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miércoles, 1 de mayo de 2013
Frágiles
De vez en cuando encuentro un caracol en las acelgas. Una pequeña y feliz sorpresa. Lo separo con mucho cuidado de la hoja y recorro varias manzanas para llevarlo al lugar más apartado del asfalto que hay en esta ciudad: el verde, el cielo abierto, Montjuic.
Cuando era niño apartaba caracoles de las cunetas. Me daba mucha lástima que fueran aplastados por los coches. Me enternecía la lentitud, la fragilidad, el tacto de los cuernecitos que extienden hacia el mundo.
Una vez, de niño, pensé: Si alguna vez yo estoy al borde de un peligro, ¿vendrá algún ser sobrenatural a apartarme? No pensaba en Dios (al que ya por entonces tenía por un triste invento humano), sino en algún ser enorme y desconocido, tal vez de otra dimensión, un ser con una vida rica y extraña, incomprensible para mí, y que pudiera tener conmigo la relación que yo tenía con el caracol y su fragilidad.
Recuerdo que aparté esa idea porque me distraía de mi tarea de salvamento: depositar las vidas breves, polícromas, preciosas, en la palma de la mano. Llevarlas a un lugar seguro, lejos de los coches, a la existencia intensamente verde, donde ellos pudieran seguir su cauce.
Ahora, cuando encuentro un caracol en la acelga, sonrío. Lo aparto con un trocito de la verdura y lo deposito encima de un libro. Luego salgo a llevarlo al monte, a lo más parecido al monte que hay en esta ciudad.
(Luego está la técnica para apartar babosas de los caminos y cunetas en Roncesvalles. Se las envuelve en una hoja tierna y fresca y se las transporta a un lugar seguro. A diferencia del caracol, la babosa no lleva su casa a cuestas; la fragilidad es la misma.)
Al lavar las acelgas, hay que estar atento: el caracol puede habitar en un mínimo pliegue. O puede ser un caracol pequeñito que fácilmente pasa desapercibido. Lavar la lechuga se parece a abrir esos libros antiguos cuyas hojas había que separar con un cuchillito. Hay que tener cuidado, pulso, atención.
Y cuando encuentras esa vida diminuta, siempre la sensación de ternura...
.
jueves, 4 de abril de 2013
De la experiencia interior
Ojos
cerrados siento que despierto & entonces
despierto
pero
decido
mantener
cerrados los ojos, mirar dentro, permanecer dentro, en la amplitud y lo oscuro
de eso, si fuera un jardín qué plantaría en él, por ahora estoy
viva
creo que siento quiénes entre vosotros me diréis
después
de todo este tiempo
la
diferencia & una vez más estoy viva & qué significa eso yaciendo aquí
ojos
cerrados
primer invierno la mañana que se cierne,
sí,
es el principio del invierno es lo que
mi
cuerpo
percibiendo
un nuevo des-
equilibrio
dice, hipnotizado, temblando con ficción, amor, la sensación del tiempo que
pasa,
&
el miedo de la a-
temporalidad,
& es el
juego
del cielo la mente
dentro
de este cuerpo que yace aquí aún
vivo
por
ahora
piensa
- si sólo pudieras ver mi cuerpo y más allá de mí las tres ventanas en la
habitación
dejando
entrar lo
no
inventado - y cuán cierto es
por
los ojos
cerrados
en mi ser humano que yace en la habitación, observando con plenitud, toda
conquista
sustraída
al aire - aquí podrías decir dios lo posee todo, es la descarga de la duración,
el
suelo los vidrios el espejo el único tallo de la
fresia
el marco dorado las sillas de pie de león y los huecos de los árboles
aún
en
los suelos que alguien dispuso en 1860, los
agujeros
de las polillas aquí y allá, legados por esas criaturas de antaño, no mucho
después
de la
contrarrevolución, los disturbios -& el naufragio, aquí, de la conciencia -
mientras los ojos
de
las personas
permanecen
cerrados - más allá de los límites del pensar - (& ¿quién soy yo entonces?)
(& no vayas allí dice mi mano cuando la necesito, mi
mano,
aquí, en esta
escritura)-
y sin embargo
estoy
aquí, yaciendo en la cama, los ojos cerrados
manteniéndolos
cerrados, dios nos lo debe
todo
pienso
desde aquí, no hay dios pienso yaciendo en la no oscuridad de la mente, ojos
cerrados,
mientras oigo a los cuervos graznar
en
los vecinos
árboles,
el bieldo en el campo cercano - quiero rezar dice la persona tras los ojos - no
puedes
hacero digo con estos dedos - quiero hendir la oscuridad con la idea de Dios
dice
la
persona insomne a su espalda a inicios del siglo XXI, tratando de aferrarse a
la
duración
que se fuga, se fuga, mientras hablo mientras escribo, traductora activa, mira
puedo
convertir en un cuento este sol desfallecido
puedo
reiniciar el verano aquí están
sus
golondrinas acaban
de
regresar
alza
la
vista - pero no, no regresaron tras ese año, esperamos - pero aquí están
otra
vez, no te dejes
engañar,
aquí, rompiendo sus círculos
en el
aire de la tarde, y aún hay sol cuando los niños se van a la cama, aún decimos
irse a
la cama, es una costumbre, y la campana toca a vísperas, o es una grabación,
y en algún
lugar aún debe hacer un hábil animal escarbando un largo túnel
bajo
este extraño y duro suelo, hallando humedad en él, removiéndolo, grano a grano,
tal
vez aún
la
criatura
que
al ser
conocida
es
conocida como
el
ciego topo
en
algún lugar
Jorie
Graham, "De la experiencia interior" (tr. Stalker)
.
jueves, 26 de agosto de 2010
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