sábado, 23 de enero de 2010

Devorar



El otro día tuve un sueño: me descubro observando a una cochinilla, un bicho-bola que se debate, presa de un sufrimiento o corrosión que al principio no acierto a adivinar. Me acerco y compruebo que en el abdomen del insecto hay otro insecto, más pequeño, redondo, moteado (parecido a una mariquita pero sé que no es una mariquita, es algo más oblicuo, más rotundo, más deliberado en su hacer, más meticuloso y voraz) que devora con fruición a la cochinilla. La duda me paraliza: ¿qué hacer? ¿Salvar a la cochinilla apartando al otro insecto? ¿Y acaso el insecto más pequeño no tiene hambre y necesita saciarla? ¿Qué derecho tengo a intervenir? ¿Pero cómo asistir, sin intervenir, al desenlace de este acontecimiento que mi educación, mis prejuicios heredados, mis pliegues más sólidos, me hacen concebir como indescriptiblemente atroz? ¿Cómo dejar que lo que entiendo cruel siga su curso, ahonde el surco del ahora, se derrame incontenible sobre este ahora hecho de tiempo quebradizo, este ahora que configura el sueño a partir de fluctuaciones imperceptibles, que me configura a mí en la fluctuacion, en el márgen, en la duda? Cosificado en mi perplejidad, me debato yo también y ausculto, palpo el mármol que me conforma para hallar una raíz que descienda a mi conciencia alerta: conciencia-raíz también ella, sepultada bajo las capas, bajo la desazón de mi conciencia de espectador: abajo, más adentro de la honda leña muerta que traduce mi horror, el incontenible horror que me quiebra, me hace abanicos y me desborda. Horado e irrumpe al fin, liberadora, la decisión, el impulso: decido salvar a la cochinilla. Con gesto decidido aparto al insecto más pequeño, que desaparece entre la hierba, y la cochinilla se incorpora sobre sí misma, me lanza una especie de tentáculos que me palpan, me acarician: imagino que se trata, quizá, de una inesperada generosidad. Me pregunto por qué los insectos habrían de ser generosos o si pueden serlo. Me aparto del lugar y sigo buscando. Estaba buscando piedras, jeroglíficos, antes de enfrentarme a esa extraña situación. Necesito reunir piedras para construir una llave que abra la puerta a la séptima dimensión, para que ella irrumpa en nuestro mundo y pueda comprender, al fin, la estructura íntima de nuestra psique (ahora no se puede, me digo en el sueño, porque me falta esa dimensión para articular la verdadera perspectiva desde la que, "sobrevolando" -es un decir-, descubrir el secreto entramado que nos conforma: nuestra multiplicidad, nuestra ceguera, el horror y la desaforada pasión que configura la endeble estructura psíquica, ese "haz de husos tensos", que define lo humano). Necesitaba la llave para construir ese punto de vista epistemológico, metafísico, existencial, donde estar lo suficiente para comprender: un punto en el que estar y desde el que traducirme el mundo a un lenguaje que yo entienda y pueda entrañar. Pero ahora esta búsqueda no es importante. Ya no lo es. Regreso donde la cochinilla y ya no está. Pero más allá veo que se ha transformado en un extraño ser homínido. Luego me cuentan que es un homínido-insecto, y esto tampoco importa.

Lo que cuenta es que le "extirpé" al insecto devorador y no sé si hice bien. Me siento bien al haberlo hecho, pero no sé si hice bien.

Despierto y recuerdo una cosa que escribí cuando tenía 19 o 20 años:

"En la arena de una playa, dos escarabajos ejecutan sus escarceos amorosos. Sonrío. La realidad supura vida por todas sus heridas abiertas, inconclusas. Percibo, no obstante, algo extraño en esa cópula. Me acerco, observo, impregno mi observación de prejuicios antropocéntricos. Uno de los escarabajos está aplastado, moribundo; el otro, incorporado sobre el primero, se lo está comiendo –meticulosamente. Lo que imaginaba un precario rito nupcial, la consumación de un himeneo liliputiense, resulta ser un acto de canibalismo. Ceden los diques que contienen mi necedad, exclamo: “¡qué brutalidad, se come vivo a su hermano!”.
Pienso en cuantos Gilgamesh, cuántas epopeyas y tragedias no habrá en el mundo de los insectos, que carecen de las imposturas e hipocresías del nuestro. Pienso en un insecto erudito que historiara las calamidades, el vértigo de esa “civilización” que ignoramos. Pienso en las matanzas, las alianzas, los símbolos, las herejías, en los mitos de ese mundo imperceptible, de tan vasto; invisible, y sin embargo, tan desaforadamente aquí.
Proyecto nuestros errores sobre todo cuanto veo, soy necio, hombre al fin".

Y ahora, en la vigilia, renuncio a las interpretaciones psicoanalíticas, a la exploración de los posibles símbolos, a exhumarme a mí mismo de mi palimpsesto y tratar de acercar el sueño a la estructura de coherencia de este mundo: renuncio al relato que descubra los motivos del sueño en estructuras cognoscitivas que tengan que ver con el trauma, la frustración, la búsqueda: esas etiquetas con las que los expertos de la mente construyen sus castillos ilusorios y nos explican, para darnos seguridad o anclarnos en un relato controlado, "narrable", para desactivar el peligro de la incertidumbre, la incomodidad del miedo que no sabe decirse.

Me quedo con esa duda del sueño, que es una duda de la vigilia: ante una naturaleza que se basa en el eterno ciclo de seres que se devoran unos a otros, ¿aceptar, dejar hacer, dejar estar, porque eso es lo natural, ya que así es como opera la ley inexorable de la naturaleza, basada en la depredación, en la entropía, en el sucederse de innumerables generaciones que perpetuarán el código, el hambre, la intemperie? ¿O negarse, no acatar el ciclo que, pese a que uno lo intente, no puede dejar de sentir como crueldad universal, aterradora, omnipresente?

En esa tensión dialéctica oscilo. Soy incapaz de conciliar ambas tendencias. No encuentro una síntesis. Respetar la rueda inapelable, sí, pero luego, en el ejemplo concreto, sin duda trataré de salvar al corzo o al insecto devorado por las hormigas, siendo injusto con el lobo o con las hormigas que sólo quieren saciar su hambre. Pero la sensación de horror se me subleva en las entrañas y me fuerza a intervenir: a no comer carne, a apartar a las babosas y caracoles de las carreteras, gestos que remiten a lo mismo.

Ni siquiera haberme criado en un pueblo ha logrado vencer ese impulso. Mi abuela mataba sus animales con sus propias manos, y yo nunca comía. Ahogaba los perros recién nacidos en un balde de agua, y yo intentaba salvarlos (sólo para llevarme un coscorrón y que los perritos volvieran al balde; en realidad lo único que yo lograba era prolongar su agonía). Mi abuela no era cruel: cuidaba a los animales, los amaba. Y los mataba para alimentarnos, sabía matar de un solo golpe infalible, reduciendo el dolor, o el vértigo de la extinción, al umbral mínimo. En la matanza del cerdo, recuerdo que corría a esconderme entre los olivos con las orejas tapadas para no escuchar el invencible alarido de dolor de los animales que, a pesar de todo, me taladraba los tímpanos. A los 7, a los 8 años sucumbía a ese horror y no entendía. Y ese mi no entender sigue aquí, 25 años después. Y es algo que duele. Me duele

Quiero decir: fui criado en eso, nadie me "enseñó" que aquello era cruel. No, aquello era lo natural, lo correcto. Sin embargo, me rebelaba contra ello, ya desde que tuve uso de razón. No logro explicarme por qué, pero es así.

Y sigo, sigo sin saber cómo operar la síntesis: cómo redimir esa tensión que me producen los contrarios irreconciliables. Cómo hallar, en definitiva, la paz en mi relación con todo esto.

Abrazos a todos.

69 comentarios:

Eastriver dijo...

