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viernes, 11 de febrero de 2011

Soñar en la selva

Niño lacandón, Chiapas

En la selva de Chiapas, se duerme en cabañas de paja sin paredes, en hamacas que apenas se mecen.

Allí se dice:

Si sueñas con un burro, hará mucho viento.
Si sueñas con tacos, verás un oso hormiguero.
Si sueñas con un oso hormiguero, vendrá gente.
Si sueñas con una termita, verás un jaguar.
Si sueñas con un jaguar, vendrá gente.
Si el jaguar te muerde, no son gente.
Si sueñas que te despiertas, tendrás miedo en la selva.
Si sueñas con un espejo, verás piedras blancas.
Si sueñas con tu lengua, ten cuidado.
Todos los pájaros significan fiebre, todos los peces significan dolor de estómago.
Si sueñas que te preocupa el precio de las cosas, no tendrás que preocuparte del precio de las cosas.
Si sueñas con una fiesta, te aburrirás por mucho tiempo.
Una calabaza es la cabeza de un jaguar; la vieja canoa, un caimán.
Si sueñas con una casa, verás un jabalí.
Si sueñas con una barba, verás un jabalí.
Si sueñas con una escoba, verás un jabalí.
Si sueñas con un poeta, alguien va a llorar.
Una escopeta es el colmillo de un animal.
Los frijoles son gusanos y los gusanos son frijoles.
Si sueñas que escribes, te morderá una víbora.
Si sueñas con un lago, no es nada.
Si sueñas con una rana, no es nada.
Si sueñas con una flor, no es nada.
Si sueñas con el cielo, no es nada.
Si sueñas con hojas, no es nada, pero si las hojas se agitan con el viento, los saltamontes se comerán el maíz.
Si sueñas con la niebla, vendrá gente que está triste y enferma.
Si sueñas que sabes algo, no lo sabes.
Si sueñas con un halo alrededor de la luna, el fin del mundo se acerca.
Lo que en el sueño es fino será grueso.
Lo que en el sueño es cierto no pasará.

Eliot Weinberger, Algo elemental (trad. Aurelio Major).

sábado, 29 de enero de 2011

La mano tendida de Laura Giordani



Dame esa palabra que haga brotar calostro de las piedras
mientras tanto no decir nada
seguir en penumbra
hasta que alguien me llore dentro y tenga que escribir
para darle consuelo

***

Unas manos en la tarde recibiendo la lluvia.

Qué más da si mano de hombre,
de niño o muerto,
el mismo gesto ancestral de recibir el agua de lo alto.

Sólo eso:
cuenco sin fondo para un agua indigente
que sueña su barro,
mano tendida en la intemperie

***

Apertura de manos ante la cerrazón del mundo apertura aún ante la clausura de los pechos más próximos de tanto puño reconcentrado su historia de talas y sequías manos tercas en su ternura desmemoriada del daño abiertas aún para recibir la epifanía de la lluvia o al pájaro moribundo
como último cofre
antes del frío

manos insistiendo en su vocación de gasa

a pesar de todo



Estos tres poemas pertenecen al libro Materia oscura (Baile del Sol, 2010)

Ya puede descargarse la entrevista que Sopa de Poetes hizo ayer a Laura Giordani. No os la perdáis, puede descargarse aquí (en la columna de la derecha):

http://sopadepoetes.blogspot.com/

domingo, 3 de octubre de 2010

Ingeborg Bachmann o la lengua que se extranjeriza




Nada de Delikatessen

Ya nada me gusta.

¿Debo
ataviar una metáfora
con una flor de almendro?
¿crucificar la sintaxis
sobre un efecto de luz?
¿Quién se romperá la cabeza
por cosas tan superfluas-?

He aprendido a ser sensata
con las palabras
que hay
(para la clase más baja)

hambre
deshonra
lágrimas
y
tinieblas.

Con los sollozos no depurados,
con la desesperación
(y desespero de desesperación)
por tanta miseria,
por el estado de los enfermos, el coste de la vida,
me las arreglaré.

No descuido la escritura,
sino a mí misma.
Los otros saben
dios lo sabe
qué hacer con las palabras.
Yo no soy mi asistente.

¿Debo
aprisionar un pensamiento
llevarlo a la iluminada celda de una frase?
¿Alimentar oídos y ojos
con bocados de palabras de primera?
¿investigar la líbido de una vocal,
averiguar el valor de amateur de nuestras consonantes?

