Mostrando entradas con la etiqueta Agradecimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Agradecimiento. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuando el poema maúlla

.



En una entrada de hace un tiempo hablé de las manos de mi abuelo a propósito de esos pequeños gestos cotidianos que son poemas y que no se escriben, que no serán consignados en la literatura pero dejan su pequeña huella y su calor. Gestos que se poeman, y en esa inclinación hacia el mundo pronuncian la ternura, de la que andamos tan escasos...

El otro día, durante un paseo, mi amigo Jorge Larrosa me recordó otro de esos gestos-poema no escribibles del que él mismo fue protagonista y que quiero contar aquí.

Hace unos años Jorge fue a visitar a Chantal Maillard a Málaga cuando ésta se encontraba convaleciente de una grave enfermedad (era el tiempo de versos como "Escribo porque es la forma más veloz que tengo de moverme" en "Escribir", que aludían a una realidad física inmediata y no literaria). En los jardines de los Baños del Carmen, junto al mar, de pronto descubrieron una escena terrible: de los arbustos salió un gato que había introducido la cabeza en una lata de conservas abandonada y se había quedado atascado dentro de ella. El animal estaba medio loco: se debatía convulso y la lata golpeaba contra las piedras, lo que multiplicaba su furia y desesperación. Después de muchos intentos frustrados, Chantal y Jorge consiguieron atrapar al gato y sacar su cabeza de la lata. Acabaron cubiertos de sangre, cortes y arañazos, pero el gato quedó libre y se recuperó.

Mucho más tarde, Chantal escribiría: "El poema requiere ese tipo de atención. El que escribe es un felino al acecho. La trayectoria es la presa. El poema es el gesto".

Queda claro que ella entiende de felinos. Ha sido alumna de gatos y, con el tiempo, hizo maullar poemas.

Jorge Larrosa, gran lector de poesía, acabó por entender lo que significa que el gesto se poema en el trayecto entre la mano y la cabeza del gato, entre la lata y el impulso compasivo.

No puedo explicar hasta qué punto me conmueve esta anécdota.

Lo único que sé es que poema es, también, y sobre todo, sacarle la cabeza al gato de la lata, calmar su angustia y dejarlo en los jardines, junto al mar.

Es el único poema que quiero maullar y vivir.

Imagen: Ronaldo Mendes



.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Gólem-Fragilidad: (otra) lógica del pensar des-prender(se)



obrar como si lengua y ojo fueran pasto de una escritura-visión abrasiva, que no condesciende a los límites impuestos por ningún marco y se desborda constantemente, y al desbordarse rompe los cercos, transgrede y reinventa el encuadre

avanzar a tientas, desde la corrosión, como buscándose: la visión como ácido que decolora y de-limita (pone límites al marco, acerca una intimidad convulsa)

quemavida

lengua salvada

quemasintaxis en

caída sin

ni

(doble gesto que se entraña y extraña)

el margen crece, y la diseminación propone más una convergencia que un espaciamiento

una llamada a ese vórtice que querrá anonadarnos de perturbación, descoyuntarnos el eje recto

una forma

insumisa

de aprender por fin a vivir



Quien nombra, desnombra –el gran denominador oficia junto al cadalso,
en el momento en que eso cae.

Quién nombra
Quién pide
Quién asola
cerca-
limita-
desmatriushkiza-
Quién


-



Parce que les choses –et les personnes- ne peuvent pas être définies : finies, limitées, déterminées par les termes. Les mots sont nos limites quand ils sont utilisés pour nous définir. Je préfère les mots qui éliminent les frontières. Les mots qui nous conduisent à la vision du territoire que nous partageons tous : la fragilité, la perte, et la compassion aussi.

S'approcher avec-sans (mots)
S'approcher

Écrire pour ne pas se perdre.
Comme point d’appui.
Relater pour contrôler ?
Pour ne pas perdre.
Pour ne pas se perdre.
Pas autant.
Répéter dans l’écrit les gestes,
les dires,
se dire.
Pour en faire état.

Pour en faire éclat.

Pour récuperer.

