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"El discurso de Iván en los Karamazov: "Por más extraordinarias que sean las maravillas que esta enorme fábrica proporcione, si cuesta una sola lágrima de un niño, me niego a admitirla"
Yo suscribo totalmente ese sentimiento. Ningún motivo, cualquiera que sea el que pueda dárseme como compensación a la lágrima del niño, puede conseguir que yo acepte esa lágrima. Absolutamente ninguno de los que la inteligencia puede concebir. Únicamente uno que sólo le es inteligible, sin embargo, al amor sobrenatural: Dios lo quiso así. Y también por ese motivo aceptaría un mundo que no fuera más que mal, e incluso que tuviera consecuencias peores de lo que supone la lágrima de un niño."
Simone Weil
Las lágrimas de Nematzadeh, y la mirada compasiva de su amigo...
Y aunque amo a Simone Weil, no estoy de acuerdo con ella en este punto. La voluntad de Dios (si Dios existiera) no justificaría en ningún caso la lágrima del niño, como no justifica la presencia del mal, el mal que se inflige a un solo inocente.
Me quedo con las palabras de Dostoievski, sin concesiones ni excepciones.
Las lágrimas de Nematzadeh y la mirada del amigo: ¿cómo olvidar eso?
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viernes, 23 de diciembre de 2011
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