lunes, 11 de enero de 2010

Robert Walser o la ética del empequeñecimiento



"Aquí se aprende muy poco, faltan profesores y nosotros, los muchachos del Instituto Benajmenta, nunca llegaremos a nada; en otras palabras, en nuestra vida futura seremos todos cualquier cosa, pequeñísima y subordinada. La enseñanza que se nos imparte consiste substancialmente en inculcarnos paciencia y obediencia, cualidades ambas que prometen escaso -o ningún- éxito. Éxitos subjetivos, ojalá sí. Pero ¿qué provecho sacaremos? ¿A quién dan de comer las conquistas espirituales?"

"Una cosa cierta sé: en mi vida futura seré un magnífico cero a la izquierda, redondo como una pelota. Cuando llegue a viejo, me veré obligado a servir a jóvenes juerguistas, presuntuosos y maleducados, o bien pediré limosna, o acabaré hundiéndome"

“¡Qué feliz me hace no hallar en mí nada digno de atención, de consideración! Ser pequeño y seguir siéndolo. Y si alguna vez una mano, una oportunidad, una ola, me levantase y me llevase hacia lo alto, allí donde impera la fuerza y el prestigio, haría pedazos las circunstancias que me han favorecido y me arrojaría yo mismo abajo, a las ínfimas e insignificantes tinieblas. Sólo en las regiones inferiores consigo respirar.”

“En el fondo encuentro despreciable todo mi patrimonio mental.”

“Tengo la impresión, un poco ultrajante, de que en esta vida nunca me faltará de comer”

"Me divierte ver ver un poco irritadas a las personas que amo. Nada me produce tanto placer como dar una falsa imagen de mí a aquellos que llevo en mi corazón. Por ejemplo, imagino como indeciblemente bello morir con el terrible convencimiento de haber ofendido a los que más quiero en el mundo, de haber justificado las peores opiniones contra mí."

“Siento un interés muy escaso por eso que se llama mundo y al mismo tiempo me parece importante y fascinante lo que, en el más profundo silencio, llamo mundo yo”

“Kraus [estudiante del Instituto Benjamenta] es una auténtica obra divina, una nulidad, un siervo.”

“Pedro [otro estudiante] es el más tonto y esto lo recubre de los más diversos atributos, porque a mí los tontos me resultan increíblemente estimables, mientras que aquellos que creen saberlo todo, que resplandecen de ciencia y se vanaglorian de su sabiduría, me resultan odiosos.”

"Fuchs es oblicuo, está hecho al bies. Se comporta como una hipótesis altamente improbable amasada en una forma humana".

"Heinrich es, hasta cierto punto, torpe. Esta suerte tiene, conviene hacerlo constar".

“Yo, ¡yo!, seré cualquier cosa, muy humilde, muy pequeña. Semejante certidumbre tiene la naturaleza de un inviolable hecho consumado.”

“Los verdaderos hombres, los más auténticos, jamás son bellos”

“Lo que perpetuamente fluye obliga a poseer una moral”

“Si supieran al menos cuántas cosas corrompen, esos pensadores. El que se empeña en no pensar hace algo, algo verdaderamente necesario.”

“La melancolía resulta preciosa. Porque educa.”

“Uno se equivoca siempre que usa grandes palabras”

“Ésta es la certeza que mantengo incondicionalmente firme: soy pequeño, pequeño y despreciable”

“A veces hablo por encima de mis facultades intelectuales. Por este motivo debería haberme hecho pastor, jefe de cualquier secta o movimiento religioso”

“¡Cómo me gustan los tipos poco propensos a analizarse!”

“También hay un perfume, una energía, en el renunciamiento”

“Si no existiese en el mundo ningún mandamiento, ningún precepto, moriría, me consumiría, enloquecería de aburrimiento. Yo sólo puedo vivir instigado, constreñido, sujeto a tutela; esto es lo que me gusta.”

“¿Qué puede desear un ser semejante en un mundo como éste, preordenado y domesticado por el tópico, por la mentira, por la vanidad?”

Fragmentos de Jakob von Gunten, de Robert Walser (trad. J. García Hortelano y C. B. Agesta)

39 comentarios:

Pulgarcito soñador dijo...

Mi escritor preferido es Kafka.
Borges dijo que Walser era un antecedente de Kafka, pero en los pueblos del sur sus libros no se consiguen.
Me encantó leer todo esto. Es una jugosa entrada que me invita a devorar Walser.
Sobre todo me encantó eso de dedicarse a irritar a la gente que uno ama. Es una práctica que también ocupa mi tiempo.
Un abrazo y gracias por Walser.

soperos dijo...

robert, tío, todos nos sentimos así en la escuela. hablo de esos todos pocos.

como si de un estrato de hombres* se tratara: los todopoco.

