
obrar como si lengua y ojo fueran pasto de una escritura-visión abrasiva, que no condesciende a los límites impuestos por ningún marco y se desborda constantemente, y al desbordarse rompe los cercos, transgrede y reinventa el encuadre
avanzar a tientas, desde la corrosión, como buscándose: la visión como ácido que decolora y de-limita (pone límites al marco, acerca una intimidad convulsa)
quemavida
lengua salvada
quemasintaxis en
caída sin
ni
(doble gesto que se entraña y extraña)
el margen crece, y la diseminación propone más una convergencia que un espaciamiento
una llamada a ese vórtice que querrá anonadarnos de perturbación, descoyuntarnos el eje recto
una forma
insumisa
de aprender por fin a vivir
Quien nombra, desnombra –el gran denominador oficia junto al cadalso,
en el momento en que eso cae.
Quién nombra
Quién pide
Quién asola
cerca-
limita-
desmatriushkiza-
Quién
-

Parce que les choses –et les personnes- ne peuvent pas être définies : finies, limitées, déterminées par les termes. Les mots sont nos limites quand ils sont utilisés pour nous définir. Je préfère les mots qui éliminent les frontières. Les mots qui nous conduisent à la vision du territoire que nous partageons tous : la fragilité, la perte, et la compassion aussi.
S'approcher avec-sans (mots)
S'approcher
Écrire pour ne pas se perdre.
Comme point d’appui.
Relater pour contrôler ?
Pour ne pas perdre.
Pour ne pas se perdre.
Pas autant.
Répéter dans l’écrit les gestes,
les dires,
se dire.
Pour en faire état.
Pour en faire éclat.
Pour récuperer.
Recuperar aquí una experiencia recurrente: al hundirme en el sueño, en ese borde indefinible que marca la transición entre la vigilia y el sueño, a veces cae sobre mí, de repente, con toda su fuerza de avalancha, sin dique de contención, una verdad absoluta: todas las personas que conoces y has conocido, todos los que has des-conocido y te desconocen, van a morir. Sin excepción. Inapelablemente. Es entonces, en esa frontera de la conciencia difusa, sin las defensas que la razón yergue en la vigilia, cuando ese dardo se adentra más profundamente y se revela inextirpable, irreductible a todo consuelo, invulnerable a toda resistencia, inexpugnable ante el asedio no previsto. Es una sensación de desolación infinita, incurable, la que me invade-horada entonces. Luego, en el despertar, la descompresión: ahí se urden estrategias, se fraguan pactos, eso se silencia y uno se abandona al fluir de lo cotidiano trivial que preserva nuestros actos.
En el umbral entre la vigilia y el sueño, dos experiencias de intensidad: oír música y la desolación sin nombre de nuestro destino común.
Es hora de crear nuevos símbolos.
Es hora, también, de largos silencios, de interiorización, de prudencia.
Estar atento y formular la pregunta.
¿Los viejos símbolos esperan a ser destruidos? ¿No se defenderán?¿No nos han inmunizado, no nos han introyectado cautelas, prevenciones, miedos?
Qué símbolos para la fragilidad y la inclemencia.
Kali, tal vez.
Kali es deconstrucción.

Voy a hablar de lo que se llama la experiencia. Es la experiencia de pedir socorro y de que el socorro nos sea dado. Tal vez valga la pena haber nacido para implorar un día calladamente y calladamente recibir. Yo pedí socorro y no me fue negado. Me sentí entonces como si fuese un tigre con una flecha mortal clavada en la carne que estuviese rondando lentamente a las personas temerosas para descubrir quién tendría el valor de acercarse y quitarle el dolor. Y entonces hay alguien que sabe que un tigre herido es tan peligroso como un niño. Y acercándose a la fiera, sin miedo de tocarla, arranca la flecha clavada.
Ich stehe im Wald
Der Traum kommt nicht
Aber der Weg
Das Augenlicht
Das Immer
innerhalb
Compasión por toda criatura, porque está lejos del Bien. Infinitamente lejos. Abandonada.
Dios abandona todo nuestro ser -carne, sangre, sensibilidad, inteligencia, amor...- a la necesidad despiadada de la materia y a la crueldad del demonio, salvo la parte eterna y sobrenatural del alma.
La creación es abandono. Al crear lo que no es Él, Dios lo ha abandonado necesariamente.
Sólo conserva bajo su guarda lo que en la creación es Él -la parte increada de toda criatura-.
(…)
cosas. que siguen.desnortadas.suspendidas
Y no hay corazón, no hay bastante ahí para acogerlas.

