Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de diciembre de 2011

la cura

.



"Y mientras mi hermana estuvo enferma, la besé toda la noche. La besé 1050 veces, y comprendí que cualquiera, por enfermo que estuviera, se sentiría mejor si lo besaban 1050 veces..."

Texto e imagen de la película Ladoni (Palmas), de Artur Aristakisyan (trad. Stalker)


.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Las lágrimas de Nematzadeh

.



"El discurso de Iván en los Karamazov: "Por más extraordinarias que sean las maravillas que esta enorme fábrica proporcione, si cuesta una sola lágrima de un niño, me niego a admitirla"

Yo suscribo totalmente ese sentimiento. Ningún motivo, cualquiera que sea el que pueda dárseme como compensación a la lágrima del niño, puede conseguir que yo acepte esa lágrima. Absolutamente ninguno de los que la inteligencia puede concebir. Únicamente uno que sólo le es inteligible, sin embargo, al amor sobrenatural: Dios lo quiso así. Y también por ese motivo aceptaría un mundo que no fuera más que mal, e incluso que tuviera consecuencias peores de lo que supone la lágrima de un niño."

Simone Weil

Las lágrimas de Nematzadeh, y la mirada compasiva de su amigo...

Y aunque amo a Simone Weil, no estoy de acuerdo con ella en este punto. La voluntad de Dios (si Dios existiera) no justificaría en ningún caso la lágrima del niño, como no justifica la presencia del mal, el mal que se inflige a un solo inocente.

Me quedo con las palabras de Dostoievski, sin concesiones ni excepciones.

Las lágrimas de Nematzadeh y la mirada del amigo: ¿cómo olvidar eso?

.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Juegos de verano

.







Shilde ("Julio"), Darezhan Omirbaev

otros niños, en otras latitudes, también jugábamos bajo el inmeso cielo abierto, en llanuras muy parecidas a las de Kazajistán

una oruga en el brazo, caracoles en las palmas de las manos

cerca, toda la ternura respirable, el tiempo dilatado, la complicidad

juegos de verano

.

martes, 25 de enero de 2011

¿Qué es una vaca?


(Ejercicio de redacción escrito por un niño y que se conserva en el Museo Pedagógico de París). El tema propuesto era: describir un mamífero o un ave).

El pájaro del que voy a hablar es él búho. El búho no ve de día y de noche es más ciego que un topo. No sé gran cosa del búho, así que continuaré con otro animal que voy a elegir: la vaca.

La vaca es un mamífero. Tiene seis lados: el de la derecha, el de la izquierda, el de arriba, el de abajo. El de la parte de atrás tiene un rabo, del que cuelga la brocha. Con esta brocha se espantan las moscas para que no caigan a la leche. La cabeza sirve para que le salgan los cuernos y, además, porque la boca tiene que estar en alguna parte.

Los cuernos son para combatir con ellos. Por la parte de abajo tiene la leche. Está equipada para que se la pueda ordeñar. Cuando se le ordeña, la leche viene y ya no para nunca. ¿Cómo se las arregla la vaca? Nunca he podido comprenderlo, pero cada vez sale con más abundancia.

El marido de la vaca es el buey. El buey no es mamífero. La vaca no come mucho, pero lo que come, lo come dos veces, así que ya es bastante. Cuando tiene hambre, muge, y cuando no dice nada, es que está llena de hierba por dentro. Sus patas le llegan hasta el suelo. Las vacas tienen el olfato muy desarrollado, por lo que se las puede oler desde muy lejos. Por eso es por lo que el aire del campo es tan puro.

miércoles, 15 de julio de 2009

Infancia y mirada, álbum de fotos



Stalker y Stalkerilla (mi hermana) en 1981.

Desvelar la mirada de la infancia y cómo nos ha hecho ser como somos. La vida como traducción imposible de ese mirar de niño que se aleja de nosotros pero nunca hemos dejado de ser.