[* hombres y mujeres, claro]

en el cole,lo que más me gustaba era jugar a pelota. a fútbol. me quedaba, estático, unos metros antes del área contraria. no bajaba a defender nunca. así que el balón me llegaba pocas veces y trataba de -cuando ocurría- divertirme. no era un goleador. pensaba. cuando tenía la pelota, pensaba.

trataba de anticiparme a la orden de mi cerebro. jugaba a actuar antes que mi cerebro me hablase. el resultado era poco práctico pero muy satisfactorio para el balón y para mí.

la pelota era un ser al que acariciar, con el empeine.

el asunto no era marcar gol. era establecer el ser.

era como si al balón le gustara estar conmigo. demoraba veinte segundos, treinta... mis compañeros y los rivales se intranquilizaban. la pelota no. adentro del esférico no está el gol. ni siquiera en el pie del delantero. dentro del balón sólo hay aire. aprisionado. suficiente aire como para que alguien que fuese a morir diera una bocanada de vida más. aire como tiempo. tiempo para decidir no únicamente el final sino estadios intermedios, puntos en el mapa de la vida.

robert, tío, no sé si me he explicado bien, no sé para qué he escrito esto.

me parece que tiene que ver con:

“Lo que perpetuamente fluye obliga a poseer una moral”

quizás no.

stalker no ha "chutado" este texto simplemente. él no ha tenido (todopoco) la idea de marcar gol con este texto. ha querido, sin embrago, cuidarlo, retenerlo unos segundos, acariciarlo...

para que lo rumiemos tres, seis veces antes de pronunciar un no-veredicto.

este texto es como la pelota en el centro de un charco.

entonces,
anticiparnos, sí, a la orden del cerebro. aunque no sé cómo llamar a esta acción.

besos,
ò.

Bashevis dijo...

Informe Nº 1:

Bashevis (estudiante del Instituto Stalkerta), no ha hecho los deberes. Y tiene aun a Walser en futuribles. Recientemente comento que “en este instituto nunca llegaremos a nada y en mi vida futura seré un magnífico cero a la izquierda, redondo como una pelota”.

Se presenta como “Aspirante a insulso profesional. De naturaleza anodina”. Y espera tener una nueva oportunidad, constante y eterna, para redimirse de sus errores. Para lo cual solicita a la directiva del Instituto Stalkerta una losa constante de futuribles lecturas-escuchas y visionados, que le mantenga aferrado al asfalto, aplastado, a fin de poder anunciar “soy pequeño, pequeño y despreciable”. A su vez, desea seguir un tratamiento trimestral de instigación poética y tutelaje a distancia, sin tener por ello que pasar al régimen de interno dentro del Instituto Stalkerta.

Atentamente; Bashevis. Espero su respuesta.

Belnu dijo...

Walser es maravilloso, es distinto de Kafka, no creo que sea exactamente un antecedente. Algunos estuvimos en ese Instituto Benjamenta, en cierta manera. Y también en esas habitaciones de Walser donde no poseía nada, ni una silla, ni una mesa, sólo sus dos trajes, en combinaciones de colores exóticas. Y en sus paseos luminosos montaña arriba, esos paseos que luego, ya psicótico, dio con su editor Sigfried Unseld, como Hölderlin. Y en sus cuadernillos ininteligibles, que hubo que descifrar. Y en su aislamiento monacal y en su fiebre

Lola Torres Bañuls dijo...

Stalker. Me encanta la lucidez de este señor que no conocía. Tendré que volverlo a leer con tranquilidad.

Oscar lo tuyo es sublime, genial. Me encanta tu manera de jugar a futbol.

Un abrazo de ave zancuda.

ana dijo...

Jeje, te me adelantaste, iba a hacer una entrada de esta novela.

Un abrazo.

Tera dijo...

Gracias, Stalker.
Esta frase es muy importante.

“Lo que perpetuamente fluye obliga a poseer una moral”.

Y también el comentario de soperos a propósito.

Un fuerte abrazo

NáN dijo...

Un placer leer tus subrayados. En esa complejidad de seres que somos cada uno, hay una parte que resuena con Walser. Una parte íntima y querida.

Isabel Martínez dijo...

"Érase una vez una ciudad. Sus habitantes eran simples muñecos. Pero hablaban y caminaban, tenían sensibilidad y movimiento y eran muy corteses. No se limitaban a decir "buenos día" o "buenas noches", sino que también lo deseaban, y de todo corazón. Tenía corazón aquella gente. Y eso que era gente de ciudad por los cuatro costados"
Robert Walser, "Vida de poeta". Edición de Alfaguara, 1990. Traducción de Juan José del Solar.

Gracias por traer a este autor y he querido unirme a tu homenaje.

Saludos.

Stalker dijo...