Bueno, es tan interesante, hay tanta significación que ni sé por dónde empezar ni sé sobre qué comentar y sobre qué no. Es un análisis de las diferentes formas de la crueldad aparente y tu relación con ella. Muy interesante, tanto el sueño, como el recuerdo que el sueño despierta, como la mención a la visión del niño y su relación con los animales. Lo único qu me queda claro es que es un viaje hacia atrás en el tiempo: partiendo del hoy hasta terminar en el niño, pasando por el joven. Ir atrás para comprender el presente, pero por otros caminos que se aparten de los trillados. Me gusta mucho leerte porque sabes desorientarme y eso produce inquietud.

Fackel dijo...

No la vas a encontrar (la paz) No vas a ver salida. Ni a resolver el problema. Te cansarás poco a poco, te desasosegarás, tu rostro se tornará hosco, adelgazarás, te convertirás en humo incluso, te agotarás al fin por proponerte la negación. La vida permite elegir, pero propone siempre un sólo resultado. No siempre lo vemos claro ni sabemos si es el correcto. O aunque lo veamos, si no es el resultado con el que estemos de acuerdo, pereceremos de alguna manera. Nos debatimos entre opciones, posibilidades e incluso convivencias aparentes. Pero al final una actitud -tal vez una fuerza, una superación, una tiranía de los hechos desgarradores, no de la voluntad- se impone a otras. Si no es la que hemos elegido, nos arrastra. Como en tu sueño. Así vivimos muchos. Así morimos muchos, más o menos imperceptiblemente, cada día. ¿Crees que los que se dejan llevar y aceptan la corriente son más sabios? Puede, si ser más sabio es tener más clara -u oscura, por insensible- conciencia de la supervivencia. Las leyes de la supervivencia son biológicas, jamás morales. Ahí. ciertos humanos estamos atrapados. Vemos más allá de lo forzado, nos hemos ilusionado con la salvación en este mundo. Y no hay otro. ¿Qué haremos cuando alguna modalidad, ayor o menor, de soah nos exija tomar partido? Acaso ya estamos optando. A la vez seremos bicéfalos. Pero el desenlace sólo quiere un rostro. No, no hay paz posible, no nos engañemos. Optaremos por un arrebato que libere nuestras entrañas o por una aquiescencia temerosa que a corto plazo nos deje salvar el pellejo. La humanidd, tú, yo, cualquiera, sigue siendo materia bruta, a pesar de ciertas exquisiteces que la Historia le han permitido. Y a nadie le importará ni tu vida ni la mía. Y no me hagas poner ejemplos, que los conoces.

Un abrazo, Stalker. Y a pesar de eso...deberás resistir.

Lola Torres Bañuls dijo...

Stalker he leído y no sabía que decir. He leído Eastriver y Falker y tampoc sabía que decir.
Ne encanta el discurso de Stalker me ha encantado.
Luego me he quedado mirando la pantalla, picoteando, moviendo la patita de ave zancuda de un lugar a otro, he visto una lombriz y no me la he comido, una hormiga y la he visto llevarse una miga de pan. Luego he cogido una arañita y con el pico me la he comido. De vez en cuando miro a los hombres desde mi vuelo y veo que son bastante crueles, más crueles que los insectos. Mucho más crueles que los insectos algunos. Pero los insectos no se planten todas estas cosas. Los humanos sí, pero al mismo tiempo somos más crueles mucho más.

No sé.
Luego me he ido al Tao y he sacado esto para ti:

16. Trascendiendo la Naturaleza
Vacía tu Ego completamente;
Abraza la paz perfecta.
El Mundo se mueve y gira;
Observale regresar a la quietud.
Todas las cosas que florecen
Regresarán a su origen.

Este regreso es pacífico;
Es el camino de la Naturaleza,
Eternamente decayendo y renovandose.
Comprender ésto trae la iluminación,
Ignorar esto lleva a la miseria.

Aquel que comprende el camino de la Naturaleza llega a apreciarlo todo;
Apreciandolo todo, se convierte en imparcial;
Siendo imparcial, se convierte en magnánimo;
Siendo magnánimo, se convierte en parte de la Naturaleza;
Siendo parte de la Naturaleza, se hace uno con el Tao;
Siendo uno con el Tao, se alcanza la inmortalidad:
Piensa que el cuerpo perecerá, el Tao no.


Bueno no sé la razón de mandarte este trozo del Tao que ni yo comprendo.

Un abrazo Stalker de ave zancuda.

Bel M. dijo...

¿Recuerdas, Stalker, aquella serie de tres poemas que puse en el blog y después borré, "por qué huyo de mí"? En ellos hablaba de la escritura, de por qué no escribo poemas, por ejemplo. Conozco casi todas las razones. En el segundo, que creo comentaste, hablaba de palabras, pero era en realidad la continuación del primero, que creo borré antes de que lo leyeras. En el describía un acto de crueldad. Ésa es una de las razones, entre otras, de por qué no escribo, "por qué huyo de mí", porque cuando lo intento, eso me despierta de la semianestesia en la que vivo y me muestra sin clemencia la crueldad, esa crueldad que percibo incluso en aparentes movimientos inocentes, una fugaz mirada, un gesto rápido, cierta inflexión en la voz... yo huyo no escribiendo, pero tampoco eso me ha resuelto nada.
Me ha encantado cómo lo has escrito tú. Es eso, exactamente eso, de manera precisa y certera.
Sólo, si me permites una precisión, el verdadero psicoanalista, aquel que une al reconocimiento de su no saber su condición ética, jamás explica, ni interpreta símbolos, ni "nos da seguridad", al contrario, despoja de las certezas precisamente desde su conciencia de lo no narrable, de la incertidumbre como el lugar.

Un gran abrazo.

P.S. Un poco de humor (negro) para decir la única certeza posible desde esa ética del no saber.

http://www.youtube.com/watch?v=xG2ledvd42M&feature=related

leonardo dijo...

Muy interesante, Stalker. Como tus precedentes lectores no sé qué decir, pero comprendo, comprendo. Me reconozco en algunas experiencias de la vida en el campo, la muerte del cerdo, por ejemplo. O de los pollos (una vez mi padre me obligó a matar a uno para que aprendiera es un recuerdo imborrable y traumático), o dispararle a los pájaros. He tenido muchas experiencias de muerte con los animales y te entiendo. El dilema nunca desaparecerá, porque nuestra conciencia nunca formará parte de la naturaleza, creo yo. Sólo siendo parte de ella podríamos ser indiferentes, pero no, y la naturaleza es cruel, aunque no todos las creaturas lo son. Ser animal no es fácil, integrar la crueldad como principio de vida, dejar de hacerse preguntas cuando somos lo que somos es, quizás, tarea imposible. Pero tal vez es mejor así. Quien es cruel con los animales no vacilará en ser cruel con sus hermanos. El búfalo es un animal apacible y contemplativo. Rumiar observando a su alrededor es su mejor manera de aprehender su entorno. Y tú lo haces maravillosamente. Y lo compartes. Gracias por ello.
Un abrazo

Carlitox dijo...

Gombrowicz dijo más o menos que mientras descifrábamos un signo, había muchos otros de por medio que habíamos dejado escapar junto con sus respectivas interpretaciones.

Curioso. El test de turing de blogspot tenía la palabra "fragw". Frage pero incompleta por la última letra errada.

soperos dijo...

córtate un dedo y cómetelo.

sal de la baldosa.

es decir, no te cortes el dedo y córtate el pelo, al cero, en vez del dedo, así se sale de la baldosa.

incluso no es necesario que hagas todo esto. en primavera, imita.

¿dónde está la primavera?
ahora es invierno, nace de ahí.

besos,
òscar

*escribir es asearse.

[hoy, recibe mi cariño especialmente]

Bashevis dijo...

