sea inmortal ni que esté muerto.

Nada poseemos en el mundo –porque el azar puede quitárnoslo todo-, salvo el poder de decir yo. Eso es lo que hay que entregar a Dios, o sea destruir. No hay en absoluto ningún otro acto libre que nos esté permitido, salvo el de la destrucción del yo.

Si el grano no muere… Debe morir para liberar la energía que lleva en sí con el fin de que se formen a partir de él otras combinaciones. De igual manera debemos nosotros morir para liberar la energía afectada y adquirir una energía libre susceptible de amoldarse a la verdadera filiación de las cosas.

Es preciso desarraigarse. Talar el árbol y hacer con él una cruz para luego llevarla todos los días.

No hay que ser yo, pero menos aún hay que ser nosotros.
La ciudad brinda la sensación de hallarse en casa.
Tener en el exilio la sensación de hallarse en casa.
Arraigarse en la ausencia de lugar.
Desarraigarse social y vegetativamente.
Exiliarse de toda patria terrestre.
Hacerle todo eso a otro, desde fuera, es un sucedáneo de la descreación. Es producir irrealidad.
Con el desarraigo se busca más realidad.

No deseo que este mundo creado ya no me sea sensible, sino que no sea por mí por lo que sea sensible. A mí no puede revelarme su secreto, demasiado elevado. Váyame yo, e intercambien sus secretos el creador y la criatura.
Ver un paisaje tal como es cuando no estoy allí…
Cuando estoy en algún sitio, profano el silencio del cielo y de la tierra con mi respiración y los latidos de mi corazón.

El sol sale para los justos y para los injustos… Dios se vuelve necesidad. Dos caras de la necesidad: ejercida y padecida. Sol y cruz.



No ser sino un intermediario entre la tierra inculta y el campo labrado, entre los datos del problema y la solución, entre la página en blanco y el poema, entre el desdichado con hambre y el desdichado saciado.

Hablando con propiedad, el tiempo no existe (salvo el presente como límite), y sin embargo es a eso a lo que estamos sometidos. Esa es nuestra condición. Nos hallamos sometidos a lo que no existe. Tanto si se trata de la duración padecida pasivamente –dolor físico, espera, pena, remordimiento, miedo-, como del tiempo dirigido –orden, método, necesidades-, en ambos casos, aquello a lo que nos rendimos no existe. Pero nuestro sometimiento sí existe. Estamos realmente atados a irreales cadenas. El tiempo, irreal, tiñe todas las cosas y a nosotros mismos de irrealidad.

¿No es pecado mortal tomar la carne para ocultarse de la luz? Espantosa idea.
Antes la lepra.

Todo cuanto es vil y mediocre en nosotros se rebela contra la pureza, y tiene necesidad de mancillar esa pureza para salvar su vida.
Mancillar es modificar, es tocar. Lo bello es lo que no cabe querer cambiar. Dominar es manchar. Poseer es manchar.
Amar puramente es consentir en la distancia, es adorar la distancia entre uno y lo que se ama.

El espíritu no está obligado a creer en la existencia de nada (subjetivismo, idealismo absoluto, solipsismo, escepticismo: véanse las Upanishad, los taoístas y Platón, los cuales se valen, todos, de esa actitud filosófica a título de purificación). Por esa razón el único órgano de contacto con la existencia es la aceptación, el amor. Por esa razón, belleza y realidad son idénticas. Por esa razón, el gozo y la sensación de realidad son idénticos.

El amor tiene necesidad de realidad. ¿Hay algo más tremendo que descubrir un día que se ama a un ser imaginario a través de una apariencia corporal? Es mucho más tremendo que la muerte, porque la muerte no impide al amado haberlo sido.

Aprende a rechazar la amistad, o, mejor, el sueño de la amistad. Desear la amistad es un grave error. La amistad debe ser un goce gratuito como los que proporcionan el arte o la vida. Hay que repudiar la amistad para ser digno de recibir ese goce. Todo sueño de amistad merece ser quebrado. No es casual que tú nunca hayas sido amada… desear escapar de la soledad es una cobardía. La amistad no se busca, ni se sueña, ni se desea; se ejerce (es una virtud). Abolir todo ese margen de sentimiento impuro y turbio.

