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miércoles, 15 de junio de 2011

El por-venir de una revuelta


En las épocas que oscuramente sentimos en declive o, al menos, en suspenso, el cuestionamiento permanece como el único pensamiento posible. Indicio de una vida simplemente viva.

La intimidad no es la nueva prisión. Su necesidad de vínculos podría fundar, más tarde, otra política. Hoy, la vida psíquica sabe que sólo será salvada si se concede el tiempo y el espacio de las revueltas: romper, rememorar, rehacer. De la plegaria al diálogo, pasando por el arte y el análisis, el acontecimiento capital es siempre la gran liberación infinitesimal que debe recomenzarse sin descanso. Sin ella, a la globalización sólo le queda el cálculo de los índices de crecimiento y las probabilidades genéticas.

Como contrapunto a las certezas y las creencias, la revuelta permanente es este reiterado cuestionamiento de sí, de todo y de nada, que aparentemente ya no tiene razón de ser.

Sin embargo, si todavía estamos a tiempo, apostemos por el porvenir de la revuelta. “Me rebelo, luego somos” (Albert Camus). O más bien: Me rebelo, luego apostamos por ser.
Será una experiencia lúcida y de largo alcance.

Julia Kristeva, El porvenir de una revuelta



Es curioso ver, una vez más, cómo, en tiempos revueltos, quienes más y mejor enseñan son los propios estudiantes y me alegro de, entre tanto desastre, comprobar que aún late eso que yo creía haberse lamentablemente perdido: la conciencia, por parte del alumnado universitario, de ser una fuerza pública. Incluso, cuando las circunstancias así lo requieren, una fuerza pública contra la fuerza del orden público. Pues el desorden es indudablemente necesario cuando un gobierno pretende mantener por la fuerza el orden del despropósito y de la sinrazón.

Cuando las más simples reglas de la lógica quedan ausentes de los discursos de quienes nos gobiernan y son reemplazadas por el más puro cinismo podemos decir que estamos asistiendo a un caos político y en tales circunstancias es necesario que la democracia se ejerza en la calle. Me alegra, pues, comprobar que no estamos muertos y que desde las aulas nos recuerden, a quienes nos ganamos el sueldo hablando, aquello que olvidamos desgraciadamente a menudo: que educar debería ser más un abrir brechas en las murallas que mantienen el orden establecido que enseñar a poner ladrillos para fortalecerlas.

Chantal Maillard, Contra el arte y otras imposturas



Posdata: aunque este blog nunca ha sido explícitamente político, hoy quería romper esa regla ante las declaraciones de los políticos cuando afirman, todos a una, que impedir el acceso a los diputados al Parlament de Catalunya es una muestra de "coerción y violencia que no se puede tolerar" y que hay que reprimir con el uso de las fuerzas del orden público.

Violencia y coerción es aniquilar los (pocos) derechos sociales aún vigentes: una reforma laboral que en la práctica equivale al despido libre; una privatización encubierta de la sanidad (alquilando equipos públicos a la sanidad privada, reduciendo la atención en urgencias un 30 por ciento, exigiendo seis meses de empadronamiento en el municipio para tener acceso a cobertura médica), ademas de otras medidas que condenan a muchos a la miseria y el desamparo más absolutos.

Y sobre todo, señores políticos y demás basura humana, violencia no es impedir el acceso al Parlament (con medios, además, manifiestamente pacíficos), el lugar sagrado donde se ejerce soberanamente eso que ustedes llaman democracia y que no es sino el dispositivo político que legitima la rendición incondicional al mercado y el blindaje de los privilegios de una "casta" socioeconómica.

Violencia, en cualquier lengua que se decline, es esto:

 
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