Ayer me pase por aquí. Hice un amago, intente decir algo, pero no me salía nada. O cuanto salía me parecía inoportuno. Inoportuno no es la palabra. Sabes, las palabras no sirven para casi nada. Ni la poesía, ni nada de eso. ¿Algún día necesitaremos la poesía? Necesidades. Hoy tampoco voy a decirte algo muy diferente, más bien lo mismo. A mi no me ha encantado tu discurso, no me parece un discurso. No puedo establecer demasiadas analogías entre mí y el mundo animal. Devorarse entre uno y el texto, y no llegar a ninguna parte. Acabo de hablar contigo. No vas a encontrar la paz tan fácilmente. Te escribo desde el dolor. Bueno, no exactamente. Ahora quizás no. No es un lugar, un estado, es la gente. “Hoy recibe mi cariño especialmente” me parece un principio, de algo, de un algo que empieza hoy, cada día. Supongo que una mano parece solo eso, una mano. Yo te doy la mía, solo eso. Para empujar juntos, sujetarte, llevarla al hombro, sin voz hablar, recoger hojas caídas en forma de cuenco.

Una mano abraza una mano. Un espacio como ese distensa una vida. Cómo hallar, en definitiva, la paz en mi relación con todos ellos.

No se si he dicho nada. Mi mano, tu.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Te leí varias veces, sintiendo tu dolor. Es el desgarramiento provocado por la crisis de sentido y ese desgarramiento es el precio que paga quien se hace preguntas, intuyo. Quien se acerca para indagar y descubre que lo que parecía sexo a la distancia es, en la proximidad, un homicidio.

Vos no te quedás donde estás. Apartás los caracoles y las babosas del camino. No comés carne. Y te tapás los oídos para no escuchar el alarido de los cerdos (que creo es muy semejante al de los niños).

Interviniste y salvaste a la cochinilla (porque su vida era más importante que el hambre del insecto que la estaba devorando). De ese gesto enorme (porque es enorme, realmente) se desprenden tantos como ramas de un árbol, de idéntica sensibilidad.

Tu sensibilidad se activa ante la crueldad, en todos sus niveles. Aun en ese mundo del reino animal del que habla Fackel, en el que ciertamente quizá no se trate de crueldad, sino de actos sujetos exclusivamente a la ley de la biología (el insecto devora por necesidad y el devorado no sabe anticipadamente que morirá ni se pregunta cuándo o cómo).

Cuando tu mano actúa (acariciando, rescatando, amortiguando) el dolor en tu entorno inmediato (el de un animal o el de un hombre o una mujer), ya podés sentirte en paz con vos mismo, aunque siempre sea posible hacer un poco más o aunque estemos destinados a vivir en un mundo sin dios o concebido por un dios malo.

Ese gesto de quitarle el dolor al prójimo (al que vive con uno o al vecino) ya es mucho, mucho. En la naturaleza no podemos modificar la ley, pero sí en el reino de los hombres.

En nuestra cotidianeidad podemos preguntarnos qué pasa, acercarnos para ver mejor e intervenir. En nosotros mismos (cuando nos autodevoramos, cuando nos autodestruimos) y en el círculo concéntrico más próximo, el de aquellos a quienes vemos todos los días.

Es necesario, previamente, un acto de violencia, sí. A nivel personal, hay estructuras heredadas de las que emanciparse y demonios interiores para liquidar (el terreno del psicoanálisis).

A nivel social ... idéntico razonamiento: algunos tendrán que resignar parte de lo que tienen para que la distribución de lo que hay sea más justa (el terreno del marxismo). Pero en este nivel social no estamos obligados a intervenir. No, al menos, en el sentido de la militancia política.

Hay otra formas de militancia, oblicuas y más eficientes. Tu Marienbad es una de ellas. Es intervencionismo puro. Elegir determinada poesía, darle visibilidad y ponerla al alcance de todos.

Y la poesía que elegís es la del "ojo descentrado", la poesía que te interpela y te desestabiliza. (El "ojo" de las vanguardias históricas revolucionarias, ahora que lo pienso, contemporáneas al marxismo y al nacimiento del psicoanálisis)

La poesía que nace en el invierno, como dice oscar (dios, escribió un poema-búfalo) y a veces hasta antes, para poder soportarlo. Y que se rinde ante manos como las que te rodean.

Sumo éstas, desde el sur, y te abrazo muy fuerte.

Yaiza Martínez dijo...

Querido Stalker, me encantó la entrada. No tengo muchas palabras que añadir, sólo quería decírtelo. Yo no tengo respuesta alguna para la paradoja que supone la vida. Sólo buenas intenciones y deseo de mantenerme a flote hasta que el tiempo me lleve, como a todo lo vivo. Me gustó muchísimo la intervención de Lola Torres Bañuls, la sensibilidad con la que ha puesto a tu alcance uno de los epigramas del Tao Te King. Casualmente, desde hace unos días lo tengo en la mesilla de noche. Para mí siempre ha sido un libro verdaderamente sagrado. Creo que leerlo con atención ayuda a recorrer la vida (TE), sintiendo su sentido(TAO), que es rítmico, cíclico. El dolor es inevitable, dada la ineludible trama de los ciclos. Pero también el dolor acaba o se puede transformar, está sometido a idénticas leyes que nosotros. Bueno, no me enrollo más, te mando un abrazo muy grande, Yaiza

raúl quinto dijo...

curiosa entrada, donde te desnudas un poco y nos dejas caminar por tu inconsciente y por tu consciente... ese debate que te corroe se puede aplicar a muchas facetas de la vida, esa dialéctica, pero concretamente en la rueda animal de supervivencias y destrucciones creo que no has escogido mejor lugar para vivir en la ausencia de esos estímulos directos que la gran urbe, allí la devoración animal es casi simbólica (en el fondo estás hablando del hombre y su darwinismo social, o eso interpreto)... pues eso, como dices parece ser que lo natural es contra lo que te revelas, el lobo cumple su función animal y no hay ni pizca de maldad en sus acciones, tu compasión es un acto muy humano, y ya sabes que lo humano siempre suele ser lo más antinatural del mundo. O a lo mejor no.


abrazos peludos de cochinilla.


PD. Lo que más me ha "gustado" ha sido tu relato de tu miedo en el pueblo ante los actos de tu abuela, me ha parecido muy muy real.

Camino a Gaia dijo...

No esperaba encontrar en esta entrada tanta similitud en vivencias. Fuimos muchos niños los que reaccionamos de la misma manera ante el ritual de la matanza del cerdo. Yo lo viví entre encinas en vez de olivos, pero idéntico en su esencia. Encontré la paz sin embargo, en la comprensión, de que tan natural como el gesto de devorar es el de salvar, el de evitar el dolor ajeno. Tan natural como el gesto de devorar la cochinilla, es el gesto de evitar ese acto, no es necesario justificarlo como humano. Si el impulso de curar sigue presente, es porque la naturaleza necesita de su existencia.

Tera dijo...

"Mi abuela mataba sus animales con sus propias manos, y yo nunca comía. (...) Mi abuela no era cruel: cuidaba a los animales, los amaba. Y los mataba para alimentarnos, sabía matar de un solo golpe infalible, reduciendo el dolor, o el vértigo de la extinción, al umbral mínimo".


Querido Stalker, creo haberlo entendido todo y no lo digo con presunción, porque eres tú quien lo ha escrito: la crueldad, el amor, la tensión. Todo. "Todo esto".


Un abrazo grande

PÁJARO DE CHINA dijo...

Stalker querido, solo quería decir que es precioso tu olimpo profano de voces femeninas, donde resplandece nuestra Laura. Y la luz en esa fotografía de Chantal. Y el "aka búfala".

Hay que aferrarse a ellas para resistir.

Te sigo abrazando fuerte.

PÁJARO DE CHINA dijo...

Me estremecieron estas palabras de Yaiza: "Yo no tengo respuesta alguna para la paradoja que supone la vida. Solo buenas intenciones y el deseo de mantenerme a flote hasta que el tiempo me lleve, como a todo lo vivo". Las leí hace varios días y me persiguen. Son de una dulzura arrasadora. Son un poema que se deja caer.