El agradecimiento es en principio cosa de quien socorre, si es que el socorro es puro. Al que queda obligado no le corresponde tenerlo sino a título de reciprocidad.

Lo que es directamente contrario a un mal no pertenece nunca a la esfera del bien superior. ¡Generalmente, apenas está por encima del mal! Ejemplos: robo y respeto burgués a la propiedad; adulterio y “mujer honrada”; caja de ahorros y despilfarro; mentira y “sinceridad”.

Es preciso que el mal se vuelva puro –pues si no, la vida es imposible. Sólo Dios puede hacerlo. Ésa es la idea de la Gîta. Y es también la idea de Moisés, de Mahoma, y del hitlerismo…
Pero Jehová, Alá y Hitler son dioses terrestres. La purificación operada por ellos es imaginaria.

Desgracia: el tiempo empuja al ser pensante a su pesar hacia lo que éste no puede soportar y que acabará, sin embargo, ocurriendo. “Aleja de mí este cáliz.” Cada segundo que transcurre empuja a alguien en el mundo hacia algo que no puede soportar.

Los opuestos no son el placer y el dolor, sino las especies de uno y otro. Existen un placer y un dolor infernales, un placer y un dolor curativos, un placer y un dolor celestes.

La muerte es lo más precioso que le ha sido dado al hombre. Por esa razón hacer un mal uso de la misma constituye una impiedad suprema. Mal morir. Mal matar. (Ahora bien, ¿cómo se puede escapar a la vez del suicidio y del asesinato?) Tras la muerte, el amor. Problema análogo: ni mal goce, ni mala privación. La guerra y Eros son las dos fuentes de la ilusión y de la mentira entre los hombres. Su mezcla es la impureza mayor.

Quien toma la espada, a espada morirá. Quien no tome la espada (o la suelte), morirá en la cruz.

A la inocencia el dolor le es a la vez completamente exterior y completamente esencial. Sangre en la nieve. La inocencia y el mal. Que también el mal sea puro. Sólo puede serlo bajo la forma del sufrimiento de un inocente. Un inocente que sufre derrama por encima del mal la luz de la salvación. Es la imagen visible del Dios inocente. Ésa es la razón de que un Dios que ama al hombre, y un hombre que ama a Dios, deban sufrir.
La inocencia feliz. Algo infinitamente precioso también. Aunque se trata de una felicidad precaria, frágil, una felicidad azarosa. Flores de manzano. La felicidad no está ligada a la inocencia.



Una bondad. Será buena una acción si, al realizarla, se tiene conciencia con toda el alma de que hacer una bondad es algo absolutamente imposible.
Hágase lo que se haga, en cualquier situación se hace siempre un mal, un mal intolerable.
Hay que pedir que todo ese mal que se haga caiga directa y exclusivamente sobre uno mismo. Eso es la cruz.

Parentesco del mal con la fuerza, y con el ser, y parentesco del bien con la debilidad, y con la nada.

Si únicamente se desea el bien, se entra en oposición con la ley que liga el bien real al mal como el objeto iluminado a su sombra, por lo que, al estar en desacuerdo con la ley universal del mundo, es inevitable que se caiga en la desgracia.

Nada de lo que existe es absolutamente digno de amor.

Destrucción de Troya. Caída de pétalos de árboles frutales en flor. Saber que lo más valioso no está enraizado en la existencia. Es hermoso. ¿Por qué? Proyecta al alma fuera del tiempo.

Debo amar que no soy nada. Qué horrible sería si yo fuera algo. Amar mi nada, amar ser nada. Amar con la parte del alma situada del otro lado del telón, porque la parte del alma perceptible para la conciencia no puede amar la nada, pues siente horror de ella. Aunque crea que la ama, está amando otra cosa distinta de la nada.

La religión como fuente de consuelo es un obstáculo para la verdadera fe: en ese sentido, el ateísmo es una purificación.

