jueves, 11 de junio de 2009

Ideogramas en China. Henri Michaux



Trazos en todas direcciones. En todos los sentidos comas, bucles, ganchos, acentos, al parecer, a cualquier altura, a cualquier nivel; desconcertantes matorrales de acentos.

Arañazos, quiebras, inicios que parecen haber sido detenidos de repente.

Sin cuerpos, sin formas, sin rostros, sin contornos, sin simetría, sin un centro, sin recordar nada conocido.
Sin regla aparente de simplificación, de unificación, de generalización.
Ni sobrios, ni depurados, ni despojados.
Cada cual como diseminado,
así es el primer acceso[1].

Ideogramas sin evocación.

Caracteres variados interminables.
La página que los contiene: un vacío lacerado.
Lacerado por múltiples vidas indefinidas.

Hubo, sin embargo, una época en la que los signos aún hablaban, o casi, alusivos ya, señalando más que cosas, cuerpos o materias, señalando grupos, conjuntos, exponiendo situaciones.

Hubo una época. Hubo otras. Sin tratar de simplificar ni abreviar, cada una empeñada en la tarea de despistar por su cuenta, se puso, borrando las pistas, a manipular los caracteres de tal modo que los alejaba una vez más de manera distinta de la legibilidad primitiva.

Tránsito.

El gusto por ocultar ha vencido. La reserva, la prudencia ha vencido, la discreción natural, la instintiva tendencia china a borrar sus huellas, a evitar estar al descubierto.

El placer de mantener oculto ha vencido. Así, lo escrito de ahora en adelante cobijado, secreto; secreto entre iniciados.

Secreto difícil, largo, costoso de compartir, secreto para formar parte de una sociedad dentro de una sociedad. Círculo que, durante siglos y siglos, se mantendrá en el poder. Oligarquía de los sutiles.

El placer de abstraer ha vencido.
El pincel permitió dar el paso, el papel facilitó el tránsito.

De lo real original, lo concreto y los signos que le eran próximos, podía uno a partir de entonces cómodamente abstraerse, abstraer, ir rápido, rápido por medio de bruscos trazos que se deslizan sin resistencia sobre el papel, permitiendo otra manera de ser chino.



Abstraerse había vencido.
Ser mandarín[2] había vencido.

Desaparecidos, los arcaicos caracteres que conmovían el corazón. Desaparecidos, los signos sensibles que colmaban a sus inventores, que maravillaron a sus primeros lectores.

Desaparecida la veneración, la ingenuidad, la poesía primera, la ternura en la sorpresa del original "encuentro", desaparecido el trazado aún "piadoso", el calmado fluir. (Intelectuales ausentes y sus trazados veloces, aún por venir, sus trazados de intelectuales... de escribas.)

Cortados los puentes con el origen...
Primero, modificados con prudencia, en la naciente irreverencia y la alegría de ver que "aquello funcionaba", que uno seguía enterándose...

Arrebatados por la irresistible impudicia de la búsqueda, los inventores -los de un segundo tiempo- aprendieron a separar el signo de su modelo (a tientas deformándolo, sin todavía atreverse a cortar resueltamente lo que liga la forma con el ser, el cordón umbilical del parecido) y así se separaron de sí mismos, habiendo desechado lo sagrado de la primera relación "escrito-objeto".

La religión en la escritura retrocedía. La irreligión de la escritura comenzaba.

Desaparecidos, los caracteres "sentidos", asomados a la realidad; desaparecidos del uso, de la lengua; no desaparecidos de la piedra de las antiguas tumbas ni de los vasos de bronce de antiguas dinastías, no desaparecidos de los huesos adivinatorios.

Más tarde, buscados en todos los lugares del Imperio del Medio, los caracteres de antaño, cuidadosamente reunidos, copiados, fueron interpretados por los letrados. Un inventario, un diccionario de los signos originales vió la luz.

¡Recuperados!
y se recuperaba al mismo tiempo la emoción de las calmadas y serenas y tiernas primeras grafías.

Los caracteres resucitados en su intención primera revivían.