¿Tengo que
con la cabeza apedreada,
con el espasmo de escribir en esta mano,
bajo la presión de trescientas noches
romper el papel
barrer las urdidas óperas de palabras,
destruyendo así: yo tú y él ello lo

Nosotros vosotros?

(Que sea. Que sean los otros.)

Mi parte, que se pierda.

Ingeborg Bachmann, Últimos poemas (trad. C. García-C. Dreymuller)




Tener estilo es llegar a tartamudear en la propia lengua. Y eso no es fácil, pues hace falta que ese tartamudeo sea una propia necesidad. No se trata de tartamudear al hablar, sino de tartamudear en el propio lenguaje. Trazar una línea de fuga. Para mí los ejemplos más evidentes son: Kafka, Beckett, Gherasim Luca, Godard. Gherasim Luca es un poeta grande entre los grandes: ha inventado un prodigioso tartamudeo: el suyo.
[…]
Hay que ser bilingües incluso en una sola lengua, hay que tener una lengua menor en el interior de nuestra propia lengua, hay que hacer un uso menor de nuestra propia lengua. […] Nada de hablar como un irlandés o un rumano hablarían en una lengua distinta de la suya, sino al contrario, hablar en su propia lengua como un extranjero. Proust dice: “Los libros bellos están escritos en una especie de lengua extranjera. Cada cual da a cada palabra el sentido que le interesa, o al menos la imagen, imagen que a menudo es un contrasentido. Pero en los libros bellos todos los contrasentidos son bellos”. Esa es precisamente la buena manera de leer: todos los contrasentidos son buenos, pero a condición de que no consistan en interpretaciones, sino que conciernan al uso del libro, que lo multipliquen, que creen una nueva lengua en el interior de su lengua. También en este caso se trata de una cuestión de devenir. Las personas siempre piensan en un devenir mayoritario (cuando sea grande, cuando tenga el poder…), cuando en realidad el verdadero problema es el de un devenir-minoritario: no aparentar, no hacer o imitar al niño, al loco, al animal, al tartamudo o al extranjero, sino devenir todo eso para inventar nuevas formas o nuevas armas.

Gilles Deleuze, Diálogos (con Claire Parnet).




Poesía que tartamudea: este texto de Deleuze me ha resultado increíblemente revelador: me interesa seguir esa huella, que se inscribe en la tierra calcinada de una necesidad impostergable. Ingeborg Bachmann tartamudea admirablemente en sus últimos poemas (no así en "Invocación a la Osa Mayor", que pertenece a un registro más convencional); algo se quiebra en ellos, la sintaxis se retuerce y llega el balbuceo, la inter-dicción, la entre-dicción, el milagro de lo que se entre-dice y ahí, en ese hueco, en ese hambre, significa infinitamente, se infinitiza, se avertiga, almal-mente, desde lo callado, en muda disonancia, en despertar de ofrenda y desentraña.

Esto me recuerda lo poco dada al balbuceo que es la poesía española. Con la prematura muerte de Lorca quizá se perdió un increíble tartamudo (utilizaré balbuceo y tartamudeo como equivalentes aunque forzar sinonimia sea una violencia). Luego ha habido poetas excepcionales pero no tartamudos: Valente, Gamoneda no han cultivado esa discontinuidad y disonancia (semejantes a músicos del siglo XX que ignoraran el dodecafonismo, serialismo, la música estocástica, etc., movimientos que ensayaron el tartamudeo de la armonía clásica). Me cuesta mucho entender que un poeta no sea tartamudo, después de Paul Celan, César Vallejo, Ingeborg Bachmann, e. e. cummings, entre otros; me cuesta entender que un poeta no pulverice el lenguaje para encontrar otra forma de decir, después de Michaux, Beckett, Danielle Collobert. Qué lástima no atreverse, quedarse de este lado de la cerca, bien parapetados y observando el pulcro desfile. Qué pena que las palabras no estallen en las manos como alma madura y no sepamos darlas como fruta de niño o pan de niño (lo he conversado alguna vez con el hermano búfalo: él sabe de estas cosas).