Pulgarcito:

no sé si era un antecedente, pero Walser era un autor de cabecera para Kafka (también para Musil, Benjamin, Canetti...). Si puedes conseguir el "Jakob von Gunten" te auguro gratos momentos: querrás sumergirte más hondo en este autor singular, que no condescendió a ninguna moda ni a ninguna exigencia,

salud

Stalker dijo...

Òscar:

debería añadir tu lectura del texto a la entrada o hacer una entrada aparte con tu comentario. Así eso, no chutar, no aguardar ningún resultado, sino estar, sentir al otro. El empequeñecimiento, la lentitud, el demorarse, son las imágenes que más me gustan, y ninguna tiende a un resultado cuantificable, al menos estadísticamente. Tampoco a resultados espirituales, de los que el propio Walser desconfiaba (tal vez el espíritu no resulte ser más que una inflación egoica, un haz de sensaciones que arracimamos, eculizamos: impostamos).

Me gusta tu manera de ver las cosas porque no atiendes a resultados u objetivos, vives ajeno a la resolución o la catarsis. Lo tuyo es la trayectoria, la contemplación del movimiento detenido: ex-stasis que frustra toda fiebre de interpretación simbólica y nos hace anegarnos en el vertiginoso ahora. Atento siempre, a los puntos intermedios, como dices: a vislumbrar esos nódulos de sentido donde volcamos el gesto y confluye nuestra energía, para luego deshacerse, mutar o extravasarse; pero siempre refutando toda hermeneusis, desde el juego del observador constante.

Todas estas palabras no significan nada y son honda leña muerta al lado de tu comentario, que me echa al aliento retozón y juega, juega como un cachorro,

abrazos y trompadas,

Marta Montoliu dijo...

Hola aspirante a búfalo,

Acabo de llegar a tu blog. Muy pero que muy interesante...
yo también comparto los sentimientos sobre la escuela de Walser. Ha sido bonito leerlo.

Stalker dijo...

Estimado alumno Bashevito:

he tenido a bien realizar una lectura atenta de su petición y debo decir que no la encuentro muy ajustada a los usos y costumbres de nuestros métodos pedagógicos. Su perentoria necesidad de ilustración, unida al belicoso temperamento que aflora veladamente en sus palabras, me provoca una irritación que encuentro encantadora y, por qué no decirlo, sumamente edificante. Como usted sabe, aquí se aprende poco, y las interminables listas cinéfilas y literarias otrora tuvieron como objetivo mortificar las horas de espera y colmar de sano enojo nuestros hastíos. Otros son ahora nuestros métodos. Le hago constar que sentimos especial devoción por quienes saben esculpir el tedio y acrisolar el instante despojado de excrecencias mentales. Por eso nos ejercitamos en la obediencia mimética y en la vacuidad de la repetición. Por eso erosionamos el sentido, habitamos los márgenes y ritualizamos el tiempo memorizando extenuantes credos serviles; aspirando, sucesivamente, a la dignidad de la epilepsia y al inmutable silencio geológico. Despójese, pues, se lo ruego, de toda tentación de proselitismo cultural: aquí no hallará sino clases de enmudecimiento, petrificación y deconstrucción lingüística que tienen como objetivo reducir el habla a un mero código fáctico que gobernará las relaciones de servidumbre. Sólo así logrará ser usted un cero a la izquierda, una perfecta obra divina, un siervo. Cultive, pues, la pereza y la indignación, virtudes ambas que, se lo auguro firmemente, no le reputarán fama, honores o dinero, pero le harán entrar en una relación de simbiosis con su entorno. Sea descarado e ingrese en la realidad como un agente patógeno, con el convencimiento de que el sistema le rechazará con infalibles anticuerpos. Le invito, en definitiva, a sucumbir.

Atentamente,

Herr Stalkerich

Stalker dijo...

Belnu:

yo creo que algunos seguimos en el Instituto Benjamenta. Tal vez el mundo sea el Instituto Benjamenta...

abrazos

Stalker dijo...

Lola:

me alegra que te guste. Òscar juega y nos juega. Y no hay ganador ni perdedor. Ni siquiera hay partido.

Eso es lo bueno.

Abrazos

Stalker dijo...

Ana:

te animo a hacer la entrada sobre la novela y hablamos sobre ella.

besos

Stalker dijo...

Tera:

lo creo así también. Me alegra verte por aquí,

abrazos

Stalker dijo...

NáN:

así lo percibo. Walser ha sido para mí algo más que una lectura, un estilo o una visión del mundo. Ha sido un magisterio, en muchos niveles, una de esas cosas que una vez han entrado en ti, se quedan para siempre. Al tratarse de un autor lejano ya en el tiempo y en el espacio, puedo confesarlo abiertamente, sin el pudor que a veces nos retiene al referirnos a autores más contemporáneos.

salud

Stalker dijo...

Isabel:

"Vida de poeta" es un libro delicioso, donde Walser se explaya en sus digresivas miniaturas. Una joya,

abrazos y gracias por compartir esta feroz y tierna lucidez walseriana...