La idea es construir, entre todos, un álbum de fotos de la infancia de los topos. Se pueden subir aquí: http://imageshack.us/ (una vez subidas hay enlaces que se pueden copiar y pegar y que me permitirán subir la foto al cuerpo de la entrada). Igualmente me las podéis hacer llegar por cualquier otro camino.

Un álbum comentado comentado en red, como os podéis imaginar. La idea es incluir alguna reflexión o apunte sobre la infancia y el mirar de la infancia. Total libertad: puede ser propio o ajeno, puede ser un cuadro, una canción, un vídeo. Puede ser, también, la foto desnuda de todo ornamento.

Esta es la primera parte de una entrada que pretenderá abordar el problema del paso del tiempo y del envejecimiento. Se me ha ocurrido al ver esta foto donde aparezco con mi hermana, porque tengo otra, hecha veinticinco o veintiséis años después, y en la que aparecemos en la misma posición pero siendo otros, sin dejar de ser, paradójicamente, los mismos.

Recuerdo muy bien aquella instantánea de 1981. Fue el primer encuentro con esa alteridad extraña que procura la visión de uno mismo. Me explicaron lo que era una fotografía y yo entendí que era mirarse a un espejo de piedra: uno se veía a sí mismo pero en piedra, inmóvil, y así para siempre. La idea de inmovilidad era pavorosa y fascinante. Por eso el mirar al objetivo con esa curiosidad insaciable que me provocaba el mundo: mirar sin que mediara pensamiento, sin que la idea cercenara, delimitara, ecualizara la pura aprehensión del instante.

Veintiocho años me separan de aquella fotografía y aún no se ha agotado el inagotable caudal de fascinación de lo real. Aún pienso en el espejo de piedra, pero también en cierta movilidad aparente pero, en el fondo, petrificada. Tal vez somos algo inmutable bajo la ilusoria impermanencia que desborda, incontenible, lo que imaginamos nuestros límites. Tal vez el alma sea la piedra en nosotros, y ésa no cambia, no la herrumbran ni las edades, ni las servidumbres, ni las claudicaciones, ni las sombras que nos transforman en un otro físicamente irreconocible pero idéntico, en el mirar, a aquel niño sobrecogido y fascinado que fuimos.


Bashevis






Laura Giordani



Como participación en esa entrada tan tierna, te envío una foto en la que tendría unos 4 años. Me la tomaron en el jardín de infancia en Argentina y como no tenía el babero del colegio, la seño me dejó el de otra niña cuyo nombre estaba bordado en el bolsillo delantero. Por eso estoy cubriendo con mis manos y un poco de pudor ese detalle delatador. Mis padres por aquel entonces militantes y viviendo casi en la clandestinidad, no podían ofrecer siempre los cuidados de otras casas más "asentadas" o normales. Luego de esta foto vinieron años duros para nosotros y el país, pero rescato esa mirada limpia, todavía ajena al horror y lo que vendría.

Junto a este poema mío de "Sudestada" que lleva una cita de J. Saer.




"La infancia es esa lluvia primera,

de la que nunca enteramente nos secamos"

José Saer



El beso de los caracoles

subiendo por los pies

después de la lluvia

no pueden apagar

la cruz del sur

yerra celeste quemando

aún la frente el paso austral

de la noche el clamor

de las cigarras

reverberando en el cráneo

como voces de niños

en una ciudad abandonada



aunque los caracoles

hoy avancen sobre cristales rotos



no pueden

apagarlo.