Bajo esta luz, cualquier página escrita, cualquier superficie cubierta de caracteres se volvía hormigueante y rebosante... llena de cosas, de vidas, de todo lo que hay en el mundo... en el mundo de China



llena de lunas, llena de corazones, llena de puertas
llena de hombres que se inclinan
que se retiran, que se guardan rencor, que hacen las paces
llena de obstáculos
llena de manos derecha, de manos izquierda
de manos que se aprietan, que se responden, que se enlazan para siempre
llena de manos frente a frente,
de manos en guardia, de manos ocupadas
llena de mañanas
llena de puertas
llena de agua cayendo gota a gota de las nubes
llena de barcazas que atraviesan de una orilla a otra
llena de alzamientos de tierra
llena de crisoles
y de arcos y de fugitivos
y llena de calamidades
y llena de ladrones llevándose bajo el brazo los objetos robados
y llena de codicias
y llena de mallas
y llena también de palabras sinceras
y llena de reuniones
y llena de niños nacidos de pie
y llenos de agujeros en la tierra
y de ombligos en el cuerpo
y llena de cráneos
y llena de fosas
y llena de aves de paso,
y llena de recién nacidos -¡cuántos recién nacidos!-
y llena de metales en las profundidades del suelo
y llena de tierras vírgenes
y de vapores que suben de los herbazales y de los pantanos
y llena de dragones
llena de demonios vagando por los campos
y llena de todo lo que existe en el universo
tal cual o diferentemente ensamblado
elegido a propósito por el inventor de signos para estar juntos
escenas para dar qué pensar
escenas de todo tipo
escenas para ofrecer un sentido, para ofrecer varios,
para proponérselos a la mente
para dejarles emanar
grupos para que resulten ideas
o para que se resuelvan en poesía.



Una parte de tesoro primero seguía perdida. Quedan, sin embargo, suficientes etimologías fiables como para que en numerosos casos un letrado consumado reconozca de paso los orígenes y reciba, en el momento de trazar los caracteres en su forma actual, una inspiración venida de lejos.

Por muy alejada que esté del antiguo, el nuevo carácter puede reanimar el objeto por medio de la palabra.

Está movido a ello. Su grafismo intenta.

Sin ningún otro saber, ése bastaría -gracias a sus sutiles trazos matizados.

El chino, lengua hecha para la caligrafía[3]. La que induce, que provoca el trazo inspirado.

El signo presenta, sin forzar, una ocasión de volver a la cosa, al ser que no tiene más que deslizarse dentro, de paso, expresión realmente expresante.

Durante mucho tiempo, los chinos habían, como en otros ámbitos, sucumbido bajo el encanto del parecido: primero del próximo, luego del lejano parecido, después, de la composición con elementos parecidos.

Barrera también. Fue necesario saltarla.

Incluso la del parecido más lejano. Carrera sin retorno. Parecido definitivamente atrás.



Los Chinos estaban destinados a otra cosa.

Abstraer es liberarse, desatascarse.
El destino de los chinos en la escritura era la absoluta ingravidez.

Los caracteres evolucionados convenían más que los caracteres arcaicos a la velocidad, a la agilidad, a la viva gestualidad. Una determinada pintura china de paisaje requiere velocidad, no puede hacerse sino con la misma relajación súbita que la pata del tigre que se abalanza. (Para ello hace falta primero haber estado contenido, concentrado, sin tensión no obstante[4].)

Asimismo el calígrafo debe recogerse primero, cargarse de energía para liberarse de ella después, descargarse de ella. De un golpe[5].

El saber, los "cuatro tesoros" de la cámara de literatura (el pincel, el papel, la tinta, el tintero) es considerable y complejo. Pero luego...

La mano ha de estar vacía a fin de no estorbar el influjo que le será comunicado. Debe estar lista para recibir el impulso más nimio tanto como el más violento. Soporte de efluvios, de influjos.

... En cierto modo semejante al agua, a lo de tiene de más fuerte y de más ligero, de menos perceptible, como lo son sus arrugas[6], que siempre fueron tema de estudio en China.

Imagen del desapego: el agua que no se apega, lista siempre para volver a irse al instante, agua que, antes de la llegada del budismo incluso, le hablaba al corazón del Chino. Agua, vacío de forma.


Yi Tin, Yi Yang, che wei Tao
Un tiempo Yin, un tiempo Yang,
He aquí la vía, he aquí el tao.



Vía de la escritura.
Ser calígrafo como se es paisajista. Mejorándolo. Es el calígrafo, en China, la sal de la tierra.