Stalker dijo...

Marta:

bienvenida, y gracias por el cumplido. Ser aspirante a búfalo, bien mirado, es también algo muy walseriano.

Ésta es tu casa...

rubén m. dijo...

Se me acaba de borrar el sesudo comentario que había hecho. En fin... decía que no me extraña, herr Stalkerovich, que afirmes que Walser forma parte de ti pues en algunas de estas frases, como el desprecio a las "palabras grandes", reconozco fragmentos de tu ética y tu estética, pasados por el matiz de tu personalidad, claro.

La selección es deliciosa, con perlas de sarcasmo a lo Ambrose Bierce como “a veces hablo por encima de mis facultades intelectuales. Por este motivo debería haberme hecho pastor, jefe de cualquier secta o movimiento religioso”. También me he reído mucho con la descripción de los compañeros, me ha parecido palpar la esencia mental de algunos personajes reales que se cruzan por el camino de uno.

Jugoso, jugoso. Gracias!

Leonardo dijo...

Nunca había leído a Walser pero andaba rondándome y no me extraña que haya venido a encontrarlo en tu casa. Son de esas voces que es necesario escuchar, es baba de caracol pura. Como soy profesor de esos que contribuyen al aburrimiento productivo de adolescentes y fui mal alumno no me es difícil hallarme en muchas de estas exhalaciones, pero es difícil escoger. Ser cero a la izquierda es una frase que oí mucho en mi infancia, como una advertencia, como una señal de peligro, quizás por eso terminé ocupando ese lugar. No es bueno repetir ciertas cosas a los niños. Pero ya quisiera ser un cero extralúcido. Igual los ceros a la derecha sólo saben contar.
"Yo sólo puedo vivir instigado, constreñido, sujeto a tutela", creo que es lo nuestro. La aspiración a dejar de ser siendo, quizás lo haya acompañado en sus largos años de encierro, antes de desaparecer en la nieve.
Gracias, querido aprendiz de búfalo
leonardo
Ah, y hermoso texto de Oscar. Nunca habîa leîdo una aproximaciôn (o penetraciôn deberîa decir)tan aguda de lo que es un niño jugando fútbol: la dilatación, el fluír, no chutar, el balón en el empeine. Aquí está todo.

Lena dijo...

Este:

"Fuchs es oblicuo, está hecho al bies. Se comporta como una hipótesis altamente improbable amasada en una forma humana".

Una joya.

Me lo llevo para usarlo como reloj de bolsillo.

Maravillosa.

Un abrazo, Stalker!

Stalker dijo...

Rubén:

Robert Walser no ha sido una lectura. Ha sido, es, una experiencia capital. No puedo describirla, ni lo intentaré.

Por otra parte, nada de lo que tenga que ver con Ambrose Bierce me es ajeno.

Te dejo el anzuelo bien puesto y visible...

Stalker dijo...

Leonardo:

Walser se adelantó a muchos posmodernos. Lo fue avant la lettre. La subordinación, el servilismo, el empequeñecimiento, rondan su obra pero no la agotan, de tan polisémica e inasible, tan irreductible a un diagnóstico patológico, sociopolítico, espiritual o metafísico. Es de una insularidad inabordable, casi inhumana, casi animal.

abrazos

Stalker dijo...

Lena:

ese reloj de bolsillo te dará siempre la hora más inexacta, el extravío necesario. Celebro que te lo lleves,

abrazos

Bashevis dijo...

Es el placer de tener un ejército de soldados desconocidos con nombre y apellidos, al alcance de la mano, preparados para actuar en caso de necesidad (mental) :) De momento, en casa del cobarde no hay llanto. Sin proselitismo, discordianos busco, anticuerpos hermanos.

Sucumbir ardiendo.

Suprimidas las distancias, Herr Stalkerich vuelve a ser quien era. Un fuerte abrazo hermano.

Salud.

Arturo Borra dijo...

Querido Stalker, otra vez abrís a un mundo valioso, no demasiado concurrido, pero cargado de provocaciones e ironías de plena actualidad.
Para remover el avispero, señalo que también los totalitarismos apuestan por empequeñecer al ser humano, para ponerlo al servicio de la Gran Causa, para erigir tras la nulidad individual el imperio del Todo. "Cuanto más pequeños son los hombres más grandes son los dioses", decía Hegel en alguna ocasión. Y siempre hay dioses, más que nunca en nuestras sociedades.
Es cierto que el engrandecimiento conduce al "enseñoreamiento", a representarse como amo, a la razón instrumental, etc. Pero empequeñecer -incluso hasta la autodisolución completa- es peligroso (de hecho, esa es una de mis diferencias incluso con las filosofías orientales).
A mi criterio, descentrarse (que pone en cuestión el individualismo) no es equivalente a desaparecer (que restituye el colectivismo). Es asumir el rebasamiento del yo; la centralidad de los otros constituyentes.
Y a pesar de nuestras torpezas -que son muchas- pienso que es erróneo ponerse contentos porque irritamos a nuestros seres queridos. Uno lo hace a pesar suyo. Pero hacer de la necesidad virtud...
En fin, no hay sujeto crítico posible si no se construye una tensión con ese Otro que nos da lugar. Por eso, más que ética del empequeñecimiento, mi apuesta sería por una ética de la coexistencia igualitaria.
Como sea, la entrada me ha encantado y digo ésto sólo como pretexto para futuros diálogos.
Un fuerte abrazo,
Arturo

Stalker dijo...