Por suerte Olvido García Valdés ensaya, con delicadeza vegetal, un balbuceo que somete la lengua a una lenta perforación discreta, retorciéndola en meandros, explayándola en arabescos, trazas significativas, injertos del sentido, metástasis de la lengua que horada, se bifurca, se re-crea;

Chantal Maillard ha pasado de desconocer el balbuceo a forzar la tectónica-sintaxis y asediar la lengua a hachazos, hasta el tuétano de los últimos poemas, hasta el post-tartamudeo (ella habla de y desde el "corazon oblicuo"): ahí donde se identifican los despojos y el silencio quemado ahonda los surcos de una lengua-por-venir, en la que existe, aunque sea sin mundo, la posibilidad de la salvación: compasivo adverbio animal;

Marcos Canteli persevera en un tartamudeo propio, aún incipiente, aún tímido, que ya prepara su diseminación, su terca vida futura y el sufrimiento de ser en el decir otro (algo en lo que convergen todos los afluentes del tartamudeo).

Mientras llegue ese lenguaje por-venir, desconfiemos, vigilemos: que las palabras no se alcen en tótem, que no presidan nuestro transcurso y piel de vida. Derribemos la mayúscula, diluyamos la grasa semántica y construyamos un margen que acoja los cascotes de las torres demolidas: ensartaremos esos fragmentos de palabras rotas en collares y pulseras, y será una fiesta la nueva vida del decir, emancipada ya del claustro unánime; una fiesta en torno al fuego de todos los significados arrojados, una pira donde arderán metáforas muertas, verbos-hueso y la saliva sin fecundar.

Entregaremos todas las armas que hay dentro de las palabras y ya no hará falta creer.

Sólo la fiebre descalza, en baile y canto

viernes, 23 de julio de 2010

La mente que arde. Un poema de Danielle Collobert


Quaternity, Anselm Kiefer

Parler – ne parle plus
dire
n’arrive pas à dire – n’arrive pas
se taire – taire
n’arrive pas
un corps là existant
encore
encore
caresse – écarte – ouvre
déchire
doucement – vite
s’arrête
arrive – arrive
encore le corps
à rien
doucement se déchire
avant la fin
encore le mot
échappé – le corps – jusqu’au bout
pas si vite – suite des mots – à venir
encore le souffle
à l’instant
s’épuise – coule
retour
à dire
suite des mots – continue
se referme
ramasse les résidus
ramasse les débris
sort un gémissement
bouche ouverte
ne ferme plus
ferme les yeux
seulement la bouche
encore le mot
ne bouge plus
gémit
se débat – avec le souffle
manque
étouffement du mot
dérobé – volé
par en dessous
de l’intérieur
repart
rentre dans l’os
le cartilage
mord dedans
douleur
encore le cri
taire le cri
rien – silence


Hablar – ya no habla
decir
no logra decir – no logra
callarse – callar
no logra
un cuerpo ahí existiendo
aún
aún
caricia – aparta – abre
desgarra
dulcemente – rápido
se detiene
llega – llega
aún el cuerpo
a nada
dulcemente se desgarra
antes del fin
aún la palabra
fugada – el cuerpo – hasta el final
no tan rápido – sucesión de palabras – por venir
aún el aliento
al instante
se agota – se derrama
vuelta
a decir
sucesión de palabras – continúa
se cierra
recoge los residuos
recoge los vestigios
sale un gemido
boca abierta
no cierra
cierra los ojos
solamente la boca
aún la palabra
ya no se mueve
gime
se debate – con el aliento
carencia
ahogo de la palabra
hurtado – robado
por abajo
del interior
regresa
entra en el hueso
el cartílago
muerde dentro
dolor
aún el grito
callar el grito
nada – silencio

(tr.: Stalker)

sábado, 15 de mayo de 2010

Poíesis-poema. La baba del caracol. Lo sagrado






Anoche, en el canal 33, Chantal Maillard, Antonio Gamoneda y Albert Balasch conversaron sobre poesía y el hacer poético.

Si tenéis una hora, no os lo perdáis. Se han dicho muchas cosas muy valiosas.

El vídeo incorporado al blog ha de ser forzosamente pequeño, pero en la esquina inferior derecha hay un cuadradito que permite ampliarlo a pantalla completa. También puede verse, en un formato quizá más agradable visualmente, en el siguiente enlace:

http://www.tv3.cat/lhoradellector/videos

Y una propina:

martes, 2 de febrero de 2010

Razón de estado. Un poema de Antonio Méndez Rubio



Lo que no hay que decir:
para qué. Rézale únicamente
a quien entonces dio la explicación.
Un temblor de animal recorre el fondo.
Tantos rostros miraron desde arriba
que el final no se vio. La tortura se concibe anónima
desnudez: pero en la desnudez
se amanece también
sin la luz
a no ser
que se agradezca el crepitar del miedo.
Para qué. No hablar desde la voz.
¿Decir? No es tampoco una ayuda.
Elegir responder.
Y cavar, y cavar. Y más cal viva.