Recuperar aquí una experiencia recurrente: al hundirme en el sueño, en ese borde indefinible que marca la transición entre la vigilia y el sueño, a veces cae sobre mí, de repente, con toda su fuerza de avalancha, sin dique de contención, una verdad absoluta: todas las personas que conoces y has conocido, todos los que has des-conocido y te desconocen, van a morir. Sin excepción. Inapelablemente. Es entonces, en esa frontera de la conciencia difusa, sin las defensas que la razón yergue en la vigilia, cuando ese dardo se adentra más profundamente y se revela inextirpable, irreductible a todo consuelo, invulnerable a toda resistencia, inexpugnable ante el asedio no previsto. Es una sensación de desolación infinita, incurable, la que me invade-horada entonces. Luego, en el despertar, la descompresión: ahí se urden estrategias, se fraguan pactos, eso se silencia y uno se abandona al fluir de lo cotidiano trivial que preserva nuestros actos.
En el umbral entre la vigilia y el sueño, dos experiencias de intensidad: oír música y la desolación sin nombre de nuestro destino común.


Es hora de crear nuevos símbolos.
Es hora, también, de largos silencios, de interiorización, de prudencia.
Estar atento y formular la pregunta.

¿Los viejos símbolos esperan a ser destruidos? ¿No se defenderán?¿No nos han inmunizado, no nos han introyectado cautelas, prevenciones, miedos?

Qué símbolos para la fragilidad y la inclemencia.

Kali, tal vez.

Kali es deconstrucción.




Voy a hablar de lo que se llama la experiencia. Es la experiencia de pedir socorro y de que el socorro nos sea dado. Tal vez valga la pena haber nacido para implorar un día calladamente y calladamente recibir. Yo pedí socorro y no me fue negado. Me sentí entonces como si fuese un tigre con una flecha mortal clavada en la carne que estuviese rondando lentamente a las personas temerosas para descubrir quién tendría el valor de acercarse y quitarle el dolor. Y entonces hay alguien que sabe que un tigre herido es tan peligroso como un niño. Y acercándose a la fiera, sin miedo de tocarla, arranca la flecha clavada.


Ich stehe im Wald

Der Traum kommt nicht

Aber der Weg

Das Augenlicht

Das Immer

innerhalb


Compasión por toda criatura, porque está lejos del Bien. Infinitamente lejos. Abandonada.
Dios abandona todo nuestro ser -carne, sangre, sensibilidad, inteligencia, amor...- a la necesidad despiadada de la materia y a la crueldad del demonio, salvo la parte eterna y sobrenatural del alma.
La creación es abandono. Al crear lo que no es Él, Dios lo ha abandonado necesariamente.
Sólo conserva bajo su guarda lo que en la creación es Él -la parte increada de toda criatura-.

(…)

cosas. que siguen.desnortadas.suspendidas

Y no hay corazón, no hay bastante ahí para acogerlas.




hilos vibran tiemblan
hilos
es verde estoy muriendo
es muro es mero muro es mudo mira muere

hay todavía que –hablar
y hablar es menos hay todavía que

por encima del discurso: imantación
por debajo: insurrección
al margen: intensificación

errancia sedienta

/todo eso se dice de lo incurable/

/y aún así…




Me preguntas por la vida después de la vida, por la eternidad y el tiempo, por la inmortalidad del alma y las condiciones que gobiernan nuestra percepción mortal. Ahora bien, esas preguntas metafísicas son análogas a las que formula aquel que, habiendo sido herido por una flecha, no pide ayuda y se entretiene en preguntar quién la ha lanzado, dónde se esconde quien la ha lanzado y qué propósito ha motivado su acto, e incluso pregunta por la naturaleza de la flecha. Esa persona morirá antes de conocer todas esas respuestas que, además, no han de servirle para nada.
¿Qué es lo que yo, a quien insistes en llamar el Buddha, el Iluminado, he enseñado todos estos años?
Yo enseño a arrancar la flecha.
Por eso he explicado el dolor, la causa del dolor, la destrucción del dolor y el sendero que lleva a la destrucción del dolor. Porque esto es útil, esto se refiere al principio de la vida, esto conduce al desapego, a la cesación, a la tranquilidad, a la facultad sobrenatural, al conocimiento perfecto, al nirvana, y por eso lo he explicado.