Bashevis, anticuerpo hermano, ego te saludo...

Stalker dijo...

Querido Arturo:

estoy encantado con que remuevas el avispero, aunque no hay tal.

Verás: una de las críticas que se le han realizado a Robert Walser es la de anunciar los fascismos posteriores. Lo hizo, sin ir más lejos, el propio Coetzee. La idea es sencilla: reducir una personalidad excéntrica a un síntoma. Cosificarlo en el síntoma y desactivar así el potencial anonadamiento, incluso de subversión, de una personalidad como la de Walser es resignarse al móvil más simple y acotar el campo de sentido al que alude el discurso walseriano. Sin olvidar, además, que el autor suizo era un consumado maestro de la ironía. De la ironía y de la ternura. Nunca se sabe cuándo habla en serio o en broma... En cualquier caso, afirmar que un libro, tan singular y poliédrico, publicado en 1909 es un anuncio y una aceptación tácita de lo que vino después me parece desproporcionado e injusto. La prueba es que Walser murió en 1956 y, cuando los nazis se alzaron con el poder, no abanderó su causa. Siguió en sus cosas, recluido en el sanatorio mental suizo, escribiendo con su caligrafía indescifrable y dando largos paseos por el bosque. No coreó los lemas nazis ni simpatizó con ese movimiento. Su empequeñecimiento es una actitud vital que tiene más que ver con apartarse, con habitar y explorar los márgenes, que con una verdadera subordinación al principio de autoridad.

Respecto a tu comentario:

"Pero empequeñecer -incluso hasta la autodisolución completa- es peligroso (de hecho, esa es una de mis diferencias incluso con las filosofías orientales)".

Aquí hay madera para cortar, Arturo. Mucha. En primer lugar, creo que tratas a las "filosofías orientales" como un todo homogéneo, y no tiene nada que ver el taoísmo con el hinduismo o el budismo zen con el budismo teravada. Quiero decir, las afirmaciones con pretensión de validez universal han de descender al matiz, a la diferencia de sistemas de pensamiento no homogéneos e incluso contradictorios entre sí y que incluso nacieron para refutarse unos a otros. Por lo tanto, la fórmula "autodisolución completa = pensamiento oriental" es una generalización imputable a nuestro pensamiento reduccionista, a los esquemas mentales "árbol de Porfirio" y a la encorsetada lógica aristotélica. Tendríamos que detenernos a ver si es cierto que todas estas corrientes proponen la "autodisolución", qué tipo de autodisolución o aniquilamiento y con qué fines, y si esto es o no es "peligroso" y por qué (no sé a qué peligros te refieres, Arturo, pero precisamente ha sido Occidente, tan contrario a la autodisolución y tan proclive al fortalecimiento del yo, el que ha dado origen a las mayores atrocidades de los últimos siglos, como todos conocemos, claro que quizá te refieres a otros peligros).


Y aquí las abstracciones heredadas el pensamiento occidental nos sirven de poco, precisamente porque teñimos los conceptos orientales de connotaciones negativas. Cuando hablamos de vacío, lo entendemos como pérdida, sustracción, eliminación, disolución; pero esto no tiene nada que ver con el concepto de vacuidad del budismo mahayana. Este tipo de budismo, por seguir con este ejemplo, pretende hacernos conscientes de nuestras categorías de pensamiento, flujos y velos mentales: apropiarnos del proceso y no dejarnos arrastrar por él. La idea de que esto es negativo, que tiene que ver con una fatal autodisolución de las instancias cognitivas o con una existencia vegetal, poco implicada en el mundo fenoménico (de lo que algunos perversamente infieren que son sistemas de pensamiento inmorales o amorales, como si la "moral" de los sistemas y credos occidentales no hubiera justificado los crímenes más atroces), tiene que ver con las carencias, los prejuicios y la invencible ceguera de nuestra forma de pensar.

(...)
(...)

Stalker dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Stalker dijo...

(...)


