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sábado, 31 de diciembre de 2011

lengua-por-venir

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Mandamientos para los hombres huecos

Serás uno en una lengua doble, legión en el fuego de víbora.

Tocarás con manos pequeñas el miedo de los otros, para romperlo y que se haga mariposa.

Te detendrás en lenguas que segregan herrumbre, lo callado y lo salvo.

En el árbol del olvido introducirás la sal no visible de tu existencia.

Cultivarás la inútil ternura y la indiferencia hacia el mundo.

Serás regazo en el que el otro podrá caer, hundir las armas, re-crearse.

No dejarás sin sembrar el surco o el hambre del que pasa.

Encontrarás en ti la grieta del reconocimiento.

En cada uno de tus huesos crecerá una canción.

Cada gesto, un quiebro; cada caricia, una espada.

Tu corazón será la madre, el arco y la sombra.

Vivirás en lo que mengua, para cuidar el tiempo,

Menguarás en lo que vive, para templar el cuidado

Te avertigarás en una lengua por venir, donde sonará un cálamo de abismo y voces y temblor de niño

El despojador inscribirá tu lepra en la tierra, la urdimbre en el cielo y el canto en el hueso.

Tu ojo será estertor y tu lengua latido.

Será tuyo el fruto oscuro que salva, pero sólo podrás darlo, y para eso tendrás que abrirte el pecho y que coman de él animales que sólo así evitarán el lenguaje.


Imagen: autor desconocido.


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lunes, 26 de diciembre de 2011

Existir hacia lo alto

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Lo increíble, lo deseado desesperadamente desde la infancia, lo aparentemente excluido que nunca creí poder ver, lo insólito, lo inaccesible, lo sublime que me estaba prohibido, acaba de ocurrir.

HE VISTO A LOS MILES DE DIOSES. He recibido el fantástico regalo. A mí sin fe (sin saber la fe que quizás podía tener), se me han aparecido. Ahí estaban, presentes, más presentes que cualquier cosa que yo haya podido imaginar jamás. Y era imposible y lo sabía y sin embargo ahí estaban, alineados a cientos unos junto a otros (pero miles apenas perceptibles seguían detrás y más que miles, una infinidad). Ahí estaban esas personas sosegadas, nobles, suspendidas en el aire por una levitación que parecía natural, moviéndose muy levemente o mejor dicho, oscilantes sin moverse. Ellas, estas personas divinas, y yo, solos frente a frente.

En algo similar al reconocimiento, yo les pertenecía.

Pero en fin, me diréis, ¿qué es lo que yo creía? Contesto: ¡Qué importa creer, SI ESTABAN AHÍ! ¿Por qué iba yo a caer en discusiones si me sentía colmado? [...] Me sentía repleto de ellos. Ya no necesitaba comparar. Mi horizonte era ahora una vertical. Yo existía hacia arriba. No había vivido en vano.

Henri Michaux, El infinito turbulento

Imagen: Henri Michaux


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miércoles, 20 de octubre de 2010

La sombra sobre el mundo: lógica del pensar-des-prender (se)




Un enunciado no puede concernir a la estructura lógica del mundo, porque para que un enunciado sea en absoluto posible, para que una proposición pueda tener sentido, el mundo tiene que tener precisamente la estructura lógica que tiene. La lógica del mundo es anterior a toda verdad y falsedad.

¿Qué tal si nuestros signos estuvieran tan indeterminados como el mundo que reflejan?

La dificultad que presentaba mi teoría de la figuración lógica del mundo era la de encontrar una conexión entre los signos sobre el papel y un estado de cosas fuera en el mundo.
Siempre dije que la verdad es una relación entre la proposición y el estado de cosas. Jamás pude, sin embargo, encontrar una relación de este tipo.
La representación del mundo por proposiciones enteramente generales podría ser llamada la representación impersonal del mundo.
¿Cómo ocurre la representación impersonal del mundo?

En última instancia, la verdad o falsedad de toda proposición transforma algo en la estructura general del mundo.

Ante todo no preocuparse nunca por lo que uno no haya podido escribir antes. Comenzar ante todo a pensar siempre de nuevo, como si aún no hubiese ocurrido nada.
Esa sombra que la figura arroja, como quien dice, sobre el mundo: ¿cómo podré captarla con exactitud?
Aquí hay un misterio profundo.
Se trata del secreto mismo de la negación: el estado no discurre así y, sin embargo, podemos decir cómo no discurre.
La proposición no es sino la descripción de un estado de cosas (pero todo esto está aún en la superficie.)
Una sola mirada a las raíces vale más que muchas otras al medio.

Lo que puede ser mostrado, no puede ser dicho.

Detrás de nuestros pensamientos, verdaderos o falsos, yace una y otra vez una raíz oculta, que sólo después sacamos a la luz y expresamos como un pensamiento.

Mi idea fundamental es que las constantes lógicas no representan. Que la lógica de los hechos no se puede representar.

¿Cómo es que todo es un concepto lógico?
¿Cómo es que todo es un concepto formal?
¿A qué se debe que todo pueda ocurrir en toda proposición?
¡Porque esto es lo característico del concepto de forma!
Todo parece estar más cerca del contenido de la proposición que de la forma.
Todo: cosas, todo: funciones, todo: relaciones: es como si todo fuera un lazo de unión entre el concepto de la cosa, de la función, etc., y la cosa individual, la función individual.
La generalidad viene esencialmente vinculada a la FORMA elemental.
¿La palabra salvadora-?

