sábado, 24 de septiembre de 2011

Pequeño conjuro para acercar, carecer

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Fotogramas seleccionados de El huevo del ángel, Mamoru Oshii (1985)


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14 comentarios:

leonardo dijo...

Poco familiarizado con este tipo de imágenes, me parece que me pierdo en la mitad del conjuro, querido Stalker. Si me acerco de algo carezco, parece, para acercarme del todo.
abrazo sorprendido

çç dijo...

Intenté localizar la película, para ver on line y no pude. Tendré que ponerme un parche en el ojo. Saludos.

Eastriver dijo...

No he visto la peli. Vi otras que intuyo parecidas. Es cierto que tienen un tipo de magia muy especial, aunque a mí particularmente me cueste entrar en esos mundos.

anamaría hurtado dijo...

mientras miro esta entrada, escucho un lento e largo,tranquilissimo de la sinfonía n3 de Gorecki, y tan aparentemente distantes , me parecen hechos la una para el otro, o viceversa
¿será eso el resultado del conjuro?
¿el carecer que acerca?
...del todo?
¡funciona, querido stalker!
abrazo sor-prendido

Luis González dijo...

Qué raras las imágenes del conjuro. La niña y el huevo. Parece que, en la historia, aparece también un caballero cruzado.

No me gusta el huevo en su forma. Dicen que en condiciones de perfecta isotropia, sin fuerza alguna que deforme, la esfera es la forma que tiende a surgir en la organización de la materia (junto con el fractal). El huevo conserva - nos hacemos un ovillo - y es difícil de destruir - véase el juego de la manzana que debemos morder con las manos a la espalda.

No sé qué hace la niña con un huevo. Me gusta que la niña rebusque entre la ruinas buscando recipientes y botellas. Me gustan los vidrios viejos. No me gusta la esfera. El ser de Parménides esférico me mata. Me gusta la niña que viva recoge chatarra. Me gusta la chatarrería.

No me gusta la niña que se convierte en piedra. Ni los mausoleos de los mil ángeles-guerreros. Se apuesta por el huevo y se acaba en piedra.

Me gusta el fractal más que la esfera. Me llevo bien, pues, con el 50 % del universo.

Me acerco conjurado a tu canción. Encantado de decirte hola.

Stalker dijo...

Querido Leonardo:

para carecer y acercarse hay que avanzar a tientas, perderse, ahí está la gracia del conjuro,

desactivar la tentación de un ciero tipo de racionalidad vertical,

abrazo fuerte

Stalker dijo...

C C Rider,

espero que la encuentres, pero para activar el conjuro no hace falta ver la película

son variables independientes

saludos

Stalker dijo...

Ramón:

no es éste el momento de hablar de animación japonesa y de los problemas (y prejuicios) que rodean su recepción y comprensión entre el público occidental. Pero hay obras que siguen caminos no recorridos por nadie; ésta es una de ellas.

Me gusta mucho la animación y nunca he visto nada semejante a “El huevo del ángel”, una de las piezas en las que la imagen se hizo poema antes de toda palabra. Comparable a los mayores logros de Tarkovski, Bresson, Tsai Ming-liang, Chantal Akerman o Godard,

un abrazo

Stalker dijo...

Querida Anamaría:

tu capacidad para dejarte sor-prender es fuente inagotable de gozo para quien te conoce y te lee

el carecer que acerca es una de las formas de la fragilidad, de ésas en las que encontramos morada

ahí nos hacemos pequeños, delicados, dulcemente lentos

nos quema una lumbre tierna, después de los signos calcinados, tras la invisiblidad del mundo saturado de lenguas que ya no dicen

abrazos prendidos, acercados de carencia y dulce calor mamífero

Stalker dijo...

Querido LUG:

bicéfalo entras en el conjuro, arrojado al 50 % del universo a cuyo unísono vibras,

me gustaría que la otra mitad, esférica, se te hiciera amable,

es curioso oírte renegar del ser de Parménides, a quien en alguna ocasión reivindicabas frente al voluble Heráclito. Como imaginas, para mí Parménides (y Platón) son “el enemigo”, y desde cierto punto de vista este pequeño conjuro podría entenderse como un rechazo de la metafísica, que fosiliza el encuentro con lo “real”, petrificando el instante en el concepto, instalándonos en el reino de la inteligibilidad abstracta en detrimento del pulso inmediato de lo vivo: esa búsqueda azarosa de botellas en calles que parecen desvanes, el eterno deambular del transeúnte en un paisaje atrapado en una metamorfosis permantente…

el daño que ha hecho la esfera es enorme, y sin embargo, ¿es un huevo la esfera? ¿No redimirá en cierto modo al huevo el “atrevimiento de la fragilidad a darse” que configura su estructura, que dicta su aura y su inminencia?

los fractales: diferencia y repetición, algoritmo recursivo: me gusta. Y sin embargo en esa repetición de estructuras, en esa naturaleza matriushkizada ad nauseam, he creído ver más la ausencia de forma, la no-forma del Tao o el ki y no tanto una mera geometría irregular reductible a nuestros códigos de legibilidad, fatalmente etnocéntricos.

entre la bicefalia y los fractales: encuentro de notas acaso desafinadas que buscan resolverse en un acorde sordo, en un tono al margen. Afinación-des-afinación o el crepúsculo constantemente inventariado de una sensibilidad dulcemente visceral,

te deseo la “indetenible quietud” y un grado de entropía tolerable en este regreso -¿caída?- al corazón del otoño,

y un abrazo

Isabel Martínez Barquero dijo...

Toda una historia en imágenes.
No entiendo mucho de animación, pero los dibujos que nos traes de "El huevo del ángel" me han sacudido, me han calado.
Gracias y un abrazo.

Lola Torres Bañuls dijo...

He visto los dibujos. Pero no puedo decir nada al respecto.

Un abrazo Stalki

Stalker dijo...

Isabel:

gracias por recibir estas imágenes, por dejarlas entrar...

abrazo

Stalker dijo...

Ave zancuda:

silencios hay elocuentes y que pesan un mundo...

abrazo en las marismas

 
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