El poeta produce lo bello con la atención fija en lo real. De igual modo que un acto de amor. Saber que ese hombre que tiene hambre y sed existe tan verdaderamente como yo, basta –lo demás se desprende por sí solo.
Los valores auténticos y puros de lo verdadero, lo bello y lo bueno en la actividad de un ser humano se originan a partir de un único y mismo acto, por una determinada aplicación de la plenitud de la atención al objeto.
La enseñanza no debería tener otro fin que el hacer posible la existencia de un acto como ése mediante el ejercicio de la atención.
Todos los demás beneficios de la instrucción carecen de interés.

En líneas generales, un método para el ejercicio de la inteligencia, que consiste en mirar.
Aplicación de ese método para discriminar lo real de lo engañoso. Dentro de la percepción sensible, si estamos seguros de lo que estamos viendo, nos desplazamos mirando, y aparece lo real. Dentro de la vida interior, el tiempo ocupa el lugar del espacio. Con el tiempo quedamos modificados, y si, a través de las modificaciones, conservamos la mirada orientada siempre hacia lo mismo, al final lo engañoso se esfuma y acaba apareciendo lo real. La condición es que la atención ha de ser una mirada y no un apego.

Soledad. ¿En qué consiste, pues, el premio por ella? Pues estamos en presencia de la mera materia (aunque se trate del cielo, de las estrellas, de la luna o de los árboles en flor), de cosas con un precio (tal vez) menor que el de un espíritu humano. El premio consiste en una superior posibilidad de atención. Si se pudiera en el mismo grado estar atento en presencia de un ser humano…

Hay que tratar de encontrar en el ámbito de las relaciones entre el hombre y lo sobrenatural una precisión que sea más que matemática; algo que sea más preciso que la ciencia.


Simone Weil, Diarios (trad. Carlos Ortega)

21 comentarios:

sauco dijo...

Comulgo con cada palabra de ese fragmento. Se me hace un poquito largo para leerlo en pantalla. Creo que admitiría varias entregas para que pudiéramos paladearlo y digerirlo adecuadamente. Mil gracias por publicarlo.

karmen blázquez dijo...

Simone Weil tomó las armas, llegó incluso a eso en la columna de Durruti en la guerra civil española;no tuvo el "valor" de usarlas, y abandonó el frente porque se dio cuenta de que era una barbaridad. Hoy hay ya mujeres soldados, y se considera un logro para la igualdad de los géneros. Mierda pa'qué os quiero. Me temo, sí, me temo, que a Simone Weil apenas se la conoce, y apenas ha quedado rastro de sus actos, lo de ella fueron actos, acciones, no actuaciones ni performances trasnochadas, y me parece evidente, que las ideas, curiosamente las ideas, de
Simone de Beauvoir sobre la mujer,se perciben en el estilo de vida de nuestros días, sin embargo los actos, el estilo, el alma de la Weil, de la "Porque",...se difumina, es peligrosísimo,fatal, ¿quién de entre los poderosos no temería a Simone Weil?, se les caerían los palos del sombrajo.
Valeroso Stalker, un abrazo
k

Eastriver dijo...

Tiene ese punto mesiánico-materialista que permite que caiga desmayado tres veces durante la lectura. Me levanto las tres veces y sigo leyendo hasta llegar al punto final. Será porque quitaste la paja (bendita paja) pero es como tomarse un Kazaar, intensidad 12. Con la lengua fuera no sé si agradecerte o no este regalo envenenado. Porque mi ratón es inalámbrico, sino juro que intentaría un autoestrangulamiento rápido y eficaz. Un abrazo y gracias también por el sentido del humor.

Anónimo dijo...

hay una imagen que quiero compartir aquí.

llegó un perro a la casa del pueblo donde veraneábamos. éramos muchos y con el can uno más.

me levanto pronto. de los dieciséis que allí morábamos, el uno. abrir la puerta sin cerrojos y salir al campo era una misma cosa, aunque en el interior de la casa también hay árboles.

escuché al perro. el tercer día seguía escuchando al perro, que a partir de ahí, comencé a llamarlo "agost".

agost y yo paseábamos solos. él y yo. me seguía y le seguía. íbamos juntos y carecíamos de trayectoria personal en esos ratos de asueto humano.

en un tiempo lejano que llega hasta hoy mismo, leer adentro de la tinta de carlos casteneda me hizo mucho bien. me quitó el hombre para siempre. y el nombre.