Eso, eso quería decir, también.

soperos dijo...

le queda divino el peinado al blog. yo también sólo quería decir eso, una ristra de personas fabulosas...

más besos,
ò.

*y que es un placer leeros.

rubén m. dijo...

Stalker, tu sueño es inquietante y planteas muy intensamente un dilema para el que no tengo solución, mi mente se atasca al intentar devanar ese nudo naturaleza/civilización. Decía Burroughs en una entrevista que los insectos nos inquietan y asustan porque no sentimos empatía hacia ellos: podemos identificarnos con la expresión de dolor de una gacela devorada o la expresión de hambre de la leona que se lanza sobre ella, pero no con el apareamiento de unas moscas o la agonía de una cucaracha. En ese sentido tienes una sensibilidad peculiar y aguda al activarse de tal forma en esa visión. Los insectos son una otredad muy fuerte donde uno percibe esa muda crueldad de la naturaleza que es una falla para el lenguaje. La misma palabra "crueldad" es absurdamente inapropiada. Habría que internarse en un modo de ver lispectoriano, un radical respeto a la otredad, sin someterla a nuestros esquemas humanos, como posible respuesta a estos dilemas (esa más o menos sería mi actitud), pero eso también supone una transigencia con el dolor que se opone a tu sistema ético, y ese sistema creo que es muy digno y lo has construido contracorriente, no como un fácil ecologismo de quien no ha visto una gallina en su vida. Por eso pienso que debes quedarte con esa ética tal vez sin tan siquiera analizar sus cimientos filosóficos.

Por otra parte ese texto que escribiste renueva mi intuición de que, el día en que te decidas a mostrar tus escritos más ocultos y personales, se descubrirá a un escritor de los que hay pocos.

Un abrazo fuerte.

Arturo Borra dijo...

. Querido Stalker, tus sueños son estremecedores. En el primero, hay como una lucha entre dos vidas, una que “parasita” la otra, aunque no sea estrictamente un parásito. Y al final –pienso que hubiera actuado de forma semejante-, uno termina interviniendo a favor de quien sufre la devoración, aunque sea ley evolutiva (y asignarle crueldad ya sería una extrapolación moral). El relato de ese sueño me ha disparado a Gregor Sampsa, el escarabajo de La metamorfosis que lleva una manzana incrustada en su caparazón. Esa imagen me ha seguido por mucho tiempo, con todo su horror. Me hubiera gustado ayudarlo; alguna caricia tierna, arrancarle ese “cuerpo extraño”, sacarlo de ese estado de impotencia. Ese "haz de husos tensos" maillardiano aquí se inclina a la compasión. Quizás no podamos sentir por todos; entonces, vamos a quien más sufre. El otro parece una devoración amorosa. Pero ese pensamiento mismo sería antropomórfico quizás. Como toda asignación de crueldad, como toda atribución de sentido. Al final, quizás lo único que nos quede es un silencio estupefacto ante esa diferencia radical.

Por eso esta lectura improvisada (ni cualquier otra) no podría suprimir todo lo que hay de incognoscible. Ni siquiera lo haría el psicoanálisis, que jamás pretendió tal cosa: a lo sumo, reconstruir algún sentido, necesariamente rebasado por el acontecer del sueño. Quizás más que de renunciar a la interpretación se trate de no quedarnos entrampados en ella. Quizás no toda voluntad de saber sea afán de dominio; uno aprende a vivir en la oscuridad y, sin embargo, no se rinde ante ella. Reconducir lo conocido a lo desconocido, decía N. Y así, no permitir que las aproximaciones se hagan jaulas.
Gracias por compartir estos sueños tan conmovedores que, al fin y al cabo, muestran otra forma posible de ser lo humano.
Un fuerte abrazo,
Arturo

PD: la entrada de H.Ossott me ha resultado reveladora.

PD1: la inclusión de las imágenes de poetas me parece también muy acertada. Cada una de esas manos gestan un mediodía inédito para los párpados.

Laura Giordani dijo...

Querido stalker:

He leído detenidamente tu entrada y las inquietudes que lanzas y me siento totalmente identificada con ese no saber encontrar un equilibrio, un punto de ecuanimidad ante tanta macrofagia universal. Me han impactado especialmente los relatos de tu infancia... tu abuela con el balde y los perritos, la matanza del cerdo. Y casi he podido sentir tu zozobra entre los olivos, refugiado de los gritos terribles del cerdo, que suenan tan humanos cuando los están matando.

A mí también me despierta un costado de rebeldía, de no aceptación de tanta crueldad. Y me pasaba lo mismo cuando era niña.

Recuerdo a la mamá de una amiga contra la pila del lavadero con guantes de latex naranja, ahogando unos seis cachorritos que su perra (una collie preciosa) había parido de algún perro callejero. Esa imagen produjo en mí algo de lo que no se regresa nunca. Las mismas manos que nos habían preparado tantas veces la merienda, ahora estaban abocadas a sumergir esas seis criaturitas en el fondo de un balde de metal. Me senti morir, sencillamente. De indignación, de impotencia.
Y así tantas veces: un corderito con el que había jugado y al que había puesto nombre, descuartizado en la parrilla grasienta al volver del río. Sólo recuerdo que todo se nubló durante unos momentos y caí al suelo. Luego, la furia, el llanto. Y las sonrisas de los adultos, sus comentarios sobre lo “tierna que es la carne de los chivitos, cuanto más chiquitos, mejor”.
Y las gomeras ( creo que por aquí les dicen tirachinas) tensadas en la siesta, haciendo estallar algún nido, las plumas cayendo, el vuelo desesperado. Y el sonido de las fustas sobre los lomos lacerados de los caballos, su mirada... en fin, para qué seguir. No puedo encontrar un punto neutral ante el sufrimiento,
Confío ciegamente en eso que se nos rompe al ver escenas así, esa disonancia, esa rebeldía, es sagrada todavía. Me aferro a esa compasión que desdice sin argumentos la cadena trófica y todas las argumentaciones darwinianas del caso.
Confío, sobre todo, en esos "husos" intensos de la infancia.

Te mando un abrazo muy fuerte,
Intensa entrada.
Laura.

ana dijo...

a mí también me duele

nunca pude ver a un gorrión muerto sin sobrecogerme

Mercedes Thepinkant dijo...

Cuando nos identificamos con el dolor de otros seres y hacemos lo posible para aliviar ese sufrimiento, en realidad ¿cual sufrimiento estamos aliviando?
La pregunta es ¿cuanto sufrimiento ajeno podemos soportar antes de actuar? Cada cual tendrá su propio nivel. Desde el mas bajo (psicópata asesino inmutable) hasta el mas alto (neurótico compulsivo)
Nunca se puede estar seguro de actuar correctamente porque si se piensa con el corazón y se intenta hacer el bien ¿cual bien? ¿el que creemos nosotros? Si actuamos desde la racionalidad corremos el riesgo de se injustos, si desde la visceralidad, ahí nos puede nuestro própio dolor, nuestra memoria, nuestras experiencias (los recuerdos de la niñez); sea como sea siempre nos faltaran piezas del puzzle.
En ello estamos todos, me parece a mi.
Un abrazo. Un placer pasar por tu blog.
Por cierto: ME HA SORPRENDIDO GRATAMENTE TU PROFESION, no tenía ni idea que existiese algo así, aunque yo no soy de esas de rebaño... que se le va a hacer, voy por libre... o lo intento.

Arturo Borra dijo...