sábado, 16 de enero de 2010

Hanni Ossott. En regreso al soy



Atracción de lo vasto

Ese canto resonante
de Cuerpo
esa expectoración primera
inicialmente contenida
bufido o eructo desarticulado

Ese pujar vocal

Estertor físico del soy que se busca

Y esa primera abolición del ser en la palabra inicial

Ah voz en ahogo
violencia y voluptuosidad cercada
Ah tránsito de ser a mí
Ah gorgojeo

rasgadura de garganta

ruido

pobladura de lo vasto

Eco
Inserción de lo inmenso en lo breve
Imagen
Consecución

Y esto: lo que puedo decir desde mí mismo
hoy
ahora que he aprendido a articular mi discurso
Esto, para decir:
Oh escena terrible para espectáculo
Oh espantosa contemplación de lo solo

No calma desde esta calma
No suficiente sin sentido desde esta ausencia

Desierto y ruina
-y decirlo se torna ridículo-
Ah, mira la contorsión del cuerpo, la siempre en oposición

Pero me contorsiono
y profiero
sólo yo puedo hacerlo
desde lo que me cerca y me abre
Ah canto siempre devuelto
Siempre no nacido todavía o a destiempo
Tajada, sí...

Y muero por lo vasto que cercena
como los dioses mueren por la nada y se levantan
contra ese soy que en extensión cubre

¿Lo signo, lo fijo, lo canto?
¿lo dilatado ineludible?
Lo canto, lo signo
porque también habita en mí el deseo de su posibilidad
en franca oposición a lo permanente
en rechazo al borde demasiado preciso
y a la costumbre de esta piel
en distancia de mi propio cuerpo
hacia la instauración de lo breve
por atracción a la ausencia

erguido el canto en regreso al soy

martes, 5 de enero de 2010

Deshielo. Un poema de Esther Ramón



Deshielo

No tengas miedo
de mirar por mis ojos.
Me dijo la serpiente.
Fluye, fluye como la muerte,
mira cómo mi piel se desprende
contra la corteza,
ven, deja que te coma,
arrastra mis escamas,
entra.

Asómate y cae, olvida tus brazos,
en el agua eres una piedra
que fluye, fluye como la muerte.
Ven. Expulsa el aire y la tierra
del cuerpo y derrámate
en el camino sin piernas,
las hojas se pegan a tu piel
viscosa: ahora eres una
rama que se desliza.

Paseas por el bosque envenenado.
No tengas miedo.

Parirás un insecto afilado y seco,
un saltamontes sin forma
que atraviesa, sin rozarlo, el sendero,
que sobrevuela las ramas tiernas,
que se posa en los troncos
tocados por el rayo.

No tengas miedo
de mirar por mis ojos.

Me dijo la serpiente.

Tus manos, tus pies son
una bandada de cigarras que
asolarán el lago embarrado
antes de desaparecer entre
el humo de los enjambres.

Entonces nos arrastraremos.
Baja la cortina y mira
la ventana oscurecida,
ya no hay árboles sino
sombras que podrían ser
cuerpos en la pradera que
se enfría.

Baja los párpados: los cuerpos
son letras que atrapas
con tu lengua precisa,
con mi lengua, y al tragarlas
nos duplican y hacen pesado
el camino.
Las escupimos en cada matojo,
en cada madriguera.

El bosque se llena con las voces de los muertos.

Escucha. Escúchalos.
La canción sin gargantas penetra
nuestros poros congelados lejos
de las últimas cabañas derramo
la marea quebradiza de tus pasos
reptando en círculo sobre las ortigas.
Ven. No tengas miedo
de mirar por mis ojos.
Me dijo la serpiente.
Fluye como la muerte.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Groenendaal.

http://www.saladevideoonline.com/images/mosca-vf.png


Groenendaal

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Edith Södergran. Una brecha en el muro de lo cotidiano.



Para Portinari

Bosque oscuro

En el bosque melancólico
vive un dios enfermo.
En el bosque oscuro las flores son muy pálidas,
las aves muy hoscas.
¿Por qué está lleno el viento de advertencias susurradas,
el oscuro camino de sombríos presagios?
El dios enfermo yace en la sombra,
sus ensueños son malignos.