el verano, como todos sabéis, se larga sin decir adiós. no había dicho ni una sola palabra sobre qué pasaría con nosotros cuando mi pequeña maleta subiera al coche.

sabía que entre agost y yo no había pactos, que es una manera horrible de amar.

la víspera, cuando abrí la manija del campo para nuestro paseo, agost se había ido. a la mañana siguiente, me fui yo.

lo único que importa, entonces, es volver al animal (nunca desconsiderado, nunca violento, nunca soez).

cuanto antes, mejor. no debemos esperar al último portazo.

querido hermano búfalo, muchas gracias. a todos.

besos,
ò.

Leonardo dijo...

Junto las manos, me inclino.
Hay seres que son verdaderos meteoritos cuya vida y pensamiento perforan algo más que la capa terrestre en nosotros. Son temblor. Caminos de montaña. Alto voltaje. Abrumado, sé que no estoy hecho de ese tipo de madera. No he conocido ni el dolor, ni la muerte. No he caído. Incapaz de lucidez o de ceguera, sólo soy miope. Sólo puedo, atado a lo irreal, aspirar la tiniebla.
Abrazos

Stalker dijo...

Sauco:

lo cierto es que tienes razón, quizá serían necesarias varias entradas pero no lo voy a hacer, y te explico los motivos.

En este blog las entradas tienden a ramificarse y a crecer, a buscar su propio espacio. Hay una renuncia explícita al tiempo del consumo fugaz, al tiempo virtual de internet, que fagocita todo discurso y cortocircuita el acceso a lo que ocurre, a cierta inocencia y temperatura de lo que ocurre.

Por eso prefiero que quien pase por aquí y quien se interese se dé el tiempo, se tome el tiempo para leer por extenso (o con intensa extensión, o movido por la tensión que los textos inducen-fomentan-procuran).

Dar(se) el tiempo es la consigna. En un mundo de vértigo acelerado, donde la detención parece un tabú, por improductiva, hemos de resistir invirtiendo esa lógica de producción, velocidad y desalojo.

Es la condición de posibilidad para cierto arraigo, lentitud y asimilación.

Marienbad se propone como un lugar donde echar raíces, lentamente, sin tiempo, en lo callado, en lo mínimo, en lo solo de la grieta viva, y vivir a partir de esa carencia y esa oblicuidad.

Por eso no voy a fragmentar las entradas más largas, las que requieren una especial densidad de lectura o darse el tiempo más dilatadamente (de hecho, estoy preparando una entrada muy larga, la más larga hasta la fecha aquí).

gracias por tu comentario y bienvenido

Stalker dijo...

Karmen:

me encanta tu apasionado comentario, y me reconozco en él y con él. Estoy del lado-Weil de la vida, por mucho que su religiosidad me resulte extraña, por muchos que yo mismo sea capaz, si me pongo a la tarea, de desmontar analíticamente algunos de estos fragmentos (por incoherencias lógicas, por dar por supuestos conceptos que hay que re-pensar, por trazar correspondencias que desde cierto ángulo de visión consideraría ilegítimas); pero no lo voy a hacer, no voy a desmontar nada. Es más, la fuerza de Weil me desmonta a mí, me anonada, me subyuga, me demuestra la fragilidad de mis estructuras mentales y mi forma de vivir y pensar el mundo. Y en ese cuestionamiento ofrece algo terriblemente vivo y subversivo, más allá (o más acá) de las creencias y la adhesión a cualquier dogma.

Creo de veras que fue una mujer admirable en todos los sentidos y que su condición de mujer -y su ex-centricidad, su pensar fuera de todo centro reconocible, su pensar movedizo, inestable, contradictorio, compasivo y feroz- le ha vedado el reconocimiento y la difusión que le corresponde en el pensamiento contemporáneo (cosa, por desgracia, harto frecuente en este mundo fuertemente falocratizado y ciego a lo que nos haría más porosos y receptivos).

Una de las esquinas de mi triángulo de las Bermudas, y sólo tengo agradecimiento por tanto como he recibido y recibiré de ella.

Vidas así cuidan nuestro itinerario, lo iluminan incluso desde su sombra y su desesperación de vivir. Es algo increíble para lo que no tengo palabras,

un abrazo

Stalker dijo...