Por todo estoy, y desde el cariño y el inmenso respeto que te tengo, no puedo estar de acuerdo contigo en este punto. No puedo seguirte e insisto en que antes de una condena tan lapidaria tenemos que a-acercarnos (acercarnos a los textos y a los surcos que abren y nos abren) y romper el cerco de nuestras ortodoxias mentales, que trabajan, siempre, para la simplificación de lo desconocido.

En cuanto a lo demás, no comparto en absoluto lo de ponerse contento con las penas que se infligen al otro, pero entiendo que forma parte de la psicología insólita, indescriptible, del personaje walseriano, y no tiene que confundirse con un retrato del propio autor ni con una prédica moral de ningún tipo.

En todo caso, me es muy grato este disentimento, que no disonancia, porque vibramos más bien en tonos armónicos.

Va un abrazo, Arturo, muy fuerte...

Arturo Borra dijo...

Querido Stalker, imagino que soy responsable de algunos malentendidos que se leen en tu respuesta. En cualquier caso, en ningún momento siquiera sugerí que Walser estuviera comprometido con algún totalitarismo. De ahí el “también” que utilicé, para señalar que aunque no participe en ningún fascismo, una de las implicaciones peligrosas del empequeñecimiento es terminar denigrando al “individuo” como sujeto descentrado. Esa implicación muestra una cierta ambivalencia de posturas así, sin que ello implique en absoluto remitirlas a un horizonte ideológico como el fascismo. Ni por asomo se me ocurre tal cosa en un ironista como W. Por eso, aunque comparto tu argumento sobre la lucidez de Walser, no creo que aluda válidamente a mi comentario anterior. Y aunque comprendo la búsqueda que subyace al empequeñecimiento, no comparto esa búsqueda, por ciertas implicaciones que a mi entender son indeseables.
En lo que atañe a las filosofías orientales (hablé en plural), en fin, no opino como especialista, pero hasta donde sé, todas esas filosofías comparten una lógica holista (siguiendo al antropólogo Louis Dumont que algo sabe del tema). A falta de un conocimiento mejor de mi parte, me limité a destacar ese núcleo común de Oriente (una generalización, cierto, como lo es la tuya acerca del “pensamiento occidental” y nuestra “ortodoxia mental”). Eso no es tratar las cosas homogéneamente, sino destacar unos parecidos de familia reconocibles en la heterogeneidad cultural que implica el mundo oriental. Que ese mundo es diverso, de acuerdo, pero eso no me inhabilita a referirme a un cierto lugar segundo y subordinado que se le suele asignar al “yo” (cuando se le reconoce alguna realidad) con respecto a lo comunitario. Por supuesto, puedo equivocarme y seguro que podés aportar algunas razones que así lo muestren. De todas formas, simplificás mi planteo al trazar la identificación "autodisolución completa = pensamiento oriental", porque al primer núcleo lo precede un “incluso” que señala que admito distintos grados y estatutos que se le confieren a los individuos en el mundo oriental. Me parece una tontería descartar en bloque a Oriente, como lo es descartar Occidente. De hecho, me interesa mucho lo oriental y procuro aprender sus enseñanzas (hinduistas y budistas). Para mi sorpresa, después de señalar mi identificación, vos generalizás sobre “nuestro pensamiento reduccionista”, como si Occidente fuera uno. En fin, la cuestión de los universales es un asunto epistemológico y político complejo, que merece bastante detenimiento. Supongo que no lo resolveremos nosotros… aunque para mí es una cuestión fundamental.
En cuanto a la “autodisolución” peligrosa que procuré destacar no se refiere a Oriente, sino a la ética sacrificial del nazismo, que le pedía a sus filas una actitud heroica, de entrega de sí en nombre de la Causa Racial. La paradoja es que en el imperio de la razón instrumental, el individuo se reduce a instrumento de dominio. ¡Nada entonces que se parezca a una “condena lapidaria” de la alteridad! Sólo hablé, eso sí, de mis diferencias con esas filosofías (las que conozco, al menos), y no se trata de “ortodoxia mental” sino de cimentar una ética que coexista con los otros en términos igualitarios. Pensar en términos de tensiones es lo contrario al reductivismo…
Para terminar, mi querido amigo, las ironías de Walser me ayudan a pensar; pero pienso al mismo tiempo que no hay que literarizarlas…
Me extendí demasiado, no sé si con esperanza de haberme explicado un poco mejor.
Un fuerte abrazo,
Arturo

Dama dijo...

Hola Stalker, estaría encantada si tuvieses un ratito para pasar por mi blog. Encontrarás un guiño y un gracias por haber encontrado este rincón tuyo tan confortable y sobre todo por esa maravillosa poeta que me pusiste delante y con la que tanto estoy disfrutando.
Disculpa que no haga mención a este post, pero sabes que me siento más cómoda leyendo vuestros comentarios (de momento).

Gracias y besos.

Stalker dijo...

Querido Arturo:

celebro las precisiones y pido disculpas, pues al parecer no he leído tu mensaje con la precisión que debía.