En esta caligrafía -arte del tiempo, expresión del trayecto, de la carrera- lo que suscita la admiración (aparte de la armonía, de la vivacidad, y dominándolas) es la espontaneidad, la cual puede llegar incluso al estallido.
Dejar de imitar la naturaleza. Significarla. Por medio de trazos, de impulsos.
Ascesis de lo inmediato, del relámpago.

Tales como son actualmente, alejados de su mimetismo de antaño, los signos chinos tienen la gracia de la impaciencia, la ligereza de la naturaleza, su diversidad, su manera inigualable de saber inclinarse, rebotar, volverse a erguir.

Al igual que la naturaleza, la lengua, en China, propone a la vista y no decide.

Su poca sintaxis que deja adivinar, recrear, que deja sitio a la poesía. De lo múltiple sale la idea.

Caracteres abiertos en varias direcciones.

Equilibrio.

Cualquier lengua es universo paralelo. Ninguna con mayor belleza que la china.

La caligrafía la exalta. Perfecciona la poesía; ella es la expresión que hace válido el poema, que avala al poeta.

Exacta balanza de los contrarios, el arte del calígrafo, curso y decurso, es mostrarse al mundo. -Cual un actor chino que saliendo a escena, dice su nombre, su lugar de origen, lo que le ha pasado y lo que ha venido a hacer- es rodearse de razones de ser, justificarse. La caligrafía: hacer patente, por la manera de tratar los signos, que se es digno del saber que se posee, que se es realmente un letrado. A partir de ahí le justificarán... o no.

La caligrafía, su papel mediador, y de comunión, y de suspenso.

Una lengua, en Occidente, que habría tenido solamente una parcela de las posibilidades caligráficas de la lengua china, ¿qué habría pasado con ella? Las épocas barrocas que le habrían sucedido, y los hallazgos de los individualistas, las rarezas y extravagancias, excentricidades y originalidades de todo tipo...

La lengua china era capaz de ello. En todos los ámbitos da pie a la originalidad. Cada carácter suministra una tentación.

Si de diversos autores se saca, destacándolo del texto y de su contexto, un carácter, fácilmente reconocible, naturalmente bello y lleno de sentido, la palabra corazón por ejemplo, a pesar de lo alejados que estén sus rasgos constitutivos de cualquier cosa que recuerde el corazón, éste, por su trazado, volverá a vivir, en todo escriptor, una vida particular. Puede observársele, en uno, en otro, en cada uno él mismo y en todas partes diferente. Corazón generoso o valiente, o corazón que quiere embaucar, o corazón cerca del cual se está bien, corazón lleno de una paz profunda, o corazón benevolente y cálido, o corazón que no se problematiza con nada, que sale siempre de apuros, o corazón ligero que no se fijará, o temeroso, o corazón sometido, o bien corazón que con nada despega, o corazón toca-lo-todo, o corazón en espera, corazón que busca la aventura, o corazón seco, o plácido, o al contrario al que nada detiene, o corazón decididamente alerta, perfecto que, incluso sobre una fibrosa hoja de papel de arroz, podrá seguir viviendo durante siglos todavía y dejarse admirar.



A cualquier calígrafo se le ofrece la propiedad del corazón, la vida del corazón. Pero no para la originalidad, a no ser filtrada, y a quien tan sólo le está permitido transparecer.

Está mal visto, es bajo y vulgar exhibirse.

Sólo importa la "justa proporción", el "justo lugar".

Y la página perfecta es aquella que "parece haber sido trazada de un sólo trazo".

La China virtuosa, empeñada en la armonía, no habría apreciado lo chusco.

La escritura debe tener una virtud tonificante. Es una conducta.

Mostrar un bello equilibrio, uno que sea ejemplar. Hasta los apasionados a quienes llamaron "locos por la caligrafía", y que perdían en su empeño las ganas de beber y de comer y el sueño y el equilibrio de una vida, cuando volvían a coger el pincel, trazaban caracteres exentos de desequilibrio, llenos, por el contrario, de un soberbio y nuevo equilibrio.
El orden superior es dinámico.

Así la escritura china, salvada a un tiempo del barroco[7] y de la rigidez, trampas de las caligrafías.

China, país en el que se meditaba en los trazados de un calígrafo de la misma manera que en otro país se medita en un mantra, en la substancia, el principio, o en la Esencia.

Caligrafía cerca de la cual, sencillamente, se está como cerca de un árbol, de una roca, de una fuente.



