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domingo, 30 de junio de 2013

Emily y la vida en los guiones


 
  
 
en la poesía de Emily Dickinson hay una presencia, una dulzura, un fantasma, algo incontenible y explicitado en un signo propio: los guiones
 
The only Ghost I ever saw
Was dressed in Mechlin – so –

los guiones de Dickinson, sus fantasmas gramaticales, no sólo sugieren un fuera de campo, una voz en off, un margen textual insuperable, una sustracción o una pérdida: ofrecen la plenitud, el rastro de una ganancia sin cálculo, el signo secreto de un verano tardío

son una fuerza de la naturaleza. Heráclito: physis krípteszai filei: la naturaleza ama ocultarse. Lo que sale a la luz (lo que brota, lo que emerge, el géiser que es la lengua y el corazón que Dickinson vierte en el mundo) ama esconderse

ama esconderse para ofrecerse luego, como brote, como gozo, como vida incesante, como devenir

hay en ese gesto de escamoteo una sutileza y un regalo. Pocos poetas han dado tanto, y tan delicadamente, como Emily Dickinson en sus guiones que fluyen y hacen fluir

un regalo en varios niveles: el don de la suspensión, la multiplicación de los sentidos, lo que nace y muere -y vive intensamente- en los intersticios, en las ruinas de la sintaxis llevada a una extrema tensión creativa. Temblor y espera. Pudorosa exhibición de la fragilidad. Anamnesis de las sensaciones

los guiones: recurso para colmar el intervalo entre ella y sí misma. Esa extrañeza. Un dispositivo del deseo. Para encontrar una fuente secreta (ajena a rastreos del Origen: no hay origen. La obra de Dickinson como extenso poema circular, retícula o madriguera con múltiples entradas y salidas)

desde el corazón del siglo XIX y en la América profunda, se adelanta a la estética del balbuceo, presagia la vulnerabilidad que el poema mostrará en el siglo XX. Su hueso desnudo. Su calcinación. Su intemperie

los guiones en Dickinson: fantasma y éxtasis. Fantasma en el éxtasis. Deseo. Resurrección

fractura interna del sentido que, sin embargo, señala una reconciliación: la del lenguaje en su vertiginosa re-flexión. Dulzura convulsa de una tensión imposible

saltos de agua que reclaman una atención fascinada

huecos frondosos a los que hay que acercarse con el placer intacto

aporía. Suspensión de la lógica convencional. Acceso a una lógica-otra, a otra piel, a otro mundo. Momento espectralmente supremo en la seda del lenguaje

los traductores que arrebatan a Dickinson sus guiones cometen una incomparable tergiversación: ¿cómo eliminar los fantasmas del poema y pretender que éste continúe materializándose con idéntica y pavorosa intensidad? Quien así traduce está al servicio de la lengua del Padre, la lengua del Poder que niega la diferencia. Quien así traduce parece ignorar las regiones fecundas que alientan en ese signo que marca, con su presencia, la deuda infinita de la lengua

tal vez Dickinson haya sido la primera en balbucir la lengua de la Hermana (en expresión de Claire Lejeune)

o tal vez la suya sea una lengua marginal tejida de caricias-animales, hilos sueltos del sentir, el ovillo de los afectos:

una estructura sin tiempo:

lengua de líquenes que avanza como una infección, conquistando parcelas sucesivas de asombro, demorándose en lo que nos duele, para sanarlo

arcilla trémula de un "espíritu" que no condesciende a las verdades unívocas. Poesía abismada en instantes que encarnan la más perfecta lentitud, tan nítidamente musgo los sentimos

Dickinson se atreve a seguir el camino del no-ser (tabú fundacional de la ontología). O mejor: se atreve a vivir entre el ser y el no-ser. Crisálida musical, honda crisálida entre varios mundos. En la fragilidad y el aroma del "entre". El espacio de transición en el que nace, precisamente, el fantasma

lo que de temblor y dulzura hay en el lenguaje que se asoma a sí mismo en su cortocircuito

lengua, al fin, sobrevenida en una radiación frutal, agreste, dilapidada, incontenible

los guiones son esos animalitos juguetones que vinculan lo diurno y lo nocturno

los guiones nos miran, nos acarician, nos interpelan, nos invitan a una suspensión, a una arritmia, a un eclipse

los guiones fascinan: son ramitas que los poemas ofrecen para prender en ellos nuestra curiosidad de pajaritos. Ramitas para descansar del vuelo, de poema a poema, y avanzar hacia las ramas más altas. Estancias para detenerse un instante y conversar con el astro ausente, antes de continuar el viaje

guiones: varitas de zahorí que agitan el agua interior, el agua de lectura viva

ramitas imantadas que proponen el espacio abierto de la atención lectora como lugar de germinación de un tiempo libre, un tiempo de ilimitada libertad donde la síntesis, el apaciguamiento del poema, su raíz, es aún posible

esos guiones nos dejan el sabor de otro tiempo, más dilatado y pleno, el sabor de una entrañable fruta exótica que paladearemos más tarde

(y en cuanto a los petirrojos... los petirrojos de Dickinson somos nosotros, alimentados por su pan mágico)


Kaze tachinu (Hayao Miyazaki, 2013)


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viernes, 30 de diciembre de 2011

Extinción en la ternura (2)

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Fotogramas de Visage, de Tsai Ming-liang.

ha sido dificilísimo seleccionar los fotogramas, detener justo el instante deseado: al querer atraparlo, ya ha pasado. Y sin embargo, quedan algunas huellas visibles de esta escena de delicadeza imposible: piel, risa, breve luz, lengua de oscuridad.

extinción, extinción en la ternura

éste es un conjuro para el encuentro de los amantes


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viernes, 25 de noviembre de 2011

El árbol-mundo

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Hay un árbol muy antiguo que tiene las ramas hacia abajo y las raíces hacia arriba. Éstas son lo puro, el Absoluto, lo inmortal. Sobre ellas reposan todos los mundos y nada existe más allá de ellos. Esto es verdaderamente así.