Arturo Borra



Querido Stalker, después de varios días ausente, encuentro esa otra invitación tuya que hacés en el blog. Me sumo con una foto de infancia mía, que no es luminosa, pero que describe una dimensión íntima de lo vivido en esa patria de juegos. No sé siquiera cuándo fue; en mi antigua casa, esperando algo. Conozco esa mirada de espera de lo desconocido, en el momento previo a entregarme a los ensueños que me acompañaron tantas horas, en los juegos solos. (Podía pasarme tardes enteras inventando mundos). A pesar de una cierta sombra que se asoma, temprana, en la fotografía, recuerdo con ternura esos momentos en los que tampoco estuvieron ausentes otros costados más risueños.
Con un fuerte abrazo,
Arturo

A esa foto la asociaría con este poema de J.M. Rilke

PROGRESO

De nuevo murmura, más fuerte, mi profunda vida,
como rodando sobre un ensanchado cauce.
Cada vez me parece más cercano todo
y más claras las imágenes.
Y me siento más cerca de lo inefable.
Mis sentidos como pájaros en torno a una encina,
se pierden el cielo agitado por el viento,
o, incitados por los peces, se hunden
en la luz rota de los estanques.


Fackel




Stalker, la amistad y solicitud con que me honras se merece mi foto más antigua. La primera de mi tierna infancia, preservada seguramente porque era una fotografía de un carné de la familia.

Ya no sé si a estas alturas uno mantiene siquiera una pizca de la inocencia real que ilumina al niño en esa fotografía. Aunque ya entonces empezaba a vislumbrarse también el lado oculto y sombreado que, quien o más menos, todos llevamos dentro. En este caso, el ser díscolo todavía no se había manifestado en plenitud, obviamente. Pero el renegón ya ibría abriéndose camino, supongo. Lo que más me choca es que tenía uno entonces esa tendencia a los ojos tristes que con la edad se agudiza. Me sorprendo también -esta idea tuya a la que cedo con gusto propicia la autorreflexión- de la imagen calma del niño, yo diría que hasta serena. Expectante por la labor del fotógrafo, no se dejó afectar por la artificialidad de la pose. Creo que desde entonces la quietud no aparece en ninguna de las fotografías posteriores del indiividuo crecido. El flequillo y el pelo muy corto era una de las señas obligadas de identidad en mi infancia española. Siempre me he preguntado de dónde vendría esta moda, supongo que de alguna de las "brillantes" ideas de orden al uso en la recalcitrante y timorata sociedad de aquel tiempo. Por supuesto, ese corte nos hacía a quien más o quien menos unas orejas más acusadas de las que en realidad teníamos.

Y para rematar, se me ocurren estas líneas a propósito de la distancia oculta...


No hubo pérdida

los ojos siguen
la sonrisa muda y sugerente
sigue
la expectación sigue
incólume y curiosa

eso sí
la sangre se acentuó hasta límites
en cuya resistencia se nutre

eso sí
la sed se prolongó
infinitamente
sin conseguir saciarse

y en cada palabra
suya
el trueno sigue retumbando
hasta conmover su abismo

poco o mucho es lo que hay
entre sus manos

pero nada ha perdido
todavía



Salud e imaginación, hermano Stalker.


Òscar Solsona



querido hermano búfalo,
ahí estoy yo, con mi hermano (soy el peque), en el terrado del poble sec (barcelona), haciendo el ganso...

ahí debería tener unos once años...

he disfrutado viéndoos, leyendo vuestras vidas...

añadir, solamente, que no pocas veces recurro a uno de los òscares de atrás para solventar asuntos del presente. le pregunto a aquellos cómo hacer y entonces las cosas se resuelven en un periquete...

si bien desde el ahora vivimos los acontecimientos muy pegados a lo siendo, siendo lo que somos, es útil echar mano al hueco y traerse al yo que toque del antaño, que reactive la vida, si es posible, desde la impecabilidad... así el camino se puede continuar tan tranquilos...

besos,
òscar.


Mariel





Te envío dos fotografías sobre los ojos de la infancia. En la primera tengo 3 años y pretendo tocar el inmenso y majestuoso piano de mi madre. Claramente le estoy faltando el respeto.