[1]Aquello que, pareciendo garrapatos, fue comparado con trayectos de insectos, con inconsistentes huellas de patas de pájaros en la arena, sigue sirviendo de soporte a la incambiada, siempre legible, comprensible, eficaz lengua china, la más vieja de las lenguas vivas del mundo.
[2] Con lo reducidos, lo deformes que son, estos caracteres ilegibles para cientos de millones de Chinos no eran, sin embargo, para ellos, letra muerta. Mantenidos fuera del círculo de los letrados, los campesinos, ciertamente, los miraban sin comprenderlos, pero no sin sentir que les pertenecían a pesar de todo, estos signos ligeros, parientes de los techos curvos, de los dragones y los personajes de teatro; de los dibujos y las nubes también, y generalemnte de los paisajes con ramas florecidas y hojas de bambú a los que habían visto en imágenes y que apreciaban.
[3] Más que caligrafía, arte de la escritura. En las demás lenguas, exceptuando el árabe, la caligrafía, cuando existe, no es sino la expresión o bien de un tipo sicológico, o bien , en las grandes épocas, la expresión de unos modales ideales a menudo religiosos. Hay rigidez, compostura rígida, uniformemente rígida, que hace líneas, no palabras, corsé uniforme de nobleza, de liturgia, de gravedad puritana.
[4] La meditación, el recogimiento ante el paisaje puede durar veinte horas y la pintura sólo unos diez minutos. Pintura que le deja sitio al espacio.
[5] La relajación del tigre, incluso en materia de religión. En el Ch'an, en el Zen, lo que llama la atención es la instantaneidad de la iluminación.
[6] Arrugas profundas, arrugas finas, arrugas del agua que corre o que cae en cascada y que vuelve a salir gorgoteando a la superficie. Algunos pintores se han hecho célebres por sus arrugas de agua, y el mismo admirable Wang Wei lo es por haber hallado la arruga "de la lluvia y de la nieve".
[7] Caligrafía salvaje.
En el Japón se han tomado últimamente muchas libertades y han hallado nuevos placeres de desmesura en la caligrafía. Esas libertades podrían -¿quién sabe? emigrar cualquier día al Asia china.

Ideogramas en china. Henri Michaux (Escritos sobre pintura, trad. y ed. de Chantal Maillard.)

viernes, 5 de junio de 2009

Cuestionario Marcel Proust II



Hace varios meses propuse que hiciéramos el comentario Marcel Proust (aquel hombre que inventó cosas tan útiles como la magdalena y la memoria) y lo comentáramos entre todos, recíprocamente. Se me ha ocurrido intentar una segunda ronda, ya que esta temporada esta llena de interesantes fichajes. La idea es hacer el propio cuestionario y comentar el de los demás. Sin esto último la cosa no es tanColor del texto divertida. Abro fuego repitiendo el mío, en el que he cambiado alguna cosita.
En la anterior ocasión hicieron su cuestionario Òscar Búfalo, Ana, Víktor Gómez y Sorel (si queréis compartirlos los podéis volver a subir en los comentarios, o los pongo yo mismo).