La condición

Si acción
no puedo vivir,
aherrojada a mi lira
moriría.
Mi lira es para mí lo más alto del mundo
y siempre le sería fiel
si no fuese yo un alma encendida.
El que, con uñas ensangrentadas,
no abre una brecha en el muro de lo cotidiano
-aunque al salir por él perezca-
no merece contemplar el sol.


Esperanza

Como quiero ser libre
me río de las nobles elegancias,
me remango la blusa,
La pasta de la poesía fermenta...
Qué tristeza
no poder cocer catedrales...
La altura de las formas:
diana de mis esfuerzos.
Hija de tu tiempo:
¿No tiene tu espíritu su propia corteza?
Antes de morir he de cocer
una catedral.


A Eros


Eros, dios crudelísimo
¿por qué me condujiste a la tierra oscura?
Cuando las niñas crecen
se sienten en el ejido de la luz,
arrojadas a una oscura estancia.
¿No se mecía mi alma como estrella gozosa
antes de caer en tu círculo rojo?
Mírame: atada de pies y manos.
Siénteme: aherrojada a todos mis pensamientos.
Eros, dios crudelísimo:
ni huyo ni espero,
solamente sufro, como una alimaña.


Cautiverio

Cautiva, cautiva, quiero cortar mis cadenas.
Con labios dolientes y airados voy por la vida.
Abismos míos, qué quiero saber yo de vosotros,
no merecéis tener nombre.
El bronce se funde con el bronce, y deviene persona,
y la persona va con hierro en su corazón.
Pero ¿tiene acaso el bronce sobre la frente ese aterrador
relucir del dios de los rayos?
Arrojo mi corazón al camino, repártanselo los buitres:
la luna llena me parirá otro.

(trad. Jesús Pardo)

viernes, 20 de noviembre de 2009

domingo, 15 de noviembre de 2009

Martine Broda. Sin memoria ni




Para Ana Hidalgo, estos surcos mínimos


en la mejilla la confesión relámpago
un. punto fijado lejos de
quien retrocede

jugué a las tabas
un. cuerpo desmembrado
de luz

ligado por sintaxis. dolor. limo
del sueño que deposita

esa oscuridad a medida
que retrocede

***

estallando inmóvil. sin memoria ni.

el gris encuentra
un relato. se esfuma
en el sueño de las piedras

con tal que se calle
abrumado de huesos blanqueados

que sea yacente y pesado


***

espina
en mí
más clara

ya llego
dolor
horadado

olvido
clavado
de tierra

***

una enfermedad era como una enfermedad
un esquema creciente todo lo quemaba
sí. para conocer mejor

***

le gustaba
el infierno.
el tiempo
saqueando el linde del beso llamado
traicionar. aquello que deseamos idéntico
a su mueca.
máquina de repetición
ciega y sorda

***

murió a lo largo de mi mano. el odio
a ras de suelo. el frío
de la casa, tan baja como ello
aquietado despertar

***

deudora aún entre humanos
a muchos años de ti más la pala
empuñada por una mano afásica
no puedo sino más en la furia

***

no hay nada, una mano
hendida de dolor.
ya ha subido
solamenta hasta tocar. callado y aceptado.
surco de tierra viva

***

hachazo
al árbol desnudo
golpes
hasta el derribo
de tu morir en mí
por
abajo

***

la mía
solamente familiar
insoportable

hasta el fondo de los ojos apuñalados
contemplarla hasta su desaparición

que un (¿ángel?)
ceba de maldad

Deslumbramientos (trad. Miguel Veyrat)

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Cuna cadáver. Un poema de Tess Gallagher



Cuna Cadáver

Nada la hiere tanto como el exceso
de preguntas, porque preguntar es
acercarse, humillarse ante el núcleo coagulado.
Un llanto persistente lacera sus pómulos, pero no lo
detiene: permite que la capilla abierta de su infancia se ilumine
con luces de árbol. Futuro blanco y gris
del aliso, hipnosis del cedro, com cuando
un olor excesivo a néctar peina
su aliento. Llueve y llueve,
como si creciera en él la repentina necesidad de pacer
en la memoria de ella, con la cabeza descubierta en el muelle
en el que fumaba, soñadoramente, un cigarrillo y la guiaba,
a ella y al caparazón satinado de su quietud, hacia
la misma blancura que coronaba la lluvia, hinchada
y gradual. Qué lúcida es,
borrosa y sin filo, como escuchar,
para estar más despierta, la música con que lo rodeaba
para fascinar lo que hermosamente
había iniciado. Todo pájaro, pero sin recuerdos, piensa
ella, y vive en su pajaridad, no grávida,
sino extrañamente ligera, y quiere levantarse al alba,
cuando la nieve envuelve en su niebla a las montañas, y el mundo
duerme como si fuese
el mundo entero, y como si, por ello, pudiera verse
desde el principio, recién
entregado, como el sueño mismo, com la pálida fertilidad del sueño
al recordar ella su último descanso,
en el que se sumió, y se sume todavía, lenta y blanca,
preguntando hasta lo hondo, honda con su oscuro abajo.