Tiene como primer brote la Vida total, el Brahman inferior, que comprende los poderes de conocimiento y acción; como tronco tiene los diversos cuerpos sutiles de todas las criaturas. Su fuerza para crecer le viene del rocío del agua del deseo. Los objetos del conocimiento sensorial son sus tiernos brotes. Sus hojas son los Vedas, la Tradición, la Lógica, el aprender y la enseñanza. Son sus bellas flores los variados actos de ofrecimiento, amor, austeridad... Sus distintos sabores son las experiencias de placer y dolor. Sus infinitos frutos son los medios de subsistencia de todos los seres. Tiene unas raíces secundarias bien ocultas, entrelazadas y firmemente enraizadas por el rocío del agua del deseo. Tiene como nidos los siete mundos, empezando por el llamado satya, construido por los pájaros que son los seres que habitan en Brahman inferior.

Kahta Upanisad (en cursiva) con el comentario Advaita Vedanta de Shankara (en redonda)(trad. Consuelo Martín)



En Benarés, la ciudad de los templos, los árboles sagrados, el pippal (asvattha, ficus religiosa) y el banyan (nyagrodha, ficus indica), sirven de abrigo a los dioses. Bajo sus hojas habita Shiva en forma de linga o acompañado de su esposa Parvati, y Hanuman, el dios mono, y Durga y Kali, las diosas terribles. También eligen las mujeres los grandes troncos de los árboles sagrados para colgar en ellos cuencos de barro que contienen pequeñas efigies a través de las cuales las fuerzas naturales habrán de propiciar su fertilidad. No he visto nunca que las mujeres se abracen a los árboles, pero dicen que en algunas partes de la India es costumbre que lo hagan para participar de su florecimiento.

Chantal Maillard, El árbol de la vida



Yo: ¿Qué es el árbol Tûbâ?
El sabio: El árbol Tûbâ es un árbol inmenso. Cualquiera que frecuente el paraíso, contempla allí ese árbol cada vez que pasea por él. Hay una montaña que está situada en el centro de las once que te he hablado. En ella se encuentra el árbol Tûbâ.
Yo: ¿Y ese árbol no tiene frutos?
El sabio: Todos los frutos que ves en el mundo están en él. Si ese árbol no existiera, jamás habría ante ti ni fruto, ni árbol, ni flor ni planta.
Yo: ¿Qué relación tienen frutos, árboles y flores con ese árbol?
El sabio: Sîmorgh tiene su nido en la cima del árbol Tûbâ. Al alba, sale de su nido y despliega sus alas sobre la Tierra. Por la influencia de sus alas los frutos aparecen en los árboles y las plantas germinan en la Tierra.

El arcángel teñido de púrpura, Shihâboddîn Yahyâ Sohravardî (trad. Agustín López Tobajas)



El bosque infinito, solitario, crepuscular, ha sido siempre el anhelo oculto de todas las formas arquitectónicas de Occidente. [...] Los cipreses y los pinos producen la impresión de cuerpos euclidianos; no hubieran podido ser nunca símbolos del espacio infinito. El roble, el haya, el tilo, con sus vacilantes manchas de luz en los espacios llenos de sombra, producen una impresión incorpórea, ilimitada, espiritual. El tronco de un ciprés encuentra la perfecta conclusión de su tendencia perpendicular en la columna clara de su copa fusiforme; el tronco de un roble es como un afán insaciado, insaciable, de transcender allende la cima. En el fresno dijérase cumplida la victoria de las ramas ascendentes sobre la corona. El aspecto del fresno tiene algo de cosa disuelta, como una libre propagación en el espacio, y acaso fuera por eso el fresno un símbolo del mundo en la mitología nórdica.

Oswald Spengler, La decadencia de Occidente (trad. Manuel G. Morente)



siempre he sentido que entre esas dos imágenes fundacionales, el árbol de Sacrificio y el árbol de Paisaje en la niebla, imágenes-cuerpo, imágenes que nos ofrecen la experiencia de lo intraducible, se crea el espacio de un pathos terapéutico: música callada de la curación, estremecimiento que sana, regazo al que caer

si ya no hay reacción epidérmica, si la piel ya no es el lugar del encuentro: migrar al árbol, abrazar al árbol

donde la intemperie
donde un latido ofrece mundo

lugar de lo impronunciable, donde la "salvación" no será más que el encuentro de dos vibraciones, dos vidas que se funden en un instante de equilibrio rítmico

ahí podrá brotar el poema, árbol-mundo o poema-mundo: otra forma de decir la extinción en la ternura, lo inextinguible mismo, más allá de la desaparición de la experiencia de la piel, que nos ha sido negada por los administradores del miedo en todos los órdenes de la vida

Imágenes:
(1) Fotograma de Sacrificio, de Andrei Tarkovski
(2) Árbol Pippal, en Nepal.
(3) Árbol Banyan, en la India.
(4) Representación del fresno Ygdrasill, el árbol del mundo
(5) Fotograma de Paisaje en la niebla, de Theos Angelopoulos

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sábado, 24 de septiembre de 2011

Pequeño conjuro para acercar, carecer

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Fotogramas seleccionados de El huevo del ángel, Mamoru Oshii (1985)


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