viernes, 25 de noviembre de 2011

El árbol-mundo

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Hay un árbol muy antiguo que tiene las ramas hacia abajo y las raíces hacia arriba. Éstas son lo puro, el Absoluto, lo inmortal. Sobre ellas reposan todos los mundos y nada existe más allá de ellos. Esto es verdaderamente así.

Tiene como primer brote la Vida total, el Brahman inferior, que comprende los poderes de conocimiento y acción; como tronco tiene los diversos cuerpos sutiles de todas las criaturas. Su fuerza para crecer le viene del rocío del agua del deseo. Los objetos del conocimiento sensorial son sus tiernos brotes. Sus hojas son los Vedas, la Tradición, la Lógica, el aprender y la enseñanza. Son sus bellas flores los variados actos de ofrecimiento, amor, austeridad... Sus distintos sabores son las experiencias de placer y dolor. Sus infinitos frutos son los medios de subsistencia de todos los seres. Tiene unas raíces secundarias bien ocultas, entrelazadas y firmemente enraizadas por el rocío del agua del deseo. Tiene como nidos los siete mundos, empezando por el llamado satya, construido por los pájaros que son los seres que habitan en Brahman inferior.

Kahta Upanisad (en cursiva) con el comentario Advaita Vedanta de Shankara (en redonda)(trad. Consuelo Martín)



En Benarés, la ciudad de los templos, los árboles sagrados, el pippal (asvattha, ficus religiosa) y el banyan (nyagrodha, ficus indica), sirven de abrigo a los dioses. Bajo sus hojas habita Shiva en forma de linga o acompañado de su esposa Parvati, y Hanuman, el dios mono, y Durga y Kali, las diosas terribles. También eligen las mujeres los grandes troncos de los árboles sagrados para colgar en ellos cuencos de barro que contienen pequeñas efigies a través de las cuales las fuerzas naturales habrán de propiciar su fertilidad. No he visto nunca que las mujeres se abracen a los árboles, pero dicen que en algunas partes de la India es costumbre que lo hagan para participar de su florecimiento.

Chantal Maillard, El árbol de la vida



Yo: ¿Qué es el árbol Tûbâ?
El sabio: El árbol Tûbâ es un árbol inmenso. Cualquiera que frecuente el paraíso, contempla allí ese árbol cada vez que pasea por él. Hay una montaña que está situada en el centro de las once que te he hablado. En ella se encuentra el árbol Tûbâ.
Yo: ¿Y ese árbol no tiene frutos?
El sabio: Todos los frutos que ves en el mundo están en él. Si ese árbol no existiera, jamás habría ante ti ni fruto, ni árbol, ni flor ni planta.
Yo: ¿Qué relación tienen frutos, árboles y flores con ese árbol?
El sabio: Sîmorgh tiene su nido en la cima del árbol Tûbâ. Al alba, sale de su nido y despliega sus alas sobre la Tierra. Por la influencia de sus alas los frutos aparecen en los árboles y las plantas germinan en la Tierra.

El arcángel teñido de púrpura, Shihâboddîn Yahyâ Sohravardî (trad. Agustín López Tobajas)



El bosque infinito, solitario, crepuscular, ha sido siempre el anhelo oculto de todas las formas arquitectónicas de Occidente. [...] Los cipreses y los pinos producen la impresión de cuerpos euclidianos; no hubieran podido ser nunca símbolos del espacio infinito. El roble, el haya, el tilo, con sus vacilantes manchas de luz en los espacios llenos de sombra, producen una impresión incorpórea, ilimitada, espiritual. El tronco de un ciprés encuentra la perfecta conclusión de su tendencia perpendicular en la columna clara de su copa fusiforme; el tronco de un roble es como un afán insaciado, insaciable, de transcender allende la cima. En el fresno dijérase cumplida la victoria de las ramas ascendentes sobre la corona. El aspecto del fresno tiene algo de cosa disuelta, como una libre propagación en el espacio, y acaso fuera por eso el fresno un símbolo del mundo en la mitología nórdica.