¿Cómo hallar el hilo para suturar los fragmentos de este Gólem llamado Fragilidad?

¿Basta un cuenco para acoger (suturar) el cuerpo sin nombre?

¿Hay suficiente caída desde la visión a lo profundo del regazo?

Que la letra cante y teja

No detener el curso



En otra ocasión, al ser preguntado por las ultimidades, por el sentido final de cuanto existe, el Buddha arrancó una pensativa flor del suelo y la contempló, sonriendo.

Dicen que sólo un monje retraído comprendió ese gesto (quizá el más bello de la historia, quizá el gesto que invalida la propia idea de historia).



I’d be
When the spirit aches
When the form disappears
Degree zero
Intolerance to consciousness
The livelist of all objects
Wanes unregarded
Driving force in sculpting
The phoning skull
Relief
Of
me




No hay que ser yo, pero menos aún hay que ser nosotros.
La ciudad brinda la sensación de hallarse en casa.
Tener en el exilio la sensación de hallarse en casa.
Arraigarse en la ausencia de lugar.
Desarraigarse social y vegetativamente.
Exiliarse de toda patria terrestre.
Hacerle todo eso a otro, desde fuera, es un sucedáneo de la descreación. Es producir irrealidad.
Con el desarraigo se busca más realidad.


la sintaxis de la fragilidad es la grieta

como el pan ofrecido por un niño: resquicios:

sin mediaciones y ahí

cada vez se borran algunas huellas

[pero surgen otras: una lógica de la espectralidad vela-re-vela sus líneas de fuerza, que son también los movimientos telúricos de un cuerpo y la extrañeza de estar vivos]

el resquicio no se borra: permanece

Imagino que en él crece un pájaro, una palabra, un niño, un pan de niño, un pan de palabra, que el pájaro come palabra y el niño echa a volar

ese resquicio es el fin del miedo




y una melodía para esa pequeña resurrección después del miedo, aquí.

Esta entrada es para los osos pequeños (ellos saben quiénes son)

Nota: en la confección de este Gólem me he servido de fragmentos –amputados, desplazados, intervenidos- de Jacques Derrida, Chantal Maillard, Clarice Lispector, Simone Weil, Alejandra Pizarnik y el Buddha Sakyamuni, maestros de fragilidad, maestros en la fragilidad (maestros que ignoran y no dictan: acompasan el gesto a lo que fluye, va fluyendo en los márgenes del discurso, todo ese deslenguaje a medias convulso, a medias arruinado, que sacude los cimientos de nuestra estructura racional, fragilizándola).

Sus palabras están en letra redonda.
Las mías hormiguean en cursiva.

Cada vez son menos las cosas que me interesan, me importan o con-mueven. La fragilidad es una de ellas.

Cuidémosla un poco: es su brasa la que calienta lo que nos late dentro.

Aún



Pinturas: Anselm Kiefer, Henri Michaux, Max Ernst, Zao Wu-ki

Música: Athena revived, BSO Saint Seya

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ecos



Tal día como hoy, hace trece años, murió Monique Andrea Serf (Barbara).

Tal día como hoy, hace treinta y cuatro años, nació quien escribe estas líneas.

Me resulta imposible no establecer un vínculo entre ambos hechos, cuando ella significa tanto para mí. En estos ecos vivimos; estas resonancias nos tejen la urdimbre sobre la que construimos la trama de nuestros días. Llamamos historia, tiempo o biografía a esos ecos conspirados.

Por eso, un doble aniversario que es cumplevida y también cumplemuerte, sin que esto deba entenderse como un gesto necrófilo: desde su muerte Barbara sigue proyectando su intensa vida, es una sombra constante al otro lado de la piel, unos segundos párpados bajo los párpados, un aliento que se injerta y de-muda el crecimiento, materia sonora escandida en el grito que acaricia y aspereza que acompasa este tránsito, esta lentitud de vida. Ninguna voz ha cauterizado tanto, ha gritado tan orilla, tan otro lado pero dentro.

Ninguna voz ha sido tan regazo, y tan cerca.

Tanto que decir, y sin embargo se impone callar.

(Tal día como hoy, 24 de noviembre, aunque blogger insista en afirmar que es 23.)

