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viernes, 3 de abril de 2009

Anise Koltz: los gatos, el caracol, Dios




Para Raúl Quinto: ¡feliz cumpleaños, maurón!

Dios
te imploro
como si existieras

Baja de la cruz
nos hace falta leña
para calentarnos

***

Cada ser
se lleva su misterio
a la muerte

Pero en el fondo de los cementerios
los dioses se pelean por sus sesos
que comen
en cuencos de plata

Cantos del rechazo, Anise Koltz (Hiperión, trad. José M. G. Holguera)

Si yo fuera rica
compraría a Dios

Reivindicaría la felicidad
para cada ser humano

Haría de él un herético

***

La muerte se apoya sobre mi bastón

Mientras con lentitud
me acerco a mi tumba

Dejo tras de mí
una baba plateada

***

No habrá endecha nuestra
que sea escuchada

Dios es sordomudo
Nadie nos enseñó
el lenguaje gestual

***

No me gustan los poemas cobardes
que se vendan los ojos

Me gustan los
que estallan en vuestras bocas
que crujen entre vuestros dientes

O los tumbados al sol
con los gatos
desperezándose y ronroneando

Bendita sea la serpiente & El tragador de fuego, Anise Koltz (La Garúa, trad. Evelio Miñano)

miércoles, 28 de enero de 2009

El hogar de los animales Ada



Hemos hecho el amor sobre una cama
en el centro de una casa sin paredes

la Naturaleza yace sobre nosotros
con su verdad y su diástole

Ninguna palabra, ningún afecto
han sido ignorados. El hecho se condensa
como un río que desciende entre mis senos,
cada uno de ellos pertenecientes a una y otra familia

El fruto huye de la maldición cuerpo abajo.
Nos salva.

Luego reímos,
como si ese instante fuese a perdurar

***

Hemos penetrado la floración más pura
del silencio

Ni siquiera el poeta la presagia,

la magnitud del rugido

(puesto que siempre hay un rugido
en el otro lado
la onda levantándose
sobre el mar de axones
extenso)

nada tiene nombre
allí
nos encontramos

la cosa y su palabra
sin rozarse
los índices extendidos

sobre el lecho del caos
urdimbre de líquenes
cegadores

allí temblamos

niños perdidos

El hogar de los animales Ada (2007), Yaiza Martínez Montesdeoca

NB: Me ha gustado mucho releer este libro. Se me ocurre una primera palabra para describirlo: telúrico. Un aliento subterráneo recorre sus páginas, cuya emoción va creciendo como la humedad que se adhiere a la pared. El libro avanza y huele a cal de cortijo, a musgo pensativo y a agua de pozo. Yaiza Martínez es una de las poetas más interesantes de su generación e intuyo que sus grandes libros nos esperan en un nido, ahí delante, en lo oscuro del futuro.
 
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