(trad. de Eduardo Moga)





Tess Gallagher y Raymond Carver

sábado, 19 de septiembre de 2009

Ardua vida. Un poema de Du Fu




"Expreso mi sentimiento"

Ardua vida para todos aguarda en esta tierra,

cada lugar con sus costumbres propias.

Agitación, competencia por doquiera;

en todas partes mil dificultades.



Si no hubiera abundancia, el modesto no se pondría triste;

si no hubiera riqueza, el pobre viviría contento.

Todo pasa, no quedan sino huesos;

en las casas vecinas se canta a veces, a veces se llora.


Desde mi llegada a la garganta de Wu, hombre sencillo,

tres años se esfumaron como luz vacilante de una vela.

Obligado por el destino a quedarme aquí,

vivo indiferente al honor o a la deshonra.


Voy a la audiencia matinal, mis dientes en el ocaso;

para cada día dispongo de arroz grosero.

He tejido una cabaña al este de la Ciudad de Piedra;

en las quebradas del norte recojo hierbas medicinales.


Entusiasta me dedico a mi labor, con escarcha o nieve,

sin ninguna necesidad de vegetación frondosa.

No me preocupo de nada, no dispongo nada;

acomodándome a mi humor solitario.


Como cuerda tensa, el hombre recto;

como anzuelo doblado, el hombre mezquino.

Torcidos o derechos, ¡qué me importa!

Calentándome al sol, espero a leñadores y zagales.


Du Fu (siglo VIII d.C.)

Traducción de Guillermo Dañino (Bosque de pinceles, Hiperión)

lunes, 7 de septiembre de 2009

Contexto. Materiales. Poemas de Birgitta Trotzig



Una vez se rompieron el cielo y la tierra y así, de los escombros, surgió el mundo nuevo de los nacimientos.
Disperso dividido roto, el Escombro conserva en la superficie de sus roturas el mensaje destruido de la totalidad: que a partir de ahora la vida fragmentada, lo roto-quebrado y la nada-carencia serán la totalidad del ser
El desmembrado, todos los huesos rotos
La luz del amanecer gatea por la pobre hierba helada.
Un pedazo de pan, un escombro. Pan para comer, el escombro para grabar el signo en la pared blanca, en la arena

***

La tumba La piedra La arcilla El sonido La voz
Él se levanta y es todo instrumento

***

Es un paisaje lo que atravesamos, una llanura de huesos como Ezequiel. Es tan extraño. Qué camino de escombros iluminados por la luna. Tantas caras. Tantos labios moviéndose.
Es todo lo contrario de andar y pasar de largo. Se mueven. Yo me muevo. No se trata de observar, eso no existe. Moverse dentro. Pero es más que un paisaje.
Los cuerpos y las piedras penetran.

(trad. de René Vázquez Díaz)

viernes, 7 de agosto de 2009

Mi fósil. En el final era el verbo. Olga Orozco



Mi fósil

Guárdame, duro armazón tallado por la muerte en el polvo de Adán.
Pliégame a la obediencia,
incrústame otra vez en lo visible con esas nervaduras de terror
que delatan mi número incompleto, mi especie miserable.
Apenas me retienes por un lazo de sombra debajo de los pies,
apenas por un jirón de luz helada entre los dientes,
y no obstante persevero contigo en el desierto contra la voz que clama,
me aferro como a un mástil contra el ciclón de plumas que me aspira,
me adhiero como un náufrago al tablón que corre hacia el abismo.
Porque eres tú la encrucijada,
las gradas hasta el fin y la escalera rota,
ese extraño lugar donde se alían la maldición y el exorcismo.
Te han arrojado aquí
para que me enseñaras con tu duro evangelio la salida.
Te han encerrado a oscuras
para que me acecharas con mi propio fantasma sin remedio.
Te han jugado a perderme.
Te han prometido el sol de mi destierro,
mi feroz horizonte replegado debajo de la hierba,
la sábana de espumas en alguna intemperie en que no estoy.
Y tú en paz con tus huesos,
como momia de perro en el museo donde empieza mi infierno.
Sí, tú, mi Acrópolis de sal,
mi pregunta de nube sepultada,
mi respuesta de cera,
mi patíbulo errante lavado por las olas de una misma sentencia.