Leyendo otras experiencias, y puestos en un registro más íntimo, quería recuperar dos experiencias dolorosas. Siempre conviví con todo tipo de animales: en mi casa, tuvimos nutrias, sapos, caracoles, palomas, canarios, calafates, manones, tortugas, perros, gatos, conejos, loros, cotorras y hasta un pato sirirí. En toda mi infancia hasta bien entrada mi adolescencia me identificaba con todos esos (otros) animalitos. Tenía una secreta unión que mantengo hasta el presente. Especialmente la muerte de ese pato que nadaba con nosotros en la “pelopincho” cuando éramos niños me marcó más de la cuenta. Y un perro que adoraba –se llamaba Buggi-, que me acompañó por muchos años como nadie y que un mal día lo envenenaron con veneno para pumas. Murió retorciéndose frente a mi impotencia. Me mordía la mano de dolor, sin dañarme, y yo lo acompañé en sus estertores. Fue una de esas experiencias terribles que llevo hasta hoy. Ese perro para mí era cualquier cosa menos una “mascota”: era mi acompañante y estuvo en muchos momentos difíciles. Se acercaba a mí cuando me veía triste, jugaba a las escondidas conmigo y lloraba cuando yo lo hacía. Por eso su pérdida significó tanto como la pérdida temprana de algunos otros seres queridos.
La otra experiencia está vinculada a lo que hice unos años después –habrá sido a los 16 o 17-, la primera y última vez que fui de “caza”. Estábamos en un pantano, con el agua hasta la cintura, con una escopeta. Había disparado algunas veces sin acierto. Ya estaba atardeciendo y se posaron algunos chajás –que son unas aves enormes, hermosísimas- cerca de nosotros. Mi amigo me dio la escopeta y me dijo: “no vas a errar, eh…”. Yo apunté y disparé. La perdigonada dio en su blanco, para mi desgracia. Quedaron cuatro chajás inmóviles. Al acercarme, pude ver toda la belleza caída, reducida a la categoría de “alimento”. Recogimos las aves y las llevamos a casa. Y aunque nos alimentamos de ellas, me sentí un criminal. Tardé mucho tiempo en perdonarme. En ese momento, supe que jamás volvería a hacer algo así. No es que hubiera crueldad, pero no es necesario que esté presente para hacer daño. La inconsciencia de cuán letales podemos llegar a ser, me parece, es tan perniciosa como la falta de compasión. E interroga sobre las condiciones del mal humano y sobre las normas culturales que tenemos que elaborar para hacer posible la convivencia no sólo con los otros grupos humanos, sino también con la naturaleza. Normas que no imitan lo natural: que nacen de la promesa de que la evolución como fuerza ciega no sea la única fuerza que nos gobierna.
Otro abrazo,
Arturo

Lola Torres Bañuls dijo...

Stalker me recuerdas a mi padre que amaba los animales. Si andaba y veía un bicho en el suelo levantaba el pie para no pisarlo.

Un abrazo a todos.

Portinari dijo...

Zürn me miraba cuando te leía.
Yo me acordaba durante todo el trayecto de la rata que vimos cuando caminábamos, y de mi posterior comentario estúpido, porque había visto el mes pasado a un gorrioncito muerto delante de la puerta de la cafetería de la facultad y casi lo piso, casi acabando de inhumar su "cadáver". Pensé fugazmente en el gorrión, en el lugar y en la situación de mi pie, a apenas unos centímetros de su cuerpo siempre inofensivo. Pensé en la rata, y en la sorpresa de la carne. Pensé: "no soporto que haya cosas muertas por la calle"; "no soporto el olor de la muerte"; me acuerdo del gorrión: "no soporto que las cosas se mueran, y estén en la calle".
¿Por qué? es con probabilidad otro artefacto social más: enterrar, no mirar a la muerte a los ojos -dejar esas canicas celanianas a un lado-.
Cuando pienso "no soporto que las cosas muertas estén en la calle", digo: "no soporto que la muerte esté a la vista". Pienso ahora: menudo pudor. Y sin embargo: ¿lo miro? me detengo, con el pie a unos centímetros del gorrión: "¿y qué si lo hubiera pisado?"
Más allá de su cuerpo estaba la ternura que me infligía verlo allí aplastadito: no lo pisaría: terror. Entonces, ¿el sentimiento está sólo dentro de mí?
En esta alegoría me suspendo contigo cuando dices que tu abuela quería a los animales: qué está bien, qué está mal. Qué código de conducta es ese que tenemos instalado en la cabeza, el que nos hace reaccionar. Más allá de estas preguntas está la ternura que me inclina hacia el pájaro, el terror de contemplar al roedor en la calle. La actitud de lo que circunda para con ese "no-ser". Mi propia actitud de ironía cortante, de aplastar aún más el cadáver: de enterrarlo para no verlo.
Soy muy egoísta, y sin embargo juzgo a mi padre por cazar, cuando él es bastante probable que no piense nada, y que actúe de manera directa: hubieran sido las manos que recogieran al pájaro, a la rata. Hubieran sido las manos que dijeran: ley de vida. ¿Hubiera sido lo mejor? quizás no tenga que plantearme eso, pero sin embargo, yo me causo náuseas, no es la muerte, es mi dualidad.

Gracias por dejarte leer por nosotros hacia adentro.
Un abrazo.

P.S: Hay un poema de Panero que me gustaría lanzarte como proyección de lo que intuí de lo que dijiste. Te dejo el link.
http://amediavoz.com/paneroLM.htm#NECROFILIA

Belnu dijo...

Lo que dices del psicoanálisis no encaja con lo que yo sé del psicoanálisis, que no da esas respuestas que tú dices. Ya sé que está de moda arremeter contra el psicoanálisis, no sólo desde las instancias políticas y las llamadas neurociencias, los laboratorios farmacéuticos etc. De hecho en el blog de Xoroi cuentan lo que nos viene: una ley represiva que identifica la depresión (por lo visto sobre todo femenina) con enfermedad mental y prevé internamientos y medicaciones obligatorias. El artículo del psicoanalista C.Rey es apasionante; habla de Janet Frame y de su sufrimiento. El psicoanálisis propone una escucha. El resto sólo propone tapar la boca con química y represión. No sé en qué te basas para esos comentarios, de los que disiento. Yo me lamento de la pérdida del humanismo que hay en el psicoanálisis como también lo había en la psiquiatría en sus orígenes. Lo que reina ahora es lo que denunció Foucault y es espantoso. A Janet Frame la salvó (por los pelos) la escritura, pero no todo el mundo tiene tanta suerte.

Stalker dijo...
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Stalker dijo...

Querido Ramón:

me alegra desorientarte, en serio. Pero no olvides las migas del pan, que el bosque es muy oscuro y los cazadore furtivos acechan y cazan hombres (de los animales no hay que temer, son aliados...)

abrazos

Stalker dijo...

Querido Fackel:

tu mensaje es un río, inunda y confortan esas perplejidades... Me das en el centro de ciertas dudas que se me hacen cuerpo, herida encarnada o pulso que se angosta y se quiere trepar a la garganta, para cambiar allí y proyectarse en grito...

¿Cómo conciliar la biología y la moral, es decir, el estar del cuerpo y el constructo que la conciencia ha elaborado y con el que queremos, también, gobernar los impulsos del cuerpo? ¿Dónde operar la síntesis? ¿Dónde está el mediador entre el animal y el extraño ser mental que nos conforma? ¿A qué conciencia interpelamos? ¿Dónde el consuelo? ¿Por qué tener que elegir?

Tus palabras cuidan esos miedos y ayudan a seguir, Fackel, gracias de verdad

Stalker dijo...

Lola:

el Tao te King está siempre ahí: almohada, bastón o ungüento, poco importa. Ayudará a cicatrizar y me gusta medrar en su estela, demorarme en ese pensamiento. Hace miles de años, en aquella China remota, tal vez hubiera sido taoísta. Ahora no puedo, hay murallas que no se pueden abatir. Pero el ungüento, siempre, y la calma adviene en esa sabiduría que acepta y acalla el rumor desenfrenado de las estrategias mentales que urdimos y nos niegan a la inmediatez, a la concertada música circundante.

