martes, 23 de septiembre de 2008

Contra la literatura domesticada

Siempre me ha sorprendido que las clases medias intelectuales se dejen arrastrar por el canon que nos imponen editoriales, librerias, distribuidoras y suplementos y revistas literarias. A falta de una definición mejor, hablaría de "productos literarios programadamente inocuos y digestivos para las clases medias con preocupaciones intelectuales, vale decir, estudiantes, profesores, funcionarios con intereses culturales, etc.". En ese forzado canon se incluyen escritores como Coetzee, Sebald, Sandor Marai, Murakami, Mia Couto, Kertés, Vila-Matas, Kapuscinski, McCormack, Xinjian, Ford, Magris, Michon, Calasso, Pascal Quignard, Jelinek, etc. Literatura comme il faut: inocua, ligera, portadora de abismos controlables y estilísticamente poco renovadora. Todos ellos son hipotéticos o reales candidatos al Nobel y escritores que no cambiarán la historia de la literatura, y que nadie se escandalice: es público y notorio que Coetzee no es Faulkner, Kertés no es Hermann Broch o Quignard, Marcel Proust. El problema no es que esos autores, que en su "tono menor" tienen una indiscutible calidad y que incluso han dado alguna que otra obra maestra, existan y se distribuyan; el problema estriba en la unanimidad de su recepción y en que usurpen el espacio reservado a la gran literatura entronizándose como los grandes escritores del canon contemporáneo, como aquellas lecturas "imprescindibles" para estar al día. Tras leerlos a todos ellos, con mayor o menos interés, me preocupa que éste sea el paupérrimo mausoleo que legaremos a nuestra atónita posteridad (si es que hay tal). En estos autores se evidencia una decadencia de la transmisión de las ideas clásicas; hay algo que no avanza, una orfandad irreparable. El propio Agamben ya denunció que las ideas que constituyen la matriz del pensamiento contemporáneo fueron forjadas por un grupo de escritores del primer tercio del siglo XX, y que a partir de ahí hay un vacío epistemológico, que la filosofía no ha logrado colmar y la literatura apenas remeda. Sloterdijk es más drástico: reputa el presente como la época en que se ha operado una castración ontológica de los lijanes humanistas que nos vinculan al pasado; la época de la dispersión, de la ruina, del comentario, de la literatura pop. Todo esto se ubica en una problemática mayor, que tiene que ver con la memoria: el futuro del pasado, el futuro de la memoria, versará sobre esto: señalar los lugares, pero no en su transparencia sino precisamente en su carácter estratificado: sólo los lugares “arqueológicos” serán considerados lugares auténticos, re-medidados, objeto de inscripciones múltiples. Un edificio histórico auténtico se percibirá como una falsificación, mientras que una ruina, derruida y con agujeros de bala, nos parecerá auténtica, porque constituye una representación material de sus múltiples existencias. La desintegración posmoderna contra la entereza de los valores nobles, que se consideran ya objeto de ampulosa veneración y se inscriben en la larga lista de derrotas que el hombre contemporáneo, en su autocomplacencia, erige como victorias de un imaginario progreso mental.

Como antídoto contra ese canon, propongo una especie de contra-canon (aunque supongo que algunos de estos autores serán engullidos y domesticados por el canon oficial): Gombrowicz, Walser, Witkiewicz, Lispector, Haushoffer, Schulz, Zürn, Krystoff. Escritores con un lenguaje propio, inclasificables, que sólo rinden pleitesía a su propia escritura y no se pliegan a la extraña unanimidad que sacraliza lo que "toca leer".

13 comentarios:

Condesa Morfina dijo...

Con perdón por la redundancia, a mí me sorprende que a ti te sorprenda lo que comentas. El mundo editorial es un negocio más, igual que el cinematográfico, y necesita producir "fast food" para ser rentable. Precisamente por ser tan floja, volátil, inocua o llámalo como quieras es vulnerable y baila al son de modas impuestas por los grupos editoriales o simplemente por los lectores (la audiencia).
De todas formas existe una gran minoría que se molesta -como tú- en separar el polvo de la paja y sigue su instinto en la búsqueda de aprender, en comprobar por dónde y quién sigue la ruta de los autores que mencionas fueron pilares en el siglo XX.
Lo demás, premios, conferencias, presentaciones.., no es más que marketing, promoción y pasarela de moda donde sólo cuenta salir en la foto de primera fila (el dichoso front row).
Cada uno que se gane las castañas como pueda y como quiera, ya dirá el tiempo quién merece aparecer en los libros de historia.

Condesa Morfina dijo...

Poemas en avalancha.. me ha gustado mucho lo que me has dicho, gracias, te confieso que para mí es un simple "pasa-rato", y sé que la poesía es difícil de digerir, espero no aburrir a nadie o al menos a mí misma.
Yo me quedo prendada de tu prosa, me encanta leer tus disquisiciones, dale nomás, que engrasas mis conexiones neuronales (creo que alguna me queda jaja)

Condesa Morfina dijo...

Paso a recomendarte este blog, buenas historias y muy bien contadas: http://elalmadifusa.blogspot.com/

ana dijo...

ah, los comerciantes literarios. yo no sabía que existían hasta que llegué a la universidad -y que ejemplares de comerciantes literarios había en la mía, luis garcía montero, álvaro salvador y cía, ni más ni menos.

decía borges que el mejor antólogo es el tiempo, así que como dice la condesa, dejemos que pase el tiempo...

p.d-la imagen del cuadro de kiefer que has puesto es muy buena.

antonio dijo...