¿Cuál es para ti la mayor desgracia? La falta de compasión y empatía hacia el otro. De ahí derivan casi todos los males.
¿Dónde te gustaría vivir? Todos los lugares suponen un idéntico exilio.
¿Cuál es para ti la alegría terrenal más perfecta?. La más obvia y la más difícil: ser amado.
¿Qué fallo perdonas más fácilmente?. Todos, salvo la deslealtad. Deslealtad entendida así: se puede ser un traidor en la superficie y mantener intacta la lealtad en un sentido profundo.
Tu héroe de ficción preferido. El Stalker, de la película homónima de Tarkovski (evidente).
Tu personaje histórico favorito. Marco Aurelio, por su humildad y sabiduría siendo el emperador de Roma (un imperio muy vasto cuando había que recorrerlo a caballo).
Tu heroína real preferida. Simone Weil, Anna Ajmatova, Monique-Andrea Serf (aka Barbara).
Tu heroína preferida de la literatura. La heroína anónima de la novela "El muro".
El lector entiende que es un trasunto de la autora, Marlen Haushoffer.
Tu pintor favorito. Lo ignoro todo sobre pintura, pero nombraré a Hammershoi.
Tu compositor preferido. En clásica y contemporánea, Bach, Bartók, Xenakis, Feldman. En popular, Cohen, Conte, Barbara. Lamento que mi politeísmo recalcitrante me impida una respuesta única.
¿Qué cualidad aprecias más en un hombre? La bondad
¿Qué cualidad aprecias más en una mujer? También la bondad, no veo por qué habría que apreciar una virtud en el hombre y otra distinta en la mujer. Me molesta esta pregunta, sr Proust.
Tu virtud preferida. Está relacionada directamente con las dos anteriores e indirectamente con otras. No hace falta responderla: es un fallo lógico en la concepción de la encuesta.
Tu actividad preferida. La indiferencia hacia el mundo.
¿Quien o qué te hubiera gustado ser? Marco Aurelio mientras redactaba sus "Meditaciones"; si no, una sequoya, o una de esas tortugas centenarias que cruzan los mares, solitarias.
La característica principal de tu carácter. La curiosidad.
¿Qué aprecias más de tus amigos? La lealtad, una vez más.
Tu mayor fallo. Mi falta de inteligencia, la propensión a la apatía y la melancolía. La ira ante la injusticia propia o ajena. Este último fallo no me disgusta: hay que conservar, intacta, la cólera, ante las servidumbres impuestas y la continua erosión expoliadora a que nos someten los poderes visibles e invisibles.
Tu sueño de felicidad. Que la humanidad venza sus odios tribales.
¿Qué te gustaría ser? Vagabundo ilustrado, fosa abisal, pastor de hormigas (ah, pero esto último ya lo soy, jur jur).
Tu color favorito. Azul .
Tu flor favorita. La margarita, ea (esta pregunta sólo se le podía ocurrir a un esteta).
Tu pájaro favorito. El canario, pobrecillo, lo pongo porque nadie se acordará de él.
Tu escritor favorito. Imposible decidirlo. Politeísmo exacerbado.
Tu poeta favorito. Más imposible aún. Mis favoritos son todos los poetas cuyos poemas aparecen aquí. En realidad, depende del día; o más aún, de la vibración específica de la “grieta” de ese día…
Tus héroes en la actualidad. ¿Pero hay héroes hoy? Creí que sólo eran mitos o excusas para aniversarios.
Tus heroínas de la historia. Juana de Arco, evidente. De cuando existían los milagros; hoy día el milagro está patrocinado por las instituciones.
Tu nombre favorito. Vaya pregunta más tonta, sr Proust. Arriesgaré un nombre y un apellido: me gusta mucho cómo suena Santoka Taneda.
¿Qué aborreces por encima de todo? La intolerancia de cualquier tipo, el fundamentalismo político o religioso. Y la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.
¿Qué figuras históricas aborreces más? A quienes utilizaron hipócritamente las religiones para aumentar su poder, y en general a los tiranos y caudillos de toda ralea, incluidos los que visten el traje del emperador de la “democracia”. En general, desprecio sin contemplaciones a quien oprime y humilla en cualquier lugar.
¿Qué méritos militares aprecias más? Una pregunta típicamente decimonónica, de cuando los militares eran progresistas y promovían Constituciones, y la profesión se consideraba noble.
¿Qué reforma admiras más? Todas las que aumenten el bienestar de la humanidad, y especialmente aquellas que nos hagan salir un poco de la barbarie circundante. Vana empresa, por otra parte.
¿Qué don natural te gustaría poseer? Inmodestamente, conocer el "secreto del mundo".
¿Cómo te gustaría morir? Repentinamente, ahora mismo.
Tu actual estado de ánimo. Letargia expectante.
Tu lema. Las últimas palabras de Garibaldi: "Con las tripas del último Papa ahorcaremos al último rey.

martes, 2 de junio de 2009

Ingeborg Bachmann I. El muro cortafuegos



A la central de telecomunicaciones de Berlín

Me alegro de que ayer fuera más duro
que lo es hoy. Entrada prohibida.
Siguen poniendo en la puerta y nadie
viene, también llueve mucho, vuelve
a ser invierno como ayer, es decir, como hace un año.
Entonces fue duro, en la vecindad
nadie. Es que nadie viene.

Ayer, me asfixié,
no podía gritar más,
hoy sí que podría gritar,
pero es mejor hoy.
arriba juegan a los bolos, abajo
trabajan la madera y asierran
estos bricoleros inocuos.