Los tiempos que vendrían podrían resumirse en una lucha incesante entre la risa y la melancolía. Elegí enviarte esta foto con risa de teclado de piano porque, más de treinta años después, aprendí que la melancolía es una enfermedad y la risa me salvó de ser un joven cadáver. Además, todavía me gusta usar camisetas a rayas y botas de caña alta, aun en verano.

La foto duerme dentro de una edición de 1977 del libro de poemas "Estravagario", de Neruda, junto a una flor marchita (no recuerdo su origen) entre las páginas 94 y 95, que marcan el final del poema "Amor" y el comienzo del poema "Sueño de gatos". Sí recuerdo cómo el libro llegó a mí. Arrastré a mi padre, como cada año, a la Feria del Libro en Buenos Aires y le pedí por favor ese libro cuyo título me parecía bello e inalcanzable, para ir completando mi modestísima colección de libros de Neruda editada por Losada. Amaba este libro y evidentemente debo de haberme rendido en el '77 ante la declaración de amor y los sueños felinos para dedicarles en un gesto romántico una flor que los recordara. Pero los olvidé.

Nunca más volví a leer a Neruda, hasta el año pasado, cuando viajé a Valparaíso y dejé una de mis piedras de amatista enterrada en la playa frente a su casa en Isla Negra.

Mientras fotografiaba esta foto para enviártela, miré a mi costado y lo encontré a Felipe, así, como lo ves en la segunda fotografía que no pude resistir tomar. Porque Felipe (que todo lo sabe) repite cotidianadamente un gesto que define perfectamente lo que solemos hacer algunos con nuestra infancia: aferrarnos a ella y no querer soltarla por nada del mundo. Es evidente que su moisés circular de cachorro le queda exageradamente chico a sus 6 años. Pero a Felipe no le importan estas menudencias y se acomoda plácidamente y sin reparos en los lugares que lo hicieron feliz. Es más: rechaza cualquier tipo de manta o trapo que se adapte a las longitudes actuales de su cuerpo.

Crecí en un país en dictadura y es posible que eso reforzara de algún modo la creación de un mundo estrictamente privado, hecho de libros y películas. La escena que marcó para siempre mi infancia es ésta que te enlazo (http://www.youtube.com/watch?v=Zlq0l7kuxtQ), sobre la cual lo único que puedo decir es esto que escribí hace un tiempo, en un cuaderno escolar idéntico a aquellos en los dibujaba cuando me moría de risa frente al piano de mi mamá. El Rex sigue siendo aun hoy, para mí, tan inalcanzable y bello como lo fue un librito de poemas llamado "Estravagario".


Vi pasar el Rex



Nada fue como te lo imaginaste. Nada.

Pero eso no importa, si viste pasar el Rex.

No importa que fuera el orgullo de la Italia fascista,

que lo alcanzaran 123 misiles de las tropas aliadas

y cayera recostándose mansamente en la costa adriática,

incendiándose de punta a punta.

Que los pilotos de los Beaufighters sintieran,

mientras lo bombardeaban durante tres días,

que era demasiado bello para hundirlo.

Y continuaran, durante tres días, bombardeándolo,

aunque no hubiera nacido para la pólvora

sino para el placer.

Ya había cruzado el Atlántico y llegado a Nueva York.

Por su cubierta se paseaban

elegantes señoritas con sombrilla,

que enviaban postales desde un Rex

dibujado en colores,

imágenes de un álbum infantil

con matasellos de encanto.

Si te sentaste a esperarlo sobre un mar de plástico

agitado por los ventiladores de tu Cinecittà,

en un modesto botecito de madera bajo una falsa noche

en la que las estrellas brillaban como broches de plata.

Si esperaste y lo viste pasar,

majestuoso e inalcanzable y colosal,

iluminado como una legendaria y silenciosa catedral

a la que ofrendarle tus sencillas y entrañables plegarias.

Si te estremeciste ante su silencio glacial

que sin embargo recogía, como modestas monedas,

tus palabras.

No importa que el Rex fuera una maqueta.