Ramón:

tu mensaje me hace sonreír.

Es cierto que la "paja" ha sido quitada por partida doble. Estos textos son una selección previa de los diarios de Simone Weil, publicados en Trotta, una selección hecha con mucho acierto por Carlos Ortega. No todo lo que escribió Simone tiene esta fuerza, este impacto desestructurador y "brutal". De ser así se nos quemarían los ojos a los diez páginas, el mundo ardería, consumido por esa palabra flamígera volcada, por esa feroz alma en alud...

Luego, a partir de esa selección, he hecho otra selección personal, por lo que el destilado, el frasco de esencias, es bastante depurado...

Me alegran tus desmayos y también que tengas un ratón con el que no puedas estrangularte.

Por cierto, Curiyú y yo nos quedamos con curiosidad a propósito de tu comentario en la entrada anterior.

un abrazo fuerte

Stalker dijo...

Querido hermano búfalo:

esta anécdota la conservaré en la parte animal, algo me incita a no pensarla, a saberla ahí, una anécdota arrebujada, en ovillo: calor mamífero me viene de tus palabras y dejo que caliente esta casa desde el lóbrego sótano hasta el desván.

Carlos Castaneda te quitó el hombre para siempre. Es una de las cosas más brillantes (u oscuras, u oscuramente brillantes, o luminosas por su enigma de evidencia) que he leído-sentido nunca.

Quitarse el hombre. Quiero escribir esas palabras en mi corteza de árbol. No duele. Quitarse el hombre no duele y se nos abre el gozo al desprendernos de esa costra inservible, incomestible usura de los nombres que hemos de desnudar para que otro calor de vida sea posible...

Es que naciste con el sabio partido, claro. ¡No olvido aquel verso espléndido! El sabio partido: partir el hueso de la sabiduría y acceder, entonces, no al saber, sino al sabor, a todo lo que palpita en el trasvase de adentro-afuera.

En lo que mengua, reconocerse, una vez abolidos los nombres.

Hacer un auto de fe con todos los nombres. Inmolar al hombre antiguo: al hombre-nombre que ha cosificado, matado y consumido el mundo que le rodea, incribiendo su alud de lenguas en una sola lengua y una sola legibilidad: la que le confiere el poder de legislar, expropiar, depredar, esclavizar.

Ahí donde des-nombremos, nos nacerá el animal.

Ahí donde desbauticemos, des-ontologicemos, algo se descorchará: un verso, un niño, una alimaña, y se producirá la gozosa diseminación de vida.

Está todo por hacer aún.

Manos al barro,

ahora, ahora

(abrazos, coces, mano en el lomo vivo)

Curiyú dijo...

Sin dudas, son muchos los que pensamos de esa forma. Pero, realmente, hay que llevar a la práctica tal pensamiento "cristiano".
Los que lo logran pueden ser mostrados con los dedos de ...2, 3 manos?
Cuando digo Cristiano no quiero decir que sea necesario comulgar con alguna religión en particular, sino con la realidad de despojarse de todo (de qué?) e irse por ahí con lo que no tenemos. Porque en definitiva, como dice Simone y tu nos has enseñado "no tenemos nada".
Creemos que tenemos monedas, muros, tecnolgía pero es tan fráil, tanto, que un hilo se corta y ya estamos con las manos vacías.
Un abrazo.

Stalker dijo...

Leonardo:

en tu aspirar a la miopía y la tiniebla hay ya un principio de salvación, madera noble y vida que desborda.

No es necesario "llegar a" ser como nadie. En nuestra pequeña vida se emboscan todos los terrores, todas las "ascensiones" y "caídas" posibles. Y no hay temblor que no encuentre en nuestro cuerpo la traducción que nos conviene y que podremos comprender si la lengua nos absuelve,

un abrazo

Bel M. dijo...