Abrazos y gracias

Say dijo...

"Después de la infancia no descubrimos nada nuevo, sólo regresamos una y otra vez al mismo terreno, en una lucha que no se resuelve". Bruno Schulz

Has descrito imágenes, vivencias y recuerdos que a la vez que nos devoran, nos lanzan a cuestionarnos este ciclo natural y cruel al que aludes. Quizás no podamos cambiarlo pero ese planteamiento constante, nos ayuda a causar menos daño a nuestro alrededor. Es una lucha descarnada a la búsqueda de algo que la propia vida no puede dar.

"Hay muchas cosas que quedan grabadas en nuestro corazón y en nuestra mente sencillamente como impulso" Andrei Tarkovski

Stalker dijo...
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Stalker dijo...

Bel M:

quizá es así y al escribir se exacerba esa conciencia de la crueldad cotidiana... Sin embargo, a mí me ocurre más aún cuando no escribo, cuando me limito a guardar silencio y observar. La red del mundo en que vivimos está tejida por innumerables violencias, muchas de ellas invisibles. El otro día, en la cola del supermercado, una anciana con un bastón y dificultades de movilidad se acerca a la chica que hay delante de mí y le pide por favor si la deja pasar primero (sólo lleva una botella de leche). La chica joven se gira y automáticamente le responde: "Señora, es que hay que guardar cola, yo he hecho la cola...". La anciana se queda titubeante, indefensa: no sabe qué responder. Me dispongo a intervenir cuando la chica, de pronto, la deja pasar: "Bueno, pase", le dice secamente. Algo le debió pasar, algo pasó por la mente de la chica: las capas que nos definen se horadaron y entró la vocecita interior, la conciencia admonitoria. Algo se activó y dejó pasar a la anciana. Pero la violencia primera, el impulso insolidario, fue ya imborrable: no dejar pasar a alguien que, a todas luces, no podía guardar cola porque apenas se mantenía en pie y que la habría retrasado sólo algunos segundos. Aquello fue una sombra corrosiva que bastó para desconcharme el día.

Hablas del psicoanálisis y bien, habría que deslindarlo del psicoanalista. Nada en contra del individuo que está y atiende, y lo hace desde la compasión, la ternura, y le pone el cuerpo a su oficio. Pero el psicoanálisis, como ciencia, para mí es un mecanismo que ejerce violencia porque coloca al paciente en una situación de inferioridad, lo cosifica, lo disecciona. Además de presentar una serie de inconsistencias inherentes que algunos pensadores "deconstructivistas", como Derrida, se encargaron de sacar a la luz (a sus trabajos me remito). Yo no puedo creer en lo que diga un experto de la mente, como no me creo lo que me dicen los expertos políticos, económicos, etc. Los expertos generan discurso, a menudo discurso vacío, plagado de inconsistencias, y lo que es peor, al servicio de ciertos intereses.
Es un lugar común atroz, pero hay campesinos con una capacidad de escucha y comprensión que harían empalidecer a los más acreditados profesionales de la mente. Una simpleza esto que digo, sin duda, pero los he conocido.

Respeto para los profesionales de la psicología y el psicoanálisis que trabajan desde la atención, la compasión, desde el no-saber. Contra la Psicología (o las Psicologías), contra el Psicoanálisis, en cambio, el principio de sospecha, siempre. La desconfianza, siempre.

Gracias por el vídeo de Lacan, al que conocía. Como puedes suponer, no simpatizo con el personaje ni con su enseñanza. Sí con su puesta en escena, que me dice y me enseña más que sus teorías.

abrazos

mariajesusparadela dijo...

Vengo un día y otro, leo y me mantengo en silencio.
Porque vosotros argumentais con libros y yo solamente puedo argumentar con vivencias: creo, por lo que veo, que la naturaleza no es cruel, lo cruel es la interpretación humana y su intervención en el cambio de la naturaleza. La mayor parte de las veces, si dejásemos que el equilibrio natural funcionase a su manera, no tendríamos necesidad de acciones posteriores realmente crueles.
Supongo. Lo compruebo en mi vida cotidiana, pero no puedo probarlo: hicimos desaparecer al lobo; ahora hacemos batidas terribles para acabar con el jabalí ( es un ejemplo tonto, como el de traer perros polares a vivir al sur de España, importar reptiles y cualquier tipo de animal exótico, organizar peleas de animales...) No, no es cruel la naturaleza; la naturaleza mantiene el equilibrio ecológico. Cruel es el ser humano.

Stalker dijo...

Leonardo:

me interesa mucho esto que dices:

"El dilema nunca desaparecerá, porque nuestra conciencia nunca formará parte de la naturaleza, creo yo"

¿Y si la conciencia es una excrecencia, algo espúreo, una especie de error en el código, una sobredimensión del aparato cognoscitivo de reconocimiento del entorno? Esa podría ser la raíz de muchos de nuestros males, y también de nuestras depredaciones.

Te obligaron a matar como parte de un rito de iniciación... por suerte no tuve que pasar por eso, quizá habría preferido dirigir el cuchillo contra mí mismo...

Rumiar, la gran virtud bovina; hacer la fotosíntosis, esa añoranza vegetal,

abrazos

Stalker dijo...

Carlitox:

Gombrowicz decía muchas cosas ingeniosas y muy inteligentes. No es muy caso. Por forturna, debo añadir ;)

Eine Frage, sí: un interrogante abierto sobre el mundo fractal, rizomático. Habría que preguntarle a los chicos de la Nocilla. Ellos sí que saben de estas cosas,

salve

Stalker dijo...

Búfalo:

en primavera, imito. Me dejo crecer la hierba...

abrazos

Stalker dijo...

Bashevis:

emoción, hermano. Emoción.

"Sabes, las palabras no sirven para casi nada. Ni la poesía, ni nada de eso".

¿Lo ves? Ya no tengo nada que enseñarte. En realidad la enseñanza era una empresa de derribos, pero en esto, y en todo, el maestro has sido siempre tú.

No has dicho nada, no. Porque estás.

No lo olvidaré,

abrazos

Stalker dijo...

Mariel:

en esta encrucijada tu empujar y tu estar son definitivos. Gracias por unir las manos y preparar la siembra,

abrazos

Stalker dijo...

Yaiza:

el dolor se puede transformar, sí. Los ciclos... incluso los dioses bajan al mundo humano y los humanos al mundo de los dioses, atravesando todos los estadios intermedios, según las teorías indias. La energía es la misma y se modula de diferente forma, cambia de dirección, tonalidad, muta su inflexión, su intensidad; en el fondo es la misma.

Sigamos el curso, como dice ese libro...

abrazos

Stalker dijo...

Raúl:

sí, ésa parte es muy real porque ocurrió así. También el sueño fue real, pero no con la cruda inmediatez de los alaridos del cerdo mientras era degollado. Eso es real, auténtico. Y no se hacía nada para evitarle sufrimiento al cerdo: gritaba durante minutos, en una agonía atroz. Lo suficiente como para recordarlo el resto de mi vida.

abrazos

Stalker dijo...

Camino a Gaia:

me gusta tu reflexión. Encuentras ecuanimidad ante este dilema. Sopesas, mides, ecualizas. Me parecen sabias tus palabras. Por desgracia, soy necio y me niego a aceptar, algo se subleva contra esa "crueldad" que tal vez sólo esté en mi manera de ver, pero de la que no consigo desprenderme. "Necio al fin"...

Gracias por tus palabras,

abrazos

Stalker dijo...

Tera:

un abrazo a ti y a tu entender. Y a su presencia callada...

Stalker dijo...

Mariel again:

sí, esas mujeres me han ayudado, sí, con sus libros y su presencia constante. Se me ha ocurrido hacer un poema colectivo seleccionando un verso de cada una de ellas. Es una tarea disparatada, pero quizá me ponga a ella...

Mes oiseaux pour escorte...

besos

Stalker dijo...

