
Para Fackel, insigne portador de la antorcha de Kraus
Aquel hombre antiguo se acostó y se levantó medieval. Rompió su caramillo y se compró la primera edición del Martillo de brujas. Al día siguiente se levantó renacentista; adquirió un astrolabio para estudiar las estrellas. Al otro día despertó como ilustrado; concibió severas enmiendas a la Enciclopedia y encontró falible y generosa la guillotina. Un día más amaneció como hombre moderno; practicó el suicidio romántico, la desesperada lucidez y un cierto empedernido dandismo. Al día siguiente el sol lo encontró contemporáneo. Aquí las crónicas pierden su rastro, pero se dice que promovió una guerra, fue poeta y practicó, a dosis iguales, la filantropía y la indignación.