Entre tanto, tanto que leer, releer, meditar, tanto ante lo que asombrarse, me he quedado, de pronto, con dos frases que contienen esa lucidez que casi abofetea, que despierta del sopor incluso a los que nos creemos despiertos:
"La miseria humana resultaría intolerable si no se hallara diluida en el tiempo.
Impedir que se diluya para que sea intolerable."
Gracias, Stalker, por ese baño de intolerabilidad (por cierto, nunca me había acabado de gustar la difusión de la palabra "tolerancia" -aunque no sea exactamente lo mismo que tolerable o tolerabilidad- me parecía que su difusión contenía importantes dosis de trampa y ella me lo ha confirmado).
Y un abrazo enorme.

Stalker dijo...

Curiyú:

así lo veo. Podemos llamarlo cristiano o no... de hecho, ciertas formas de desposesión y renuncia también han sido budistas, taoístas, inscritas en la antigua Grecia...

Pasar de la palabra a la obra es lo difícil, porque eso nos abocaría, por pura coherencia, a la mendicidad.

No me cabe duda de que mientras estemos cómodos y calientes, comiendo todos los días y exhibiendo impúdicamente nuestros lujos y nuestro ocio, estaremos contribuyendo a perpetuar el horror, la desigualdad, la diferencia y la depredación.

Nuestro ocio, sin ir más lejos, hunde sus raíces en el trabajo remoto y esclavizante de masas anónimas.

Debemos ser conscientes de que mientras paseamos extasiados por uno de nuestros museos, haciendo reverencias al Arte y perfeccionando nuestros mecanismos de percepción estética, esa mirada ociosa está sostenida por el trabajo embrutecedor de niños del tercer mundo, encerrados en sótanos, que trabajan a destajo en jornadas maratonianas por sueldos míseros y pierden la vista con velas y se despellejan las manos con herramientas con las que hacen ropa y utensilios para nosotros.

Esto debemos saberlo, y cualquiera que insista en la denegación de esa realidad, cualquiera que crea que no existe una relación causal entre un hecho y otro, o bien vive en la ceguera y se complace en ella o bien es un hipócrita (permíteme que me exprese con crudeza a este respecto; en este y otros temas ya me he cansado de ponerle un preservativo a las palabras).

Yo soy un hipócrita, porque lo veo y sigo aquí. Lo sé y sigo aquí, obstinado en cultivar el jardín de mi interioridad mientras otros muchos revientan para sostener mi ocio, mis paseos y mis lecturas.

Esto es algo que Simone Weil habría encontrado intolerable. Y ciertamente lo es. Todos somos responsables. La nuestra es una sociedad enferma y profundamente hipócrita, y nos han enseñado que esa hipocresía es lo normal, nos han enseñado a normalizar e invisibilizar lo intolerable; lo propio de la gente de bien, de los ciudadanos correctos, es actuar así: reforzando la envilecedora ceguera consensuada.

Tan bien nos han enseñado a perseguir sólo nuestros intereses y beneficio que cuando alguien nos da, nos defendemos.

Todo esto es muy triste

Un abrazo fuerte, Curiyú, aprecio mucho tu mirada siempre

Stalker dijo...

Querida Bel:

esas dos frases con las que te quedas las he subrayado hasta desgastar el lápiz. Hay tanto ahí, tanta lucidez y fiereza, tanta pasión... tantas ganas de darse en un espíritu combativo e inagotable...

Recibir la miseria en uno, la intolerable miseria anegada de infinito... quizá para ello necesitariamos de la santidad, o un corazón tan grande que la caja torácica saltaría por los aires.

El pensamiento de Simone Weil tiene una potencial desactivador enorme. También respecto a algunas palabras y conceptos (bien es verdad que otros los respeta o los da por sentados).

Tolerancia, la tolerancia... También me parece una palabra extraña, de la que desconfío: un vocablo atravesado por demasiadas mediaciones, una palabra ya quemada y que ha sido demasiado instrumentalizada. Lo mismo ocurre con "solidaridad" y con "convivencia": a veces pienso que son etiquetas que la buena conciencia burguesa se da (nos da) a sí misma (a nosotros) para disfrazar las raíces de lo que anda mal, la podrida estructura social y mental en la que asentamos nuestros pasos. Quizá una ética del balbuceo generaría otras palabras, no lastradas por retóricas vanas, y con ellas podríamos avanzar, acercarnos, cuidar al otro o lavar su herida o su miedo.