Interesante y curioso tu comentario; de acuerdo en casi todo, pero reconozcamos que solo unos pocos llegan a la cumbre, qque es imposible tanta excelencia, que con estos mimbres que pides los demás caen fuera del tiesto.

Pero déjame contarte algo: también me lo paso enormemente bien descansando de tanta exigencia, porque tras "La muerte de Virgilio" puede uno quedarse lustros sin leer nada más, y a mí me pasa también con alguna novela de Coetzee, con la tetralogía de Pennac sobre la familia Malaussenne, con los personajes atrabiliarios de Fred Vargas, con "Tren nocturno" de Martin Amis,, con páginas de Savater, Paz, Mary Douglas, M. Harris y hasta de Vila-Matas cuando me muestra a un autor que no conocía y lo explica bastante bien (sus novelas, "sin en cambio", son infumables). Y así estaría escribiendo más títulos al tuntún, tan solo para defender también a los de segunda división, quienes me han dado horas de felicidad y refugio contra el frío y la soledad.

Lo dejo aquí, gracias por hacernos pensar.

Abrazos.

Antonio.

Laura Giordani dijo...

Muy buenas reflexiones Stalker y aunque sabemos que el mundo editorial es un negocio más, como comentaba "Condesa" , uno no deja de sorprenderse y constatar con tristeza cómo encarna esa lógica de mercado no solo en los propios editores (los de las grandes editoriales son empresarios) sino en los propios escritores que van "domesticando" su voz para poder cuadrar en el canon. Cinismo y complicidad... Gracias Ana por tu comentario y tu desnudez en lo que escribes, sin apertrecharte en ninguna identidad. Vengo de un congreso... se habló de literatura y compromiso, literatura y mercado, entre otros temas. Hay mucho miedo a las intervenciones críticas (no digamos a dar nombres), a cuestionar jugándote tu nombre, miedo a quedar fuera del juego.
Excelente escrito Stalker. Gombrowitz es -desde mi punto de vista- imprescindible.
Un abrazo y gracias!
Laura.

Stalker dijo...

¡Gracias a todos por vuestros comentarios!

Lo que más me asombra e incomoda es la unanimidad en la recepción de ciertos productos literarios que hay que leer para "estar al día". Tengo amigos que están al día, son profesores universitarios y me recomiendan esa literatura (Coetzee, Kertész, Bolaño...) como la gran literatura de nuestro tiempo, aquella que es un espejo en el camino y que trata los temas contemporáneos con perspectiva y hondura. Luego me ven con los dos volúmenes de "La decadencia de Occidente", de Spengler y alucinan: es un autor que no entra en ese canon de ligereza refrendado, como digo, por esa extraña unanimidad acrítica.

Quizá peco de esencialista; por ahora prefiero ir al grano, saltarme a Coetzee y acabar las Tusculanas o releer a Marco Aurelio. Cada cual gestiona su tiempo y sus neurosis de acuerdo a sus carencias, amputaciones, laceraciones...

Gracias, Condesa, por el enlace; lo visitaré enseguida.

Un abrazo a todos

Fackel dijo...

Citas a Unica Zürn...¿alguien quiere hablar de Zürn? Quien no haya leído a Zürn no sabe bien lo que es literatura sin contemplaciones...

Stalker dijo...

Qué difícil hablar de Unica Zürn; estos días releo "El hombre jazmín" con el mismo estupor agradecido que la primera vez. "Primavera sombría", agrio retrato de su niñez, también está lleno de ambigüedades, heridas y vértigos secretos. Es difícil hablar de la locura de Zürn, porque en ella la pérdida de la cordura es también un acto sensual, epitelial. Es la escritora más original del mundo y a la vez la más banal (podéis comprobar, si tenéis cerca a algún amigo que haya padecido la enfermedad, cómo los delirios de los esquizofrénicos siguen patrones semejantes y admiten escasas variaciones; intuición que ya tuvo Michaux al investigar los procesos mentales alterados).

¿Es exactamente literatura? ¿Hay voluntad de construcción de un universo imaginario, o es un informe naturalista del mundo sensible que ella percibía?

Desde luego, literatura sin contemplaciones. Pero en la lista hay otros libros. Quien lea "Husos", de Maillard, descubrirá un libro brutal, delicioso e inimaginable... si tiene dentro de él una adecuada caja de resonancia, claro.

Bashevis dijo...

Contra la existencia domesticada... Elevemos la potencia.

Un afectuoso saludo! Aquí ando, aun “instalándome mentalmente”, jeje. Pero empiezo a ver posibilidades por todos lados, proyectos y estupideces que irán tomando forma.
Sigo leyéndote. Si empezáis el programa de radio o algo, me comentas, a ver si puedo Ascoltarlo!

Bashevis dijo...

De momento veras mas que leer... Estoy mas fotografico que literario...

Mitopoietico...

Stalker dijo...

Abrazos, Bash, estoy atento a tu senda...

André dijo...

Te recomiendo que trates de convertirte en ese autor contemporaneo a la altura de los de antes.
¿Por qué no pruebas a serlo tú? Después de todo, conoces todo lo que le falta a la literatura actual.
Y no me digas ahora que tú tampoco estás a la altura. Eso sería imperdonable.

 
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