hilos vibran tiemblan
hilos
es verde estoy muriendo
es muro es mero muro es mudo mira muere
hay todavía que –hablar
y hablar es menos hay todavía que
por encima del discurso: imantación
por debajo: insurrección
al margen: intensificación
errancia sedienta
/todo eso se dice de lo incurable/
/y aún así…

Me preguntas por la vida después de la vida, por la eternidad y el tiempo, por la inmortalidad del alma y las condiciones que gobiernan nuestra percepción mortal. Ahora bien, esas preguntas metafísicas son análogas a las que formula aquel que, habiendo sido herido por una flecha, no pide ayuda y se entretiene en preguntar quién la ha lanzado, dónde se esconde quien la ha lanzado y qué propósito ha motivado su acto, e incluso pregunta por la naturaleza de la flecha. Esa persona morirá antes de conocer todas esas respuestas que, además, no han de servirle para nada.
¿Qué es lo que yo, a quien insistes en llamar el Buddha, el Iluminado, he enseñado todos estos años?
Yo enseño a arrancar la flecha.
Por eso he explicado el dolor, la causa del dolor, la destrucción del dolor y el sendero que lleva a la destrucción del dolor. Porque esto es útil, esto se refiere al principio de la vida, esto conduce al desapego, a la cesación, a la tranquilidad, a la facultad sobrenatural, al conocimiento perfecto, al nirvana, y por eso lo he explicado.
¿Cómo hallar el hilo para suturar los fragmentos de este Gólem llamado Fragilidad?
¿Basta un cuenco para acoger (suturar) el cuerpo sin nombre?
¿Hay suficiente caída desde la visión a lo profundo del regazo?
Que la letra cante y teja
No detener el curso
En otra ocasión, al ser preguntado por las ultimidades, por el sentido final de cuanto existe, el Buddha arrancó una pensativa flor del suelo y la contempló, sonriendo.
Dicen que sólo un monje retraído comprendió ese gesto (quizá el más bello de la historia, quizá el gesto que invalida la propia idea de historia).
I’d be
When the spirit aches
When the form disappears
Degree zero
Intolerance to consciousness
The livelist of all objects
Wanes unregarded
Driving force in sculpting
The phoning skull
Relief
Of
me

No hay que ser yo, pero menos aún hay que ser nosotros.
La ciudad brinda la sensación de hallarse en casa.
Tener en el exilio la sensación de hallarse en casa.
Arraigarse en la ausencia de lugar.
Desarraigarse social y vegetativamente.
Exiliarse de toda patria terrestre.
Hacerle todo eso a otro, desde fuera, es un sucedáneo de la descreación. Es producir irrealidad.
Con el desarraigo se busca más realidad.
la sintaxis de la fragilidad es la grieta
como el pan ofrecido por un niño: resquicios:
sin mediaciones y ahí
cada vez se borran algunas huellas
[pero surgen otras: una lógica de la espectralidad vela-re-vela sus líneas de fuerza, que son también los movimientos telúricos de un cuerpo y la extrañeza de estar vivos]
el resquicio no se borra: permanece
Imagino que en él crece un pájaro, una palabra, un niño, un pan de niño, un pan de palabra, que el pájaro come palabra y el niño echa a volar
ese resquicio es el fin del miedo

y una melodía para esa pequeña resurrección después del miedo, aquí.
Esta entrada es para los osos pequeños (ellos saben quiénes son)
Nota: en la confección de este Gólem me he servido de fragmentos –amputados, desplazados, intervenidos- de Jacques Derrida, Chantal Maillard, Clarice Lispector, Simone Weil, Alejandra Pizarnik y el Buddha Sakyamuni, maestros de fragilidad, maestros en la fragilidad (maestros que ignoran y no dictan: acompasan el gesto a lo que fluye, va fluyendo en los márgenes del discurso, todo ese deslenguaje a medias convulso, a medias arruinado, que sacude los cimientos de nuestra estructura racional, fragilizándola).
Sus palabras están en letra redonda.
Las mías hormiguean en cursiva.
Cada vez son menos las cosas que me interesan, me importan o con-mueven. La fragilidad es una de ellas.
Cuidémosla un poco: es su brasa la que calienta lo que nos late dentro.
Aún
Pinturas: Anselm Kiefer, Henri Michaux, Max Ernst, Zao Wu-ki
Música: Athena revived, BSO Saint Seya