Contrariamente a lo que podría pensarse, algunas palabras también mueren, mueren de sobrecarga y peso humano, mueren incluso de tristeza, y quizá necesitaríamos sembrar otras y cultivarlas en el pecho, cantarlas cuando maduren (¿y si las palabras mueren de solo decirlas con voz monocorde y cotidiana?), y darlas a comer a alguna bestia enferma que nos dé cuenta exacta de su sabor, y darnos otra vez en ellas, volcarnos en esas palabras recién nacidas, que no conocerán ya la servidumbre que desvirtúa y el estricto olvido.

abrazo fuerte

Stalker dijo...

Nota al margen: cómo me gusta esta fotografía de Simone Weil...

karmen blázquez dijo...

coincido contigo Stalker,es una maravilla sí;y al margen también, una confidencia; me gusta quedarme buenos ratos mirando y mirando los retratos de las personas, y surgen entonces superposiciones,semejanzas, parecidos y apariciones, y en esta en concreto y como al trasluz, veo a Simone superpuesta a W.Benjamin

Stalker dijo...

Karmen:

es hermoso ver esas superposiciones, mimarlas dentro de uno. Junto a Simone Weil veo el rostro de varias mujeres, y traduzco incesantemente los gestos de una otras, las hibrido, las meta-foreo, las transporto, las desenraízo de lo que son para que crezcan en otro lugar: encrucijada de gestos que devienen un único rostro, un solo ritmo y escucha,

un abrazo

entreballenas dijo...

Me consuela su No podrías haber nacido en una época mejor que esta, en la que todo se ha perdido ¿Invocación nihilista o alegría del pintor ante el lienzo vacío?

Stalker dijo...

Entreballenas:

quizá esa alegría y ese nihilismo beben del mismo fuego...

bienvenido

ana dijo...

"yo mismo sea capaz, si me pongo a la tarea, de desmontar analíticamente algunos de estos fragmentos (por incoherencias lógicas, por dar por supuestos conceptos que hay que re-pensar, por trazar correspondencias que desde cierto ángulo de visión consideraría ilegítimas); pero no lo voy a hacer, no voy a desmontar nada. Es más, la fuerza de Weil me desmonta a mí, me anonada, me subyuga, me demuestra la fragilidad de mis estructuras mentales y mi forma de vivir y pensar el mundo. Y en ese cuestionamiento ofrece algo terriblemente vivo y subversivo, más allá (o más acá) de las creencias y la adhesión a cualquier dogma"

Stalker. este comentario creo que entra en el corazón mismo de la escritura de Simone Weill, toca su latido. Yo creo que es necesario que exista un tipo de escritura así, un tipo de pensadora así, pensadora que va más allá del comercio del pensamiento . Y no se trata de manipulación, no creo que Weill nos manipule a la forma en la que lo han hecho y lo hacen tantos otros, a esos sí hay que desmontarlos.

Me ha impresionado la foto que has puesto de ella, no la había visto. Con el rostro de frente, el rostro directamente dado.

Stalker dijo...

Ana:

¡claro que hay que desmontarlos! A mí me gustan especialmente aquellos pensadores que ayudan a desmontar, a romper todas las creencias y conmocionar la base. A cuestionar, incluso, hasta lo que consideramos más sagrado: las emociones, el propio cuerpo, el instinto vivo.

"Ningún constructo ha de durar el tiempo suficiente para que se convierta en creencia", se dice en un libro para mí admirable.

Porque con las creencias matamos lo que fluye, en las creencias vivimos y las utilizamos para esclavizar, destruir, matar (emociones, modos de vivir, pero también personas, y conviene saber que se mata por acción y por omisión de acción).

El rostro de Weil, en esta foto, pierde la dulzura y la sonrisa con la que se lo ve en otros lugares. Adquiere una especie de halo de extrañeza: entre la santidad y el asombro. Yo veo a un ser-otro: alguien que me conmueve excepcionalmente.

Me gusta mucho mirar las fotografías de mis escritoras favoritas: en esos rostros, pliegues, arrugas, expresiones, está todo lo que han dicho y escrito, y es maravilloso leerlo ahí, despertando la letra en el rostro...

abrazos

 
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