domingo 31 de agosto de 2008
Hainuwele, Chantal Maillard
mañana leopardos
Las niñas cantan amasando el barro
en la ribera.
Como un felino el lago eriza
su pelaje manchado y se estremece
bajo la lluvia parda.
Ayer nace mi padre
mañana nazco yo
Sonríes sobre el agua.
Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra...
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.
Aquí podéis escuchar estos dos poemas leídos (¡en parte cantados!) por la autora:
Boomp3.com
Le mal de vivre (1966, VSOE y 1987)
Y es más extraña aún, la extrañeza, cuando se cuela en esos pocos, escasísimos momentos en que, sin razón alguna, una se siente "bien". La joie de vivre, como cantaba Barbara, nous prend par les reins, sobreviene sin razón, de la misma manera que sobreviene el mal de vivre, sin razón.
Creemos que la alegría de vivir, cuando ocurre, ocurre sin razón, mas no es cierto. Aunque no lo sepamos, algo, en alguno de los planos de esta nuestra extraña materia, lo sabe. Sabemos sin saber. No sabemos sabiendo. Nos damos cuenta de ese saber después, cuando la razón de ser aparece. Y ella también aparece después. El cuerpo la presentía, la conocía como conoce las intenciones ajenas cuando nos atañen, sin saber de ellas.
Chantal Maillard, Filosofía en los días críticos
Primer acercamiento a Barbara, sin prisas
Ahora mismo no voy a hablar de Monique Andrea Serf (Barbara, 1930-1997). Sólo quiero poner un vídeo de ella. Ya habrá tiempo para compartir, intentar explicar por qué me conmueve hasta donde no sé decir y me ha acompañado estos años como algo que es más, y menos, que simple música. Hay cosas que nos cambian la vida y que nos resultan difíciles de explicar, quizá porque se ovillan, se enmarañan o se abisman en nosotros de manera que no acertamos a desenredarlas: el cine de Andrei Tarkovski, las canciones de Barbara, la música de Bach o la escritura de Chantal Maillard son otras tantas moradas del corazón que nunca podremos describir pues su esencia es intransferible: está en la obra misma, aguardando, paciente, a su receptor; intentemos, al menos, mostrarlas...
Ay, para escuchar la canción primero hay que detener el reproductor automático en la esquina superior derecha. ¡Si no será una ensalada de música!
Un domingo soleado en una plaza pública. Confluencia asombrosa de tres elementos: el final de un cuento de "Suicidios ejemplares", de Vila-Matas -libro inspirado pero de ejecución dudosa-, el crescendo abrupto de una pieza de música de Xenakis y una desbandada frenética de palomas en un principio apacibles. La realidad ofreció un claro ejemplo de yuxtaposición -que no puede objetivarse pues incluía al observador-, que no comprenderé nunca. Todo ocurrió más o menos así: el suicida de Vila-Matas, ebrio de saudade, se dispone a ser engullido por el mar justo cuando en los cascos el "Aïs" de Xenakis se inmola en una explosión de fuerzas que a lo largo del desarrollo instrumental se adivinaban aletargadas; pero he aquí que el movimiento ascendente de su música -que en Xenakis es construcción de bóvedas inmensas, sugerencia de arquitecturas pavorosas- coincide con el alboroto de varios cientos de palomas que alzan el vuelo y, atrapándome en el vértigo de un movimiento espiral ascendente, se funde con la sangrienta catarsis musical y me deja exhausto, a punto de caer al suelo.Creo que el vuelo o ascensión de las palomas actuó como una aguja que dio una puntada en el tejido de la música, así como ésta creó la atmósfera lóbrega del suicida. En todo caso, interconexiones, trasvases, injerencias de estratos incomunicados.Los difíciles caminos de lo que consideramos azar -que no es sino la ignorancia del complejo entramado de la causalidad- aparecen en este tipo de situaciones inexplicables. ¿Metafísica de la construcción de lo real o mera casualidad intrascendente? Al Gombrowicz de "Cosmos" le habría encantado este episodio.sábado 30 de agosto de 2008
chantal maillard o la hibridación de géneros
Resulta curiosa la escasa capacidad del lector medio español para asimilar la hibridación de géneros literarios, las encrucijadas, pasos a nivel, paradas de postas, puentes que algunos escritores tienden entre discursos aparentemente alejados. En este país todo lo que no encaja en uno de los moldes preconcebidos (novela, poesía, ensayo) es inmediatamente puesto bajo sospecha por los celosos guardianes de la ortodoxia genérica. Estos furiosos inquisidores arremeten entonces con todas sus armas, recurriendo, si es preciso, a la invectiva, el argumento ad hominem o el insulto más visceral con tal de erosionar un tipo de escritura que no comprenden porque desborda sus fronteras exegéticas y los compartimentos estancos en que han cosificado -para tornarla inofensiva- una realidad cuyas aristas se resisten a la categorización. Quizá se debe a que en nuestra tradición el mestizaje genérico ha sido poco frecuente, y figuras como Valente, cuyo magisterio ha sido escaso, no han conseguido doblegar los prejuicos hacia textos que no se dejan encasillar. La lengua francesa ha sido más afortunada en este sentido: Michaux, Edmond Jabès, Francis Ponge, Philippe Jaccottet, entre otros muchos, volvieron porosas las fronteras entre géneros, creando, en ocasiones, un género propio que, a falta de una definción mejor, se declina con su propio nombre. ¿Acaso la escritura de Michaux no pertenece al género "Michaux"? ¿Es prosa, poesía, diario, filosofía?Otro tanto ocurre con los libros de Chantal Maillard, en los que se percibe, precisamente, el remoto influjo del belga (como ella) Henri Michaux. ¿Cómo definir "Husos" o "Diarios indios"? ¿Diarios poéticos de indagación personal? ¿Filosofía de la introspección, aplicada al esclarecimiento de los contenidos mentales? ¿Prosa poética que da cuenta de un "modo-de-estar-en-el-mundo"? En cualquier caso, es una escritura irreductible a moldes previos, y por eso prefiero decir que pertenece al "género Maillard". Con una escritura que se asoma a los abismos del lenguaje, a la imposibilidad de decir, la autora transita entre sus "husos" mentales en un intento de reconocimiento y supervivencia. Un cuaderno de duelo que alcanza cumbres de una rara belleza y explora senderos y pliegues mentales y senti-mentales que otros escritores ni siquiera sospechan que existen.
He aquí una pequeña muestra:
"Toda revelación ha de merecerse. Merecer: no se trata de merced concedida ni tampoco de gracia divina. Merecer es haber hecho hueco.
El sufrimiento abre hueco. El sufrimiento es la voluntad del mí (voluntad-deseo) anegada. Por eso hace hueco. Libera el espacio donde la liberación adviene. Donde puede advenir, siempre. Siempre que haya desocupación. Abajo.
He comprendido el milagro. Vuelvo a la superficie. Ningún dios me ampara."
"Sobrevivir. A plazos. Plazos cortos. Plazos para sobrevivir. Vivir sobre.
Abajo, la aterradora, ineludible condición. Vivir a condición de sobrevivir. Condiconada al sobre. Dentro, nada. Dentro, llora. Infinitamente.
En superficie, entonces, deslizarse. O ni siquiera eso: morar en el plazo. Morar. Demorarse. A pequeñas sacudidas, des-plazarse. De plazo en plazo. Levemente. Tercamente. Para sobrevivir."