No tengo tan claro que existan varios occidentes, varios sistemas de pensamiento. En todo caso, nada comparable a las diferencias que puedan existir entre la cultura china y la india, por ejemplo: mundos inconmensurables desde cualquier punto de vista. En el segundo caso se enfrentan dos cosmovisiones milenarias, pero las diferencias entre un francés, un italiano y un norteamericano no son tan grandes: están bajo el mismo paradigma global o espíritu epocal. A grandes rasgos, en el trazo grueso, de acuerdo. China y la India viven en tiempos diferentes, entre ellas median abismos irrevocables, insalvables.

¿Todas las orientales son culturas holistas? Concédeme que esta afirmación es una simplificación tan burda como las mías. Ten también presente que algunos especialistas consideran que la visión de Dumont es eurocéntrica, poco porosa, incluso marmórea (opinable, supongo). Insisto en que Oriente son muchos orientes y esto nos exige ir con mucho cuidado en este tipo de comparaciones y generalizaciones. No sucumbamos a la tendencia occidental a universalizar desde categorías totalitarias, omniabarcantes: éste es el último reducto de la soberbia neocolonial, la que nos hace creer que el mundo nos es enteramente legible. Ya esta propia afirmación incurre en el error que pretende denunciar: así de pobre es mi argumentación, querido Arturo.

Va un abrazo y reitero las disculpas por leer con tantas prisas y tan poca cabeza,

abrazos

Arturo Borra dijo...

Querido Stalker, asumo una parte de la responsabilidad, por no explicarme con más detenimiento. Cuando uno habla, el malentendido ya está en marcha, así que habrá que asumir que un trabajo de mutua clarificación es indispensable si deseamos comprendernos.
En cuanto a si existen varios occidentes, incluyendo varios sistemas de pensamiento, mi respuesta es positiva. No lo digo por la diversidad de filosofías en la modernidad (desde el racionalismo al empirismo, el idealismo al existencialismo, el enciclopedismo al romanticismo, el marxismo al deconstructivismo, el positivismo al vitalismo, pasando por las filosofías post o la fenomenología), sino por la diversidad de específicas formas de vida material que pueden hallarse, por ejemplo, en América Latina. Entre un indígena de Chiapas, un coya, un campesino boliviano, un guerrillero colombiano, un mestizo brasilero o un hijo de inmigrantes europeos de clase media, sin contar con el “criollo”, hay diferencias sustantivas, tanto entre sí como con respecto a Europa y América del Norte (incluyendo Alaska). Esas diferencias, no lo olvidemos, también son milenarias: algunas se remontan al imperio incaico, maya o azteca; otras a los ritos africanos no menos milenarios, por no hablar de las similitudes étnicas de algunas partes de Chile y Alaska con etnias asiáticas. Por eso no veo más o menos inconmensurabilidad que en el caso de ese plural mundo oriental. Y si cuestionamos la lógica identitario-conjuntista que usamos para referirnos a un campo, no veo por qué no lo haríamos con el otro.

Quizás no todas las culturas orientales sean holistas y la mía sea una afirmación burda, pero aquí sería preciso disponer de contra-ejemplos. Toda hipótesis antropológica debería invitarnos a una refutación, más todavía cuando la hace un antropólogo como L.D. Eso sí, sólo desconociendo su trabajo explícito puede afirmarse que es eurocéntrico, cuando claramente (p.e. en Ensayos sobre el individualismo) cuestiona la primacía que esa abstracción efectiva llamada Occidente hace del individuo con respecto a la colectividad. No sé con qué argumentos se lo acusa de eurocentrismo, pero esa imputación me parece difícil de sostener.

Comparto con vos que debemos ser cautos en todas estas generalizaciones empíricas. Toda totalización tiene riesgos, incluso aquella que totaliza como Adorno diciendo “el todo es lo no verdadero”. ¿Todo «todo» es no verdadero? De todas formas, no todo universalismo es necesariamente (neo)colonial. Hay un universalismo concreto que apuesta por la construcción de universales interculturales que no surgen de la mera imposición unilateral de parte del sujeto colonial. Tu crítica a ese sujeto y a ese régimen reduccionista –muy típico del racionalismo europeo-, igualmente, me parece que mantiene su vigencia. Ahí nos reencontramos entonces. Que cada uno de nosotros a veces tenga re-caídas en esa “episteme” no niega su crítica. Celebro ese cuestionamiento tuyo, con tu lucidez de siempre. Quien se disculpa soy yo por plantear las cosas tan rápido.
Va otro abrazo fuerte,
Arturo

Stalker dijo...

Querido Arturo:

para mí es una maravilla conversar contigo. Son momentos de compartir que te agradezco enormemente.