Oswald Spengler, La decadencia de Occidente (trad. Manuel G. Morente)



siempre he sentido que entre esas dos imágenes fundacionales, el árbol de Sacrificio y el árbol de Paisaje en la niebla, imágenes-cuerpo, imágenes que nos ofrecen la experiencia de lo intraducible, se crea el espacio de un pathos terapéutico: música callada de la curación, estremecimiento que sana, regazo al que caer

si ya no hay reacción epidérmica, si la piel ya no es el lugar del encuentro: migrar al árbol, abrazar al árbol

donde la intemperie
donde un latido ofrece mundo

lugar de lo impronunciable, donde la "salvación" no será más que el encuentro de dos vibraciones, dos vidas que se funden en un instante de equilibrio rítmico

ahí podrá brotar el poema, árbol-mundo o poema-mundo: otra forma de decir la extinción en la ternura, lo inextinguible mismo, más allá de la desaparición de la experiencia de la piel, que nos ha sido negada por los administradores del miedo en todos los órdenes de la vida

Imágenes:
(1) Fotograma de Sacrificio, de Andrei Tarkovski
(2) Árbol Pippal, en Nepal.
(3) Árbol Banyan, en la India.
(4) Representación del fresno Ygdrasill, el árbol del mundo
(5) Fotograma de Paisaje en la niebla, de Theos Angelopoulos

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14 comentarios:

Eastriver dijo...

Es como una brisa, Stalker, como la brisa que generan los árboles cuando el viento pasa rozando sus ramas. Es un antología hermosa la que nos brindas, Stalker, aunque tan adentro a veces uno se pone triste.

Anónimo dijo...

Estremecedora entrada Stalker.
te abrazo con mis ramas

ahab

Stalker dijo...

Querido Ramón:

no hay tristeza en el abrazo al árbol, en la cercanía a todo lo que vive y nos hace vibrar. Sé que conoces esa intimidad. Todo por lo que merece la pena vivir.

un abrazo de fresno-mundo

Stalker dijo...

Ahab:

sí, estos fragmentos me apelan de manera muy especial. Pienso mucho en los árboles, en las plantas... tanto como en los animales.

Sabía que esta entrada te tocaría especialmente, por tu relación de intensidad y extremo respeto a la naturaleza. Dentro de estos árboles también estás tú. Tú mismo eres un árbol,

abrazo con estas otras ramas

ana dijo...

Toda la entrada es un árbol de variados frutos
ramaje extenso disuelto iluminado
imágenes inextinguibles
agua en el tronco de piel muda
la cálida hendidura


árbol –poema que creces con tus manos
cuelgo en ellas mi cuenco
y me desvío hacia los cielos
hundida en la raíz dispersa

abrazo que migra hacia la sombra

gracias por tanta belleza, que hasta duele

ana dijo...

...existió también un árbol inmenso en la profundidad de la Amazonia, que contenía todos los frutos del mundo y en si era todos los árboles, el Kaliawirri-nai, del que sólo queda su tronco : el majestuoso cerro Autana
(leyenda guahiba)
abrazo entre ramas

El Joven llamado Cuervo dijo...

Qué maravilloso, al final me queda una necesidad, casi, de parecerme a un árbol, de que mis brazos protejan a mis propios dioses, hundirme en la madre tierra hacerme uno con el barro...Un abrazo.

Saltamontes dice: Hasta que la fuerza me falte dijo...

Pues eso, hasta que la fuerza de mis brazos se agite, me falte, me rompa, seguiré abrazando los árboles para florecerlos, aunque solo sea un sueño o una muerte, un ritual de esparcimiento, de inseminación. ¿Quién hubiera dicho, quién, una mujer que embaraza a un árbol? Y sin embargo, cualquier retoño, sería el espejo perfecto de la tranquilidad soberana de lo natural.
"Embazar", "abrazar", "árbol": quién podría negarme que todos provienen de la misma raíz, que la semántica no deja de ser a estas alturas una trampa para los sentidos.