De Museo salvaje (1974)



En el final era el verbo


Como si fueran sombras de sombras que se alejan las palabras,
humaredas errantes exhaladas por la boca del viento,
así se me dispersan, se me pierden de vista contra las puertas del silencio.
Son menos que las últimas borras de un color, que un suspiro en la hierba;
fantasmas que ni siquiera se asemejan al reflejo que fueron.
Entonces ¿no habrá nada que se mantenga en su lugar,
nada que se confunda con su nombre desde la piel hasta los huesos?
Y yo que me cobijaba en las palabras como en los pliegues de la revelación
o que fundaba mundos de visiones sin fondo para sustituir los jardines del edén
sobre las piedras del vocablo.
¿Y no he intentado acaso pronunciar hacia atrás todos los alfabetos de la muerte?
¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía?
Cada palabra a imagen de otra luz, a semejanza de otro abismo,
cada una con su cortejo de constelaciones, con su nido de víboras,
pero dispuesta a tejer y a destejer desde su propio costado el universo
y a prescindir de mí hasta el último nudo.
Extensiones sin límites plegadas bajo el signo de un ala,
urdimbres como andrajos para dejar pasar el soplo alucinante de los dioses,
reversos donde el misterio se desnuda,
donde arroja uno a uno los sucesivos velos, los sucesivos nombres,
sin alcanzar jamás el corazón cerrado de la rosa.
Yo velaba incrustada en el ardiente hielo, en la hoguera escarchada,
traduciendo relámpagos, desenhebrando dinastías de voces,
bajo un código tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas.
Miraba las palabras al trasluz.
Veía desfilar sus oscuras progenies hasta el final del verbo.
Quería descubrir a Dios por transparencia.

De En el revés del cielo (1987)

martes, 28 de julio de 2009

4.48 Psicosis. Sarah Kane



Cuerpo y alma no pueden casarse

Tengo que transformarme en quien ya soy y voy a vociferar eternamente ante esta incongruencia que me ha entregado al infierno

La insoluble esperanza no me puede sostener

Me voy a ahogar en disforia
en el pantano gélido y negro de mi yo
el foso de mi mente sin materia

¿Cómo puedo volver a la forma
ahora que todo pensamiento formal se ha ido?

No es vida que pueda aprobar.

Me amarán por aquello que me destruye
la espada en mis sueños
el polvo en mis pensamientos
la enfermedad que se incuba en los pliegues
de mi mente

Cada cumplido se lleva un pedazo de mi alma

Jamelgo expresionista
retenido entre dos tontos
ellos no saben nada -
Siempre hice lo que quise

La última de una larga lista de cleptómanos literarios
(una tradición consagrada)

El robo es el acto sagrado
en un retorcido camino a la expresión

Un exceso de signos de exlamación conjura una
inminente crisis nerviosa
Nada más que una palabra en una página y ahí está
el drama

Escribo para los muertos
los no nacidos

Después de las 4.48 no voy a hablar más

Llegué al final de este relato terrible y repugnante contando por un sentido aprisionado en un cadáver ajeno y abultado por el espíritu maligno de una mayoría moral

Ya hace mucho tiempo que estoy muerta

De vuelta a mis raíces

Canto sin esperanza en el borde


***

abstracción al punto de

insoportable
inaceptable
inmotivador
impenetrable

irrelevante
irreverente
irreligioso
irrepentino

disgustar
dislocar
descorporizar
deconstruir

no me imagino
(claramente)
que una sola alma
pueda
pudiera
debiera
o vaya a

y si yo hiciera
no creo
(claramente)
que otra alma
un alma como la mía
pueda
pudiera
debiera
o vaya a

independientemente

sé lo que hago
demasiado bien

Ningún hablante nativo

irracional
irreductible
irredimible
irreconocible

descarrilado
desorbitado
deforme
libre forme

oscuro al punto de

Verdadero Exacto Correcto
Cualquiera o cualquiera persona
Cada uno todos todo


ahogándose en un mar de lógica
este monstruoso estado de parálisis

todavía enferma


Sarah Kane (4.48 Psicosis, trad. Rafael Spregelburd)

