SeguirDifícil sin piel calarse esta suerte.
Propiamente evocado no es dolor
esto que cuento. Carece de mito
y de sonido, de hecho me avergüenza
su látex sin noche, su ombligo sin cruzar.
Crece está claro en la desubicación
planetaria pero a panes y días
es danzar sobre las brasas ocultas
del porqué, hasta cuándo.
Es igual –me atrevo– que la meiosis:
Usted es imprescindible, señora.
Ya. Ovulada, afectiva, memorable
Voy de urna en urna como fui
de boca a escalpelo y sí
eran todas buenas gente. Me amaban.
Qué frío sin manantiales. El vínculo
es la eternidad. De eso se come.
Julieta Valero,
Los heridos graves.