Mariel again again:

es que Yaiza es poeta y se le entreveran de versos las palabras. Hila fino,

abrazos

Stalker dijo...

Rubén:

te agradezco tus palabras y tu comprensión. Le has dado vueltas con mucha delicadeza a un tema punzante...

"Por eso pienso que debes quedarte con esa ética tal vez sin tan siquiera analizar sus cimientos filosóficos".

Creo que voy a seguir tu consejo.

En cuanto al escritor que pueda haber debajo de estos parrafillos... un lector atento detectará enseguida de no ya de qué autor o autores, sino específicamente de qué libro es deudor su ritmo, su entonación. Yo no sé escribir, me dejo balancear, acunar y equilibrar por ritmos ajenos, respiraciones alejadas de mi "acontecer". Me soy en ese aliento otro, no hay nada original en todo esto, tan sólo un mimetismo a veces hábil, otras burdo: una de las formas de la resignación o la apatía de quien no busca, aunque lo parezca. Ahora mismo, en este mismo párrafo, acabo de detectar otro aliento en cuya savia me he dejado correr...

Tu generosidad me conmueve, eso sí,

abrazos

Stalker dijo...

Querido Arturo:

arrancarle "ese cuerpo extraño"... necesitamos una cirujía de la conciencia que trabaje primero en nosotros y nos deshaucie, nos desaloje el lastre egoico y luego, así, avanzar hacia el desconocido y extirparle el cuerpo extraño.

Tu lectura abre brechas que no sospechaba y no termino de acotarla, de agotarla. Brillante, como siempre.

Me alegra que te guste la selección de poetas. Reconozco que estoy muy contento con la selección,

abrazos

Stalker dijo...

Querida Laura:

cuando dices:

"...ahogando unos seis cachorritos que su perra (una collie preciosa) había parido de algún perro callejero. Esa imagen produjo en mí algo de lo que no se regresa nunca".

lo describes de forma soberbia, insuperable. No se regresa de ese vértigo, de esa fatal disociación: la mano que cura es la misma que la mano que mata, todo forma parte del círculo, pero... los círculos también se hicieron para romperse. Esas manos que ahogaban perritos también me lavaban el pelo, eran manos-abuela, y ponían todo el esmero, toda la ensimismada diligencia, en esos dos actos disímiles. Supe que mi abuela no lo vivía así, pero aquella visión, aquel barreño, todavía me persigue, a veces, en sueños.

Antes de todo esto, siendo algo más pequeño, y cuando aún no era del todo consciente de la muerte, una vez maté una rana. Estaba jugando en un estanque, tiraba piedrecitas para que las ranas y los renacuajos se movieran. Una de las piedras resultó ser más grande lo normal y aplastó la cabeza de uno de los animalillos. Aún recuerdo como giró panza arriba y quedó ahí, inerte. En ese momento supe lo que era el remordimiento, y la disociación, y la culpa. Lo aprendí ahí. Aún sigo regresando de aquello, y no terminaré de regresar nunca. Y todas las palabras del mundo no le devolverán la vida a aquella rana.

abrazos

Stalker dijo...

Ana:

compartartamos ese dolor y lamamos las heridas,

abrazos

Stalker dijo...

Mercedes:

bienvenida. Me hace pensar todo cuanto dices, le añade un giro muy interesante... Piezas del puzzle nos faltan, sí, en nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. Quizá somos sólo una pieza que tomó conciencia de sí misma, y toda la filosofía no sea sino esa toma de conciencia progresiva de la amputación primordial, del vuelco en lo inmundo, la caída en lo ilegible...

la profesión de aspirante a búfalo es de las mejores que existen. Se gana poco pero se está bien. Y los búfalo son gregarios pero también van muy solos. Rumian solos. Les gusta saber que los otros están pero van a lo suyo...

abrazos

Stalker dijo...

Arturo:

gracias por contar tus experiencias. Tener un perro al que envenenaron también fue algo que me pasó, en el campo pasaba (no sé si sigue siendo así) a menudo. Aquella perra, al sentirse morir, se ocultó en una zanja profunda que había debajo de la carretera, y antes se despidió con una mirada intensa, o al menos así lo imaginamos mi padre y yo, que se despidió. Eso te marca a hierro, sí, no se olvida.

La escena de caza que relatas, tu repentina "iluminación", esa transformación de la belleza en alimento... conmovedor, también.

Estamos en ello y quizá una conciencia lúcida nos ayude, si la encauzamos, no sé...

abrazos

Stalker dijo...

Lola:

tu padre es un gran hombre, siempre que lo mencionas las piedras se erizan en el camino...

abrazos

Stalker dijo...

Portinari:

escondemos la muerte, sí, y nos privamos así del aprendizaje de la pérdida. El nuestro es el mundo de la profilaxis y la ocultación. Levantamos muros y no queremos contacto contra lo que nos produce horror. Tampoco yo consigo vencer esa dualidad, tus dudas son las mías, quizá sólo nos queda ir avanzando a tientas, procurando que el otro no tropiece demasiado, o ayudándolo a levantarse.

Gracias,

abrazos

Stalker dijo...

Say:

gracias por tus palabras y sé bienvenida.

Te has dejado escoltar maravillosamente por Bruno Schulz y Tarkovski, dos de mis mayores debilidades...

abrazos

Stalker dijo...

María Jesús:

con todo mi cariño quiero precisar algo: aquí muchos hemos expresado vivencias, precisamente, no hemos hablado con libros o desde los libros. Lo que he contado me pasó con 8 años, y te puedo asegurar que en aquel entonces había leído muy poco y no recurría a ningún tipo de teoría para explicarme nada. Era la vivencia, sin más, ahí, hiriente...

Estoy de acuerdo contigo en que la crueldad es del hombre. El animal me parece inocente, siempre. Es el hombre el que desequilibra, destruye, ensucia, altera: avasalla. Dondequiera que va, aniquila cuanto encuentra. Sin embargo, aquí quería apuntar a algo en lo que, como alguien ha señalado, tal vez crueldad no sea la palabra: pero mirando alrededor, a un mundo basado en la alimentación, en el que unos seres han de devorar a otros para subsistir en una cadena sin fin... no sé, algo se subleva dentro de mí, porque podría haber sido de otra forma: podríamos ser todos plantas y haber desarrollado una conciencia vegetal, y no necesitar consumir calorías de la carne de otros seres. La naturaleza es como es, pero también podría obedecer a otras reglas (y sin duda será así en remotos lugares de esta u otras galaxias). Todo esto es un argumento de una gran simpleza por mi parte, pero no consideres que es fruto de un urbanícola que vive recluido en libros, porque yo también me he criado en el campo y sé de qué estamos hablando. Y ya estando allí, en el campo, estas dudas me atenazaban igual aunque no tuviera estas palabras para formularlas.

Dicho esto, me gusta la valentía y frescura con que encaras este tema, y asiento a tus argumentos con mucha alegría...

abrazos

Bel M. dijo...

Mi muy querido Stalker:
Sin los instrumentos que le dio el psicoanálisis desde Freud, la escucha, a Lacan, la desconfianza en la palabra o el intento de hallar la palabra que hay detrás de la palabra, el psicoanalista no podría hacer nada y tal vez seguiríamos con las lobotomías.
En esto me atengo a lo que ya te dije una vez, sobre otro tema, pero que se puede aplicar "para despojarse, es necesario haber añadido primero" o "las reglas están para romperlas", pero evidentemente desde el conocimiento profundo de ellas, los poetas de vanguardia no hubieran podido serlo de no existir unas reglas anteriores que romper que en su momento existieron, Derrida, no hubiera podido refutar ciertas, no todas, las teorías psicoanalíticas, de no haber éstas existido antes, por lo tanto, le debe muchísimo a Lacan, del mismo modo que refutó parte del tractatus de Wittgenstein, pero también por ello le debe mucho a Wittgenstein.
La desconfianza me parece bien, aunque yo prefiero a esa palabra la de la incertidumbre, el lugar donde el psicoanálisis te permite situarte sin tener la sensación de que vas a caer o derrumbarte, sino como en una especie de equilibrio de funambulista. También creo que la desconfianza, como la caridad, debe empezar por uno mismo. Eso también te lo enseña en psicoanálisis, a cuestionarte constantemente por qué te aferras a unas determinadas creencias.
No es necesario que publiques este comentario si te parece que no viene al caso con tu entrada, en realidad es sólo para ti.
Un gran abrazo.