Toda mi tarea consiste en clarificar la esencia de la proposición.
Esto es, aducir la esencia de todos los hechos de los que la proposición es figura.
Dar la esencia de todo ser.
(Y aquí ser no significa existir –tal cosa carecería de sentido.)



La humanidad ha intuido siempre que tiene que existir un ámbito de cuestiones en el que las respuestas –a priori– estén simétricamente unidas formando una estructura acabada y regular.
(Cuanto más antigua es una palabra, más profundamente alcanza.)

Mi dificultad es sólo una –enorme– dificultad de expresión.

Lo que se refleja en el lenguaje, no es cosa que yo pueda expresar con él.

Tenemos que reconocer cómo cuida el lenguaje de sí mismo.

Mi método no consiste en separar lo duro de lo blando, sino en ver lo duro de lo blando.

Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.

Una de las tareas más difíciles con las que ha de habérselas el filósofo: encontrar dónde le aprieta el zapato.

Que una proposición como “Este reloj está sobre la mesa” contiene una alta indeterminación, a pesar de la completa claridad y simplicidad con que su forma se presenta exteriormente, es cosa obvia para quien vea claro. Vemos, en efecto, que esta simplicidad está, simplemente, construida.
Las convenciones de nuestro lenguaje son extraordinariamente complicadas. Es casi infinito lo que mentalmente se añade a toda proposición, sin que venga añadido en ella.

¿Qué sé sobre Dios y la finalidad de la vida?
Sé que este mundo existe.
Que estoy situado en él como mi ojo en su campo visual.
Que hay en él algo problemático que llamamos su sentido.
Que este sentido no radica en él, sino fuera de él.
Que la vida es el mundo.
Que mi voluntad penetra en el mundo.
Que mi voluntad es buena o mala.
Que bueno y malo dependen, por tanto, de algún modo del sentido de la vida.
Que podemos llamar Dios al sentido de la vida, esto es, al sentido del mundo.
Y conectar con ello la comparación de Dios con un padre.
Pensar en el sentido de la vida es orar.
No puedo orientar los acontecimientos del mundo de acuerdo con mi voluntad, sino que soy totalmente impotente.
Sólo renunciando a influir sobre los acontecimientos del mundo podré independizarme de él –y, en cierto modo, dominarlo.

El temor a la muerte es el mejor signo de una vida falsa, esto es, mala.
Si mi conciencia me desequilibra es que no estoy en concordancia con algo. Pero ¿qué es ello? ¿Es el mundo?

El mundo y la vida son uno.
La vida fisiológica no es, naturalmente, “la vida”. Y tampoco lo es la psicológica. La vida es el mundo.
La ética no trata del mundo. La ética ha de ser una condición del mundo, como la lógica.
Ética y estética son uno.



Que el deseo no está en conexión lógica con su satisfacción, es un hecho lógico. Y que el mundo del feliz es otro al del desgraciado, es cosa no menos clara.
¿Es ver una actividad?
¿Es posible querer bien, querer mal y no querer?
¿O es sólo el feliz quien no quiere?
[…]
El no desear parece ser, en cierto sentido, lo único bueno.
¡Aquí cometo aún errores de bulto! ¡Sin duda!
Se acepta de modo general que es malo desear desgracia al otro. ¿Puede ser esto correcto? ¿Puede ser peor que desear al otro felicidad?
Lo importante aquí parece ser cómo se desea, por así decirlo.
Parece como si no fuera posible decir más que: ¡vive feliz!

Sólo de la conciencia de la unicidad de mi vida surgen religión – ciencia – y arte.

¿No es, en definitiva, el sujeto de la representación mera superstición?
¿Dónde puede observarse en el mundo un sujeto metafísico?
Dices que aquí ocurre exactamente como con el ojo y el campo visual. Pero no ves realmente el ojo.
Y creo que nada en el campo visual permite inferir que es visto por un ojo.

El sujeto de la representación es, sin duda, mera ilusión. Pero el sujeto de la volición existe.
De no existir la voluntad, no habría tampoco ese centro del mundo que llamamos el yo, y que es portador de la ética.
En lo esencial, bueno y malo es sólo el yo, no el mundo.
El yo, el yo es lo más profundamente misterioso.

¿Cómo puede el ser humano aspirar a ser feliz, si no puede resguardarse de la miseria de este mundo?
Por la vida del conocimiento, precisamente.

Es verdad que el sujeto cognoscente no está en el mundo, que no hay sujeto cognoscente.

El milagro estético es la existencia del mundo. Que exista lo que existe.
¿Es la esencia del modo de contemplación artístico contemplar el mundo con ojo feliz?
Seria es la vida, alegre el arte.

¿Es la fe una experiencia?
¿Es el pensamiento una experiencia?
Toda experiencia es mundo y no precisa del sujeto.
El acto de voluntad no es una experiencia.
¿Qué clase de razones hay para suponer la existencia de un sujeto volitivo?
¿No basta acaso mi mundo para la individualización?

Ludwig Wittgenstein, Diario filosófico (1914-1916) (Trad. Jacobo Muñoz)

Imágenes: cuadros de Zóbel
 
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