En la grieta del muro, en un
segundo de susto, un bicho negro
que se hacía el muerto. Hecho el muerto.
Y aprendo de él,
me hago la muerta,
sin hijo, sin amante,
sin radio, sin teléfono,
en esta grieta, perdida
en este planeta, en
este Berlín.

mirada por nadie más que
un muro cortafuegos.
en un segundo de susto,
me siento mirada por
la locura. Sé que
me miro a mí misma.
Un muro cortafuegos al otro.
Sin cara.
De un incendio en extinción.
Un incendio no extinguible.

Trad. Jan Pohl (No sé de ningún mundo mejor, Hiperión)

sábado, 30 de mayo de 2009

Si la muerte. Un poema de Miguel Huezo Mixco



Si la muerte viene y pregunta por mí
haga el favor
de decirle que vuelva mañana
que todavía no he cancelado mis deudas
ni he terminado un poema
ni me he despedido de nadie
ni he ordenado mi ropa para el viaje
ni he llevado a su destino el encargo ajeno
ni he echado llave en mis gavetas
ni he dicho lo que debía decir a los amigos
ni he sentido el olor de la rosa que no ha nacido
ni he desenterrado mis raíces
ni he escrito una carta pendiente
que si siquiera me he lavado las manos
ni he conocido un hijo
ni he emprendido caminatas en países desconocidos
ni conozco los siete velos del mar
ni la canción del marino.
Si la muerte viniera
diga por favor que estoy entendido
y que me haga una espera
que no he dado a mi novia ni un beso de despedida
que no he repartido mi mano con las de mi familia
ni he desempolvado los libros
ni he silbado la canción preferida
ni me he reconciliado con los enemigos;
dígale que no he probado el suicidio
ni he visto libre a mi gente
dígale si viene que vuelva mañana
que no es que la tema pero si siquiera
he empezado a andar el camino.

Miguel Huezo Mixco

jueves, 28 de mayo de 2009

La brevedad





"Hold on", J.J. Cale, 1'58''






"Plus rien", Barbara, 1'40''

En música, siempre me ha fascinado la brevedad. Resolver un discurso musical coherente y perfectamente vertebrado en menos de dos minutos, transmitiendo, además, el contenido de una letra, me parece prodigioso. J.J. Cale y Barbara son autores que apuestan por lo mínimo. Rara vez rebasan la frontera de los tres minutos y medio y suelen quedar muy por debajo. Despojan la melodía de toda ornamentación superficial y la ofrecen en toda desnudez. Barbara tiene una canción de apenas 50'', pero problemas técnicos me han impedido subirla.

Os animo a compartir canciones que estén por debajo de ese umbral. Música que se acerca al junco, a la pincelada ínfima y al ínfimo gesto. Música que nos vuelve mínimos, también, en un mundo donde todo parece explayarse y tender al exceso, la excrecencia o lo barroco...

martes, 26 de mayo de 2009

Dos poemas de José Miguel Ullán



El fondo inabarcable, angustioso. El imán en su ser preciso; despojo, párpado frío: “Hoy mi reino es aquella tierra de nadie”.

Como las estaciones, los órdenes pintados. El hilo y su ramaje, al fin. Poco después de la revelación de invierno y en lo figurable: lo cristalino.

Orden, también, poético:
“La vida se escribe con la savia de los árboles”.
“La muerte se lee en su hojas amarillentas”.

Y hay otro orden sin morada, moral, no escrito, sólo cantable,
Que no es cosa de muerte o vida:

Pintan varios en ti, pero el dolor es uno.
La relativa quietud, el destino, la percepción: El ramaje (Gevurah), contemplando como semilla (Malkut).

Hasta dar con la cantidad estricta, apagada, para alabar la violenta huella de un pensamiento para siempre ido:
quedarse,
sin hojarasca de esperanza alguna:

“Quisiera pintar algo que venga de las cosas, igual que viene el vino de las uvas”.

El pensamiento vegetal regresa, se hace ejercicio, línea comunicante.
¿Con qué? ¿Con quién? Con la savia. Con la memoria de raíz.

xxx

Entre pliegues de olvido,
algo.

Entre blancos renglones
torcidos,
algo.


Ni isla.
Ni palabra.
Ni cabeza.

Algo
(afable embrión, dudosa pertenencia),
algo.

domingo, 24 de mayo de 2009

El hueco



Escuchaba termitas
en su interior

pero no lo salvaron

sus oquedades
 
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