Querría establecer una última consideración relativa a este comentario tuyo:

"Entre un indígena de Chiapas, un coya, un campesino boliviano, un guerrillero colombiano, un mestizo brasilero o un hijo de inmigrantes europeos de clase media, sin contar con el “criollo”, hay diferencias sustantivas, tanto entre sí como con respecto a Europa y América del Norte (incluyendo Alaska)".

Quizá habría que definir qué es Occidente, porque algunos de los que mencionas, como el indígena de Chiapas, y buena parte de América del sur, aunque convenientemente colonizada y occidentalizada, no estoy tan seguro de que forme parte de Occidente salvo por irradiación emanantista, de naturaleza colonial. Los habitantes de la India también fueron colonizados y son mayoritariamente bilingües (usan el inglés como lengua cotidiana), copiaron muchas costumbres británicas, y sin embargo no los consideramos occidentales. ¿Por qué sí al indígena de Chiapas? Cuestión de definición, quizá, tan sólo tengo perplejidad y más preguntas.

De todas formas, insisto en que un francés, un alemán, un griego y un portugés pueden sentarse a conversar y descubrirán que comparten una herencia común (una ficción similar de paneuropeísmo ilustrado fue escenificada por Manoel de Oliveira en un viaje pedagógico-sentimental por el Mediterráneo, en "Un filme falado"). Si imaginamos la misma escena entre un tailandés, un chino, un filipino y un indio tamil, las diferencias son insalvables: apenas comparten códigos de lectura del mundo. La comunicación les resultará estrictamente imposible. En la propia India, los indios del sur resultan incomprensibles a los del norte, no sólo por cuestiones lingüísticas y culturales: sus códigos existenciales, de pertenencia y lectura del mundo, son mutuamente opacos. Es el ojo occidental el que les inventa un sustrato común para definirlos y colocarlos, ya inocuos, en la vitrina de la antropología o el estudio de las religiones: pero son conceptos embalsamados los que colocamos allí, y poco tienen que ver con una realidad complejísima y que además cambia a una velocidad de vértigo, mientras que Occidente más bien languidece, estancado en las aguas de su autocomplacencia intelectual y su conformismo.

Pero mis elucubraciones son azarosas. No estoy acostumbrado a pensar y no soy ducho en encadenar secuencias lógicas. Pienso por impulsos, por efervescencias. Estallidos que se herrumbran enseguida. Esto me hace cometer errores gravísimos y simplificaciones imperdonables (confieso que a veces son voluntarios, para azuzar el diálogo y removernos algo dentro a todos; otras veces son meras torpezas. Por todo esto te tengo que pedir disculpas otra vez). Carezco de tu meticulosidad, tu entereza y tu agilidad mental. Aprendo de ellas y te doy las gracias,

y más abrazos

francisco aranguren dijo...

Participo en este homenaje a Walser. Lo leí tras leer la lectura que de él hace Vila-Matas. De hecho Walser para mí es un personaje més de Vila-Matas, uno por el que tengo especial simpatía. Se trata de un escritor que busca la pequeñez, que decide hacerse invisible, abandonar todo trabajo y vivir en un sanatorio mental, donde durante años se hace pasar por un enfermo más. Un escritor que abandona la fama y busca la realidad, la naturaleza, la soledad, tiempo para él, para leer, para escribir una escritura indescifrable...como dice Vila-Matas, "con la voluntad permanente de ir aprendiendo a servir". Ese aprendizaje de la humildad (ética del empequeñecimiento dices tú), es lo que me encariña con este hombre que -creo- acaba encontrando la felicidad en sus largos paseos montañeros, y -en los últimos tiempos- en la aparición de un confidente. El absoluto desapoderamiento del estudiante en su novela fundamental, lo hizo él camino de vida. La sencillez difícil del intelectual, del ser propenso a analizarlo todo. El silencio como curación. Saludos.

Stalker dijo...

Francisco, gracias por tus reflexiones a propósito de Walser. Vila-Matas ha hecho mucho por divulgarlo, en efecto.

Hace poco estrenaron una versión teatral del Jakob von Gunten en la sala Beckett, de Barcelona. Conversando con Toni Casares, el director, me dijo algo que me llamó poderosamente la atención: en su opinión Vila-Matas ha hecho mucho daño a la figura de Walser. Al cosificarlo y transformarlo en un producto consumible dentro de cierto malditismo controlado. No ando muy lejos de esa postura, con ciertos matices: el retrato que ofrece del autor suizo es un tanto desteñido, más una postal que un verdadero ser humano. Con una escasísima penetración psicológica: más bien un molde vacío, un estereotipo al que se le han podado las aristas. Opinable, como todo. Sin embargo, es de agradecer que Vila-Matas ayudara a ingresar al renegado Walser en el esclerotizado canon del lector español. (Otros, más valientes que él, introdujeron a Clarice Lispector, y Siruela rescató a ambos en una doble operación editorial que me los dio a conocer al unísono).

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