Que súbitamente apareciera y te ignorara.

¿Qué le dijiste al Rex? ¿Qué le pediste?

Que la alegría no te abandonara,

volver al punto donde te perdiste,

que se esfume esa sombra que insiste

en asilarse dentro de tu cabeza,

no más alcohol sobre la herida que no sana.

El paso del Rex acaba donde la vida empieza

y empieza para que se suspenda la metralla.

Yo también vi pasar el Rex.

El acordeonista ciego preguntaba “¿cómo es?”

y no supe decirle nada.

Era tan bello que dolía

y los Beaufighters lo perseguirían

porque el milagro no puede durar.



Ana Hidalgo



Aparte de los silencios de mi padre, quizá también las piedras me influyeron mucho, las piedras y el hecho de que yo me sintiera bien con ellas.

Y hacer castillos de piedra y no de arena.


Esther



¿Se puede?

Llevo días acercándome. Días sin atreverme, pero deseando hacerlo. Les miraba tras la cortina y se me antojó entrar. Espero no molestar. Prometo entrar y salir sin hacer ruido. Supongo que sería mucho más entretenido que ustedes me conocieran para que cupieran comentarios de sorpresa :-), el caso es que aparecí cuando ya todos se conocían. Y yo callada. Mirando.

http://img43.imageshack.us/img43/700/estherrevoltosa.th.jpg

Esa niña debo ser yo en el año 74. Viéndome tan pequeña sólo se me ocurre pensar en todas las imágenes que guardo de aquel entonces. Algo así:

Mi ayer es un patio de lilas.
Una polilla
en un bote de cristal.
Una sandía
verde y blanca.

Mi ayer
es un cobertizo enmohecido.
Una bolsa de plástico cuajada de sioux.
Un plato de arroz con leche y canela.
Una vela.
Mi ayer
es un sol que nunca se pone.
Una imagen perenne.
Naftalina en el baño.
Una tele.
Y un cómic.
Y un siempre.

Esa niña debo ser yo entonces, o se parece mucho a mí.

Ya salgo.


Gio





La primera, la "yo", es una mia con unos tres años, muy disgustada como ves por ir vestida de esa manera...jajajaja...Desgraciadamente esa ha sido la realidad de mi vida, hacer a disgusto lo que otros creian oportuno...pero no te preocupes...dije..... ¡basta!.


Luna



Mira cómo me trataban de pequeñísima. Me lo habéis recordado.

Un abrazo.


Pepe Maiques



junto a la playa de las arenas en valencia transcurrían sin horas los meses del verano alargándose extraños a las marcas del tiempo, pues como ahora sabemos, entonces no existía. sólo había señales de sal, lagartijas y dientes de león que crecían en la arena con flores rojo sangre. tranvía, infinidad de luz, tranvía y sueño constituían el recorrido diario, sólo interrumpido por alguna excursión a un pueblo cercano a la ciudad. posando sin convicción, en la mirada asoma el temor ante los elementos. me refiero a los humanos, a los obligatorios del futuro inminente.


Ella



En esta foto tendría yo unos 3 ó 4 años... supongo, no recuerdo por qué motivo fue tomada aunque sí recuerdo el baby que llevo puesto y el colegio y la profesora de parvulario. Y me han contado que yo empecé un año antes el parvulario ya que mi hermana mayor y yo que nos llevamos 13 meses fuimos juntas a la guardaría hasta que a ella la pasaron a 1º de parvularioa y yo lloré tanto, tanto, pero tantooo que me cambiaron todo ese curso a 1º de parvulario, curso que al año siguiente tuve que repetir. la verdad sea dicha teníamos un poco de enchufe en ese cole ya que mi abuela era la cocinera desde hace mucho tiempo y era muy querida por las monjas. Y bueno también fue porque según mi madre mis berrinches eran *insoportables* vamos que debía tener unos pulmones de armas tomar ;)
 
Free counter and web stats