Stalker dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El Toro de Barro dijo...

"Me quedo con esa duda del sueño, que es una duda de la vigilia: ante una naturaleza que se basa en el eterno ciclo de seres que se devoran unos a otros, ¿aceptar, dejar hacer, dejar estar, porque eso es lo natural, ya que así es como opera la ley inexorable de la naturaleza, basada en la depredación, en la entropía, en el sucederse de innumerables generaciones que perpetuarán el código, el hambre, la intemperie? ¿O negarse, no acatar el ciclo que, pese a que uno lo intente, no puede dejar de sentir como crueldad universal, aterradora, omnipresente?"

Estas palabras dibujan a la perfección mi inquietud personal ante el mundo que pasa con sus infulas y baila frente a mi, en torno a mi, vestido con todas sus tragedias. Y me alegra no ser el único que la sufre con esa intensidad. Me inclino a pensar en la necesidad de intervenir contra la muerte, por muy natural que sea su exigencia. Por no actuar ocurrieron siempre peores acontecimientos que por actuar con determinación. Me acuerdo de la actitud de Europa ante la Shoa, por ejemplo, cuya literatura no he dejado de estudiar en los últimos diez años...
Este espacio tuyo, que poco a poco voy tocando con tanta silencio como humildad, me produce siempre un vivo desasosiego...

Un beso
Carlos

Stalker dijo...

Querida Bel:

disculpa si no entro en polémicas respecto al psicoanálisis, etc. No quiero desvirtuar esta entrada con un asunto en el que no estoy y que para mí carece por completo de interés, al menos ahora mismo: ahora que me duelen otras cosas y me acucian otros asuntos. Gracias por tu comprensión.

Me gusta mucho lo que dices de dudar de uno mismo. La desconfianza en uno mismo la he practicado siempre, por eso procuro rebatirme, refutarme, desdecirme. Me soy enemigo y tengo plena conciencia de ello. Dudar, siempre, sí. Ahondar el desfiladero entre uno mismo y sus miedos: demorarse ahí. La descreencia empieza en uno mismo, pero no necesito de ninguna corriente teórica, de ninguna otra doctrina, para aprender eso. Que es algo muy antiguo en realidad, mucho más antiguo que los cimientos de Occidente.

Agradezco tus palabras y tu delicadeza.

muchos abrazos

Stalker dijo...

Toro de Barro:

gracias por compartir estas cuestiones, y por dejarte habitar por ese desasosiego vivo, que en fondo supongo es el de todos,

abrazos

Portinari dijo...

Stalker, me he conmovido mucho con aquel recuerdo que rescataste de la ranita. Me identifico contigo en esa disociación que sentiste.

Gracias a ti; nos ayudaremos a levantarnos, aquí los que comentamos ya estamos haciendo eso.

Un abrazo.

el objeto a dijo...

en todo ser humano existe una parte de fantasma, fascina al tiempo que da miedo, el fantasma es el que articula el deseo, sin el cual estaríamos muertos o seríamos meros autónomas, o simples seres depresivos... pero el fantasma ha de quedar velado, es su condición sine qua non,
el buen analista no desvelaría nunca el fantasma,
ha de quedar velado...

Stalker dijo...

El objeto a:

el fantasma ha de quedar velado, me gusta... el budismo intentó quizá re-velarlo, ex-ponerlo, extirparlo: el fantasma que articula el deseo. Al exhibirlo así lo vuelve a velar y velo a velo el fantasma queda sepultado por capas de escritura: re-velado fantasma-palimpsesto que la conciencia indagadora exhuma para dar cuenta de su imposibilidad de articularse, de decirse o ser-se. ¿Será la vida lo que ocurre en los intervalos, en las sucesivas re-velaciones, en ese hambre que aflora en las sacudidas, en los estremecimientos cíclicos, ad infinitum?

¿Por qué tendré la sensación de no haber dicho nada? Velo también para mí.

abrazos

Marrast dijo...

Esas perplejidades, impotencias y descalabros mentales que suscitan algunos actos en los que la crueldad -nuestra conciencia de ella- se muestra y se mezcla con el curso natural de la supervivencia, son en parte tambien mias. Me reconozco en ellas sin muchas ganas. SOy uno mas que, lamentablemente, comparte esas congojas. Sin embargo ello pocas veces me ha llevado a tomar partido -cuando ha habido oportunidad de hacerlo- de manera resuelta para procurar evitarlos. Es cierto que no he participado en ello pero he dejado que ante mis ojos otros ejecuten el sacrificio sin haber hecho mayor cosa por impedirlo. Mas de una vez he lamentado esa desventurada indiferencia. Quiza en esto haya influido en ciertos momentos la sospecha de que la síntesis añorada no se puede alcanzar, que hay cosas irreconciliables, que tenemos que aprender a vivir con la disociación que encarnan. Sin embargo la justificación es nula. En el fondo solo la desazón y un abismo insondable.Tal vez de la tensión que se presenta en esa disociación surja una manera de asimilar mejor todo esto. Aprehender el impulso con el que sortearemos momentaneamente el vacio.

Gracias por compartir ese tipo de cosas acá. Además de la entrada misma, es un gusto leer las otredades que convoca.

Me ha gustado esa presencia femenina que ahora vela las armas en el blog.

Leonardo dijo...

Después de búfalo... planta. Tienes gran porvenir y será más práctico para tenerte y rociarte en el jardín.
Abrazos

Stalker dijo...

Marrast:

quizá la sabiduría es no tomar partido en esas encrucijadas; asumir la contradicción y vivir con ella. Claro que hay que acallar ciertas voces que se insinúan dentro de uno.

La verdad es que cada vez entiendo menos de nada, y eso también es una especie de extraño consuelo.

gracias por pasarte.

Stalker dijo...

Leonardo:

hacer la fotosíntesis es una de las cosas más gratas que pueden pasarle a un ser vivo. O eso me complace pensar al observar a las plantas. Supongo, y espero, que no tendrán una conciencia vegetal que las roa con fantasmas, proyecciones y simulacros,

abrazos

Mercedes Thepinkant dijo...

Bueno, yo me refería a la profesión que tienes en el perfil. Pastor de hormigas,
un saludo de la hormiga rosa, sin pastor, by the moment...

Ahab dijo...

Mi padre me dijo: "nunca pises una hormiga ni un hormiguero", yo no tendría más de seis años. De los pocos años conscientes, en la medida infantil, que viví con él, estas palabras se quedaron grabadas en mi cabeza para siempre. Siempre intento respetar a los animales y me identifico en gran parte con tu relato. Es quizá una cuestión de egoísmo, la conmiseración quizá apunte más hacia evitar nuestro dolor que el del animal que sufre. O quizá nuestro espejismo, tan extendido, sea real, correcto, acorde con al realidad. No lo sé. Tiendo a creer que la conmiseración es la gran virtud del ser humano. El alma se purifica con ella y se regocija en ella, a lo mejor para "divinizar" nuestra existencia. En la conmiseración todos somos santos.

Un abrazo cracko

Stalker dijo...

Ahab:

tu padre era un sabio. Conmovedoras evocaciones...

También creo que la conmiseración es una virtud, no importa que sea o no egoísta (quizá todo acto humano es egoísta, porque lo soporta, lo sustenta un ego: ¿cómo no iba a ser egoísta?).

abrazos, friko

 
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