sábado, 4 de julio de 2009

domingo, 28 de junio de 2009

Un soplo de vida. Clarice Lispector



Esto no es una lamentación, es el grito de un ave de rapiña. Irisada e inquieta. Un beso en la cara muerta.
Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida. Vivir es una especie de locura que la muerte comete. Porque en ellos vivimos, vivan los muertos.
De repente las cosas no tienen por qué tener sentido. Me satisfago en ser. ¿Tú eres? Estoy seguro de que sí. El sinsentido de las cosas me provoca una sonrisa de complacencia. Todo, sin duda, debe de estar siendo lo que es.
Hoy es un día de nada. Hoy es hora cero. ¿Existe por casualidad un número que no sea nada? ¿Qué es menos que cero? ¿Qué comienza en lo que nunca ha comenzado porque siempre era?, y ¿era antes de siempre? Me adhiero a esta ausencia vital y rejuvenezco por entero, al mismo tiempo contenido y total. Redondo sin principio ni fin, soy el punto antes del cero y del punto final. Pero al mismo tiempo todo es tan fugaz. Siempre fui e inmediatamente dejaba de ser. El día transcurre a su aire y hay abismos de silencio en mí. La sombra de mi alma es el cuerpo. El cuerpo es la sombra de mi alma. Este libro es la sombra de mí. Pido la venia para pasar. Me siento culpable cuando no os obedezco. Soy feliz a deshora. Infeliz cuando todos bailan. Me dijeron que los lisiados se regocijan y también me dijeron que los ciegos se alegran.
Nunca la vida ha sido tan actual como hoy; por un tris no es el futuro. El tiempo para mí significa disgregación de la materia. La putrefacción de lo orgánico, como si el tiempo fuese un gusano dentro de un fruto y le robase al fruto toda su pulpa. El tiempo no existe. Lo que llamamos tiempo es el movimiento de evolución de las cosas, pero el tiempo en sí no existe. O existe inmutable y en él nos trasladamos. El tiempo pasa demasiado deprisa y la vida es tan corta. Entonces cultivo una especie de tedio. Saboreo así cada detestable minuto. Quiero multiplicarme para poder abarcar incluso las áreas desérticas que dan idea de inmovilidad eterna. En la eternidad no existe el tiempo. Noche y día son contrarios porque son el tiempo y el tiempo no se divide. De ahora en adelante el tiempo será siempre actual. Hoy es hoy. Me sorprendo y al mismo tiempo desconfío de tanto que me es dado. Y mañana tendré de nuevo un hoy. Hay algo doloroso y tajante en vivir el hoy. El paroxismo de la nota más fina y alta de un violín insistente. Pero está el hábito y el hábito anestesia. El aguijón de la abeja del día floreciente de hoy. Gracias a Dios, tengo qué comer. El pan nuestro de cada día.
Querría escribir un libro. Pero ¿dónde están las palabras? Se agotaron los significados. Nos comunicamos como sordomudos con las manos. Querría que me diesen permiso para escribir a un son arpado y agreste la escoria de la palabra. Y prescindir de ser discursivo. Así: polución.


Un soplo de vida, Clarice Lispector

lunes, 22 de junio de 2009

Filtraciones, poemas de Hugo Gola




Aquello que no se puede
aquello que no es posible
aquello que nadie puede
precisamente
aquello
que ya no puedo
ni tú puedes
ni él
aquello
precisamente
que no puede nadie
ni hoy
ni nunca
precisamente aquello
aquello es
precisamente
precisamente

***

Del mirar vacío. Del andar
vacío. Sin palabras. ¿A quién?
¿Al polvo? ¿Al viento? ¿Al río?
¿A las tumbas?
Retirado. Recogido. Pertrechado.
Aguarda. Para que nada hiciera
mella. Pero todo lo hacía.
Los pasos. Recorrer. El polvo
un día. Otro día. Y el calor.
Mientras. Mientras. Todo era
mientras. Lo supo. Lo quiso.
El río, las tumbas, el camino.
Nunca nadie. Nada allí pudo.
Ser. ¿Para qué, ya? Se cierra
el círculo cuando
la noche
cae.

***

Oigo un salmo
un rezo
una plegaria
enardecida

Oigo gruñir al viento
que forcejea
y pasa
veo el sol
soleando
la mano
prisionera

Todo lo que tocas
gime
y la palabra lenta
dice
no hay piedad para nadie.

***

El naufragio
es lo real

buscas
a tientas
otra
aureola

inútil

sin
vibración
se estrechan
pasos
y miras

la fatiga
impera
 
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