Voz que mira y mirada que canta:


Barbara - Dis quand reviendras-tu?
Cargado por Souoland. - Videos de arte y animación.

El nacimiento de Marienbad:


Marienbad - Barbara
Cargado por mai70. - Videos de música, entrevistas a los artistas, conciertos y más.

Mi canción favorita, siempre:



Y otra "casualidad" más:

"De nuevo esta oscura sensación de extrañeza que me atraviesa en oleada y me clava contra mí misma. Alrededor, todo se vacía. Todo lo que conozco toma el aspecto de lo desconocido. La extrañeza es eso, precisamente eso, a medio camino entre lo conocido y lo desconocido. La extrañeza no es provocada por lo que se desconoce, por lo absolutamente otro, por lo nuevo, no, sino por el hecho de que en lo conocido se inmiscuye un elemento ajeno que descompone el conjunto y lo ofrece como si fuese otro, pero sin serlo del todo porque aún es lo nuestro, aunque curiosamente transformado, curiosa y espantosamente desfigurado. Es así, queriendo recordar lo antiguo ahí donde, al parecer, nos es negado, queriendo afirmar la negación y no pudiéndonos impedir negar lo que afirmamos, es así como se instala la extrañeza, invadiendo el cuerpo como el vaho cuando asciende, de madrugada, llenando el valle y los cristales de las ventanas. La extrañeza es un vuelco en el que, de quedarnos, aprenderíamos a morir, de pie, estando vivos, pues todo alrededor se vuelve ajeno, el propio cuerpo incluso, la forma de las manos, la voz que nos oímos, y el cerco que se estrecha aprisionando qué, un algo de conciencia, una mirada vuelta hacia qué, una forma estirada, tenue, algo como un suspiro, algo inmóvil o mejor, inmovilizado, con ojos, sí, con ojos que no entienden, que no entienden entendiendo, sabiendo que no entienden, creyendo que deberían, y luego se dan cuenta de que entender era un error porque entender siempre es reconocer y esto es como repetir un sueño, pasar una y otra vez la misma imagen creyendo que se avanza, creyendo que todos juntos vamos avanzando cuando en realidad lo que hemos hecho ha sido detener la imagen, pasar una y otra vez la misma secuencia, y la llamamos cama, espejo, taza, y la llamamos yo, nosotros a la diez de la noche, y la llamamos trabajo, calle, vida, y luego nuestra vida era una imagen, una de tantas imágenes retenidas creando la impostura, la ilusión del tiempo, hasta que todo se detiene en un instante, y sobreviene ese tiempo sin tiempo, ese aliento, ese vaho que acude como un mareo, y entonces nada es semejante a lo que era, todo bascula, y en ese ser, ese algo inmovilizado surge como una nostalgia de lo que hubiese sido de haber sido cierto todo aquello, y una gran soledad, la que siempre se encuentra en el inicio, cuando todo está, aún, por hacer.
Y es más extraña aún, la extrañeza, cuando se cuela en esos pocos, escasísimos momentos en los que, sin razón alguna, una se siente "bien". La joie de vivre que, como cantaba Barbara, nous prend par les reins, sobreviene sin razón, de la misma manera que sobreviene el mal de vivre, sin razón.
“Esto también pasará”, la frase de aquel sabio indio que he colocado, a modo de saludo personal, en mi teléfono móvil, ha de poder aplicarse a todo lo que agrada tanto como a lo que desagrada; ha de tenerse en cuenta en la felicidad tanto como en el dolor. Quien sabe aplicarla no se extraña, pues está a medio camino de ser quien es y de no serlo, a un tiempo sujeto y objeto de sí mismo y, en el intervalo, justo en medio, ahí donde se localiza el punto muerto, en aquel punto halla la sabiduría, la equidad de Confucio, la indiferencia del Buddha".

Ch. Maillard, Filosofía en los días críticos


“Je plains ceux qui ne connaissent pas le mal de vivre. Il leur manque quelque chose pour entendre celui qui est en face. Je crois qu'il faut traverser des déserts et je crois même que ceux qui n'ont jamais traversé, sont des infirmes. On ne connait la joie de vivre que lorsqu'on connait le mal de vivre.”

 
Free counter and web stats