Pego un salto y me alcanzo los textos. Se deriva de esto que me comunico con Maillard al abrazo de su texto. Y sin embargo, los demás suenan a religión ciega y hueca. Kali no existe, Brahma tampoco, solo la fuerza de Kali, la fuerza de Brahma. Solo la potencia de Kali como Kali, y de Brahma como Brahma. La religión que existe como potencia del miedo, es su cuerpo. Destruirlo para quemar, para sobrevivir al árbol y a la ceguera. Conseguir el canto.

No existe entonces si no un árbol, o dos árboles, o miles de árboles. Quizás el bosque. El concepto de la raíz hundida, del tronco erguido, derribado por el aire.

Es maravilloso que un árbol no tenga ojos. Que no sea más que ese derribo, que el movimiento de la permanencia.

Mayor error que divinizar la entidad, lo que no era entidad si quiera.

"Éstas son lo puro, el Absoluto, lo inmortal. " Digo: olvida este don humano de divinizar, de mayusculizar las palabras. Olvida.

No soy Monelle, pero olvida verbo que eres el verbo. Olvida cuerpo que eres el cuerpo. Olvida miedo al miedo, olvida Kali y mayúscula, kali, y desaparece.

fdo: el saltamontes.

Stalker dijo...

Anamaría:

gracias por pasearte por las ramas de este tronco que abrazas sin cesar desde el principio del mundo

y gracias por traer al Kaliawirri-nai... otro tronco al que abrazarse...

abrazos y ramas para ti

Stalker dijo...

Joven llamado Cuervo:

esa necesidad, tan íntima, tan imperiosa, tan dentro: siempre:

abrazo de ramas y barro

Stalker dijo...

Saltamontes:

espléndido comentario que salta entre las ramas frondosas de este tupido bosque...

Tienes razón en lo de "Absoluto", un problema de traducción. La traductora vierte Brahman por Absoluto, es decir: transforma el nombre ajeno en un concepto reconocible por la razón etnocéntrica, afín a nuestra tradición. Hay que tener mucho cuidado con eso, porque la religión "ciega y hueca" a la que aludes puede en gran medida estar adscrita a nuestro conceptos teocéntricos, al judeocristianismo fosilizado de cuya adherencia no somos capaces de desprendernos al traducir al otro...

eliminar las mayúsculas, incluso de los nombres propios, debería ser una obligación ineludible antes de abrazar al árbol. Podemos imaginar que el árbol nos despoja de nuestro nombre en ese abrazo; nos deslinda así de nuestro pasaporte, nos impide pasar la puerta, nos niega nuestra condición de encrucijada: nos arroja, ya sin miedo, a esa fusión propiciada por el acercamiento de dos ritmos disímiles que por un momento convergen. Homeostasis, reconocimiento, vibración cordial. Ausencia de velo en el lenguaje que nos quema en la punta de los dedos, donde el fuego del con-tacto es amable y nos esparce como briznas entre las formas...

tu comentario arrojó sus ramas en esta tarde y la llenó de gozo. Lo bebo agradecido,

un abrazo

c c Rider dijo...

El hombre ha de reconciliarse con la idea del hombre. Un método, una misma acción diaria. Tal vez llevar un vaso de agua al árbol que tenemos dentro sea el mejor método. Destruir la hermética. Pienso querido Stalker en ciertos lienzos de Caravaggio, los márgenes oscuros y que tanto enajenaba a los ignorantes que pagaban por sus obras. Es cierto que el árbol del sacrificio crece en dos direcciones. Hacia lo desconocido y la tierra.



Un abrazo.

Stalker dijo...

C C Rider:

reconciliarse con la idea del hombre, sí... una tarea pendiente y difícil... buscar en esos márgenes de oscuridad, ahondar en un ritual privado que hunda nuestras raíces en la tierra, fundar una lengua por venir, propiciar la cercanía con lo que somos carne adentro, temblor afuera... estrategias, todas, para sobrevivir...

un abrazo no hermético

Stalker dijo...

Respecto a lo hermético, no me parece mal si añade sabor a la carne-palabra

a veces la visibilidad absoluta, la comprensión absoluta -es decir, la luz, el logos, la ley androcéntrica de la metafísica occidental- oculta y destruye. A veces una cierta "opacidad" es el fermento deseable donde pueden madurar las formas...

salve

 
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